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Volume 60 / Humanities

LITERATURE: SPANISH AMERICA


20th Century Prose Fiction: Mexico

JOSÉ MANUEL GARCÍA-GARCÍA, Associate Professor of Spanish, New Mexico State University


HABLARÉ EN ESTA OCASIÓN de dos tendencias que me parecen importantes en la literatura mexicana contemporánea. La primera es relacionada con la literatura posmoderna, la segunda con la literatura de la nostalgia de la izquierda. La primera tendencia se refiere a la experimentación, la segunda a la documentación memoriosa. Veamos cada una de ellas.

La literatura posmoderna comparte con la literatura de Vanguardia de principios del siglo veinte, la necesidad (la angustia) por la experimentación. Es una tendencia que se inicia en la década de los sesenta, cuando ocurre el llamado "boom" latinoamericano (pienso en Cortázar y Benedetti) y se establece definitivamente en el periodo del post-boom de la década de los setenta (con escritores como Eduardo Galeano (Uruguay), Roque Dalton (El Salvador), Augusto Monterroso (Guatemala-México), Guillermo Cabrera Infante (Cuba) para nombrar a los más conocidos).

En los años 70 y 80, se publican en México obras experimentales de géneros indefinidos (yo les llamaré aquí libros híbridos, los autores son: Elena Poniatowska, Carlos Monsiváis, Guillermo Samperio, Hugo Hiriart, Martha Cerda, José Fuentes Mares, Guillermo Samperio, Jaime Moreno Villarreal, Laura Ezquivel, Gabriel Zaid, y otros. Son libros cuyas características más destacadas son una autoconciencia explícita del autor de su experimento literario, una actitud crítica y humorismo textual. Hay un sobre-uso de diversos géneros y subgéneros en su composición: poesía, ensayo, narración, diálogo dramático, epístola, autobiografía, artículo periodístico, y se utilizan los recursos de los transgéneros (conocimientos y modelos de discursos sociológicos, filosóficos, históricos, etcétera). Estas obras también emplean recursos como el collage o los modelos multimediático (fotografía, pintura, comic, diseños especiales). En cuanto a los temas, éstos pueden ser de intertextualidades literarias y/o socioculturales. No pocos autores de estos libros híbridos (no hablo aquí de "géneros" o de "textos" híbridos, sino de libros), usan los recursos del fragmento, el aforismo y la escritura breve (microcuento, poemínimo, microcrónica, etcétera). Algunas de estas características ya han sido investigadas por Francisca Noguerol Jiménez (en "Híbridos genéricos: la desintegración del libro en la literatura hispanoamericana del siglo XX." Del 98 al 98: literatura e historia literaria en el siglo XX hispánico, 1999); ella bautiza a estos producción experimental literaria como "híbridos genéricos."

Para mí se trata de una forma de experimentación que pone en primer plano el libro, como objeto de consumo. Los libros híbridos no son novelas o poemarios o reuniones de cuentos, son todo eso y más. Van más allá del concepto del género se trata de poner en prmer plano el libro-objeto. Los libros híbridos de Elena Poniawtoska y de Carlos Monsiváis nos ofrecen crónicas urbanas, ejercicios de collage testimonial y reflexivo, puestas en práctica de un periodismo cultural y literario. Los libros híbridos de Gabriel Zaid, Julio Torri, Jaime Moreno Villarreal y Hugo Hiriart, nos dan reflexiones ensayísticas nacidos de las ciencias sociales, de la filosofía y de la historia. Y los libros híbridos de Martha Cerda, Guillermo Samperio, Emiliano González, Alberto Chimal, José de la Colina, y Pedro Ángel Palou, son buenos ejemplos en el uso de subgéneros lírico-narrativos.

Otra de las corrientes temáticas de la literatura mexicana contemporánea es la de la nostalgia de la izquierda. Los rojillos de los años sociales de los 60, ahora andan frisando en los años biológicos de los 50, y ya le dio el síndrome de Jano; la inteligencia roja tiene ahora un par de ojos puestos al futuro, y otro par de ojos que vigilan el pasado. Anda entre el anhelo y la nostalgia. Es una condición poco estable, pero inevitable: ver el pasado ayuda a reflexionar, a saber quienes fueron o creyeron ser, y en qué momento esa identidad quedó hecha añicos en algún camino. Antes, los jóvenes aquellos decían o repetían la frase conocida: "un fantasma recorre Europa, el fantasma del Comunismo"; ahora otro fantasma recorre a la vieja izquierda; el fantasma de la nostalgia. La producción de literatura de la nostalgia política, viene de investigadores como Julio Moguel, o de viejos militantes como Adolfo Gilly y José Woldenberg, y el conocido autor José Agustín (especialmente en su libro Tragicomedia mexicana 2: la vida en México 1970 a 1988, Editorial Planeta, 1992). Las evaluaciones del pasado se combinan con ensayos sobre la cultural del 1968 (masacres, guerrillerismos, movimientos populares, etcétera), hasta los escritos reflexivos en torno al fenómeno zapatista de Chiapas que tienen sus obvias raíces en aquellas guerrillas pretéritas.

La experimentación literaria y la literatura de la militancia: dos temas que parecen dominar el mural móvil de la producción literaria contemporánea mexicana.


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