<!doctype tei2 public "-//Library of Congress - Historical Collections (American Memory)//DTD ammem.dtd//EN" [<!entity % images system "11069.ent"> %images;]>
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<teiheader type="text" creator="National Digital Library Program, Library of Congress" status="new" date.created="1999/12/04">
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lhbpr-11069
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<title>
Cr&oacute;nica de la guerra hispano-americana en Puerto Rico, por Angel Rivero, capit&aacute;n de artiller&iacute;a: a machine-readable transcription.
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Puerto Rico at the Dawn of the Modern Age: Books and Pamphlets, ca. 1830&ndash;1930.
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Selected and converted.
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American Memory, Library of Congress.
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Washington, DC, 1999.
</p>
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Preceding element provides place and date of transcription only.
</p>
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For more information about this text and this American Memory collection, refer to accompanying matter.
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32011069
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General Collections, Library of Congress.
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Copyright status not determined; refer to accompanying matter.
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The National Digital Library Program at the Library of Congress makes digitized historical materials available for education and scholarship.
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<p>
This transcription is intended to have an accuracy rate of 99.95 percent or greater and is not intended to reproduce the appearance of the original work. The accompanying images provide a facsimile of this work and represent the appearance of the original.
</p>
</editorialdecl>
<encodingdate>
1999/12/04
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0001
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<div type="idinfo">
<p>
CR&Oacute;NICA
<lb>
DE
<lb>
LA GUERRA HISPANO AMERICANA
<lb>
EN PUERTO RICO
<lb>
POR &Aacute;NGEL RIVERO 
<add place="interlinear">
<handwritten>
M&eacute;ndez
</handwritten>
</add>
 CAPIT&Aacute;N DE ARTILLER&Iacute;A
</p>
<note><handwritten>[1922]
</handwritten></note>
<p>
<stamped>
LC
</stamped>
</p>
</div>
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0002
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<div>
<p>
<hi rend="other">
PRINTED IN SPAIN
</hi>
</p>
<note><handwritten>H fund
<lb>404916
<lb>32
</handwritten></note>
<note><handwritten>32-11069
</handwritten></note>
<p>
Sucesores de Rivadeneyra (S. A.). Artes Gr&aacute;ficas.&mdash;Paseo de San Vicente, 20.&mdash;
<hi rend="other">
MADRID
</hi>
 (Espa&ntilde;a).
</p>
</div>
<pageinfo>
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0003
</controlpgno>
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</printpgno>
</pageinfo>
<div>
<illus entity="i0003" map="no">
</illus>
<note><handwritten>Sd. Angel Rivero Mendez
<lb><omit reason="illegible" extent="1w"><lb>Nov 1922
</handwritten></note>
<pageinfo>
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0004
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<pageinfo>
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0005
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<p>
<handwritten>
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</handwritten>
</p>
</div>
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0006
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</pageinfo>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0007">
0007
</controlpgno>
<printpgno>
</printpgno>
</pageinfo>
<div>
<head>
DEDICATORIA
</head>
<illus entity="i0007" map="no">
</illus>
<p>
<hi rend="other">
Dedico este libro de guerra al Cuerpo de Artiller&iacute;a del Ej&eacute;rcito Espa&ntilde;ol, como un homenaje de cari&ntilde;o y justicia.
</hi>
</p>
<p>
<hi rend="other">
EL AUTOR.
</hi>
</p>
<p>
U. S. S. 
<hi rend="other">
TERROR.
</hi>
 2nd. Rate.
</p>
<p>
<hi rend="italics">
At sea, Lat. 19&deg;-8&prime;-W., Long. 67&deg;-54&prime;-W.
</hi>
</p>
<p>
May 13th, 1898.
</p>
<p>
When the 
<hi rend="italics">
Terror
</hi>
 came out, at 8.45, the batteries pitched shell after her, quite rapidly out, as far as 
<hi rend="italics">
about
</hi>
 6,000 yards.
</p>
<p>
Cuando el 
<hi rend="italics">
Terror
</hi>
 se retir&oacute; de la l&iacute;nea de fuego, a las 8.45, las bater&iacute;as lanzaron, proyectil tras proyectil, detr&aacute;s de &eacute;l, r&aacute;pidamente, hasta la distancia de 6.000 yardas.
</p>
<p>
<hi rend="other">
NICOLL LUDON
</hi>
<lb>
CAPTAIN, U. S. N. COMMANDING.
</p>
<p>
Aun cuando el enemigo estaba muy distante, todas las bater&iacute;as de la plaza, por orden del general Ortega, dispararon una a una sus piezas, y pudieron verse los proyectiles levantando columnas de agua; y, al mismo tiempo, todas las banderas fueron aferradas a los topes y las cornetas tocaron &iexcl;alto el fuego!
</p>
<p>
(
<hi rend="italics">
Cr&oacute;nica de la Guerra Hispanoamericana en Puerto Rico.
</hi>
)
</p>
</div>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0008z">
0008
</controlpgno>
<printpgno>
</printpgno>
<blankpage>
</pageinfo>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0009">
0009
</controlpgno>
<printpgno>
</printpgno>
</pageinfo>
<div>
<head>
PR&Oacute;LOGO DEL AUTOR
</head>
<illus entity="i0009" map="no">
</illus>
<p>
<hi rend="italics">
La guerra de los Estados Unidos con Espa&ntilde;a fu&eacute; breve. Sus resultados fueron muy grandes, sorprendentes y de importancia mundial.
</hi>
</p>
<p>
<hi rend="italics">
La historia de esta guerra, en su m&aacute;s amplio y verdadero sentido, no podr&aacute; ser escrita hasta que pasen muchos a&ntilde;os, porque hasta entonces ser&aacute; imposible reunir todo el material necesario, ni tampoco obtener la exacta perspectiva y proporci&oacute;n, que solamente la distancia puede dar.
</hi>
</p>
<p>
(Henry Cabot Lodge 
<anchor id="n0009-01">
(1)
</anchor>
, 
<hi rend="italics">
The war with Spain,
</hi>
 1899.)
</p>
<note anchor.ids="n0009-01" place="bottom"><p>(1) Senador el a&ntilde;o 1898.
</p></note>
<p>
<hi rend="other">
LA GUERRA
</hi>
 hispanoamericana se&ntilde;ala una &eacute;poca memorable para Espa&ntilde;a, los Estados Unidos y Puerto Rico. Como resultado de ella, la bandera que Col&oacute;n y sus compa&ntilde;eros pasearan por el Nuevo Mundo se ocult&oacute;, como se oculta un sol de oro, tras los celajes de Occidente.
</p>
<p>
La jornada gloriosa que comenzara el 19 de noviembre de 1493, cuando las naves espa&ntilde;olas abordaron las costas v&iacute;rgenes de esta isla, tuvo su ep&iacute;logo doloroso el 18 de octubre de 1898, a mitad de ese d&iacute;a, cuando en los castillos y palacios de San Juan flot&oacute;, con arrogancias de vencedor, el pabell&oacute;n estrellado de la Uni&oacute;n Americana.
</p>
<p>
Para Puerto Rico la campa&ntilde;a que narramos representa un cambio de soberan&iacute;a, una nueva ruta a seguir, un nuevo horizonte que explorar, un fardo tremendo de deberes y responsabilidades.
</p>
<p>
La guerra con Espa&ntilde;a marca, para los Estados Unidos, el nacimiento de su pol&iacute;tica imperialista: Filipinas, Puerto Rico, pueblos de alta civilizaci&oacute;n y refinada cultura,
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0010">
0010
</controlpgno>
<printpgno>
VI
</printpgno>
</pageinfo>
a quienes proteger, guiar y entender; otras razas, otras costumbres, otras razas, otras costumbres, otros conceptos de la vida que estudiar con amor y con inter&eacute;s.
</p>
<p>
En cuanto al arte militar y al de la guerra, esta campa&ntilde;a es un conjunto de saludables ense&ntilde;anzas. Americanos y espa&ntilde;oles tienen mucho que aprender y mucho que olvidar desde aquel a&ntilde;o memorable.
</p>
<p>
Los grandes buques de acerados blindajes, recias torres y largos ca&ntilde;ones de retrocarga eran, por entonces, una interrogaci&oacute;n. Destroyers y torpederos, los torpedos mismos y las minas, un nuevo problema a resolver.
</p>
<p>
Desde el 21 de octubre de 1805, en que Nelson pag&oacute; con su vida la victoria de Trafalgar, ca&ntilde;oneando a tiro de pich&oacute;n las naves de tres puentes de Gravina, muy poco hab&iacute;an adelantado los marinos de las potencias navales hasta que en la guerra americana, de Norte contra Sur, brill&oacute; el primer destello de los modernos blindados y de las piezas de gran calibre. Aquel famoso 
<hi rend="italics">
Monitor,
</hi>
 constru&iacute;do por John Ericsson, y que, en la ma&ntilde;ana del 9 de marzo de 1862, en la bah&iacute;a de Hampton Roads, bati&oacute; en brecha con sus macizos proyectiles de once pulgadas al 
<hi rend="italics">
Merrimac,
</hi>
 orgullo de los sudistas, fu&eacute; el precursor de los mismos monitores que bombardearon a San Juan el 12 de mayo de 1898 y de los ca&ntilde;ones rayados de 13 pulgadas con que el acorazado 
<hi rend="italics">
Indiana
</hi>
 turb&oacute; la paz de estas playas en aquella madrugada.
</p>
<p>
Espa&ntilde;a pose&iacute;a tres destroyers, ingenios de guerra verdaderamente formidables que, p&eacute;simamente utilizados entonces, pusieron a raya, a&ntilde;os despu&eacute;s, manejados por ingleses y americanos, a los submarinos, la m&aacute;s leg&iacute;tima y fundada esperanza del pueblo alem&aacute;n.
</p>
<p>
A partir del bombardeo de Alexandr&iacute;a por los blindados ingleses con sus ca&ntilde;ones Armstrong, nada serio se hab&iacute;a intentado por mar ni en Europa ni en Am&eacute;rica. La brusca acometida del Almirante Sampson, el 12 de mayo, fu&eacute; el primer ataque serio a una plaza por buques modernos y con armamentos modernos. Los acorazados que bombardearon a Santiago de Cuba poco despu&eacute;s, y a los Dardanelos m&aacute;s tarde, indudablemente que utilizaron en su obra de destrucci&oacute; n lecciones aprendidas frente a los castillos del Morro y de San Crist&oacute;bal.
</p>
<p>
Acorazados, destroyers, torpederos, minas y torpedos; fusiles de largo alcance con trayectoria casi rectil&iacute;nea y con mecanismo de repetici&oacute;n y p&oacute;lvora sin humo; as&iacute; como los ca&ntilde;ones, obuses y morteros rayados, de retrocarga y de grandes calibres, fueron m&aacute;quinas de guerra que debutaron el 12 de mayo de 1898.
</p>
<p>
El arte militar, y sobre todo el de la guerra, encontraron nuevos problemas que estudiar y resolver. Las tropas invasoras del General&iacute;simo Miles, armadas de 
<hi rend="italics">
Springfields,
</hi>
 con p&oacute;lvora negra, no pod&iacute;an medirse con los soldados espa&ntilde;oles que manejaban 
<hi rend="italics">
M&aacute;user
</hi>
 de repetici&oacute;n, a cinco tiros, con p&oacute;lvora sin humo; fu&eacute; preciso cambiar el fusil en plena campa&ntilde;a.
</p>
<p>
Otro aspecto interesante fu&eacute; el de que combatieron frente a frente tropas regula-
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0011">
0011
</controlpgno>
<printpgno>
</printpgno>
</pageinfo>
<illus entity="i0011" map="no">
<caption>
<p>
S. M. la Reina Regente y el Principe Don Alfonso al estallar la guerra hispanoamericana.
</p>
</caption>
</illus>
</div>
</front>
<body>
<pageinfo>
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0012
</controlpgno>
<printpgno>
</printpgno>
<blankpage>
</pageinfo>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0013">
0013
</controlpgno>
<printpgno>
1
</printpgno>
</pageinfo>
<div>
<head>
CAPITULO PRIMERO
<lb>
DONDE EL AUTOR RELATA SU INTERVENCI&Oacute;N EN LA GUERRA HISPANOAMERICANA Y EXPLICA SU VUELTA A LA VIDA CIVIL.
</head>
<illus entity="i0013" map="no">
</illus>
<p>
<hi rend="other">
EL
</hi>
 d&iacute;a 1.&deg; de marzo de 1898, el capit&aacute;n general de Puerto Rico, don Manuel Mac&iacute;as, me indult&oacute; del arresto que estaba sufriendo en el castillo del Morro de orden del general Ortega, gobernador de la plaza&mdash;mi buen amigo m&aacute;s tarde&mdash;, por intervenir en asuntos pol&iacute;ticos, a pesar de encontrarme en situaci&oacute;n de supernumerario sin sueldo desde dos a&ntilde;os antes, desempe&ntilde;ando una c&aacute;tedra en el Instituto Civil de Segunda Ense&ntilde;anza.
</p>
<p>
Como era reglamentario, tuve que presentarme a su excelencia, quien me trat&oacute; con afabilidad, asegur&aacute;ndome que aquel arresto no ser&iacute;a anotado en mi hoja de servicios, lo que comunic&oacute; m&aacute;s tarde, de oficio, al jefe de artiller&iacute;a, y a&ntilde;adi&oacute;:
</p>
<p>
&mdash;Usted me ha cursado instancia solicitando anticipo a la licencia absoluta que tiene pedida a Su Majestad; quiero decirle, en reserva, que desde el desgraciado accidente del 
<hi rend="italics">
Maine
</hi>
 la guerra con los Estados Unidos es inevitable; &iquest;quiere usted seguir en el Ej&eacute;rcito hasta que la guerra termine?
</p>
<p>
&mdash;Un oficial no abandona el uniforme cuando hay probabilidades de guerra; disponga usted de m&iacute;&mdash;le contest&eacute;.
</p>
<p>
Hizo venir al coronel Cam&oacute;, su jefe de Estado Mayor, y le orden&oacute; mi vuelta al servicio activo, destinado a mandar la tercera compa&ntilde;&iacute;a del dozavo batall&oacute;n de artiller&iacute;a, lo que aparejaba, adem&aacute;s, el gobierno del castillo de San Crist&oacute;bal y la jefatura de todas sus bater&iacute;as interiores y exteriores.
</p>
<p>
&mdash;Si la guerra viene, que s&iacute; vendr&aacute;&mdash;continu&oacute; el general&mdash;, a usted, que es portorrique&ntilde;o,
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0014">
0014
</controlpgno>
<printpgno>
2
</printpgno>
</pageinfo>
le cabr&aacute; el honor de contribu&iacute;r a la defensa de la plaza si el enemigo desembarca, toda vez que San Crist&oacute;bal y sus bater&iacute;as exteriores son las &uacute;nicas obras artilladas que pueden batir con sus fuegos los aproches. Enc&aacute;rguese del castillo y comience a cargar, seguidamente, todos los proyectiles de sus piezas.
</p>
<p>
Y de esta manera sal&iacute; de una b&oacute;veda del Morro, donde pas&eacute; quince d&iacute;as bajo la cari&ntilde;osa vigilancia del capit&aacute;n Jos&eacute; Antonio Iriarte, hoy coronel del cuerpo, para entrar en el vetusto castillo de San Crist&oacute;bal, centinela avanzado de San Juan por mar y tierra. Dentro de aquellos muros y sobre aquellos elevados parapetos permanec&iacute; siete meses y diez y ocho d&iacute;as: todo el tiempo que dur&oacute; el 
<hi rend="italics">
estado de guerra,
</hi>
 o sea desde el 1.&deg; de marzo hasta las diez y media de la ma&ntilde;ana del d&iacute;a 18 de octubre, cuando entr&oacute; en el castillo, al frente de su bater&iacute;a, batiendo marcha los clarines, el capit&aacute;n de artiller&iacute;a de los Estados Unidos, H. A. Reed (hoy general y casado con una noble dama portorrique&ntilde;a), quien formando sus fuerzas junto a las m&iacute;as y previo el saludo militar me pidi&oacute; las llaves del castillo, poniendo en mis manos la orden de entrega. Cumplimentando esa orden le entregu&eacute; las llaves (que &eacute;l conserva en un cuadro primoroso), las bater&iacute;as, los repuestos de municiones y todos los juegos de armas y accesorios. Formadas de nuevo ambas fuerzas y a la voz de 
<hi rend="italics">
&iexcl;Firmes!
</hi>
 nos saludamos con los sables; d&iacute; la voz de marcha, y al frente de mis doscientos artilleros, y al son de sus cornetas que parec&iacute;an gemir, baj&eacute; las rampas de San Crist&oacute;bal, donde no he vuelto a entrar.
</p>
<p>
Al embarcarse las &uacute;ltimas fuerzas espa&ntilde;olas, volv&iacute; a quedar en la situaci&oacute;n de supernumerario sin sueldo, por orden del general Mac&iacute;as, fecha 15 de octubre y en espera de que se me concediese, como ten&iacute;a solicitado, mi licencia absoluta; pero fu&iacute; nombrado por el general Ricardo Ortega, con anuencia del general Brooke, desde el 16 de aquel mes, para efectuar la entrega, en detalles, de la plaza, cuarteles, parques y todos los edificios militares. El teniente coronel de artiller&iacute;a Rockwell hab&iacute;a recibido del general Brooke comisi&oacute;n id&eacute;ntica para el recibo, y de esta manera, y por azar de la suerte, fu&iacute;, inmerecidamente, el &uacute;ltimo gobernador de la plaza espa&ntilde;ola de San Juan de Puerto Rico: cuarenta y ocho horas dur&oacute; mi mando. &iexcl;Triste honor para un soldado!
</p>
<p>
El general Ortega con el dozavo batall&oacute;n de artiller&iacute;a de Plaza y alguna fuerza m&aacute;s, se acuartel&oacute; desde el 16 en el Arsenal, la Marina iz&oacute; all&iacute; su bandera, y aquel edificio fu&eacute; declarado tierra espa&ntilde;ola por el general Brooke hasta el d&iacute;a 22 del mismo mes. Ha sido un error afirmar y escribir en peri&oacute;dicos y libros que el general Ortega asisti&oacute; a Santa Catalina a las doce del d&iacute;a 18 de octubre, y que hizo all&iacute; entrega de la plaza. No hubo entrega ni hubo banderas arriadas. Dos d&iacute;as antes, al firmarse las actas por los Comisionados, se consider&oacute; el acto como una impl&iacute;cita entrega
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0015">
0015
</controlpgno>
<printpgno>
3
</printpgno>
</pageinfo>
<illus entity="i0015" map="no">
</illus>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0016">
0016
</controlpgno>
<printpgno>
4
</printpgno>
</pageinfo>
de la plaza, toda vez que ni el general Ortega era hombre capaz de realizar actos dolorosos a que no estaba obligado, ni los generales americanos, caballeros intachables, pensaron. jam&aacute;s en exigirlo.
</p>
<p>
El teniente coronel Rockwell y el autor de este libro, a las doce menos cuarto del d&iacute;a 18 de octubre de 1898, salimos del Parque de artiller&iacute;a, ambos de uniforme, y bajando por la calle de la Cruz nos situamos en la plaza Alfonso XII, frente a la Intendencia; all&iacute; tuvo lugar la ceremonia de izar la bandera de los Estados Unidos, y solamente llevamos nuestras manos a las gorras cuando son&oacute; el himno de W&aacute;shington, mientras la tropa, all&iacute; formada, hac&iacute;a los honores reglamentarios.
</p>
<p>
Por m&aacute;s de sesenta d&iacute;as acompa&ntilde;&eacute; al teniente coronel Rockwell y muchas veces al capit&aacute;n Reed, por castillos, fosos, almacenes y galer&iacute;as de minas. Una ma&ntilde;ana medijo el primero:
</p>
<p>
&mdash;Capit&aacute;n, yo creo que sus servicios ser&iacute;an muy convenientes a mi Gobierno; &iquest;me permitir&iacute;a usted recomendar a W&aacute;shington que le mantengan en su empleo?
</p>
<p>
&mdash;Coronel&mdash;le contest&eacute;&mdash;, estas bombas que llevo al cuello son a&uacute;n bombas espa&ntilde;olas. &iquest;Qu&eacute; responder&iacute;a usted si alguien le propusiese cosa igual?
</p>
<p>
&mdash;Perdone, capit&aacute;n; en mi deseo de serle &uacute;til, he cometido una ligereza; pero s&iacute; aceptar&aacute; que yo le pague su trabajo: &iquest;cu&aacute;nto le paga a usted el Gobierno espa&ntilde;ol?
</p>
<p>
&mdash;Nada; estoy en situaci&oacute;n de supernumerario sin sueldo.
</p>
<p>
&mdash;No admito que nadie trabaje sin que le paguen su trabajo; yo me ocupar&eacute;de eso.
</p>
<p>
&mdash;Gracias, coronel; las leyes militares me prohiben aceptar su oferta.
</p>
<p>
El teniente coronel Rockwell no insisti&oacute;, y en adelante fuimos amigos cordiales; era un brillante jefe, conocedor profundo de la ciencia de la artiller&iacute;a y de sus &uacute;ltimos adelantos; un correcto caballero y de ilustraci&oacute;n poco com&uacute;n. Sin embargo, lo encontr&eacute; algo pueril cuando, frecuentemente, me preguntaba acerca de 
<hi rend="italics">
cisternas con aguas envenenadas o por minas cargadas y a punto de estallar.
</hi>
</p>
<p>
El 17 de octubre, veinticuatro horas antes de cesar la soberan&iacute;a espa&ntilde;ola en Puerto Rico, present&eacute; mi renuncia de catedr&aacute;tico, lo que me fu&eacute; concedido seg&uacute;n acredita el siguiente documento:
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0017">
0017
</controlpgno>
<printpgno>
5
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
<hi rend="other">
INSTITUTO DE 2.
<superscript>
A
</superscript>
 ENSE&Ntilde;ANZA DE PUERTO-RICO
</hi>
</p>
<illus entity="i0017" map="no">
</illus>
<p>
Don 
<hi rend="underscore">
JOSE JOSE EZEQUIEL MARTINEZ QUINTERO.&mdash;
</hi>
 Catedr&aacute;tico y Secretario del Instituto de 2.
<superscript>
a
</superscript>
 Ense&ntilde;anza de Puerto-Rico, del que es Director Don 
<hi rend="underscore">
ANTONIO ANTONIO ROSELL y CARBONELL.
</hi>
</p>
<p>
<hi rend="smallcaps">
Certifico:
</hi>
 Que de los antecedentes que obran en el archivo de esta Secretar&iacute;a a mi cargo, resulta que don Angel Rivero M&eacute;ndez, ingeniero industrial, fu&eacute; nombrado catedr&aacute;tico de la asignatura de Qu&iacute;mica y F&iacute;sica de este Instituto por Real orden de 24 de enero del a&ntilde;o 1896, habiendo tomado posesi&oacute;n de dicha c&aacute;tedra el d&iacute;a 26 de febrero del mismo a&ntilde;o, el cual cargo estuvo desempe&ntilde;ando hasta el 15 de abril de 1898 en que pas&oacute; a explicar la asignatura de Matem&aacute;ticas por permuta hecha con el catedr&aacute;tico de esta asignatura doctor Gabriel Ferrer, aprobada por decreto del excelent&iacute;simo se&ntilde;or gobernador general, de fecha 12 de igual mes y a&ntilde;o. Estuvo desempe&ntilde;ando la referida c&aacute;tedra de Matem&aacute;ticas hasta el 17 de octubre &uacute;ltimo en que ces&oacute; por renuncia elevada al ilustr&iacute;simo se&ntilde;or secretario de Despacho de Fomento.
</p>
<p>
Y para lo que pueda convenir al interesado, expido la presente, autorizada en forma, de orden y con el V&deg;. B&deg;. del Sr. Director y con el sello del Establecimiento, en San Juan de Puerto-Rico &aacute; 
<handwritten>
dies
</handwritten>
 de 
<handwritten>
Abril
</handwritten>
 de 
<handwritten>
1899.
</handwritten>
</p>
<p>
<stamped>
INSTITUTO DE 2
<superscript>
A
</superscript>
 ENSE&Ntilde;ANZA
<lb>
PUERTO-RICO
</stamped>
</p>
<p>
V&deg;. B&deg;.
<lb>
<hi rend="smallcaps">
El Director,
</hi>
<lb>
<omit reason="illegible" extent="2w">
</p>
<p>
<hi rend="smallcaps">
El Secretario,
</hi>
<lb>
<handwritten>
J. E. Martinez Quintero
</handwritten>
</p>
<p>
<hi rend="italics">
Registrada al n&uacute;mero del libro correspondiente.
</hi>
<lb>
<hi rend="smallcaps">
El Oficial de la Secretar&iacute;a,
</hi>
<lb>
<handwritten>
<omit reason="illegible" extent="1l">
</handwritten>
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0018">
0018
</controlpgno>
<printpgno>
6
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
A fines de enero de 1899 recib&iacute; un cable, firmado por el coronel de ingenieros Jos&eacute; Laguna, mi padrino, que dec&iacute;a as&iacute;:
</p>
<p>
&ldquo;Detenida instancia, regrese primer vapor; tendr&aacute; buen destino.&mdash;
<hi rend="smallcaps">
Laguna.
</hi>
&rdquo;
</p>
<p>
Aunque agradeciendo la oferta, reiter&eacute; por cable mi renuncia; algunos meses m&aacute;s tarde, D. Rafael P&eacute;rez Garc&iacute;a, encargado interino de los asuntos de Espa&ntilde;a en Puerto Rico, me entreg&oacute; este documento:
</p>
<p>
<hi rend="other">
DELEGACION
<lb>
GOBIERNO DE ESPA&Ntilde;A
<lb>
<omit reason="illegible" extent="1w">
<lb>
<omit reason="illegible" extent="1w">
</hi>
</p>
<p>
Por la secretar&iacute;a del Ministerio de Estado se dice a esta Delegaci&oacute;n con fecha 21 de abril &uacute;ltimo, lo que sigue: En vista de la instancia que curs&oacute; a este Ministerio el capit&aacute;n de artiller&iacute;a, en situaci&oacute;n de supernumerario sin sueldo en Puerto Rico, D. Angel Rivero M&eacute;ndez, solicitando licencia absoluta, el Rey (q. D. g.), y en su nombre la Reina regente del Reino, ha tenido a bien acceder a la petici&oacute;n del interesado. De Real orden comunicada por el Ministerio de Estado, lo traslado a us&iacute;a a fin de que lo haga llegar a noticias del capit&aacute;n Rivero.&mdash;Y en cumplimiento de lo ordenado en la preinserta Real orden, lo comunico a usted para su conocimiento y como resultado de su instancia.
</p>
<p>
<handwritten>
<omit reason="illegible" extent="1l">
<lb>
Puerto Rico 11 de Mayo de 1899.
<lb>
<omit reason="illegible" extent="1l">
</handwritten>
</p>
<p>
Despu&eacute;s de veinte a&ntilde;os de uniforme volv&iacute; a la vida civil, hice registrar mi t&iacute;tulo de ingeniero industrial, y colgando el uniforme, armas, cruces y hasta la americana para estar m&aacute;s expedito al trabajo, fund&eacute; la f&aacute;brica Polo Norte, que aun vive vida robusta merced a sus muchos amigos y clientes.
</p>
<p>
Cierta ma&ntilde;ana, mi excelente amigo Manolo Camu&ntilde;as (que est&aacute; vivo y ojal&aacute; sea por muchos a&ntilde;os), vino a buscarme de parte de Luis Mu&ntilde;oz Rivera. Juntos subimos a su despacho, y el jefe del Gobierno Insular habl&oacute; as&iacute;:
</p>
<p>
&mdash;Rivero, deseo formar una Polic&iacute;a Insular que sea garant&iacute;a absoluta de paz y orden, que est&eacute; alejada de la pol&iacute;tica totalmente y revista cierto car&aacute;cter militar que mantenga su disciplina. &iquest;Quiere usted organizarla y aceptar el mando?
</p>
<p>
&mdash;Amigo Mu&ntilde;oz&mdash;le contest&eacute;&mdash;, me comprometo a organizar ese Cuerpo y a entreg&aacute;rselo a usted a punto de llenar su misi&oacute;n; pero siento decirle que no puedo aceptar el cargo que me ofrece.
</p>
<p>
Comenc&eacute; mis trabajos, busqu&eacute; a Urrutia, a Janer y a Carlos Aguado, antiguos
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0019">
0019
</controlpgno>
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7
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</pageinfo>
oficiales del Ej&eacute;rcito espa&ntilde;ol; llam&eacute; a Molina, del Ej&eacute;rcito cubano, y tambi&eacute;n a varios j&oacute;venes paisanos. Otro d&iacute;a Mu&ntilde;oz me pas&oacute; nuevo aviso.
</p>
<p>
&mdash;No siga su trabajo&mdash;me dijo&mdash;, tratan de imponerme por jefe de la Polic&iacute;a a un soldado alem&aacute;n. Estoy cansado y deseo irme; guarde sus papeles por si alg&uacute;n d&iacute;a puedo llamarle nuevamente en nombre de mi pa&iacute;s.
</p>
<p>
Mucho tiempo despu&eacute;s recib&iacute; una carta, que conservo, del general Reed; me ofrec&iacute;a, a nombre del gobernador, el puesto de jefe de la Polic&iacute;a, d&aacute;ndome cuatro horas para contestarle. Un minuto me bast&oacute; para agradecer y declinar la oferta. M&aacute;s tarde, el sabio comisionado de educaci&oacute;n, Brumbaugh, me nombr&oacute; profesor de la &ldquo;High School&rdquo;, para las asignaturas de F&iacute;sica y Qu&iacute;mica; le d&iacute; las gracias y renunci&eacute;.
</p>
<p>
&mdash;Deme un hombre&mdash;me dijo&mdash;; y yo le llev&eacute; a Pepe Janer, un ilustre portorrique&ntilde;o, salido de cepa de sabios educadores y alt&iacute;simos caballeros.
</p>
<p>
Y segu&iacute;, como Peary, aunque en modest&iacute;sima esfera, en la ardua tarea de conquistar el Polo Norte. No se achaque a vanagloria si consigno que el voluntario abandono de mi carrera militar, despu&eacute;s de veinte a&ntilde;os de servicios, sin una tacha en mi expediente y cuando luc&iacute;a en las bocamangas las tres estrellas doradas de capit&aacute;n, tuvo por &uacute;nico objeto el poder seguir la suerte de mi pa&iacute;s; nacido en los campos de Trujillo Bajo, &eacute;rame imposible vivir el resto de mi vida lejos de la vieja ermita donde dec&iacute;a su misa diaria el bondadoso padre Mariano.
</p>
<p>
Para la noble Espa&ntilde;a, para su Ej&eacute;rcito y, sobre todo, para sus artilleros, para los espa&ntilde;oles todos, conservo un gran amor, una eterna gratitud. Afirmo mi origen y estoy alegre, &iexcl;muy alegre!, de que por mis venas corra sangre de espa&ntilde;oles. Juan Rivero y Rosa M&eacute;ndez nacieron ambos en Las Palmas de la Gran Canaria.
</p>
<p>
El a&ntilde;o 1913 estuve en Segovia, visit&eacute; el Alc&aacute;zar y la Academia de artiller&iacute;a, y al ver en su claustro una larga fila de cuadros me acerqu&eacute; y pude leer: Angel Rivero M&eacute;ndez. Era mi nombre como teniente de artiller&iacute;a, entre todos los de mi promoci&oacute;n. Cuando el coronel Acha, en Madrid, al visitar yo el Centro Electroct&eacute;cnico, me ofreci&oacute; un comp&aacute;s de precisi&oacute;n, grabados en &eacute;l mi nombre y la fecha de aquel d&iacute;a; y cuando en la f&aacute;brica de Granada el comandante Garrido, artillero de fama mundial, me obsequiaba con dos bastones constru&iacute;dos con un explosivo poderoso; cuando Acha, Iriarte, Arespacochaga, Anca, S&aacute;nchez Apell&aacute;niz, S&aacute;nchez de Castilla, Alonso, Caturla, Casta&ntilde;os, Laguna y muchos militares m&aacute;s que fueron compa&ntilde;eros de armas, apretaron mis manos con el cari&ntilde;o de antiguos camaradas..., experiment&eacute; inolvidables y dulces emociones.
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0020">
0020
</controlpgno>
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8
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</pageinfo>
<p>
Veintid&oacute;s a&ntilde;os llevo dentro de la vida civil; viejo estoy, mas cuando veo pasar por mi lado a esos j&oacute;venes, gallardos, triunfadores en la lucha por la vida, y hoy pilares de la patria, que se llaman Coll y Cuch&iacute;, Soto Gras, Mart&iacute;n Travieso, los tres hermanos Ferrer, Mart&iacute;nez Alvarez, Carballeira, doctor Matanzo, Guerra, Marxuach, Carlos Urrutia, Alvaro Padial, Veve, Ben&iacute;tez Flores, Mart&iacute;nez D&aacute;vila y muchos m&aacute;s, siento apuntar brotes de orgullo, recordando que fu&iacute; profesor de estos muchachos en el Instituto Provincial de Segunda Ense&ntilde;anza de San Juan.
</p>
<illus entity="i0020" map="no">
</illus>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0021">
0021
</controlpgno>
<printpgno>
</printpgno>
</pageinfo>
<illus entity="i0021" map="no">
<caption>
<p>
El MAINE anclado en la Habana, y despu&eacute;s de la explosi&oacute;n. Banderas que izaban los buques americanos en cada combate, en las que indicaba, seg&uacute;n el C&oacute;digo de Se&ntilde;ales, su grito de guerra.
</p>
</caption>
</illus>
</div>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0022z">
0022
</controlpgno>
<printpgno>
</printpgno>
<blankpage>
</pageinfo>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0023">
0023
</controlpgno>
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</printpgno>
</pageinfo>
<div>
<head>
CAPITULO II
<lb>
<hi rend="other">
ORIGEN DE LA GUERRA
</hi>
</head>
<illus entity="i0023" map="no">
</illus>
<p>
VOLADURA DEL &ldquo;MAINE&rdquo;.&mdash;DECLARACI&Oacute;N DE GUERRA.&mdash;EL PRIMER CA&Ntilde;ONAZO.
</p>
<p>
<hi rend="other">
AL COMENZAR
</hi>
 el a&ntilde;o 1898 eran muy tirantes las relaciones entre los Gobiernos de W&aacute;shington y Madrid; la Prensa, tanto la espa&ntilde;ola como la norteamericana, no cesaba de arrojar le&ntilde;a al fuego. El Gobierno americano dispuso que el crucero protegido 
<hi rend="italics">
Maine
</hi>
 hiciera una visita amistosa al puerto de la Habana. El Sr. Sagasta correspondi&oacute; al agasajo enviando al 
<hi rend="italics">
Vizcaya,
</hi>
 comandante Eulate, al puerto de Nueva York, donde fonde&oacute; el 18 de febrero, y el 25 sali&oacute; para la Habana.
</p>
<p>
Ese mismo d&iacute;a, del mes de enero, fondeaba el 
<hi rend="italics">
Maine
</hi>
 en este puerto, y, amarrado a la boya n&uacute;mero 4, salud&oacute; a la plaza con sus ca&ntilde;ones. La bater&iacute;a de salvas devolvi&oacute;, acto seguido, el saludo.
</p>
<p>
Era el 
<hi rend="italics">
Maine
</hi>
 un crucero protegido de segunda clase, con faja blindada, de 6.650 toneladas, y un andar de 17 millas y media; montaba cuatro ca&ntilde;ones de 10 pulgadas en dos torres acorazadas; seis, de seis pulgadas; ocho, de una, y muchas piezas m&aacute;s de tiro r&aacute;pido. Fu&eacute; constru&iacute;do, en 1895, en el Arsenal de Nueva York, y su tripulaci&oacute;n se compon&iacute;a de 26 oficiales y 354 clases y mariner&iacute;a. Mandaba este buque el capit&aacute;n C. D. Sigsbee.
</p>
<p>
El 15 de febrero, a las nueve y cuarenta de la noche, una terrible explosi&oacute;n, seguida de otra menos intensa, destruy&oacute; completamente toda la proa del crucero, que
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0024">
0024
</controlpgno>
<printpgno>
10
</printpgno>
</pageinfo>
se hundi&oacute; de aquella parte, hasta tocar fondo, en 11 brazas de agua. La explosi&oacute;n, que se oy&oacute; en toda la Habana y su puerto, caus&oacute; la muerte de dos oficiales y 258 hombres de la tripulaci&oacute;n 
<anchor id="n0024-01">
1
</anchor>
. Los supervivientes fueron recogidos por los botes del 
<hi rend="italics">
Alfonso XIII
</hi>
 y 
<hi rend="italics">
Ciudad de Par&iacute;s,
</hi>
 que estaban fondeados en paraje cercano. Los heridos fueron curados en los hospitales de la ciudad, y autoridades y pueblo rivalizaron en exteriorizar su profundo sentimiento por tan tremendo desastre.
</p>
<note anchor.ids="n0024-01" place="bottom"><p><superscript>1</superscript> Despu&eacute;s murieron ocho heridos, elev&aacute;ndose a 266 el n&uacute;mero de las v&iacute;ctimas de la explosi&oacute;n.&mdash;
<hi rend="italics">N. del A.
</hi></p></note>
<illus entity="i0024" map="no">
<caption>
<p>
Mr. William Mac-Kinley.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
El 17 tuvo lugar el solemne entierro de 15 cad&aacute;veres, que fueron extra&iacute;dos de la bah&iacute;a, resultando un acto imponente, por la gran multitud que acompa&ntilde;&oacute; al cortejo f&uacute;nebre hasta el cementerio de Col&oacute;n.
</p>
<p>
La Reina Regente y el general Blanco, gobernador de Cuba, telegrafiaron su p&eacute;same
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0025">
0025
</controlpgno>
<printpgno>
11
</printpgno>
</pageinfo>
same al presidente Mac-Kinley. En las primeras horas nadie pens&oacute; que aquel desastre pudiera ser resultado de un criminal complot, y s&iacute; s&oacute;lo un fatal accidente.
</p>
<p>
El Gobierno americano nombr&oacute;, en 21 de febrero, una comisi&oacute;n, para investigar el caso, compuesta de cuatro miembros, y presidida por uno de ellos, el capit&aacute;n William T. Sampson. El general Blanco hizo lo propio.
</p>
<illus entity="i0025" map="no">
<caption>
<p>
D. Pr&aacute;xedes Mateo Sagasta, Presidente del Gobierno Espa&ntilde;ol.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
Los comisionados americanos permanecieron diez y ocho d&iacute;as en el puerto de la Habana, a bordo del 
<hi rend="italics">
Mangrove,
</hi>
 y cinco m&aacute;s en Key West, alojados en el 
<hi rend="italics">
Iowa.
</hi>
 Estos peritos, de com&uacute;n acuerdo, declararon, despu&eacute;s de largas consideraciones: &ldquo;Que el 
<hi rend="italics">
Maine
</hi>
 fu&eacute; destru&iacute;do por la explosi&oacute;n de una mina submarina, la cual caus&oacute; las parciales de dos o m&aacute;s pa&ntilde;oles del buque.&rdquo;
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0026">
0026
</controlpgno>
<printpgno>
12
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
Los comisionados espa&ntilde;oles produjeron un luminoso informe, que fu&eacute; le&iacute;do m&aacute;s tarde en el Congreso de Madrid, demostrando que: &ldquo;La explosi&oacute;n fu&eacute; interior, y producida, ya por la caldereta de la d&iacute;namo, ya por combusti&oacute;n espont&aacute;nea del algod&oacute;n-p&oacute;lvora, con que se cargan los torpedos.&rdquo;
</p>
<p>
Peritos imparciales, como el vicealmirante norteamericano Erven y el capit&aacute;n Buckill, combatieron, por absurda, la opini&oacute;n de la supuesta mina. La Prensa europea y sudamericana clamaron en igual sentido, y el Gobierno de Madrid no tuvo respuesta a un cable en que propon&iacute;a al de W&aacute;shington someter el caso a un arbitraje internacional. M&aacute;s tarde, en Par&iacute;s, cuando se firmaba el Tratado de Paz, y a&ntilde;os despu&eacute;s en la Habana, al sacarse los restos del 
<hi rend="italics">
Maine,
</hi>
 el Gobierno espa&ntilde;ol insisti&oacute; en igual sentido, viendo siempre desairados sus esfuerzos.
</p>
<illus entity="i0026" map="no">
<caption>
<p>
Firma del 
<hi rend="italics">
ultimatum
</hi>
 a Espa&ntilde;a por el presidente Mac-Kinley.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
Pero es preciso consignar que el 
<hi rend="italics">
Maine
</hi>
 vol&oacute;, como vuelan cada a&ntilde;o en Europa y Am&eacute;rica m&aacute;s de 20 almacenes de dinamita y de p&oacute;lvora; como volaron, en Miraflores,
<anchor id="n0026-01">
1
</anchor>
 numerosas cajas de p&oacute;lvora, por descuido de los hombres o por reacciones qu&iacute;micas, desconocidas, entre los componentes de los modernos explosivos.
</p>
<note anchor.ids="n0026-01" place="bottom"><p><superscript>1</superscript> Polvor&iacute;n en San Juan, Puerto Rico.&mdash;
<hi rend="italics">N. del A.
</hi></p></note>
<p>
He le&iacute;do luminosos art&iacute;culos de marinos norteamericanos, y todos refutan el que la explosi&oacute;n del 
<hi rend="italics">
Maine
</hi>
 fuese exterior. Todos convienen en que el algod&oacute;n-p&oacute;lvora, carga de los torpedos, se descompone en climas calientes, despidiendo gases capaces
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0027">
0027
</controlpgno>
<printpgno>
13
</printpgno>
</pageinfo>
de combusti&oacute;n espont&aacute;nea. As&iacute;, y por eso, vol&oacute;, en un puerto del Jap&oacute;n, el famoso acorazado 
<hi rend="italics">
Mikasa.
</hi>
</p>
<p>
El vicealmirante americano Mr. George W. Melville, ingeniero jefe de la Armada, public&oacute; en la revista 
<hi rend="italics">
North American Review,
</hi>
 enero 29 de 1902, una larga carta, analizando cient&iacute;ficamente el desastre del 
<hi rend="italics">
Maine,
</hi>
 y, al terminar, sienta la conclusi&oacute;n, l&oacute;gicamente deducida, de que la explosi&oacute;n fu&eacute; interior; anota la clase de minas y torpedos que usaron los espa&ntilde;oles durante la guerra, y se&ntilde;ala el caso de Santiago de Cuba, donde, despu&eacute;s de la rendici&oacute;n, al levantarse los torpedos, se vi&oacute; que eran inofensivos; unos, por la mala calidad de sus explosivos, y otros, porque estaban mojados por el agua filtrada. No hab&iacute;a en toda la isla de Cuba torpedo ni mina bastante eficaz para volar, totalmente, un buque amarrado, como el 
<hi rend="italics">
Maine,
</hi>
 a la boya n&uacute;mero 4, y que, adem&aacute;s, se hiciese la operaci&oacute;n de manera tan oculta, que nadie pudiese verla, sobre todo los cubanos, enemigos de Espa&ntilde;a.
</p>
<illus entity="i0027" map="no">
<caption>
<p>
El ca&ntilde;onero 
<hi rend="italics">
Nashville,
</hi>
 desde el cual el cabo de ca&ntilde;&oacute;n Miguel Machias hizo contra el vapor 
<hi rend="italics">
Buenaventura
</hi>
 el primer disparo de la guerra hispanoamericana.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
El ilustre marino termin&oacute; su carta con estas palabras: &ldquo;Tenemos hoy una opini&oacute;n m&aacute;s elevada del car&aacute;cter y la virilidad del soldado espa&ntilde;ol. El valor del almirante Cervera, de sus oficiales y tripulaciones, al salir a una inevitable derrota, en un supremo esfuerzo para sostener el honor de su bandera, nos prueba, fuera de toda duda, que tales hombres no son capaces de haber cometido el crimen que tan gratuitamente se les ha achacado. Durante toda la guerra han demostrado los espa&ntilde;oles que saben morir como deben hacerlo los soldados, y hombres como &eacute;stos no sancionar&iacute;an,
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0028">
0028
</controlpgno>
<printpgno>
14
</printpgno>
</pageinfo>
y mucho menos tomar&iacute;an parte en acto alguno indigno de militares que saben combatir con valor y morir con honor.&rdquo;
</p>
<p>
Y aunque el Gobierno de W&aacute;shington se mantuvo en gran reserva, sin sostener ni negar el informe de sus comisionados, no cabe duda que el desgraciado accidente del 
<hi rend="italics">
Maine
</hi>
 precipit&oacute; la declaraci&oacute;n de guerra.
</p>
<p>
<hi rend="italics">
Remember the &ldquo;Maine&rdquo;!
</hi>
 fu&eacute; el grito de guerra americano, y bajo la presi&oacute;n del pueblo y de la Prensa, el Congreso aprob&oacute; aquella c&eacute;lebre Resoluci&oacute;n conjunta, que era, y as&iacute; fu&eacute; tomada en Madrid, una declaraci&oacute;n de guerra.
</p>
<p>
He aqu&iacute; el texto de dicho documento:
</p>
<p>
Considerando que el aborrecible estado de cosas que ha existido en Cuba durante los tres &uacute;ltimos a&ntilde;os, en isla tan pr&oacute;xima a nuestro territorio, ha herido el sentido moral del pueblo de los Estados Unidos; ha sido un desdoro para la civilizaci&oacute;n cristiana, y ha llegado a su per&iacute;odo cr&iacute;tico con la destrucci&oacute;n de un barco de guerra norteamericano y con la muerte de 266 de entre sus oficiales y tripulantes, cuando el buque visitaba amistosamente el puerto de la Habana:
</p>
<p>
Considerando que tal estado de cosas no puede ser tolerado por m&aacute;s tiempo, seg&uacute;n manifest&oacute; ya el Presidente de los Estados Unidos, en mensaje que envi&oacute; el 11 de abril al Congreso, invitando a &eacute;ste a que adopte resoluciones;
</p>
<p>
El Senado y la C&aacute;mara de Representantes, reunidas en Congreso, acuerdan:
</p>
<p>
Primero. Que el pueblo de Cuba es y debe ser libre e independiente;
</p>
<p>
Segundo. Que es deber de los Estados Unidos exigir, y por la presente su Gobierno exige, que el Gobierno espa&ntilde;ol renuncie, inmediatamente, a su autoridad y gobierno en Cuba, y retire sus fuerzas, terrestres y navales, de las tierras y mares de la isla;
</p>
<p>
Tercero. Que se autoriza al Presidente de los Estados, y se le encarga y ordena, que utilice todas las fuerzas militares y navales de los Estados Unidos, y llame al servicio activo las milicias de los distintos Estados de la Uni&oacute;n, en el n&uacute;mero que sea necesario, para llevar a efecto estos acuerdos;
</p>
<p>
Y cuarto. Que los Estados Unidos, por la presente, niegan que tengan ning&uacute;n deseo ni intenci&oacute;n de ejercer jurisdicci&oacute;n ni soberan&iacute;a, ni de intervenir en el gobierno de Cuba, si no es para su pacificaci&oacute;n, y afirman su prop&oacute;sito de dejar el dominio y gobierno de la isla al pueblo de &eacute;sta, una vez realizada dicha pacificaci&oacute;n.
</p>
<p>
La votaci&oacute;n del Senado fu&eacute; 42 por 35. La de la C&aacute;mara de Representantes, 311 por 6; quedando aprobada esta Resoluci&oacute;n, por el Congreso, el 19 de abril, y por el Presidente, el 20 del mismo mes.
</p>
<p>
Este mismo d&iacute;a tuvo lugar la apertura del Parlamento espa&ntilde;ol por la reina regente Mar&iacute;a Cristina, la cual declar&oacute;: &ldquo;Que aquellas Cortes hab&iacute;an sido convocadas para defender los derechos de Espa&ntilde;a.&rdquo;
</p>
<p>
El mismo d&iacute;a, el ministro norteamericano en Madrid, Mr. Woodford, recibi&oacute; el siguiente telegrama de W&aacute;shington.
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0029">
0029
</controlpgno>
<printpgno>
15
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
Abril 20, 1898.
</p>
<p>
<hi rend="smallcaps">
Woodford,
</hi>
 ministro. Madrid.
</p>
<p>
Se ha proporcionado a usted el texto de las Resoluciones aprobadas por el Congreso de los Estados Unidos el 19 del actual, relacionadas con la pacificaci&oacute;n de la isla de Cuba. Obedeciendo este acto, el Presidente orden&oacute; que, inmediatamente, se comuniquen dichas Resoluciones al Gobierno de Madrid, acompa&ntilde;ando un aviso de este Gobierno, al Gobierno de Espa&ntilde;a, para que renuncie a su gobierno y autoridad en Cuba, y retire sus fuerzas militares y navales. Al dar este paso, el Gobierno de los Estados Unidos protesta que no tiene intenciones o disposiciones de ejercer soberan&iacute;a, jurisdicci&oacute;n o dominio en la isla, excepto para pacificarla y afirmar su propia determinaci&oacute;n; que cuando logre su objeto, abandonar&aacute; la isla, y ayudar&aacute; a sus habitantes, para la clase de Gobierno libre e independiente que deseen establecer. Si al dar la hora del medio d&iacute;a del s&aacute;bado pr&oacute;ximo, el d&iacute;a 23 de abril, no se ha comunicado a este Gobierno una respuesta satisfactoria a esta demanda y resoluciones, por las cuales se obtenga la pacificaci&oacute;n de Cuba, el Presidente proceder&aacute;, en el acto y sin m&aacute;s aviso, haciendo uso de las facultades que le otorga el Congreso en dichas Resoluciones, a llevarlas a efecto.&mdash;
<hi rend="smallcaps">
Sherman.
</hi>
</p>
<illus entity="i0029" map="no">
<caption>
<p>
D. Luis Polo de Bernab&eacute;.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
Una copia de este documento fu&eacute; entregada, en sus propias manos, al se&ntilde;or Polo de Bernab&eacute;, ministro de Espa&ntilde;a en W&aacute;shington, quien, en el acto, solicit&oacute; sus pasaportes, entregando a la Legaci&oacute;n de Austria los asuntos espa&ntilde;oles; pero autorizaba a M. Camb&oacute;n, embajador de Francia, a intervenir en dichos asuntos.
</p>
<p>
He aqu&iacute; el texto de la carta en que el ministro Polo de Bernab&eacute; ped&iacute;a sus pasaportes:
</p>
<p>
<hi rend="other">
LEGACI&Oacute;N DE ESPA&Ntilde;A
</hi>
</p>
<p>
W&aacute;shington. abril 19 de 1898.
</p>
<p>
Sr. Secretario: Las Resoluciones adoptadas por el Congreso de los Estados Unidos de Am&eacute;rica, y aprobadas hoy por el Presidente, son de tal naturaleza, que mi presencia en W&aacute;shington se hace imposible, y me obligan a suplicar a usted me extienda
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0030">
0030
</controlpgno>
<printpgno>
16
</printpgno>
</pageinfo>
mis pasaportes. La protecci&oacute;n de los intereses de Espa&ntilde;a se ha encomendado al embajador de Francia y al ministro de Austria-Hungr&iacute;a. Con esta ocasi&oacute;n, por cierto bastante penosa para m&iacute;, tengo el honor de reiterar a usted las manifestaciones de mi mayor consideraci&oacute;n.
</p>
<p>
<hi rend="smallcaps">
Luis Polo de Bernab&eacute;.
</hi>
</p>
<p>
Al Hon. John 
<hi rend="smallcaps">
Sherman,
</hi>
 secretario de Relaciones Exteriores de los Estados Unidos.
</p>
<p>
Recibidos sus pasaportes, el Sr. Polo de Bernab&eacute; se traslad&oacute; por ferrocarril al Canad&aacute;.
</p>
<p>
El Ministro Mr. Woodford, al recibir el ultim&aacute;tum telegrafi&oacute;: &ldquo;Momentos antes de presentar al Gobierno espa&ntilde;ol el ultim&aacute;tum de los Estados Unidos, fu&iacute; notificado que las relaciones diplom&aacute;ticas, entre las dos naciones, quedaban rotas; he recibido mis pasaportes, entregando la Legaci&oacute;n al embajador de Inglaterra, y salgo para Par&iacute;s.&rdquo; Seguidamente tom&oacute; el tren para Par&iacute;s, tren que fu&eacute; apedreado por el pueblo en varias estaciones, y asaltado en Segovia por los cadetes de artiller&iacute;a, que subieron a las plataformas al grito de &iexcl;Viva Espa&ntilde;a!
</p>
<p>
La 
<hi rend="italics">
Gaceta de Madrid
</hi>
 del 25 de abril di&oacute; cuenta al pueblo espa&ntilde;ol de la ruptura de hostilidades, y ese mismo d&iacute;a, el Congreso americano declar&oacute;: &ldquo;Que un estado de guerra existe, y ha existido, entre el reino de Espa&ntilde;a y los Estados Unidos, desde el d&iacute;a 21.&rdquo; El Presidente llam&oacute; a las armas a 125.000 voluntarios, y, con fecha 27 del mismo mes, lanz&oacute; una proclama estableciendo el bloqueo de la costa Norte de Cuba y del puerto de Cienfuegos al Sur. Ese d&iacute;a se hizo a la mar la Escuadra americana del Atl&aacute;ntico.
</p>
<p>
El 22 de abril, el ca&ntilde;onero 
<hi rend="italics">
Nashville
</hi>
 hab&iacute;a ca&ntilde;oneado y capturado al vapor espa&ntilde;ol 
<hi rend="italics">
Buenaventura,
</hi>
 en la costa Norte de Cuba, conduciendo su presa a Cayo Hueso. Este acto, de verdadera pirater&iacute;a, anterior a la declaraci&oacute;n de guerra, fu&eacute; causa de que el Congreso americano retrotrayese la fecha de la ruptura de hostilidades al 21 de abril.
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0031">
0031
</controlpgno>
<printpgno>
</printpgno>
</pageinfo>
<illus entity="i0031" map="no">
<caption>
<p>
1. Bandera de guerra que flame&oacute; en el castillo de San Crist&oacute;bal, de San Juan, el 12 de mayo de 1898. N&uacute;mero 3.471 del Cat&aacute;logo del Museo de Artiller&iacute;a.&mdash;2. Bandera de guerra que flame&oacute; en el castillo del Morro, de San Juan, el 12 de mayo de 1898. N&uacute;mero 3.472 del Cat&aacute;logo del Museo de Artiller&iacute;a.&mdash;3. Estandarte del 12.&deg; batall&oacute;n de artiller&iacute;a de plaza, cuya fuerza cubri&oacute; las bater&iacute;as de San Juan durante el combate del 12 de mayo de 1898. N&uacute;mero 3.466 del Cat&aacute;logo del Museo de Artiller&iacute;a.&mdash;4. Bandera del batall&oacute;n Voluntarios de Mayag&uuml;ez. N&uacute;mero 4 972 del Cat&aacute;logo del Museo de Artiller&iacute;a.
</p>
</caption>
</illus>
</div>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0032z">
0032
</controlpgno>
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</printpgno>
<blankpage>
</pageinfo>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0033">
0033
</controlpgno>
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</pageinfo>
<div>
<head>
CAPITULO III
<lb>
C&Oacute;MO SURGI&Oacute; LA IDEA DE TRAER LA GUERRA A PUERTO RICO
</head>
<illus entity="i0033" map="no">
</illus>
<p>
&ldquo;
<hi rend="italics">
Las noticias del c&oacute;nsul Hanna
<anchor id="n0033-01">
1
</anchor>
 al Departamento de Estado no se parecen a las que vienen de Cuba y han hecho una gran impresi&oacute;n en los circulos oficiales. El c&oacute;nsul dice que la autonom&iacute;a en Puerto Rico, &uacute;ltimamente concedida por el Gobierno espa&ntilde;ol de S. M., ha sido proclamada y ha de ser un &eacute;xito. El pueblo de Puerto Rico es un pueblo leal y pac&iacute;fico, y todos parecen contentos con la autonom&iacute;a concedida por la madre patria.
</hi>
&rdquo;
</p>
<note anchor.ids="n0033-01" place="bottom"><p><superscript>1</superscript> C&oacute;nsul de los Estados Unidos en Puerto Rico.&mdash;
<hi rend="italics">N. del A.
</hi></p></note>
<p>
(
<hi rend="italics">
Washington Daily Post,
</hi>
 abril, 1898.)
</p>
<p>
GESTIONES DE HENNA Y TODD.&mdash;MANIFIESTO DE LA COLONIA PORTORRIQUE&Ntilde;A DE NUEVA YORK.&mdash;HOSTOS Y BETANCES
</p>
<p>
<hi rend="other">
MUY
</hi>
 contados portorrique&ntilde;os eran partidarios de la anexi&oacute;n de la Isla a los Estados Unidos; los Lugo Vi&ntilde;a, Fajardo, Palmer, Amy (D. Francisco), Besosa y algunas docenas m&aacute;s de m&eacute;dicos o ingenieros que hab&iacute;an cursado sus estudios en Universidades americanas, eran, realmente, anexionistas y fervientes admiradores de la Rep&uacute;blica Norteamericana. A pesar de esto, pocos portorrique&ntilde;os, estudiantes en los Estados Unidos, tomaban carta de naturaleza. Es necesario fijar, en este libro de historia, las razones poderosas que pesaron en el &aacute;nimo del
<lb>
2
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0034">
0034
</controlpgno>
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18
</printpgno>
</pageinfo>
Presidente Mac-Kinley, para que &eacute;l y su Gobierno, de modo imprevisto, resolvieran capturar a Puerto Rico.
</p>
<p>
El d&iacute;a 10 de marzo de 1898, y cuando el pueblo norteamericano estaba en el m&aacute;s alto grado de exaltaci&oacute;n por el desgraciado accidente ocurrido al 
<hi rend="italics">
Maine,
</hi>
 el doctor Julio J. Henna, portorrique&ntilde;o ilustre y sabio m&eacute;dico, que residi&oacute; y reside en Nueva York, se encamin&oacute; a W&aacute;shington, visitando all&iacute; al Senador por Massachusetts, Mr. Lodge, a quien habl&oacute; de llevar la guerra a Puerto Rico si estallaba el conflicto hispanoamericano, como todo induc&iacute;a a creerlo. Lodge oy&oacute;le con inter&eacute;s, y le aconsej&oacute; visitase a Teodoro Roosevelt, en aquella fecha Subsecretario de Marina. Roosevelt, car&aacute;cter impetuoso y aventurero, recibi&oacute; afablemente al doctor; ley&oacute; la carta en que el senador Lodge se lo presentaba, y escuch&oacute; las sugestiones y probabilidades de una favorable campa&ntilde;a en esta Isla.
</p>
<p>
Roosevelt pareci&oacute; complacido, y confidencialmente declar&oacute; que &eacute;l, encargado de toda la preparaci&oacute;n de la probable guerra, 
<hi rend="italics">
no habia pensado en Puerto Rico.
</hi>
</p>
<p>
&ldquo;No hemos concedido a su isla un solo pensamiento, ni tengo un solo dato sobre ella. Todas nuestras actividades est&aacute;n reconcentradas en Cuba, futuro teatro de las operaciones.&rdquo; &Eacute;stas fueron sus palabras memorables. El doctor Henna, que pose&iacute;a por su ilustraci&oacute;n y otras bellas cualidades el arte de persuadir, habl&oacute; largamente; supo halagar al futuro coronel, pint&aacute;ndolo como el hombre escogido por Dios para llevar a todo un pueblo las bendiciones de libertad, progreso y prosperidad. Ley&oacute; despu&eacute;s un luminoso informe sobre las fuerzas espa&ntilde;olas en Puerto Rico, su armamento, parques, caminos, puentes y ferrocarriles; a&ntilde;adiendo que, caso de una invasi&oacute;n, si a ella cooperaban &eacute;l y sus amigos, el pa&iacute;s en masa ir&iacute;a alz&aacute;ndose contra el Gobierno de Espa&ntilde;a, a la vanguardia de las fuerzas americanas.
</p>
<p>
El Subsecretario de Marina, levant&aacute;ndose, ech&oacute; el brazo por la espalda al doctor, y le dijo: &ldquo;Usted es el hombre que nos hac&iacute;a falta; Puerto Rico ocupar&aacute; desde hoy lugar preferente en los planes de guerra que estamos preparando.&rdquo; Llam&oacute; a los jefes de Marina, Clover y Driggs, y a una taqu&iacute;grafa, quien tom&oacute; notas de la conferencia, y todos oyeron de nuevo al doctor Henna. A&ntilde;os m&aacute;s tarde, alguien pudo leer una copia de tan notable documento.
</p>
<p>
El doctor Henna y Roberto H. Todd, Presidente del Club Separatista Rius Rivera, de Nueva York, visitaron nuevamente a Roosevelt, al mismo Presidente Mac-Kinley y a otras personas prominentes, insistiendo siempre en sus proyectos. Roberto Todd inform&oacute; durante una hora ante el Comit&eacute; de Guerra, presidido por Roosevelt. El mismo Presidente manifest&oacute;, otro d&iacute;a, a los Sres. Henna y Todd, &ldquo;que &eacute;l estaba tan interesado por Puerto Rico que, 
<hi rend="italics">
si la guerra se declaraba, el Ej&eacute;rcito de los Estados Unidos operar&iacute;a contra esta isla
</hi>
&rdquo;.
</p>
<p>
Pero ni Henna ni Todd triunfaron en sus deseos, constantemente expresados, de que ellos y otros prominentes portorrique&ntilde;os residentes en los Estados Unidos tomaran parte activa en la invasi&oacute;n, formando parte del Estado Mayor, y con autoridad
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0035">
0035
</controlpgno>
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19
</printpgno>
</pageinfo>
para firmar proclamas y otros documentos. Solamente el general Stone, de Ingenieros, accedi&oacute; en 25 de mayo a traer consigo un limitado n&uacute;mero de portorrique&ntilde;os, aunque m&aacute;s tarde, y s&oacute;lo en parte, cumpli&oacute; esa oferta.
</p>
<p>
Mattei Lluveras, Mateo Fajardo y el doctor Rafael del Valle hac&iacute;an tambi&eacute;n tanteos de opini&oacute;n en W&aacute;shington. El 12 de julio se celebr&oacute; en Nueva York una asamblea de portorrique&ntilde;os en la que se tom&oacute; el acuerdo de ofrecerse al Gobierno americano en caso de invasi&oacute;n, y el mismo Henna redact&oacute; un manifiesto, bastante extenso, que fu&eacute; entregado por Todd a Alger, Secretario de la Guerra, quien alab&oacute; el documento, afirmando: &ldquo;Que estaba muy bien escrito y dentro del esp&iacute;ritu de la Constituci&oacute;n americana&rdquo;; y a&ntilde;adi&oacute;: &ldquo;que &eacute;l no pod&iacute;a firmar ese manifiesto, ni cre&iacute;a que el Presidente lo firmar&iacute;a; pero que los portorrique&ntilde;os pod&iacute;an circularlo por su cuenta, sin necesidad de otras autorizaciones.&rdquo;
</p>
<p>
En estos d&iacute;as se agitaba en W&aacute;shington un portorrique&ntilde;o ilustre, un var&oacute;n sabio y bueno, el famoso educador de pueblos Eugenio Mar&iacute;a de Hostos. Contrario a la anexi&oacute;n, pero separatista convencido, Hostos 
<hi rend="italics">
volc&oacute; todas las piedras
</hi>
 para anular los trabajos de Henna y Todd, y quitar valor y eficacia al c&eacute;lebre manifiesto. Hostos no tuvo &eacute;xito; hab&iacute;an triunfado Henna y Todd, quienes se&ntilde;alaron a los norteamericanos el rumbo de Puerto Rico; ellos, y s&oacute;lo ellos, actuando sobre el impetuoso car&aacute;cter de Roosevelt, iniciaron una sucesi&oacute;n de eventos hist&oacute;ricos que culminaron el 18 de octubre de 1898 al izarse la bandera americana en los castillos de San Juan.
</p>
<p>
Por este tiempo el doctor Betances, separatista ferviente, escrib&iacute;a desde Par&iacute;s al doctor Julio J. Henna:
</p>
<p>
&ldquo;&iquest;Qu&eacute; hacen los portorrique&ntilde;os? &iquest;C&oacute;mo no aprovechan la oportunidad del bloqueo para levantarse en masa? Urge que al llegar a tierra las vanguardias del Ej&eacute;rcito americano sean recibidas por fuerzas portorrique&ntilde;as, enarbolando la bandera de la independencia, y que sean &eacute;stas quienes les den la bienvenida. Cooperen los norteamericanos, en buena hora, a nuestra libertad; pero no ayude el pa&iacute;s a la anexi&oacute;n. Si Puerto Rico no act&uacute;a r&aacute;pidamente, ser&aacute; para toda la vida una colonia americana.&rdquo;
</p>
<p>
Esta famosa carta del famoso galeno, fallecido en Par&iacute;s, y cuyas cenizas reposan en Cabo Rojo, me permiti&oacute; copiarla Eduardo Lugo Vi&ntilde;a.
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0036">
0036
</controlpgno>
<printpgno>
20
</printpgno>
</pageinfo>
<illus entity="i0036" map="no">
<caption>
<p>
Real Orden autorizando al autor de esta Cr&oacute;nica, para examinar y copiar, cuanto creyere oportuno, del Archivo 
<hi rend="italics">
Secreto
</hi>
 de Puerto Rico, custodiado en el Alc&aacute;zar de Segovia. Es la primera vez que se ha concedido permiso tan amplio.
</p>
</caption>
</illus>
</div>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0037">
0037
</controlpgno>
<printpgno>
</printpgno>
</pageinfo>
<div>
<head>
CAPITULO IV
<lb>
&ldquo;THE NEW YORK HERALD&rdquo; EN PUERTO RICO
<lb>
MANUEL DEL VALLE ATILES&mdash;WILLIAM FREEMAN HALSTEAD
</head>
<illus entity="i0037" map="no">
</illus>
<p>
<hi rend="other">
DESDE
</hi>
 antes de estallar la Guerra Hispanoamericana el doctor Manuel del Valle Atiles, portorrique&ntilde;o y ciudadano americano que hab&iacute;a cursado sus estudios de cirug&iacute;a dental en la Universidad de Michigan, era corresponsal en Puerto Rico del importante diario 
<hi rend="italics">
The New York Herald.
</hi>
 Por este motivo las autoridades espa&ntilde;olas de San Juan siempre consideraron a del Valle como 
<hi rend="italics">
persona non grata
</hi>
 y en todo tiempo lo tuvieron bajo la m&aacute;s estricta vigilancia de la polic&iacute;a secreta.
</p>
<p>
A fines del mes de marzo de 1898, el diario neoyorquino le envi&oacute; el siguiente telegrama:
</p>
<p>
<hi rend="italics">
Manuel del Valle, San Juan, Puerto Rico.&mdash;Diga Halstead no debe violar las leyes de Puerto Rico.&mdash; Herald
</hi>
<anchor id="n0037-01">
1
</anchor>
.
</p>
<note anchor.ids="n0037-01" place="bottom"><p><superscript>1</superscript> V&eacute;ase el aut&oacute;grafo en la p&aacute;gina siguiente.
</p></note>
<p>
El anterior despacho se refer&iacute;a a William Freeman Halstead, corresponsal viajero de aquel peri&oacute;dico en esta Isla, el cual fu&eacute; sorprendido el d&iacute;a 14 de marzo mientras tomaba fotograf&iacute;as de las defensas de la plaza de San Juan. Conducido al castillo del Morro, permaneci&oacute; all&iacute; sin vigilancia m&aacute;s de una hora, sin que se le
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0038">
0038
</controlpgno>
<printpgno>
22
</printpgno>
</pageinfo>
ocurriese abrir su 
<hi rend="italics">
kodak
</hi>
 para destru&iacute;r el cuerpo del delito. Al siguiente d&iacute;a y acompa&ntilde;ado del doctor del Valle, fu&eacute; llevado por el juez militar de su causa a un taller fotogr&aacute;fico, y una vez desarrolladas las placas, aparecieron vistas excelentes de las mejores bater&iacute;as, mostrando todos sus detalles.
</p>
<p>
Como Halstead era s&uacute;bdito ingl&eacute;s, se trat&oacute; de conseguir la intervenci&oacute;n de su c&oacute;nsul, Jorge Finlay, a lo que &eacute;ste se neg&oacute;, manifestando &ldquo;que todo el que viola la ley debe atenerse a sus consecuencias&rdquo;. El de los Estados Unidos, Philip C. Hanna, estuvo presente en ciertos tr&aacute;mites del proceso, pero solamente para garantizar la intervenci&oacute;n del s&uacute;bdito del Valle.
</p>
<illus entity="i0038" map="no">
</illus>
<p>
Conducido el prisionero a la C&aacute;rcel Provincial de Puerta de Tierra, continu&oacute; el sumario, actuando como juez instructor el teniente coronel Mayor de Plaza, Francisco Figueroa, auxiliado por el sargento Paulino Sanjoaqu&iacute;n, que hac&iacute;a de secretario. Aunque preso y muy vigilado, sigui&oacute; Halstead enviando interesantes cables a su peri&oacute;dico, vali&eacute;ndose de diferentes ardides. Como no estaba incomunicado, su amigo del Valle lo visitaba con bastante frecuencia; durante las visitas acontec&iacute;a que a &eacute;ste
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0039">
0039
</controlpgno>
<printpgno>
23
</printpgno>
</pageinfo>
muchas veces se le olvidaban los f&oacute;storos y entonces el prisionero le ofrec&iacute;a los suyos que del Valle, distra&iacute;damente, se guardaba en el bolsillo. Dentro de la caja siempre hab&iacute;a un largo cable para 
<hi rend="italics">
The New York Herald.
</hi>
 Quedaba la muy dif&iacute;cil tarea de dar curso al despacho, porque en las oficinas cablegr&aacute;ficas de San Juan hab&iacute;a censor militar.
</p>
<p>
Un alba&ntilde;il, conocido por el apodo de 
<hi rend="italics">
Crucito,
</hi>
 hombre de confianza, proporcionado por el arquitecto Armando Morales, era el encargado de llevar y expedir todos los despachos desde St. Thomas, a cuyo puerto iba en un bote propiedad del jefe del resguardo de la aduana de Naguabo.
</p>
<illus entity="i0039" map="no">
<caption>
<p>
Vista de San Crist&oacute;bal y bater&iacute;a de la Princesa; una de las fotograf&iacute;as ocupadas a Halstead.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
Otras veces, el capit&aacute;n de alg&uacute;n buque carbonero ingl&eacute;s, fondeado en el puerto, prestaba libros a Halstead, los cuales, una vez le&iacute;dos, eran devueltos a su due&ntilde;o. Lo que nunca pudieron sospechar los vigilantes de la c&aacute;rcel era que un gran n&uacute;mero de palabras, subrayadas con l&aacute;piz en diversas p&aacute;ginas, formaban, al ser ordenadas, un minucioso despacho para 
<hi rend="italics">
The New York Herald.
</hi>
 Ser&iacute;a labor muy larga relatar en este libro los diversos procedimientos que puso en pr&aacute;ctica este 
<hi rend="italics">
rep&oacute;rter
</hi>
 para cumplir sus deberes de corresponsal, siempre con gran &eacute;xito.
</p>
<p>
El d&iacute;a primero de abril el doctor Francia, Secretario de Gobierno, envi&oacute; una atenta carta oficial a del Valle para que se presentase, cuanto antes, al capit&aacute;n general Mac&iacute;as. Verific&oacute;se la conferencia en el Palacio de Santa Catalina, y durante ella el Gobernador trat&oacute; con bastante dureza a su visitante, haci&eacute;ndole responsable de todas las noticias cablegr&aacute;ficas enviadas desde Puerto Rico al 
<hi rend="italics">
Herald.
</hi>
 Protest&oacute; el acusado, y como prueba de su inocencia, mostr&oacute; un despacho de su peri&oacute;dico, que
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0040">
0040
</controlpgno>
<printpgno>
24
</printpgno>
</pageinfo>
acababa de recibir, en el cual se le ped&iacute;a que telegrafiara algunas noticias. Como este despacho no hab&iacute;a sido censurado, el hecho cost&oacute; la cesant&iacute;a al telegrafista, Jos&eacute; Calder&oacute;n Aponte, quien lo hab&iacute;a dejado pasar sin aquel requisito por ser el destinatario su amigo &iacute;ntimo.
</p>
<illus entity="i0040" map="no">
<caption>
<p>
Doctor Manuel del Valle.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
El general Mac&iacute;as termin&oacute; la conferencia con estas palabras: &ldquo;Si usted no var&iacute;a de conducta y persiste en su misi&oacute;n de corresponsal de un peri&oacute;dico enemigo, estoy dispuesto a tratarlo como un esp&iacute;a, encerr&aacute;ndolo en un calabozo del Morro; y si ya no lo he hecho, es porque me detiene la buena amistad que mantengo y el respeto que me inspira su hermano Don Francisco, alcalde de la ciudad.&rdquo;
</p>
<p>
La circunstancia de encontrarse por aquellos d&iacute;as en San Juan otro corresponsal del mismo 
<hi rend="italics">
Herald
</hi>
 y alguno del 
<hi rend="italics">
World,
</hi>
 hizo sumamente cr&iacute;tica la situaci&oacute;n de Manuel del Valle, porque aqu&eacute;llos, como era natural, siempre solicitaban su compa&ntilde;&iacute;a y consejos. Como pertenec&iacute;a a una de las mejores familias de Puerto Rico y contaba
<illus entity="i0040" map="no">
<caption>
<p>
Cable recibido por el Doctor Manuel del Valle. Traducci&oacute;n: 
<hi rend="italics">
&iquest;Hay ah&iacute; noticia cierta de que haya dimitido el Gabinete Auton&oacute;mico?.&mdash;&ldquo;Herald&rdquo;.
</hi>
</p>
</caption>
</illus>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0041">
0041
</controlpgno>
<printpgno>
25
</printpgno>
</pageinfo>
con amigos de gran influencia, &eacute;stos le aconsejaron, reservadamente, que huyese cuanto antes, porque su prisi&oacute;n estaba decretada. El d&iacute;a 7 de aquel mismo mes recibi&oacute; aviso para que fuese a bordo del vapor 
<hi rend="italics">
Virginia,
</hi>
 fondeado en el puerto; cuando subi&oacute; a dicho buque, encontr&oacute; en &eacute;l al c&oacute;nsul Hanna rodeado de muchos ciudadanos americanos. Mr. Hanna le mostr&oacute; un despacho cablegr&aacute;fico redactado como sigue: &ldquo;Salga de Puerto Rico, aguardando &oacute;rdenes en St. Thomas y lleve consigo cuantos ciudadanos americanos quieran irse de la Isla.&rdquo; El cable estaba firmado por el Secretario de Estado de los Estados Unidos. El doctor Manuel del Valle, acompa&ntilde;ado de su esposa y dos ni&ntilde;os, se traslad&oacute; al 
<hi rend="italics">
Virginia,
</hi>
 arreglando como pudo sus asuntos; por la noche sali&oacute; el vapor, recalando al puerto de Fajardo, donde ten&iacute;a que recibir un cargamento de az&uacute;car. Como el doctor Santiago Veve, vecino muy prominente de aquella poblaci&oacute;n, recibiera noticias de que se trataba
<illus entity="i0041" map="no">
<caption>
<p>
William Freeman Halstead, en traje de presidiario.
</p>
</caption>
</illus>
<illus entity="i0041" map="no">
<caption>
<p>
Presidio de San Juan.
</p>
</caption>
</illus>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0042">
0042
</controlpgno>
<printpgno>
26
</printpgno>
</pageinfo>
de detener a muchos de los fugitivos, flet&oacute; la goleta 
<hi rend="italics">
Encarnaci&oacute;n,
</hi>
 que los condujo a todos a St. Thomas; algunos permanecieron all&iacute; durante todo el per&iacute;odo de guerra y otros, como del Valle y sus familiares, continuaron viaje a Nueva York, donde &eacute;ste sigui&oacute; colaborando en 
<hi rend="italics">
The New York Herald
</hi>
 con varias informaciones sobre las defensas y tropas de Puerto Rico, noticias que eran le&iacute;das con gran inter&eacute;s por el p&uacute;blico americano, aunque algunas fueron err&oacute;neas o incompletas, seg&uacute;n he podido ver despu&eacute;s en las colecciones del aludido peri&oacute;dico.
</p>
<p>
En St. Thomas estaban tambi&eacute;n por aquellos d&iacute;as Mateo Fajardo, Jaime Cortada, Javier Mariani y el doctor Ros. Contra este &uacute;ltimo sinti&oacute; siempre profunda antipat&iacute;a el general Ricardo Ortega. Recuerdo que el d&iacute;a del bombardeo, y cuando m&aacute;s arreciaba el fuego, me dijo: &ldquo;No me extra&ntilde;a lo bien que el enemigo parece conocer nuestras defensas; indudablemente, a bordo de esos buques y escondidos dentro de sus torres acorazadas, est&aacute;n Manuel del Valle y Salvador Ros dirigiendo a los artilleros.&rdquo;
</p>
<p>
El d&iacute;a 3 de mayo se reuni&oacute; en la c&aacute;rcel el consejo de guerra para ver y fallar la causa instru&iacute;da a William Freeman Halstead por el delito de espionaje cometido dentro de una plaza fuerte en estado de guerra. Yo form&eacute; parte de aquel tribunal como el vocal m&aacute;s antiguo del mismo. El acusado estaba completamente tranquilo, sentado en un banquillo, frente a sus jueces, con las piernas cruzadas, y sonre&iacute;a a ratos, como si le complaciera el acto que se realizaba. Cuando el Fiscal, en nombre del Rey, termin&oacute; su alegato pidiendo la pena de muerte para el acusado Halstead, a quien el int&eacute;rprete oficial traduc&iacute;a el discurso, mostr&oacute; verdadera alegr&iacute;a; a varios nos pareci&oacute; que aquel hombre estaba loco o que era un idiota. Despu&eacute;s de discutir mucho tiempo y de examinar las alegaciones del defensor, capit&aacute;n de artiller&iacute;a Aniceto Gonz&aacute;lez, le condenamos, por unanimidad, a nueve a&ntilde;os de presidio y accesorias, de vigilancia por la polic&iacute;a, durante otro per&iacute;odo igual.
</p>
<p>
Puedo afirmar que si este hombre no fu&eacute; fusilado en el campo del Morro lo debi&oacute; a ser s&uacute;bdito de Inglaterra; pero si &eacute;l est&aacute; vivo, y tal es mi deseo, no olvide que el d&iacute;a 3 de mayo de 1898, y durante algunas horas, su cabeza vali&oacute; menos de un d&oacute;lar.
</p>
<p>
Preso estaba a&uacute;n en la c&aacute;rcel, el d&iacute;a 12 de mayo, cuando un proyectil de la escuadra de Sampson lo despert&oacute; bruscamente, produci&eacute;ndole heridas, aunque de poca importancia. El d&iacute;a 20 fu&eacute; conducido, a pie y entre bayonetas, al presidio provincial, donde ingres&oacute; sujeto a todas las durezas del r&eacute;gimen que all&iacute; se observaba. Dentro del uniforme del presidiario viv&iacute;a siempre el 
<hi rend="italics">
rep&oacute;rter
</hi>
 de pura sangre inglesa: pretextando mal estado de salud, obtuvo permiso para que se le enviase su comida del Hotel Inglaterra y dentro del pan sobrante ocultaba algunas veces los originales de sus cables que, a la puerta del hotel, eran recibidos por Andr&eacute;s Crosas o por L. A. Scott, due&ntilde;o de la planta de gas fl&uacute;ido, quienes m&aacute;s tarde los enviaban a St. Thomas.
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0043">
0043
</controlpgno>
<printpgno>
27
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
En los primeros d&iacute;as de agosto el 
<hi rend="italics">
Evening Telegram,
</hi>
 de Nueva York, public&oacute; lo siguiente:
</p>
<p>
Al corresponsal del 
<hi rend="italics">
Herald,
</hi>
 que se halla preso en el presidio de la capital de Puerto Rico, le ha permitido el Gobernador General Don Manuel Mac&iacute;as expedir el siguiente despacho a 
<hi rend="italics">
The New York Herald.
</hi>
 Es el primer cable que llega a los Estados Unidos desde que aquella ciudad est&aacute; bloqueada, y creemos es debido a la influencia del c&oacute;nsul ingl&eacute;s en San Juan.
<anchor id="n0043-01">
1
</anchor>
</p>
<note anchor.ids="n0043-01" place="bottom"><p><superscript>1</superscript> El 
<hi rend="italics">Herald
</hi> ignoraba los medios de que se vali&oacute; Halstead para enviarle este cable; y, naturalmente, supuso benevolencias del general Mac&iacute;as, que no existieron.&mdash;
<hi rend="italics">N. del A.
</hi></p></note>
<p>
&ldquo;Estoy escribiendo en la celda de la prisi&oacute;n en que me hallo, y hasta ahora no se ha intentado averiguar los asuntos de que trato. Obtengo, s&iacute;, todas las facilidades posibles en las circunstancias actuales para adquirir noticias de la ciudad.
</p>
<p>
&rdquo;El desembarco de las tropas americanas en la Isla ha causado gran excitaci&oacute;n entre los habitantes.
</p>
<p>
&rdquo;Por espacio de algunos d&iacute;as, despu&eacute;s del desembarco por Gu&aacute;nica, ha existido una corriente de emigraci&oacute;n hacia el interior, en extremo notable.
</p>
<p>
&rdquo;A pesar de ello, no se ha registrado el m&aacute;s m&iacute;nimo desorden ni el m&aacute;s leve tumulto.
</p>
<p>
&rdquo;Aqu&iacute; se hacen esfuerzos supremos y con actividad grand&iacute;sima, para rechazar el ataque que se espera por parte de los americanos y que suponen sea de un momento a otro.
</p>
<p>
&rdquo;Todo hace creer que la plaza no ser&aacute; tomada sin que haya gran efusi&oacute;n de sangre.
</p>
<p>
&rdquo;Algo se ha hablado ya respecto a la rendici&oacute;n; pero las tropas espa&ntilde;olas han hecho juramento de pelear hasta el &uacute;ltimo extremo.
</p>
<p>
&rdquo;Este es un espect&aacute;culo heroico, pues comparativamente, no puede esperar nada un pu&ntilde;ado de hombres que est&aacute;n sitiados por una escuadra que les es hostil, que no tienen medios de adquirir refuerzos y que ya sienten la escasez de provisiones de boca que tampoco pueden obtener.
</p>
<p>
&rdquo;No s&oacute;lo los soldados espa&ntilde;oles tienen perdida la esperanza de recibir auxilios de Espa&ntilde;a, sino tambi&eacute;n los naturales del pa&iacute;s que est&aacute;n con ellos&mdash;es decir los voluntarios&mdash;quienes no est&aacute;n dispuestos a hacer resistencia.
</p>
<p>
&rdquo;Entre los neutrales hay el convencimiento profundo de que ha llegado el instante de proclamar la paz, a fin de evitar que haya m&aacute;s p&eacute;rdidas de vidas.
</p>
<p>
&rdquo;Adem&aacute;s, comprenden que la ocupaci&oacute;n de Puerto Rico por los americanos es completamente segura, y que, por tanto, ser&aacute; mejor mantener con ellos buena armon&iacute;a, en beneficio del porvenir de la Isla.
</p>
<p>
&rdquo;Seg&uacute;n las noticias que aqu&iacute; han llegado acerca del ej&eacute;rcito americano que invade esta tierra, s&aacute;bese que &eacute;ste est&aacute; movi&eacute;ndose en direcci&oacute;n a la capital, sin hallar a su paso gran resistencia.
</p>
<p>
&rdquo;Aqu&iacute; ser&aacute; otra cosa; los espa&ntilde;oles se disponen a defender bien la plaza.&mdash;
<hi rend="smallcaps">
Halstead.
</hi>
&rdquo;
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0044">
0044
</controlpgno>
<printpgno>
28
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
A continuaci&oacute;n copio varios documentos de importancia que se refieren al proceso del 
<hi rend="italics">
rep&oacute;rter
</hi>
 de 
<hi rend="italics">
The New York Herald,
</hi>
 William Freeman Halstead, y en los cuales encontrar&aacute; el lector datos bastantes para juzgar de la intrepidez e inteligencia de este periodista que, enamorado de su profesi&oacute;n, se jug&oacute; la vida y la libertad para servir al gran diario neoyorquino:
</p>
<p>
<hi rend="other">
HOJA HIST&Oacute;RICO-PENAL
</hi>
</p>
<p>
<hi rend="smallcaps">
Presidio Provincial
<lb>
de
<lb>
Puerto Rico
<lb>
N&uacute;mero
</hi>
 4584.
</p>
<p>
<hi rend="italics">
4.
<superscript>
a
</superscript>
 Brigada
<hsep>
3.
<superscript>
a
</superscript>
 Clase
</hi>
</p>
<p>
Hoja hist&oacute;rica penal del confinado, blanco, William Freeman Halstead, hijo de William y de Catalina, natural de Hamilton, Canad&aacute;, ayuntamiento de Hamilton, juzgado de Instrucci&oacute;n de Hamilton, Provincia de Ontario, avecindado en Hamilton, Religi&oacute;n protestante, Profesi&oacute;n periodista, estado viudo, edad 27 a&ntilde;os; sus se&ntilde;as &eacute;stas: estatura alta; cara larga; cejas al pelo; pelo casta&ntilde;o; ojos azules; nariz perfilada; boca regular; barba regular; instrucci&oacute;n tiene.
</p>
<p>
Se&ntilde;as particulares, una cicatriz peque&ntilde;a en la frente, sobre la ceja izquierda; otra en la cara, p&oacute;mulo derecho, inmediata al ojo.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
Vicisitudes.&mdash;
</hi>
10 mayo, 1898. Perteneciendo a la clase de paisano y corresponsal en esta isla del peri&oacute;dico 
<hi rend="italics">
The New York Herald,
</hi>
 de New York, Estados Unidos; fu&eacute; procesado por la jurisdicci&oacute;n de guerra de la Capitan&iacute;a General de la Isla por el delito de espionaje, cometido en esta Plaza el d&iacute;a 14 de marzo de este a&ntilde;o, habiendo sido sorprendido cuando se dispon&iacute;a a sacar unas fotograf&iacute;as de puntos del recinto de esta Plaza, habi&eacute;ndosele encontrado varias en la m&aacute;quina que se le ocup&oacute;; y sentenciado en Consejo de Guerra ordinario de Plaza, el d&iacute;a 3 de mayo de este a&ntilde;o, a la pena de nueve a&ntilde;os de presidio mayor, con las accesorias de sujeci&oacute;n a la vigilancia de la autoridad por igual tiempo, e inhabilitaci&oacute;n absoluta temporal en su caso; debiendo declararse decomisada la m&aacute;quina fotogr&aacute;fica ocupada; todo con arreglo al p&aacute;rrafo segundo, del No 3.&deg; del art&iacute;culo 228; y a los 173, 174 del C&oacute;digo de Justicia Militar; 12, 56, 71 del Penal ordinario para esta isla y la de Cuba; sin que hayan concurrido en la comisi&oacute;n del delito otras circunstancias atenuantes ni agravantes que apreciar; pero s&iacute; figura en el parecer del Sr. Auditor de Guerra que, por las fotograf&iacute;as ocupadas, se forma cabal juicio de la defensa con que cuenta la Plaza, y de la manera de atacarla por mar, precisamente con el menor riesgo posible. Dicha sentencia fu&eacute; aprobada por el Excmo. Sr. Capit&aacute;n General del distrito, en 10 de mayo, 1898, y en la misma fecha empez&oacute; a extinguir la condena, resultando cumplir,
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0045">
0045
</controlpgno>
<printpgno>
29
</printpgno>
</pageinfo>
<illus entity="i0045" map="no">
<caption>
<p>
Hoja hist&oacute;ricopenal de William F. Halstead.
</p>
</caption>
</illus>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0046">
0046
</controlpgno>
<printpgno>
30
</printpgno>
</pageinfo>
seg&uacute;n la liquidaci&oacute;n del testimonio en 9 de mayo de 1907. Ingres&oacute; en este Presidio el d&iacute;a 20 de mayo de 1898, procedente de la C&aacute;rcel de esta Capital.
</p>
<p>
<hi rend="italics">
El 2.&deg; Jefe accidental,
</hi>
<lb>
<hi rend="smallcaps">
Manuel Carrera
</hi>
 (
<hi rend="italics">
Rubricado
</hi>
).
</p>
<p>
V.&deg;B.&deg;,
<lb>
<hi rend="italics">
El I.
</hi>
<superscript>
er
</superscript>
 
<hi rend="italics">
Jefe accidental,
</hi>
<lb>
<hi rend="smallcaps">
Serracante
</hi>
 (
<hi rend="italics">
Rubricado
</hi>
).
</p>
<p>
(Hay un sello en tinta roja que dice:&mdash;&ldquo;Comandancia del Presidio Provincial de Puerto Rico.&rdquo;)
</p>
<p>
<hi rend="bold">
Baja.
</hi>
&mdash;17 de agosto, 1898. Fu&eacute; baja en esta fecha como licenciado, seg&uacute;n lo dispuesto por la Superioridad, cuyo certificado de libertad se expidi&oacute; en el d&iacute;a de ayer fijando la residencia en esta Capital, la que eligi&oacute;.
</p>
<p>
<hi rend="italics">
El 2.&deg; Jefe accidental,
</hi>
<lb>
<hi rend="smallcaps">
Carrera
</hi>
 (
<hi rend="italics">
Rubricado
</hi>
.)
</p>
<p>
<hi rend="other">
TESTIMONIO
</hi>
</p>
<p>
Paulino Sanjoaqu&iacute;n Dom&iacute;nguez, Sargento del Batall&oacute;n Provisional de Puerto Rico No. 3, y Secretario de la causa instru&iacute;da al paisano William Freeman Halstead por el delito de espionaje, de la que es Juez Instructor el teniente coronel de infanter&iacute;a, Sargento Mayor de la Plaza, Don Francisco Figueroa y Vald&eacute;s.
</p>
<p>
Certifico: Que a los folios que se expresar&aacute;n de dicho proceso, aparecen una sentencia, un dictamen del Auditor de Guerra, un Decreto del Capit&aacute;n General y una diligencia de Notificaci&oacute;n que, copiados a la letra, son como sigue:
</p>
<p>
<hi rend="italics">
Sentencia:
</hi>
 Folio 85.&mdash;En San Juan de Puerto Rico a 3 de mayo de 1898, reunido el Consejo de Guerra, nombrado para ver y fallar el proceso formado al paisano William Freeman Halstead, acusado del delito de espionaje; o&iacute;das la Defensa y Acusaci&oacute;n Fiscal, el Consejo declara que el hecho perseguido constituye el delito de espionaje, comprendido en el segundo p&aacute;rrafo, del n&uacute;mero tercero, del art&iacute;culo doscientos veintiocho, del C&oacute;digo de Justicia Militar, del que es responsable, como autor, William Freeman Halstead y lo condena a la pena de nueve a&ntilde;os de presidio mayor, con la accesoria de sujeci&oacute;n a la vigilancia de la autoridad por igual tiempo; e inhabilitaci&oacute;n absoluta, temporal, en su caso, debiendo declararse el comiso de la m&aacute;quina fotogr&aacute;fica ocupada.
</p>
<p>
Todo de conformidad al art&iacute;culo citado y a los 173 y 174 del mismo C&oacute;digo; y 12, 56 y 71 del C&oacute;digo Penal para esta Isla y la de Cuba.&mdash;Benigno 
<hi rend="smallcaps">
Aznar.
</hi>
&mdash;Angel 
<hi rend="smallcaps">
Rivero.
</hi>
&mdash;Eduardo 
<hi rend="smallcaps">
P&eacute;rez Ortiz.
</hi>
&mdash;Juan 
<hi rend="smallcaps">
Arboleda.
</hi>
&mdash;Francisco de 
<hi rend="smallcaps">
Montesoro.
</hi>
&mdash;Rafael 
<hi rend="smallcaps">
Navajas.
</hi>
&mdash;Adolfo 
<hi rend="smallcaps">
Mayalde
</hi>
 (
<hi rend="italics">
Rubricados
</hi>
).
</p>
<p>
<hi rend="bold">
Dictamen del Auditor.
</hi>
&mdash;Folios 87 y 88. (Hay un sello que dice:&mdash;&ldquo;Auditor&iacute;a de Guerra de Puerto Rico.&rdquo;)&mdash;Excelent&iacute;simo Se&ntilde;or:&mdash;El Consejo de Guerra celebrado para ver y fallar esta Causa, declara que los hechos probados constituyen el delito de espionaje penado en el segundo p&aacute;rrafo del n&uacute;mero tercero del art&iacute;culo 228 del
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0047">
0047
</controlpgno>
<printpgno>
31
</printpgno>
</pageinfo>
C&oacute;digo de Justicia Militar, y que es responsable, como autor, sin circunstancias apreciables, William Freeman Halstead, a quien condena a nueve a&ntilde;os de presidio mayor, y accesorias, declarando el comiso del instrumento del delito.
</p>
<p>
La sentencia est&aacute; conforme con los m&eacute;ritos del proceso y con las disposiciones legales que le son de aplicaci&oacute;n y cita, puesto que resulta, en efecto, probado que Willian Freeman Halstead fu&eacute; sorprendido cuando, seg&uacute;n parece, se dispon&iacute;a a tomar unas vistas fotogr&aacute;ficas de puntos del recinto de esta Plaza; y en la m&aacute;quina que se le ocup&oacute; fueron encontradas m&aacute;s vistas de puntos an&aacute;logos, mediante las cuales y otras cuatro que se le recogieron en el equipaje, adquiridas en una fotograf&iacute;a donde, para elegir, se le presentaron ciento, aproximadamente, se forma cabal juicio de la defensa con que cuenta esta Plaza y de la manera de atacarla por mar, 
<hi rend="italics">
precisamente con el menor riesgo posible.
</hi>
</p>
<p>
Seg&uacute;n los informes periciales, no cabe la menor duda de que el procesado es pr&aacute;ctico en verificar reconocimientos militares y sab&iacute;a lo que hac&iacute;a; y esta circunstancia, sobre que la presunci&oacute;n de los hechos penados por el C&oacute;digo se reputan intencionados mientras no se pruebe lo contrario, bastan para llevar al &aacute;nimo el convencimiento de que Willian Freeman Halstead es responsable del delito por que el Consejo le condena.
</p>
<p>
Y estando esa condena dentro de lo que la Ley prescribe en su grado medio, seg&uacute;n corresponde en estricta justicia, cuando no sean de aplicaci&oacute;n circunstancias agravantes ni atenuantes, opino que puede V. E. servirse aprobarla y disponer que vuelvan los autos al Juez Instructor para notificaci&oacute;n y cumplimiento, libramiento de testimonio y redacci&oacute;n de hojas estad&iacute;sticas.
</p>
<p>
V. E., no obstante, resolver&aacute; como mejor estime.&mdash;Puerto Rico, 4 de mayo de 1898.&mdash;Excelent&iacute;simo Se&ntilde;or.&mdash;Jos&eacute; 
<hi rend="smallcaps">
S&aacute;nchez
</hi>
 del 
<hi rend="smallcaps">
Aguila
</hi>
 (
<hi rend="italics">
Ru&apos;ricado
</hi>
).
</p>
<p>
<hi rend="italics">
Decreto del Capit&aacute;n General.
</hi>
 Folio 88 vuelto.&mdash;(Hay un sello que dice:&mdash;&ldquo;Capitan&iacute;a General de Puerto Rico.&mdash;Estado Mayor.&rdquo;)&mdash;Puerto Rico, 10 de mayo de 1898.
</p>
<p>
De conformidad con el anterior dictamen, apruebo la sentencia del Consejo de Guerra que ha condenado a William Freeman Halstead a nueve a&ntilde;os de Presidio Mayor y accesorias que en ellas se citan, por el delito de espionaje; para su cumplimiento y dem&aacute;s que se propone, vuelva esta causa al Juez Iustructor.&mdash;Manuel 
<hi rend="smallcaps">
Mac&iacute;as
</hi>
 (
<hi rend="italics">
Rubricado
</hi>
).
</p>
<p>
<hi rend="bold">
Notificaci&oacute;n.
</hi>
&mdash;Folio 89.&mdash;En la C&aacute;rcel de Puerto Rico, a 11 de mayo de 1898, compareci&oacute;, ante el Se&ntilde;or Juez y Secretario el reo William Freeman Halstead; y presente tambi&eacute;n el int&eacute;rprete Don Manuel Paniagua y Vigo, le recibi&oacute; a &eacute;ste juramento, seg&uacute;n su clase, de traducir fiel y literalmente, al reo, la sentencia y decreto de aprobaci&oacute;n. Y, habi&eacute;ndolo efectuado, manifest&oacute; el int&eacute;rprete que el reo quedaba enterado de haber sido condenado a nueve a&ntilde;os de Presidio Mayor y que ped&iacute;a copia de la sentencia, la cual se le facilit&oacute;.
</p>
<p>
Y, de haber sido notificado, firm&oacute; con el Juez, Int&eacute;rprete y Secretario que certifico, 
<hi rend="smallcaps">
W. Freeman Halstead.
</hi>
&mdash;Francisco 
<hi rend="smallcaps">
Figueroa.
</hi>
&mdash;Manuel 
<hi rend="smallcaps">
Paniagua.
</hi>
&mdash;Paulino 
<hi rend="smallcaps">
Sanjoaqu&iacute;n
</hi>
 (
<hi rend="italics">
Rubricado
</hi>
).
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0048">
0048
</controlpgno>
<printpgno>
32
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
Y, para que conste y surta sus efectos, haciendo constar que el reo es hijo de William y de Catalina, natural de Hamilton, Canad&aacute;, de profesi&oacute;n periodista, de estado viudo y de veintisiete a&ntilde;os de edad, expido la presente, de orden del Se&ntilde;or Juez, y con el Visto Bueno del mismo.
</p>
<p>
En Puerto Rico, a 16 de mayo de 1898.
</p>
<p>
V.&deg; B.&deg;,
<lb>
<hi rend="italics">
El Juez Instructor,
</hi>
<lb>
<hi rend="smallcaps">
Figueroa
</hi>
 (
<hi rend="italics">
Rubricado
</hi>
).
</p>
<p>
Paulino 
<hi rend="smallcaps">
Sanjoaqu&iacute;n
</hi>
 (
<hi rend="italics">
Rubricado
</hi>
).
</p>
<p>
ORDEN DE ENCARCELAMIENTO
</p>
<p>
Puerto Rico, mayo 16, 1898.
</p>
<p>
Se&ntilde;alado por el Ilustr&iacute;simo Sr. Secretario de Despacho de Gracia y Justicia y Gobernaci&oacute;n, el Presidio Provincial, para que extinga su condena el procesado William Freeman Halstead, pase el presente Testimonio al Sr. Jefe de dicho Establecimiento a los efectos consiguientes.
</p>
<p>
<hi rend="italics">
El Subsecretario,
</hi>
<lb>
Jos&eacute; de 
<hi rend="smallcaps">
Diego
</hi>
 (
<hi rend="italics">
Rubricado
</hi>
).
</p>
<p>
(Hay un sello que dice:&mdash;&ldquo;Secretar&iacute;a de Gracia y Justicia y Gobernaci&oacute;n.&mdash;Puerto Rico.&rdquo;)
</p>
<p>
CARTAS SORPRENDIDAS AL PRISIONERO
</p>
<p>
Excmo. Sr. Gobernador de Puerto Rico.
</p>
<p>
Excmo. Sr.:&mdash;Adjunta tengo el honor de remitir a V. E. una carta que suscribe el confinado de este Presidio Provincial William Freeman Halstead, y que dirige al Sr. J. B. Cranford, C&oacute;nsul Brit&aacute;nico en San Juan, y el sobre de la misma, que contiene otro, pegado en el interior, y que se encuentra escrito con l&aacute;piz, todo un frente, en idioma ingl&eacute;s.
</p>
<p>
Habiendo llamado la atenci&oacute;n de esta Comandancia, la forma en que se ha querido ocultar el sobre manuscrito, intent&aacute;ndose, probablemente, comunicar al se&ntilde;or Scott, a quien va dirigido, noticias que pudiera interesar su conocimiento, reclam&eacute; del int&eacute;rprete del Gobierno la traducci&oacute;n de ambos documentos, verificado lo cual, y con certificaci&oacute;n de la misma, que tengo el honor de acompa&ntilde;arle, doy cuenta a V. E., permiti&eacute;ndome llamar su atenci&oacute;n acerca del contenido de los manuscritos del expresado sobre.
</p>
<p>
V. E., en su vista, se servir&aacute; resolver lo que estime procedente, signific&aacute;ndole que dicho preso fu&eacute; sentenciado, por la jurisdicci&oacute;n de Guerra, de la Capitan&iacute;a General de esta Isla, por delito de espionaje, a la pena de nueve a&ntilde;os de Presidio Mayor.
</p>
<p>
Dios guarde a V. E. muchos a&ntilde;os.
</p>
<p>
San Juan, Puerto Rico, 11 de julio de 1898.
</p>
<p>
<hi rend="italics">
El Jefe accidental,
</hi>
<lb>
Bartolom&eacute; 
<hi rend="smallcaps">
Serracante
</hi>
 (
<hi rend="italics">
Rubricado
</hi>
).
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0049">
0049
</controlpgno>
<printpgno>
33
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
TRADUCCI&Oacute;N DEL DOCUMENTO N&Uacute;M. 1
</p>
<p>
San Juan, Puerto Rico, 10 julio, 1898.
</p>
<p>
Al Hon. J. B. Cranford, C&oacute;nsul Brit&aacute;nico, San Juan.
</p>
<p>
Muy Sr. m&iacute;o:&mdash;
</p>
<p>
Le estimar&eacute;, como un gran favor, el que Ud. obtenga de la autoridad competente, permiso para remitir el siguiente telegrama al 
<hi rend="italics">
Herald,
</hi>
 de donde lo transmitir&aacute;n a mi familia: &ldquo;
<hi rend="smallcaps">
Beunet.
</hi>
&mdash;New York.&mdash;Estoy bien.&rdquo;
</p>
<p>
Si se permite transmitir el telegrama con mi firma, no cobrar&aacute;n nada en la oficina del Cable de esta ciudad. De otro modo, Mr. L. A. Scott tendr&aacute; la bondad de reembolsarle a Ud. el importe del mensaje.
</p>
<p>
Queda de Ud. S. S. S.,
</p>
<p>
<hi rend="smallcaps">
W. Freeman Halstead
</hi>
 (
<hi rend="italics">
Firmado
</hi>
).
</p>
<p>
TRADUCCI&Oacute;N DEL DOCUMENTO N&Uacute;M. 2
</p>
<p>
Querido Sr. Scott:&mdash;
</p>
<p>
Con las fuerzas invasoras, seguramente vendr&aacute; una hueste de corresponsales que asaltar&aacute;n las oficinas del Cable. Estamos en el complot y debemos ser los primeros en el Cable. Yo no ser&eacute; de mucha utilidad encerrado aqu&iacute;, y si Ud. est&aacute; dispuesto, yo lo estoy para poner en Ud. toda mi confianza. Ser&aacute; gran cosa si podemos batir a los otros; lo primero que yo indicar&iacute;a ser&iacute;a sobornar a uno de los operadores del Cable. Ofr&eacute;zcale Ud. la cantidad razonable que pida, por enviar telegramas privados, por cuenta m&iacute;a, 
<hi rend="italics">
sin que sean sometidos al censor.
</hi>
</p>
<p>
Expl&iacute;quele que nosotros le exigimos eso solamente cuando los 
<hi rend="italics">
yankees
</hi>
 est&eacute;n acampados fuera de la Ciudad, y &eacute;sta tomada; as&iacute; es que entonces se podr&aacute; dar cualquier explicaci&oacute;n, porque si lo descubriesen las autoridades, no habr&iacute;a censor ni riesgo.
</p>
<p>
Un mensaje remitido desde una ciudad sitiada ser&iacute;a una gran cosa.
</p>
<p>
El d&iacute;a en que la ciudad sea tomada, si somos los primeros en hacer uso del cable, deber&iacute;amos poner el primer mensaje tan largo como sea posible, de modo que el Cable est&eacute; ocupado hasta que el segundo despacho del 
<hi rend="italics">
Herald
</hi>
 llegue; es tambi&eacute;n conveniente que lo arreglemos de modo que tengamos acceso al Cable, despu&eacute;s de las horas de oficina, en caso de un ataque nocturno.
</p>
<p>
Si Ud. conoce alg&uacute;n fot&oacute;grafo astuto y digno de confianza, ofr&eacute;zcale lo que le pida por fotograf&iacute;as hechas durante el 
<hi rend="italics">
sitio;
</hi>
 le compraremos todas las que saque; &eacute;l podr&aacute; vender, luego, muchas m&aacute;s, como recuerdo. Pruebas no ampliadas, bastar&aacute;n; pero las necesitamos para el primer vapor que pueda salir.
</p>
<p>
Si hay alg&uacute;n riesgo o dificultad en que Ud. pueda transmitir los partes, h&aacute;galo firmado por m&iacute;. Si se necesita dinero, girar&eacute;.
</p>
<p>
<hi rend="smallcaps">
Halstead
</hi>
 (
<hi rend="italics">
Firmado
</hi>
).
<lb>
3
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0050">
0050
</controlpgno>
<printpgno>
34
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
CERTIFICACI&Oacute;N
</p>
<p>
Don Manuel 
<hi rend="smallcaps">
Paniagua,
</hi>
 Int&eacute;rprete del Gobierno General de Puerto Rico.
</p>
<p>
Certifico:&mdash;Que la traducci&oacute;n que antecede, de documentos marcados No. 1 y 2, es fiel y literal, concordando, en todas sus partes, con los originales adjuntos a que me remito. Y en testimonio de lo cual, libro la presente en San Juan de Puerto Rico, a 11 de julio de 1898.&mdash;Manuel 
<hi rend="smallcaps">
Paniagua
</hi>
 (
<hi rend="italics">
Rubricado
</hi>
).
</p>
<p>
(Hay un sello en tinta que dice:&mdash;&ldquo;Interpretaci&oacute;n de Lenguas del Gobierno General.&rdquo;)
</p>
<p>
ORDEN DE VIGILANCIA RIGUROSA
</p>
<p>
<hi rend="smallcaps">
Gobierno General
<lb>
de la
<lb>
Isla de Puerto Rico
</hi>
<lb>
<hi rend="italics">
Secretaria.
</hi>
</p>
<p>
<hi rend="smallcaps">
Negociado S. S.
<lb>
N&uacute;mero
</hi>
 266.
</p>
<p>
El Excmo. Sr. Capit&aacute;n General dice al Excmo. Sr. Gobernador General, con fecha 21 del actual, lo siguiente:
</p>
<p>
&ldquo;Excmo. Sr.:&mdash;
</p>
<p>
En vista del escrito de V. E. del 12 del actual, opino que el confinado William Freeman Halstead sea muy vigilado de cerca y se le sujete a las mayores privaciones que autoricen los reglamentos, dentro de la condena que extingue; y con tal objeto, ruego a V. E. se sirva dar las &oacute;rdenes correspondientes.&rdquo;
</p>
<p>
Lo que traslado a Ud. a los efectos indicados.
</p>
<p>
Dios guarde a Ud. muchos a&ntilde;os.
</p>
<p>
Puerto Rico, julio 22, 1898.
</p>
<p>
<hi rend="smallcaps">
B. Francia
</hi>
 (
<hi rend="italics">
Rubricado
</hi>
).
</p>
<p>
Sr. Comandante I.
<superscript>
er
</superscript>
 Jefe del Presidio Provincial.
</p>
<p>
Con fecha 14 de agosto, 1898, el mismo d&iacute;a que el general Brooke comunic&oacute; al General Mac&iacute;as la noticia del armisticio, y merced a los trabajos del c&oacute;nsul ingl&eacute;s, de Scott, Crosas y del mismo Brooke, Halstead fu&eacute; indultado. He aqu&iacute; el texto de la comunicaci&oacute;n:
</p>
<p>
Habiendo indultado en nombre de S. M. el Rey (q. D. g.) al s&uacute;bdito ingl&eacute;s William Freeman Halstead, de la pena total que sufre en ese establecimiento de nueve a&ntilde;os de presidio mayor, y accesorias, que se le impuso en 7 de mayo &uacute;ltimo, por el delito de espionaje, s&iacute;rvase Ud. ponerlo, desde luego, en libertad, d&aacute;ndome conocimiento.
</p>
<p>
Dios guarde a Ud. muchos a&ntilde;os.
</p>
<p>
<hi rend="smallcaps">
Marc&iacute;as
</hi>
 (
<hi rend="italics">
Rubricado
</hi>
).
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0051">
0051
</controlpgno>
<printpgno>
35
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
Este mismo d&iacute;a sali&oacute; del presidio este corresponsal que hace recordar con sus actuaciones el descripto por Julio Verne en una de sus m&aacute;s famosas novelas.
</p>
<p>
Manuel Carrera S&aacute;nchez, Capataz Mayor del Presidio, expidi&oacute; un certificado en que hace constar que el confinado observ&oacute; siempre buena conducta, y que el resto de sus haberes, que se le entregaron, fu&eacute; de ochenta y nueve centavos.
</p>
<p>
Francisco Acosta, por substituci&oacute;n, Secretario de Gracia y Justicia, envi&oacute; al Jefe del Presidio el Certificado de Libertad, con fecha 16 de agosto, cuando Halstead, que estaba enfermo, hab&iacute;a ingresado en la cl&iacute;nica del doctor Ord&oacute;&ntilde;ez.
</p>
<p>
El anterior documento fu&eacute; enviado despu&eacute;s al Alcalde accidental de San Juan, con fecha 20 de agosto. Dicha autoridad era D. Ferm&iacute;n Mart&iacute;nez Villamil.
</p>
<p>
Y aqu&iacute; termina la historia, llena de accidentes, de este 
<hi rend="italics">
reporter
</hi>
 de pura sangre inglesa. Hizo cuanto quiso y m&aacute;s de lo que pod&iacute;a en aquellos tiempos. Su cabeza le 
<hi rend="italics">
oli&oacute; a p&oacute;lvora,
</hi>
 como reza el dicho militar. En rigor de verdad, no era un esp&iacute;a; pero con arreglo al C&oacute;digo Militar espa&ntilde;ol fu&eacute; reo de espionaje. Salv&oacute; su vida el no ser s&uacute;bdito americano.
</p>
<illus entity="i0051" map="no">
</illus>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0052">
0052
</controlpgno>
<printpgno>
36
</printpgno>
</pageinfo>
<illus entity="i0052" map="no">
<caption>
<p>
Primeros sellos de correo usados en Puerto Rico a raiz de la invasi&oacute;n, circulando en toda la isla sin obst&aacute;culo alguno.
</p>
</caption>
</illus>
<illus entity="i0052" map="no">
<caption>
<p>
Monitor 
<hi rend="italics">
Terror,
</hi>
 visto de proa.
</p>
</caption>
</illus>
</div>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0053">
0053
</controlpgno>
<printpgno>
</printpgno>
</pageinfo>
<div>
<head>
CAPITULO V
<lb>
PREPARACI&Oacute;N DE LA GUERRA EN PUERTO RICO
<lb>
SUSPENSI&Oacute;N DE LAS GARANT&Iacute;AS CONSTITUCIONALES.&mdash;LEY MARCIAL
<lb>
PROCLAMAS
</head>
<p>
<hi rend="other">
EL
</hi>
 d&iacute;a 21 de abril de 1898, la 
<hi rend="italics">
Gaceta de Puerto Rico
</hi>
 public&oacute; el siguiente documento:
</p>
<p>
&ldquo;GOBIERNO GENERAL DE LA ISLA DE PUERTO RICO DECRETO
</p>
<p>
San Juan P. R., 21 de abril de 1898.
</p>
<p>
Estimando que las circunstancias especiales en que nos hallamos exigen la adopci&oacute;n de medidas extraordinarias, he tenido por conveniente decretar lo que sigue:
</p>
<p>
<hi rend="smallcaps">
Articulo
</hi>
 1.&deg; En virtud de las atribuciones que me confieren los art&iacute;culos 42 y 51 del Real decreto de 25 de noviembre &uacute;ltimo, relativo al r&eacute;gimen y gobierno de esta isla, quedan suspendidas las garant&iacute;as expresadas en los art&iacute;culos 4, 5, 6 y 9, y p&aacute;rrafos 1, 2 y 3 del art&iacute;culo 13 de la Constituci&oacute;n del Estado.
</p>
<p>
<hi rend="smallcaps">
Articulo
</hi>
 2.&deg; Desde esta fecha se aplicar&aacute;, con todo rigor, la Ley de Orden P&uacute;blico del 23 de abril de 1870, que se publicar&aacute; de nuevo en la 
<hi rend="italics">
Gaceta
</hi>
 de esta isla.&mdash;
<hi rend="smallcaps">
Mac&iacute;as.
</hi>
&rdquo;
</p>
<p>
Un d&iacute;a m&aacute;s tarde se proclam&oacute;, en todos los pueblos de la Isla, la Ley Marcial o estado de guerra. Un piquete de fuerza armada, precedido de cornetas y tambores, al mando de un oficial, recorr&iacute;a cada una de las poblaciones, deteni&eacute;ndose en las plazas y parajes m&aacute;s frecuentados; sonaba el toque de atenci&oacute;n, redoblaban los tambores y un cabo o sargento, de buena voz, llamado 
<hi rend="italics">
pregonero,
</hi>
 daba lectura al siguiente bando:
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0054">
0054
</controlpgno>
<printpgno>
38
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
&ldquo;GOBIERNO GENERAL DE LA ISLA DE PUERTO RICO
</p>
<p>
<hi rend="smallcaps">
Don Manuel Mac&iacute;as y Casado,
</hi>
 teniente general del ej&eacute;rcito y capit&aacute;n general del distrito de Puerto Rico, etc., etc.
</p>
<p>
<hi rend="smallcaps">
Hago Saber:
</hi>
</p>
<p>
Que suspendidas las garant&iacute;as constitucionales por Decreto de ayer, y en previsi&oacute;n de acontecimientos que pudieran poner en peligro la seguridad del territorio, o de que, lo que no es de esperar, intentara alguien alterar el orden p&uacute;blico en estos momentos, por m&aacute;s que abrigo el convencimiento de que si tal caso ocurriera, los leales habitantes de esta isla sabr&iacute;an impedirlo, demostrando as&iacute; que son dignos descendientes de los que en otro tiempo supieron luchar y derramar su sangre en defensa de la integridad nacional,
</p>
<p>
<hi rend="smallcaps">
Ordeno y mando:
</hi>
</p>
<p>
<hi rend="smallcaps">
Art&iacute;culo
</hi>
 1.&deg; Se declara en estado de guerra este distrito militar, asumiendo las facultades extraordinarias que las disposiciones vigentes me conceden.
</p>
<p>
<hi rend="smallcaps">
Art&iacute;culo
</hi>
 2.&deg; Los reos de los delitos de traici&oacute;n, espionaje contra el derecho de gentes, devastaci&oacute;n, saqueo, rebeli&oacute;n, sedici&oacute;n y sus conexos; los de robo en cuadrilla, incendio en despoblado, los que tiendan a interceptar, por cualquier medio, las v&iacute;as de comunicaci&oacute;n y los que afecten directa o indirectamente al orden p&uacute;blico o a la seguridad del territorio, ser&aacute;n juzgados por los tribunales militares y castigados con todo el rigor que las leyes establecen, procedi&eacute;ndose en juicio sumar&iacute;simo en los casos que corresponda.
</p>
<p>
<hi rend="smallcaps">
Art&iacute;culo
</hi>
 3.&deg; Se intima a los que de cualquier manera intentaren alterar el orden p&uacute;blico, a que inmediatamente depongan su actitud, en la inteligencia de que se har&aacute; uso de las armas para disolver cualquier grupo que pudiera formarse.
</p>
<p>
<hi rend="smallcaps">
Art&iacute;culo
</hi>
 4.&deg; Se prohibe la publicaci&oacute;n de todo folleto, hoja suelta, cartel y peri&oacute;dico, sin el competente permiso de la autoridad militar o de la judicial o local en los puntos donde aqu&eacute;llas existan, a cuyo efecto los directores de ias expresadas publicaciones remitir&aacute;n, con la anticipaci&oacute;n necesaria, tres ejemplares de las mismas, uno de los cuales se les devolver&aacute; con la aprobaci&oacute;n, si la merecen.
</p>
<p>
<hi rend="smallcaps">
Art&iacute;culo
</hi>
 5.&deg; Queda asimismo prohibido, en absoluto, la publicaci&oacute;n de noticias relativas a organizaci&oacute;n de las fuerzas mar&iacute;timas y terrestres de la Naci&oacute;n y a sus obras de defensa, as&iacute; como las que se refieran a operaciones de campa&ntilde;a y movimiento de tropas y el propalar, de cualquier manera, especies que puedan infundir disgustos o tibieza entre el elemento armado, o que tienda directa o indirectamente a favorecer a los enemigos de la patria.
</p>
<p>
<hi rend="smallcaps">
Art&iacute;culo
</hi>
 6.&deg; El Consejo de secretarios, las autoridades que de &eacute;l dependan y los Tribunales ordinarios seguir&aacute;n en el ejercicio de sus funciones en cuanto no se oponga a lo establecido en este bando.
</p>
<p>
Puerto Rico, 22 de abril de 1898.&mdash;
<hi rend="smallcaps">
Mac&iacute;as.
</hi>
&rdquo;
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0055">
0055
</controlpgno>
<printpgno>
39
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
Los hombres que compon&iacute;an el Consejo de Secretarios del Gobierno Auton&oacute;mico de Puerto Rico, respondiendo al juramento prestado y a los alt&iacute;simos deberes que, voluntariamente, hab&iacute;an contra&iacute;do, hicieron o&iacute;r su voz en la proclama que sigue:
</p>
<p>
EL CONSEJO DE SECRET ARIOS DEL GOBIERNO INSULAR DE PUERTO RICO
</p>
<p>
<hi rend="smallcaps">
Al pueblo de la colonia:
</hi>
</p>
<p>
Por un triste decreto del destino, la implantaci&oacute;n del r&eacute;gimen auton&oacute;mico viene a coincidir con la proximidad, ya visible, de una guerra en que Espa&ntilde;a, en sus territorios de Am&eacute;rica, luchar&aacute;, no s&oacute;lo por sus intereses, que son grandes, sino por su honra y su derecho, que es preciso salvar a toda costa. La amenaza extranjera, la imposici&oacute;n insensata, el alarde de poder, sublevan el esp&iacute;ritu nacional y hacen de cada espa&ntilde;ol un h&eacute;roe dispuesto a dar la vida por el honor y por la patria.
</p>
<illus entity="i0055" map="no">
<caption>
<p>
Miembros del Gobierno Insular de Puerto Rico al estallar el conflicto: Juan Hern&aacute;ndez L&oacute;pez, Jos&eacute; Severo Qui&ntilde;ones, Manuel F. Rossy, Luis Mu&ntilde;oz Rivera, Francisco Mariano Qui&ntilde;ones y Manuel Fern&aacute;ndez Juncos.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
El pueblo de Puerto Rico demostr&oacute; siempre que ama la paz; pero demostr&oacute; tambi&eacute;n que sabe mantenerse en la guerra digno de su raza y de su historia. Jam&aacute;s holl&oacute; nuestros hogares la planta vencedora de un extra&ntilde;o. En nuestros castillos no flame&oacute; nunca otra bandera que la bandera bicolor de nuestros padres. Cuando las escuadras enemigas arrojaban a estas costas legiones de combatientes, las matronas portorrique&ntilde;as enviaban a sus hijos a pelear y a morir antes que someterse a la infamia de un ultraje o a la verg&uuml;enza de una conquista.
</p>
<p>
El Consejo Insular, esperando que no ser&aacute; preciso renovar antiguas proezas ni reverdecer laureles a&ntilde;ejos conf&iacute;a en que, llegada la hora de los sacrificios necesarios, ning&uacute;n patriota olvidar&aacute; sus deberes. No somos culpables de la lucha, ni la provoc&oacute; nuestra tierra, ni le dieron origen nuestros actos. Pero ni la rehu&iacute;mos ni la tememos, porque sabr&iacute;amos responder a la fuerza con la fuerza y probar al mundo que en este archipi&eacute;lago no degenera la sangre que fecund&oacute; las campi&ntilde;as de ambos hemisferios americanos en los gloriosos d&iacute;as de Pizarro y de Cort&eacute;s.
</p>
<p>
Si defendimos altivamente a la metr&oacute;poli en los tiempos obscuros del sistema colonial, la defenderemos bravamente en los tiempos felices del sistema auton&oacute;mico. Entonces nos impuls&oacute; el afecto; ahora nos impulsan el afecto y la gratitud. Abiertos a la esperanza todos los horizontes, cumplidos en la ley todos los ideales, la generosidad castellana aquilata la lealtad portorrique&ntilde;a. Y si antes nos pareci&oacute; un oprobio la tacha de traidores, hoy nos parece un oprobio y una mengua la tacha de traidores y de ingratos.
</p>
<p>
Al empe&ntilde;arse la contienda, el Consejo Insular no duda de la victoria. La Armada y el Ej&eacute;rcito, fieles a sus tradiciones militares, ocupar&aacute;n la vanguardia. Y el pueblo, que juega su porvenir en los combates a que se nos provoca, dar&aacute; sus recursos y sus
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0056">
0056
</controlpgno>
<printpgno>
40
</printpgno>
</pageinfo>
hombres, su fortuna y su existencia, sin vacilaci&oacute;n ninguna, desde&ntilde;oso del peligro y satisfecho de ofrecerse en holocausto a los m&aacute;s nobles sentimientos de lealtad y de hidalgu&iacute;a. Vemos desde aqu&iacute; con orgullo a nuestros hermanos de Europa que se aprestan a vencer o a sucumbir y queremos confundirnos con ellos en el &eacute;xito triunfal de las armas espa&ntilde;olas.
</p>
<p>
Colocados por la naturaleza en el centro de las pr&oacute;ximas batallas, nuestras energ&iacute;a presente podr&aacute; medirse por nuestra eterna templanza. No renunciaremos jam&aacute;s a la bandera que protegi&oacute; nuestras cunas y proteger&aacute; nuestros sepulcros. Descanse la isla entera en la raz&oacute;n que es toda de Espa&ntilde;a, y disp&oacute;ngase a secundar con eficacia la acci&oacute;n directora del Gobierno y a sostener con denuedo el nombre augusto y la soberan&iacute;a indiscutible de la patria.
</p>
<p>
San Juan de Puerto Rico, 22 de abril de 1898.&mdash;Francisco 
<hi rend="smallcaps">
Mariano Qui&ntilde;ones.
</hi>
&mdash;Luis 
<hi rend="smallcaps">
Mu&ntilde;oz Rivera.
</hi>
&mdash;Manuel 
<hi rend="smallcaps">
Fern&aacute;ndez Juncos.
</hi>
&mdash;Juan 
<hi rend="smallcaps">
Hern&aacute;ndez L&oacute;pez.
</hi>
&mdash;Manuel 
<hi rend="smallcaps">
F. Rossy.
</hi>
&mdash;Jos&eacute; 
<hi rend="smallcaps">
S. Qui&ntilde;ones.
</hi>
</p>
<p>
Este notable documento, que caus&oacute; profunda sensaci&oacute;n en toda la Isla, fu&eacute; redactado por el abogado, miembro del Consejo, D. Juan Hern&aacute;ndez L&oacute;pez, y mereci&oacute; que todos sus compa&ntilde;eros lo aprobasen sin una sola enmienda.
</p>
<p>
El 23 de abril public&oacute; el general Mac&iacute;as la siguiente proclama:
</p>
<p>
&ldquo;
<hi rend="smallcaps">
Habitantes de Puerto Rico:
</hi>
</p>
<p>
Ha llegado el d&iacute;a de prueba, la hora de las grandes resoluciones y de los grandes hero&iacute;smos. La Rep&uacute;blica de los Estados Unidos confiada en sus poderosos recursos materiales y en la impunidad con que ha podido alentar hasta hoy la guerra separatista, ha votado en su C&aacute;mara la intervenci&oacute;n armada en la Isla de Cuba, rompiendo las hostilidades, hollando los derechos de Espa&ntilde;a y el sentido moral de los pueblos civilizados. Es un hecho la declaraci&oacute;n de la guerra, y del mismo modo que sus fuerzas navales encaminan su acci&oacute;n a la Isla de Cuba, se dirigen a Puerto Rico, donde seguramente se estrellar&aacute;n enfrente de la lealtad y el valor de sus habitantes, que preferir&aacute;n sucumbir mil veces antes de rendirse a las armas de los usurpadores.
</p>
<p>
No imagin&eacute;is que la metr&oacute;poli nos abandona. Sigue con entusiasmo y fe nuestros movimientos y viene en nuestra ayuda. Las escuadras est&aacute;n dispuestas al combate; las fuerzas todas apercibidas y los mismos mares surcados por Col&oacute;n en sus gloriosas carabelas ser&aacute;n testigos de nuestras victorias. No permitir&aacute; la Providencia que en estas tierras descubiertas por la raza hispana dejen de repercutir los ecos de su idioma, desapareciendo el flamear de nuestras banderas.
</p>
<p>
Habitantes de Puerto Rico: ha llegado el momento de los hero&iacute;smos y de contestar, fuertes en la raz&oacute;n y la justicia, a la guerra con la guerra.
</p>
<p>
&iexcl;Viva Puerto Rico siempre Espa&ntilde;ol!
</p>
<p>
&iexcl;Viva Espa&ntilde;a!&mdash;
<hi rend="smallcaps">
Mac&iacute;as.
</hi>
&rdquo;
</p>
<p>
El pa&iacute;s, como un solo hombre, se puso en pie de guerra respondiendo a la llamada del representante de la Corona de Espa&ntilde;a y de sus consejeros insulares.
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0057">
0057
</controlpgno>
<printpgno>
41
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
Hombres, mujeres y hasta ni&ntilde;os ofrecieron su vida, su oro y el trabajo de sus brazos. No falt&oacute; un solo pueblo; todos formaron guerrillas voluntarias, secciones de macheteros y auxiliares. La Cruz Roja, impulsada desde San Juan por su delegado Manuel Fern&aacute;ndez Juncos y por una dama de noble coraz&oacute;n y talento preclaro, Dolores Aybar de Acu&ntilde;a, inteligentemente secundados por los dem&aacute;s miembros de la ben&eacute;fica Instituci&oacute;n, realiz&oacute; en Puerto Rico un trabajo tan excepcional y efectivo como jam&aacute;s podr&aacute; igualarse en ning&uacute;n otro tiempo.
</p>
<p>
<hi rend="italics">
La Correspondencia de Puerto Rico,
</hi>
 cuyo director y editor Ram&oacute;n L&oacute;pez, liberal de abolengo y hombre considerado como 
<hi rend="italics">
sospechoso
</hi>
 por el Gobierno espa&ntilde;ol, public&oacute; el d&iacute;a 23 de abril el siguiente editorial:
</p>
<p>
&ldquo;&iexcl;VIVA ESPA&Ntilde;!. &iexcl;VIVA PUERTO RICO ESPA&Ntilde;OL!
</p>
<p>
De hora en hora se levanta m&aacute;s el esp&iacute;ritu p&uacute;blico en esta capital y en toda la Isla.
</p>
<p>
LA PATRIA EST&Aacute; EN PELIGRO, es la voz que se escapa de todos los corazones. Y es preciso defenderla hasta el &uacute;ltimo momento mientras palpite en nuestras venas la noble sangre espa&ntilde;ola que da vida a nuestro organismo.
</p>
<p>
Puerto Rico, pa&iacute;s pac&iacute;fico por excelencia, tiene que demostrar al mundo que, cuando las circunstancias lo exigen, sabe tambi&eacute;n, como lo ha hecho otras veces, empu&ntilde;ar el fusil para volar all&iacute; donde la patria reclama sus servicios; donde la bandera que cobij&oacute; nuestra cuna necesita mantenerse enhiesta, dando sombra al solar que nos legaron honrado nuestros progenitores.
</p>
<p>
El extranjero nos amenaza y es preciso que nos opongamos al extranjero. Es necesario que recordemos aquellas campa&ntilde;as &eacute;picas del siglo pasado y de principios del actual, que nos valieron el t&iacute;tulo de 
<hi rend="italics">
siempre fieles;
</hi>
 que nos colocaron a la altura de los que all&aacute; en la madre Espa&ntilde;a nos dieron hasta la saciedad ejemplos de abnegaci&oacute;n y de civismo.
</p>
<p>
&iexcl;Viva Espa&ntilde;a!, es la voz que debe salir de nuestros labios.
</p>
<p>
&iexcl;Viva el orden!, debe ser el ideal que persigamos sin tregua al defender la bandera nacional y el terru&ntilde;o querido donde radican nuestros intereses y donde viven nuestras familias.
</p>
<p>
El camino que debemos seguir est&aacute; trazado; es el que aconseja la voz del deber y aun la propia garant&iacute;a personal.
</p>
<p>
Agrup&eacute;monos todos al lado de nuestras autoridades; prest&eacute;mosles incondicionalmente nuestro m&aacute;s decidido apoyo, y estas horas de pruebas de hoy se trocar&aacute;n pronto en horas de glorias, en horas de leg&iacute;tima satisfacci&oacute;n y de ventura.
</p>
<p>
Recordemos que el orden y la moralidad, que son en todo tiempo la principal base social, son hoy, m&aacute;s que nunca, un deber ineludible de la ciudadan&iacute;a.
</p>
<p>
Olvidemos todas nuestras disensiones pol&iacute;ticas dom&eacute;sticas. Es preciso el concurso de todos los ciudadanos, de todos los espa&ntilde;oles para conseguir el ideal com&uacute;n:
</p>
<p>
La integridad nacional.
</p>
<p>
La defensa de esta patria tan amada.
</p>
<p>
&iexcl;Viva Espa&ntilde;a!
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0058">
0058
</controlpgno>
<printpgno>
42
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
&iexcl;Viva Puerto Rico eternamente espa&ntilde;ol!
</p>
<p>
&iexcl;Viva el orden!&rdquo;
</p>
<p>
Los dem&aacute;s peri&oacute;dicos llenaban sus columnas con escritos de igual forma y tendencia. Toda la Prensa, sin ninguna excepci&oacute;n, pleg&oacute; sus banderas partidarias y clav&oacute; en sus redacciones una sola: la de Espa&ntilde;a, y, hasta los sacerdotes, desde los p&uacute;lpitos, pronunciaban verdaderas arengas marciales.
</p>
<p>
&iexcl;Tal vez el ap&oacute;stol Santiago, patr&oacute;n de Espa&ntilde;a, quien, seg&uacute;n las cr&oacute;nicas, en la batalla de Clavijo, librada contra los musulmanes, pele&oacute; del lado espa&ntilde;ol, cabalgue otra vez en su blanco corcel y descienda a los campos de Borinquen repartiendo tajos y estocadas entre las apretadas filas de los voluntarios norteamericanos!
</p>
<p>
Despu&eacute;s del Tratado de Par&iacute;s, muchos hombres de los que en 1898 formaron en la vanguardia de los adalides de Espa&ntilde;a trataron de desvirtuar los hechos que, entonces, realizaron al solo impulso de sus libres voluntades. No es ese el camino.
</p>
<p>
Los que hasta el fin cumplieron sus deberes y sus juramentos sin flaquezas y sin disimulos, deben sentirse satisfechos; 
<hi rend="italics">
lo que hicieron
</hi>
 es prenda que responde 
<hi rend="italics">
a lo que har&aacute;n en lo porvenir.
</hi>
</p>
<p>
Los dos puntos extremos, el que marca el nacer y el que se&ntilde;ala la muerte, est&aacute;n unidos por una l&iacute;nea recta. Tal es el &uacute;nico camino que deben recorrer en la vida los que, siendo hombres de honor, luchan para alcanzar el engrandecimiento y libertades de su Patria.
</p>
<illus entity="i0058" map="no">
</illus>
</div>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0059">
0059
</controlpgno>
<printpgno>
</printpgno>
</pageinfo>
<div>
<head>
CAPITULO VI
<lb>
ESTADO MILITAR DE PUERTO RICO AL DECLARARSE LA GUERRA
</head>
<p>
DEFENSAS.&mdash;FUERZAS DE TIERRA.&mdash;FUERZAS DE MAR
</p>
<illus entity="i0059" map="no">
</illus>
<p>
<hi rend="other">
PUERTO
</hi>
 Rico, la m&aacute;s peque&ntilde;a de las Grandes Antillas, est&aacute; situada entre los 17&deg; 50&prime; y 18&deg; 30&prime; latitud Norte, y 65&deg; 30&prime; y 67&deg; 15&prime; longitud Oeste; tiene una superficie de 3.606 millas cuadradas, y dista 1.400 millas de Nueva York, 1.000 de la Habana y un poco menos del Canal de Panam&aacute;. Su poblaci&oacute;n en 1898 era aproximadamente de 953.000 habitantes. Su capital, San Juan, ten&iacute;a 32.048 habitantes; Ponce, 27.952, y Mayag&uuml;ez, 15.187. En aquel a&ntilde;o sus puertos principales, adem&aacute;s del de San Juan, eran Mayag&uuml;ez, Ponce, Arecibo, Aguadilla, Arroyo, Gu&aacute;nica, Fajardo y Humacao.
</p>
<p>
Una carretera de primer orden, que es en el d&iacute;a la principal v&iacute;a de comunicaci&oacute;n, un&iacute;a ya en aquel entonces a Ponce con San Juan, atravesando toda la Isla de Sur a Norte; &eacute;ste es el llamado Camino Militar. Otras v&iacute;as comunicaban a Mayag&uuml;ez y Ponce con los pueblos vecinos, y un ferrocarril de circunvalaci&oacute;n funcionaba en 1898 desde San Juan hasta Isabela, y desde Aguadilla hasta Mayag&uuml;ez, el que interrumpi&eacute;ndose en algunas comarcas, pasando por Yauco, llegaba hasta Ponce.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
Alto mando.&mdash;
</hi>
Gobernaba la Isla, con doble car&aacute;cter de capit&aacute;n general y gobernador
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0060">
0060
</controlpgno>
<printpgno>
44
</printpgno>
</pageinfo>
civil, el teniente general D. Manuel Mac&iacute;as y Casado, caballero afable y culto, pero que demostr&oacute; durante la guerra ser m&aacute;s pol&iacute;tico que estrat&eacute;gico. Era segundo cabo, gobernador de la plaza de San Juan, el general de divisi&oacute;n D. Ricardo Ortega y D&iacute;ez, un verdadero soldado, valiente hasta la temeridad, pero de car&aacute;cter a veces franco y generoso, a veces impulsivo y rencoroso.
</p>
<p>
La Isla estaba dividida en siete distritos militares: Ponce, Mayag&uuml;ez, Arecibo, Aguadilla, Humacao, Guayama y Bayam&oacute;n. Cada uno de &eacute;stos estaba al mando de un jefe.
</p>
<illus entity="i0060" map="no">
<caption>
<p>
Ministro de la Guerra en Espa&ntilde;a, General Correa.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
<hi rend="bold">
Defensas de San Juan&mdash;
</hi>
San Juan, la &uacute;nica plaza fuerte al estallar la guerra, ten&iacute;a artilladas varias bater&iacute;as con 43 piezas de calibre medio, todas de hierro, y ninguna de tiro r&aacute;pido.
</p>
<p>
Por muchos a&ntilde;os San Juan y toda la Isla estuvieron desartillados. Desde el a&ntilde;o 1797, fecha de la invasi&oacute;n inglesa, no se hab&iacute;a disparado un tiro de guerra, y nadie pensaba, ante el temor de parecer rid&iacute;culo, en b&eacute;licos alardes. El Tesoro de Puerto Rico remesaba a Madrid religiosamente el importe de cuanto material de guerra se recib&iacute;a. Hasta el a&ntilde;o 1896 no hubo montadas en San Juan otras piezas que las usadas el siglo anterior. No por el Cuerpo de Ingenieros, que carec&iacute;a de fondos, sino por los mismos oficiales y tropa de artiller&iacute;a, se montaron entonces algunas piezas Ord&oacute;&ntilde;ez, propias solamente para el combate cercano, pero ineficaces, a distancia, contra acorazados. La mayor parte de estos trabajos fueron realizados, con mucho celo e inteligencia, por el capit&aacute;n de artiller&iacute;a Ram&oacute;n Acha Caama&ntilde;o.
</p>
<p>
Puerto Rico ten&iacute;a pedidas y pagadas con sus fondos algunas piezas Krupp de 30 cent&iacute;metros, piezas que nunca vinieron por negarse a ello la Compa&ntilde;&iacute;a Trasatl&aacute;ntica, pretextando que eran una mala carga para sus vapores; tambi&eacute;n se pidieron con urgencia dos bater&iacute;as de campa&ntilde;a Nordenfelt, de tiro r&aacute;pido, las cuales no llegaron. Vino, s&iacute;, una gr&uacute;a Krupp para desembarcar dichas piezas, una locom&oacute;vil caminera, y
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0061">
0061
</controlpgno>
<printpgno>
45
</printpgno>
</pageinfo>
ya bloqueada la plaza, un soberbio proyector el&eacute;ctrico Mangin, cuya luz permit&iacute;a leer un escrito a cinco leguas de distancia.
</p>
<p>
Nunca hubo tiro formal de escuela pr&aacute;ctica por temor a gastos; no hab&iacute;a tablas de tiro, y a ra&iacute;z de la guerra, fu&eacute; necesario calcularlas. No hab&iacute;a un solo tel&eacute;metro, y fu&eacute; preciso usar alg&uacute;n teodolito, medir bases y tender una red telef&oacute;nica, cuya central estaba en San Crist&oacute;bal. Los obuses de 24 cent&iacute;metros, las &uacute;nicas piezas de regular calibre que pose&iacute;amos los artilleros, no ten&iacute;an la p&oacute;lvora reglamentaria; usamos la de los ca&ntilde;ones de 15 cent&iacute;metros, y de esta manera el tiro resultaba irregular y corto. Las espoletas y estopines estaban en mal estado, y al pedirlos por cable, ya rotas las hostilidades, contestaron del Ministerio de la Guerra al coronel de artiller&iacute;a: &ldquo;Remitan fondos.&rdquo;
</p>
<illus entity="i0061" map="no">
<caption>
<p>
Soldado espa&ntilde;ol mostrando su fusil M&aacute;user y equipo de campa&ntilde;a.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
Ya comenzadas las operaciones, se construy&oacute; una bater&iacute;a semipermanente en Santurce, en lo alto del Seboruco, la cual, con su espl&eacute;ndido campo de tiro, barr&iacute;a el puente de Mart&iacute;n Pe&ntilde;a y su ca&ntilde;o, R&iacute;o Piedras, la loma de Prim, punto donde el enemigo pod&iacute;a situar sus ca&ntilde;ones; las Bocas de Cangrejos, por donde desembarcaron los ingleses el a&ntilde;o 1797, y la isleta de Miraflores, donde en la misma fecha montaron &eacute;stos una bater&iacute;a.
</p>
<p>
El puente de San Antonio fu&eacute; cortado, aunque el tr&aacute;fico continu&oacute; por un piso movible de tablones. En las lomas cercanas a Bayam&oacute;n comenzaron a levantarse trincheras. Con sacos terreros se construyeron fuertes traveses que aislaban las piezas en cada bater&iacute;a, y la noche en que se supo la firma del armisticio, numerosos obreros trabajaban en el castillo de San Crist&oacute;bal preparando gruesas vigas, erizadas de clavos para fijarlas en el ca&ntilde;o de San Antonio, a ambos lados del puente, y evitar as&iacute; que fuerzas enemigas pudieran vadearlo en las bajas mareas.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
Fuerzas de tierra.&mdash;
</hi>
Las fuerzas defensoras consist&iacute;an en seis batallones: cuatro provisionales, enumerados, del 1 al 4, y dos permanentes, conocidos por los nombres
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0062">
0062
</controlpgno>
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46
</printpgno>
</pageinfo>
de &ldquo;Patria&rdquo; y &ldquo;Alfonso XIII&rdquo;, respectivamente. Estos seis batallones ten&iacute;an un efectivo de 800 hombres cada uno. Cinco de ellos constaban de seis compa&ntilde;&iacute;as y el otro de cuatro.
</p>
<p>
Luego se organiz&oacute; el batall&oacute;n &ldquo;Principado de Asturias&rdquo;, con 600 hombres de tropas peninsulares.
</p>
<p>
El 12.&deg; Batall&oacute;n de artiller&iacute;a de Plaza, con cuatro compa&ntilde;&iacute;as y un total de 700 hombres, guarnec&iacute;a todas las bater&iacute;as de San Juan. Como artiller&iacute;a de Monta&ntilde;a hab&iacute;a ocho piezas: cuatro Placencia y cuatro Krupp, de tiro r&aacute;pido. Cuatro compa&ntilde;&iacute;as
<illus entity="i0062" map="no">
<caption>
<p>
La ciudad de San Juan.&mdash;Vista tomada desde San Crist&oacute;bal, mirando al Sur.
</p>
</caption>
</illus>
de la Guardia civil y dos escuadrones del mismo Instituto estaban distribu&iacute;dos por la Isla, formando un cuerpo llamado &ldquo;Tercio n&uacute;m. 14 de la Guardia civil&rdquo;. Una compa&ntilde;&iacute;a de ingenieros telegrafistas; una secci&oacute;n de sanidad militar, y adem&aacute;s, un cuerpo semimilitar de Orden p&uacute;blico para la pol&iacute;c&iacute;a de las poblaciones, completaban los defensores de la Isla, que sumaban un total de 8.000 soldados de tropa veterana, armados con fusiles M&aacute;user y 250 caballos, como sigue:</p>
<table entity="p0062">
<tabletext>
<cell>
Infanter&iacute;a
<hsep>
5.000
</cell>
<cell>
Artiller&iacute;a
<hsep>
700
</cell>
<cell>
Otras Armas y Cuerpos
<hsep>
2.300
</cell>
<cell>
Total
<hsep>
8.000
</cell>
</tabletext>
</table>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0063">
0063
</controlpgno>
<printpgno>
47
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
Ademas, guarnec&iacute;a la Isla un cuerpo de Voluntarios, formado por 14 batallones y con fuerza aproximada de 6.000 hombres, todos armados con fusil Remington reformado y bala de envuelta niquelada. Al romperse las hostilidades se formaron seis guerrillas mixtas de 100 hombres cada una. Estas guerrillas eran mandadas por oficiales del Ej&eacute;rcito. Al reclutarlas se di&oacute; preferencia a los licenciados del Ej&eacute;rcito.
</p>
<p>
En San Juan se organiz&oacute; el batall&oacute;n de &ldquo;Tiradores&rdquo;, siendo los empleados insulares y municipales los que dieron el principal contingente. En todos los pueblos se instruyeron guerrillas de voluntarios 
<hi rend="italics">
macheteros,
</hi>
 y cada batall&oacute;n de infanter&iacute;a mont&oacute; 35 de sus hombres como guerrilla.
</p>
<illus entity="i0063" map="no">
<caption>
<p>
Oficialidad del 3.&deg; Provisional que guarnec&iacute;a a San Juan.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
Creo estar en lo cierto afirmando que, al mes de declararse la guerra, Puerto Rico ten&iacute;a 18.000 defensores, de los cuales m&aacute;s de 8.000 eran veteranos, bien disciplinados, y con tal alto esp&iacute;ritu militar que, a pesar de recibir algunas veces trato deficiente, no hubo que lamentar un solo conato de indisciplina.
</p>
<p>
En el Parque y almacenes, a cargo del cuerpo de artiller&iacute;a, hab&iacute;a almacenados 9.000 fusiles M&aacute;user y Remington, y gran cantidad de municiones para los mismos.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
Fuerzas de mar.&mdash;
</hi>
Las fuerzas de mar consist&iacute;an en los siguientes elementos de combate:
<list type="ordered">
<item><p>1. El 
<hi rend="italics">Isabel II,
</hi> crucero no protegido de segunda clase, constru&iacute;do en El Ferrol en 1876, de 1.152 toneladas, y un andar de ocho millas. Compon&iacute;an su artiller&iacute;a:
<pageinfo><controlpgno entity="p0064">0064
</controlpgno><printpgno>48
</printpgno></pageinfo>cuatro ca&ntilde;ones de 12 cent&iacute;metros, seis piezas de tiro r&aacute;pido de seis libras, una ametralladora y dos tubos lanzatorpedos. Era comandante de este crucero el capit&aacute;n de fragata D. Jos&eacute; Boado, y ten&iacute;a a sus &oacute;rdenes, como oficiales, al teniente de nav&iacute;o de primera clase D. Francisco Barreda, y a D. Mariano Gonz&aacute;lez; D. Manuel Albacete y D. Maximiliano Power, estos &uacute;ltimos tenientes de nav&iacute;o todos. Era contador D. Juan G&oacute;mez Garc&iacute;a.
</p></item>
<item><p>2. El 
<hi rend="italics">General Concha,
</hi> crucero de tercera clase, no protegido, de 584 toneladas, constru&iacute;do en El Ferrol en 1883, con nueve millas de andar en pruebas. Su armamento consist&iacute;a en tres ca&ntilde;ones de 12 cent&iacute;metros, dos ca&ntilde;ones rev&oacute;lver de 37 mil&iacute;metros y una ametralladora. La oficialidad de este buque la compon&iacute;an el comandante teniente de nav&iacute;o de primera clase D. Rafael Mar&iacute;a Navarro, y oficiales don Enrique Guzm&aacute;n y D. Julio Ca&ntilde;izares, alf&eacute;reces de nav&iacute;o, y D. Emilio Ferrer, contador.
</p></item>
<item><p>3. El 
<hi rend="italics">Ponce de Le&oacute;n,
</hi> ca&ntilde;onero de segunda clase, de 200 toneladas, constru&iacute;do en Inglaterra en 1895. Su armamento consist&iacute;a en dos ca&ntilde;ones de tiro r&aacute;pido de seis libras y dos de una libra; su andar, en pruebas, 11 millas. El mando de este buque estaba a cargo del comandante D. Joaqu&iacute;n Cristelly, teniente de nav&iacute;o de primera clase, y D. Rufino Eguino, teniente de nav&iacute;o.
</p></item>
<item><p>4. 
<hi rend="italics">Criollo,
</hi> ca&ntilde;onero de tercera clase, perteneciente a la Comisi&oacute;n Hidrogr&aacute;fica, constru&iacute;do en 1869, de 201 toneladas; andaba seis millas, y su armamento era dos ca&ntilde;ones de tiro r&aacute;pido de seis libras y una ametralladora.
</p></item>
<item><p>5. 
<hi rend="italics">Terror.
</hi> Este destructor de torpederos, comandante La Rocha, lleg&oacute; a nuestro puerto, procedente de la Martinica, el d&iacute;a 17 de mayo, 1898; constru&iacute;do en Clyde Bank en 1896, casco de acero, h&eacute;lices gemelas, tres chimeneas, con 370 toneladas, y un andar de 28 nudos; ten&iacute;a dos ca&ntilde;ones de tiro r&aacute;pido de 7,5 cent&iacute;metros (que no los montaba por haberlos quitado durante la traves&iacute;a, y llevados a bordo del 
<hi rend="italics">Oquendo
</hi>), dos de una libra, varias ametralladoras y dos tubos lanza-torpedos Whitehead, de 14 cent&iacute;metros. Dotaci&oacute;n, 67 hombres. En aquel tiempo &eacute;ste era un valioso elemento de guerra, moderno, eficiente, y el buque espa&ntilde;ol m&aacute;s temido por las fuerzas bloqueadoras de San Juan.
</p></item>
<item><p>6. El crucero auxiliar 
<hi rend="italics">Alfonso XIII,
</hi> trasatl&aacute;ntico espa&ntilde;ol constru&iacute;do en 1888, con 4.381 toneladas, y un andar de 16 millas. Montaba cuatro ca&ntilde;ones Hontoria de 12 cent&iacute;metros, dos de 9 cent&iacute;metros, dos de 75 mil&iacute;metros y dos ametralladoras. No pudiendo seguir para Cuba, qued&oacute; en San Juan, procedente de C&aacute;diz. Estaba al mando del capit&aacute;n de fragata Pidal, y tripulado por marinos de guerra.
</p></item>
</list>
</p>
<p>
<hi rend="bold">
Edificios militares.&mdash;
</hi>
El Palacio de Santa Catalina era la residencia del Capit&aacute;n general, y en un ala del mismo estaban las oficinas del Estado Mayor. En el llamado Palacio Rojo habitaba, y ten&iacute;a sus oficinas, el general, segundo cabo, gobernador, segundo cabo, gobernador militar de la Plaza. El Parque de artiller&iacute; a de artiller&iacute; a era la residencia del coronel subinspector del Cuerpo y del director del Parque. En sus talleres se reparaba todo el material de guerra existente, contando con un personal brillante de jefes y oficiales, y eficientes maestros de f&aacute;brica, obreros y auxiliares. La casacuartel de la Comandancia de la Guardia Civil estaba situada en la plaza de San Jos&eacute;, esquina a la calle de
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0065">
0065
</controlpgno>
<printpgno>
</printpgno>
</pageinfo>
<illus entity="i0065" map="no">
<caption>
<p>
Puente de San Antonio, sobre el ca&ntilde;o del mismo nombre.
</p>
</caption>
</illus>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0066z">
0066
</controlpgno>
<printpgno>
</printpgno>
<blankpage>
</pageinfo>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0067">
0067
</controlpgno>
<printpgno>
49
</printpgno>
</pageinfo>
San Sebasti&aacute;n. En el antiguo caser&oacute;n de la Audiencia estaban las oficinas de administraci&oacute;n militar y la cuadra para el ganado de una de las bater&iacute;as de monta&ntilde;a. En la Marina radicaba la panader&iacute;a militar, que, durante la guerra, se convirti&oacute; en una verdadera factor&iacute;a, encargada de la adquisici&oacute;n y distribuci&oacute;n de v&iacute;veres y forraje. La Comandancia de ingenieros ten&iacute;a su domicilio en el hist&oacute;rico edificio de Casa Blanca, donde estaba el cuartelillo de la Secci&oacute;n de ingenieros telegrafistas, y los pabellones del coronel subinspector D. Jos&eacute; Laguna. En la primera manzana, al Oeste de la calle San Sebasti&aacute;n, se levantaba el Hospital Militar, donde tambi&eacute;n se acuartelaba una secci&oacute;n de sanitarios. Este hospital siempre se mantuvo en p&eacute;simas condiciones de higiene. Los castillos del Morro y San Crist&oacute;bal ten&iacute;an gobernadores, siendo el del primero el capit&aacute;n de artiller&iacute;a D. Jos&eacute; Iriarte, y del segundo, el autor de este libro.
</p>
<p>
Las tropas en San Juan ocupaban los cuarteles de Ballaj&aacute;, San Francisco, Morro, San Crist&oacute;bal y el cuartelillo del campo del Morro. En la isla, y en casi todas las cabeceras del distrito, hab&iacute;a buenos cuarteles y hospitales.
</p>
<p>
Las fuerzas militares con que contaba la isla para su defensa estaban distribu&iacute;das en los siete distritos militares, y, adem&aacute;s, un regular contingente, 60 hombres, guarnec&iacute;a la isla de Vieques. Los 14 batallones de Voluntarios ten&iacute;an su Plana Mayor en la cabecera de distrito, y una o m&aacute;s compa&ntilde;&iacute;as en cada pueblo del mismo.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
Escolta del general.&mdash;
</hi>
Al abrirse las hostilidades se form&oacute;, espont&aacute;neamente, un cuerpo de lucidos j&oacute;venes, flor y nata de la sociedad capitale&ntilde;a, cuerpo que tom&oacute; el nombre de 
<hi rend="italics">
Escolta del Capit&aacute;n General.
</hi>
 Por votaci&oacute;n un&aacute;nime fu&eacute; nombrado capit&aacute;n de dicha Escolta el valiente, bueno y generoso joven Ram&oacute;n Falc&oacute;n y El&iacute;as. A ra&iacute;z del bombardeo, fueron estas sus palabras: &ldquo;Si Mac&iacute;as sale al campo, para que el enemigo llegue hasta &eacute;l, tendr&aacute; que pasar antes sobre mi cad&aacute;ver.&rdquo; Y as&iacute;, como lo dijo, lo hubiera hecho.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
Bomberos y auxiliares de Artiller&iacute;a.&mdash;
</hi>
Los bomberos de San Juan fueron agregados al cuerpo de ingenieros. Obreros de todos los oficios, mec&aacute;nicos y forjadores en su mayor&iacute;a, se alistaron como 
<hi rend="italics">
auxiliares
</hi>
 de artiller&iacute;a, con el deber de concurrir en toda funci&oacute;n de guerra a los castillos del Morro y San Crist&oacute;bal. Fueron capitanes de estos cuerpos, con uso de divisas y uniformes, los ingenieros Abarca y Portilla. Despu&eacute;s de rotas las relaciones diplom&aacute;ticas se suministraba a estos auxiliares caf&eacute;, dos ranchos con pan, vino los jueves y domingos, y una peseta cada d&iacute;a.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
Esp&iacute;ritu del pa&iacute;s.&mdash;
</hi>
Salvo algunos contados intelectuales, y los bullangueros de cada pueblo, que gustan siempre de pescar en aguas turbias, nadie, en Puerto Rico, dese&oacute; la invasi&oacute;n del Ej&eacute;rcito norteamericano. Al primer s&iacute;ntoma de guerra, todos los m&eacute;dicos, practicantes, ancianos, y las m&aacute;s prominentes damas, se alistaron bajo las banderas de la Cruz Roja, levantando hospitales, preparando ambulancias, y ofreciendo y realizando desinteresados y valiosos servicios. M&aacute;s de 1.000 j&oacute;venes, voluntarios, se afiliaron en las guerrillas; cerca de 400 
<hi rend="italics">
auxiliares
</hi>
 abandonaron sus talleres para ce&ntilde;ir el machete. Hombres, caballos, v&iacute;veres y oro (se abri&oacute; subscripci&oacute;n nacional,
<lb>
4
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0068">
0068
</controlpgno>
<printpgno>
50
</printpgno>
</pageinfo>
a la que contribuyeron algunos comerciantes con cantidades de 10, 5 y 4.000 pesos), eran ofrecidos al general Mac&iacute;as.
</p>
<p>
El coronel D. Juan Cam&oacute;, jefe de Estado Mayor del general Mac&iacute;as, con su conducta poco discreta y nada acertada, mat&oacute; en gran parte el entusiasmo militar del pa&iacute;s. Cuando estudiemos la figura de este jefe, se ver&aacute; cu&aacute;n grande fu&eacute; el da&ntilde;o que &eacute;l hiciera a la causa de Espa&ntilde;a en Puerto Rico.
</p>
<illus entity="i0068" map="no">
<caption>
<p>
Fusil M&aacute;user espa&ntilde;ol usado por las tropas espa&ntilde;olas.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
Por las torpezas del Mando, sumadas a la natural depresi&oacute;n que causara en el pa&iacute;s la p&eacute;rdida del Escuadr&oacute;n de Cervera, y el resultado lamentable del combate entre el 
<hi rend="italics">
Terror
</hi>
 y el 
<hi rend="italics">
St. Paul,
</hi>
 se origin&oacute; un malestar creciente, que se convirti&oacute; en descontento, y culmin&oacute;, despu&eacute;s de la invasi&oacute;n, en verdadera desbandada. Muchos voluntarios dejaban los fusiles, regresando a sus hogares; algunos guerrilleros y tiradores, hombres, que, voluntariamente se hab&iacute;an agrupado al pie de los estandartes militares, abandonaron sus puestos, desertando unos pocos al extranjero, e intern&aacute;ndose en los pueblos monta&ntilde;osos los dem&aacute;s.
</p>
<p>
A ra&iacute;z del bombardeo de San Juan, el acto m&aacute;s serio de toda la guerra, el pueblo y los voluntarios, como el ej&eacute;rcito, s&oacute;lo merecieron las m&aacute;s justas alabanzas; pero, al final, toda la organizaci&oacute;n voluntaria se vino a tierra, por falta de cimientos y de sost&eacute;n; y no fueron s&oacute;lo los guerrilleros y los voluntarios quienes esquivaron el peligro, sino que hubo hasta un alto Tribunal de Justicia, que bien pudo celebrar vista p&uacute;blica en plena campi&ntilde;a.
</p>
<p>
Este fen&oacute;meno no ocurri&oacute; solamente en Puerto Rico; en Barcelona, tan pronto se anunci&oacute; un posible ataque de la escuadra del comodoro Watson, millares de familias huyeron al interior, y en los Estados Unidos, cuando se hablaba y se le&iacute;a de lo que eran capaces de hacer los cruceros espa&ntilde;oles (cuyo paradero fu&eacute; un secreto por semanas), innumerables habitantes de Nueva York, de Boston, y otras ciudades del litoral, cambiaron sus residencias a condados del interior.
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0069">
0069
</controlpgno>
<printpgno>
51
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
El hombre siempre es hombre, y, por tanto, susceptible al entusiasmo, al temor y al desaliento. Un batall&oacute;n corre a una muerte cierta siguiendo al jefe que, empu&ntilde;ando la bandera, se lanza contra las bayonetas enemigas; ese mismo cuerpo huye a la desbandada, en otra acci&oacute;n de guerra, si labios pusil&aacute;nimes lanzan el grito de &ldquo;&iexcl;s&aacute;lvese el que pueda!&rdquo;
</p>
<p>
En su lugar, estudiaremos el caso de Puerto Rico, procurando aquilatar, con toda ecuanimidad, el tanto de culpa que a cada actor de aquellos sucesos pudiera corresponderle.
</p>
<illus entity="i0069" map="no">
<caption>
<p>
Soldado de Cazadores.
</p>
</caption>
</illus>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0070">
0070
</controlpgno>
<printpgno>
52
</printpgno>
</pageinfo>
<illus entity="i0070" map="no">
<caption>
<p>
Puente de entrada al castillo del Morro. El escudo de armas, en bronce, que estaba sobre la puerta fu&eacute; enviado a Espa&ntilde;a al evacuar la isla el Gobierno Espa&ntilde;ol.
</p>
</caption>
</illus>
</div>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0071">
0071
</controlpgno>
<printpgno>
</printpgno>
</pageinfo>
<div>
<head>
CAPITULO VII
<lb>
PLAZA DE SAN JUAN Y SUS DEFENSAS
<lb>
MURALLAS Y CASTILLOS.&mdash;ARTILLADO
</head>
<p>
<hi rend="other">
LA PLAZA
</hi>
 fuerte de San Juan est&aacute; situada sobre un islote de una milla de largo y menos de media milla de ancho en la parte m&aacute;s ancha. El ca&ntilde;o y el puente de San Antonio la separan de otra peque&ntilde;a isla, llamada 
<hi rend="italics">
Cangrejos,
</hi>
 hoy Santurce. Entre los dos primeros islotes, y entre el &uacute;ltimo y la isla de Puerto Rico, corren dos ca&ntilde;os o esteros; el de San Antonio y el de Mart&iacute;n Pe&ntilde;a, que comunican la bah&iacute;a con el mar.
</p>
<p>
La plaza, propiamente dicha, est&aacute; enclavada dentro de un pol&iacute;gono de frentes abaluartados que se apoyan, por el Norte, en el Castillo de San Felipe del Morro, y por el Nordeste, en el de San Crist&oacute;bal. Una cadena de baluartes, sin soluci&oacute;n de continuidad, parte de ambos flancos del primer castillo y sigue la l&iacute;nea de los arrecifes; de una parte por la costa Norte y de la otra hacia la boca del Morro y bah&iacute;a, plegando su trazado al terreno. La del Norte y Nordeste termina contra el caballero de San Crist&oacute;bal (que en realidad no es un castillo, sino un baluarte con su caballero, cerrado por la gola, que contiene en su interior un cuartel defensivo). Al Oeste y Sur contin&uacute;an los baluartes, que vienen a morir contra el mismo San Crist&oacute;bal. El frente de tierra estaba formado por los baluartes de Santa Catalina, San Justo y Santiago, cuyas murallas se encontraban en pleno derribo al declararse la guerra.
</p>
<p>
Estos baluartes estaban provistos, en sus flancos, de ca&ntilde;oneras y en sus cortinas de banquetas para fuegos de infanter&iacute;a. En el recinto se abr&iacute;an cinco puertas, cerradas
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0072">
0072
</controlpgno>
<printpgno>
54
</printpgno>
</pageinfo>
<illus entity="i0072" map="no">
<caption>
<p>
Puente de Mart&iacute;n Pe&ntilde;a.
</p>
</caption>
</illus>
por recio maderamen de 
<hi rend="italics">
ausubo,
</hi>
 y claveteadas con remaches de bronce. Estas puertas eran las de San Juan, la de San Justo, la de Santiago o Puerta de Tierra, la de San Jos&eacute;, sobre el matadero, y la de Santa Rosa, que conduc&iacute;a al cementerio. Todos estos pasos abiertos en las cortinas de los baluartes estaban defendidos por almenas aspilleradas y matacanes. La puerta de Santiago, que conduc&iacute;a a Puerta de Tierra, ten&iacute;a sobre el foso un puente levadizo con potentes poleas y cadenas para levantarlo en un momento dado.
</p>
<p>
El Morro bate con sus fuegos todo el frente Norte hasta Punta Salinas, y los cruza por el Nordeste con los de San Crist&oacute;bal que, a su vez, con sus bater&iacute;as altas y la del caballero de San Carlos al exterior, domina la bah&iacute;a y todo el frente de tierra.
</p>
<p>
Para flanqueos lejanos y para enfilar el canal del puerto, estaban el castillo de San Jer&oacute;nimo y el del Ca&ntilde;uelo, ambos con ca&ntilde;oneras y barbetas para infanter&iacute;a. Desde San Crist&oacute;bal hasta el puente de San Antonio se extienden tres l&iacute;neas defensivas llamadas primera, segunda y tercera l&iacute;neas, seg&uacute;n su proximidad a dicho puente.
</p>
<p>
La tercera l&iacute;nea, adosada al castillo, era y es un primoroso trazado de baluartes, redientes y flechas con fosos de perfil corriente y de diamante, y adem&aacute;s, con numerosos glacis de varios &oacute;rdenes de fuego para infanter&iacute;a y un fort&iacute;n en su interior.
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0073">
0073
</controlpgno>
<printpgno>
55
</printpgno>
</pageinfo>
<illus entity="i0073" map="no">
<caption>
<p>
Castillo del Morro y baluartes del Nordeste.&mdash;Vista tomada desde San Crist&oacute;bal.
</p>
</caption>
</illus>
Esta l&iacute;nea, llamada el 
<hi rend="italics">
Abanico,
</hi>
 se apoyaba, a la derecha, contra una bater&iacute;a edificada junto a la playa, donde actualmente existe un 
<hi rend="italics">
garage
</hi>
 del Gobierno Insular.
</p>
<p>
La segunda l&iacute;nea sigue inmediata a la estaci&oacute;n inal&aacute;mbrica, cruza la carretera y, pleg&aacute;ndose al terreno, va a terminar en los manglares de la bah&iacute;a. La primera l&iacute;nea, la m&aacute;s exterior, se apoyaba por su izquierda en el elevado macizo del Escambr&oacute;n, corr&iacute;a luego con numerosas bater&iacute;as y barbetas, protegiendo un trozo de carretera, hasta el ca&ntilde;o de San Antonio, donde terminaba en una cabeza de puente, con sus muros aspillerados y una bater&iacute;a, a ca&ntilde;onera, en cada lado; esta cabeza ten&iacute;a un puente levadizo. En esta l&iacute;nea y frente a San Jer&oacute;nimo, comenz&oacute; a levantarse durante la guerra el cuartel defensivo de San Ram&oacute;n.
</p>
<p>
El castillo de San Jer&oacute;nimo y esta cabeza de puente de San Antonio, fueron las defensas principales que el a&ntilde;o 1797 cerraron el paso al ej&eacute;rcito sitiador de Sir Ralph Abercombry, quien, desembarcando sus fuerzas por las playas de Cangrejos, situ&oacute; el cuartel general donde est&aacute; la iglesia de San Mateo y plant&oacute; sus bater&iacute;as de sitio, una en el Condado, en el mismo lugar que hoy ocupa la casa de Madame Luchetti, otra donde fluyen los manantiales propiedad de la viuda de Orbeta, una tercera en el Olimpo y la cuarta en la isleta de Miraflores, entre la avanzadilla y el cuerpo de guardia, hoy pabell&oacute;n que ocupa el doctor Pedro del Valle. Cuatro a&ntilde;os antes de la
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0074">
0074
</controlpgno>
<printpgno>
56
</printpgno>
</pageinfo>
guerra, cuando se derrib&oacute; la 
<hi rend="italics">
cabeza de puente
</hi>
 de San Antonio, se extrajeron del interior de sus muros cerca de un centenar de balas rasas y granadas reales que hab&iacute;an sido disparadas, un siglo antes, por los ca&ntilde;ones ingleses.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
Artillado de San Juan.&mdash;
</hi>
Al declararse la guerra, la plaza fuerte de San Juan, &uacute;nica en la isla, contaba con las siguientes piezas de artiller&iacute;a emplazadas en sus fortificaciones:
<list type="simple">
<item><p>Castillo del Morro
<hsep>1 bater&iacute;a con 3 ca&ntilde;ones de 15 cent&iacute;metros, Ord&oacute;&ntilde;ez.
</p></item>
<item><p>Idem
<hsep>1 &iacute;d. 2 &iacute;d. 15 &iacute;d. Idem.
<hsep></p></item>
<item><p>Idem
<hsep>1 &iacute;d. 2 obuses 24 &iacute;d. Idem.
</p></item>
<item><p>San Agust&iacute;n
<hsep>1 &iacute;d. 3 ca&ntilde;ones 15 &iacute;d. Sunchados.
</p></item>
<item><p>Santa Elena
<hsep>1 &iacute;d. 3 obuses 21 &iacute;d. Idem.
</p></item>
<item><p>San Fernando
<hsep>1 &iacute;d. 3 &iacute;d. 21 &iacute;d. Idem.
</p></item>
<item><p>Santa Catalina
<hsep>1 &iacute;d. 1 ca&ntilde;&oacute;n 15 &iacute;d. Ord&oacute;&ntilde;ez.
</p></item>
<item><p>Santa Antonio
<hsep>1 id. 4 &iacute;d. 15 &iacute;d. Idem.
</p></item>
<item><p>San Crist&oacute;bal
<hsep>1 &iacute;d. 2 &iacute;d. 15 &iacute;d. Idem.
</p></item>
<item><p>Idem.
<hsep>1 &iacute;d. 3 obuses 24 &iacute;d. Idem.
</p></item>
<item><p>San Carlos
<hsep>1 &iacute;d. 3 ca&ntilde;ones 15 &iacute;d. Idem.
</p></item>
<item><p>Santa Teresa
<hsep>1 &iacute;d. 3 &iacute;d. 15 &iacute;d. Idem.
</p></item>
<item><p>La Princesa
<hsep>1 &iacute;d. 4 &iacute;d. 15 &iacute;d. Idem.
</p></item>
<item><p>Idem
<hsep>(la misma) 2 obuses 24 &iacute;d. Idem.
</p></item>
<item><p>Escambr&oacute;n
<hsep>1 bater&iacute;a con 3 &iacute;d. 24 &iacute;d. Idem.
</p></item>
<item><p>San Jer&oacute;nimo
<hsep>1 &iacute;d. 2 ca&ntilde;ones 16 &iacute;d. de bronce, antiguos
</p></item>
</list>
</p>
<illus entity="i0074" map="no">
<caption>
<p>
Puerta de San Juan en el recinto Oeste
</p>
</caption>
</illus>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0075">
0075
</controlpgno>
<printpgno>
57
</printpgno>
</pageinfo>
<table entity="p0075">
<caption>
<p>
RESUMEN
</p>
</caption>
<tabletext>
<cell>
Obuses de 24 cent&iacute;metros, Ord&oacute;&ntilde;ez
<hsep>
10
</cell>
<cell>
Id. 21 &iacute;d. Sunchados
<hsep>
6
</cell>
<cell>
Ca&ntilde;ones 15 &iacute;d. Ord&oacute;&ntilde;ez
<hsep>
22
</cell>
<cell>
Id 15 &iacute;d. Sunchados
<hsep>
3
</cell>
<cell>
ld. 16 &iacute;d. bronce, de avancarga
<hsep>
2
</cell>
<cell>
Total
<hsep>
43
</cell>
</tabletext>
</table>
<p>
Cuando se salv&oacute; la carga del vapor 
<hi rend="italics">
Antonio L&oacute;pez,
</hi>
 fu&eacute; montado el siguiente material de guerra que conduc&iacute;a dicho buque: cinco ca&ntilde;ones de bronce, retrocarga, de 15 cent&iacute;metros, que se colocaron en el frente de tierra, en la bater&iacute;a de San Ram&oacute;n, barriendo con sus fuegos el ca&ntilde;o y puente de San Antonio, el Olimpo (hoy Miramar) y Miraflores; cuatro morteros rayados, de bronce, Mata, de 15 cent&iacute;metros, en una bater&iacute;a, a la derecha de la carretera, frente a la casilla n&uacute;mero 1 del pe&oacute;n caminero, y dos obuses rayados, de bronce, de igual calibre y sistema, que fueron a&ntilde;adidos a las piezas de San Crist&oacute;bal.
</p>
<p>
Adem&aacute;s se contaba con las siguientes piezas de campa&ntilde;a: cuatro ca&ntilde;ones, modelo Krupp, de nueve cent&iacute;metros, de bronce, con sus armones y carros de municiones, pero sin atalajes ni ganado de arrastre; ocho ca&ntilde;ones Whitworth, de cuatro cent&iacute;metros y medio, con pocas municiones y una bater&iacute;a de monta&ntilde;a con cuatro ca&ntilde;ones de ocho
<illus entity="i0075" map="no">
<caption>
<p>
Segunda y primera l&iacute;neas defensivas de San Juan, frente de tierra. En la primera puede verse el reducto del 
<hi rend="italics">
Abanico.
</hi>
</p>
</caption>
</illus>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0076">
0076
</controlpgno>
<printpgno>
58
</printpgno>
</pageinfo>
<illus entity="i0076" map="no">
<caption>
<p>
<hi rend="other">
PLANO OFICIAL ESPA&Ntilde;OL DE LA PLAZA DE SAN JUAN
</hi>
<lb>
(ARCHIVO DE INGENIEROS)
<list type="ordered">
<item><p>1.&mdash;Baluarte de San Justo, izquierda.
</p></item>
<item><p>2.&mdash;Baluarte de San Justo, derecha.
</p></item>
<item><p>3.&mdash;Baluarte de La Palma.
</p></item>
<item><p>4.&mdash;Semibaluarte de la Concepci&oacute;n.
</p></item>
<item><p>5.&mdash;Baluarte de Santa Catalina.
</p></item>
<item><p>6.&mdash;Baluarte de San Agustin.
</p></item>
<item><p>7.&mdash;Plataforma de Santa Elena.
</p></item>
<item><p>8.&mdash;Bater&iacute;a de San Fernando.
</p></item>
<item><p>9.&mdash;Castillo del Morro.
</p></item>
<item><p>10.&mdash;Baluarte de San Antonio.
</p></item>
<item><p>11.&mdash;Baluarte de Santa Rosa.
</p></item>
<item><p>12.&mdash;Baluarte de Santo Domingo.
</p></item>
<item><p>13.&mdash;Baluarte de Las &Aacute;nimas.
</p></item>
<item><p>14.&mdash;Baluarte de Santo Tom&aacute;s.
</p></item>
<item><p>15.&mdash;Baluarte de Canta Gallos.
</p></item>
<item><p>16.&mdash;Castillo de San Crist&oacute;bal.
</p></item>
<item><p>17.&mdash;Revell&iacute;n de San Carlos.
</p></item>
<item><p>18.&mdash;Bater&iacute;a de Santa Teresa.
</p></item>
<item><p>19.&mdash;Bater&iacute;a de La Princesa.
</p></item>
<item><p>20.&mdash;Fuerte del Abanico.
</p></item>
<item><p>21.&mdash;Contraguardia de la Trinidad.
</p></item>
<item><p>22.&mdash;Media Luna de Santiago.
</p></item>
<item><p>23.&mdash;Baluarte de Santiago.
</p></item>
<item><p>24.&mdash;Baluarte de San Pedro.
</p></item>
<item><p>25.&mdash;Bater&iacute;a de San Francisco de Paula (destru&iacute;da).
</p></item>
<item><p>26.&mdash;Fuerte de La Perla.
</p></item>
<item><p>27.&mdash;Bater&iacute;a de la Puntilla (destruida).
</p></item>
<item><p>28.&mdash;Antiguo fuerte del Ca&ntilde;uelo.
</p></item>
<item><p>29.&mdash; Bater&iacute;a del Escambr&oacute;n.
</p></item>
<item><p>30.&mdash; Bater&iacute;a de San Ram&oacute;n.
</p></item>
<item><p>31.&mdash;Fuerte de San Jer&oacute;nimo.
</p></item>
<item><p>32.&mdash;Fuerte de San Antonio (destruido).
</p></item>
<item><p>33.&mdash;Primeras l&iacute;neas de defensa.
</p></item>
<item><p>34.&mdash;L&iacute;nea de contraataque.
</p></item>
<item><p>35.&mdash;Cuerpo de Guardia de San Antonio.
</p></item>
<item><p>36.&mdash;Polvor&iacute;n de San Jer&oacute;nimo.
</p></item>
<item><p>37.&mdash;Segunda l&iacute;nea de defensa.
</p></item>
<item><p>39.&mdash;Trinchera de tercera l&iacute;nea.
</p></item>
<item><p>40.&mdash;Bater&iacute;a de Miraflores (destruida).
</p></item>
<item><p>41.&mdash;Polvor&iacute;n de Miraflores.
</p></item>
<item><p>42.&mdash;Cuerpo de Guardia de Miraflores.
</p></item>
<item><p>43.&mdash;Polvor&iacute;n de Santa Elena.
</p></item>
<item><p>44.&mdash;Polvor&iacute;n de San Sebasti&aacute;n.
</p></item>
<item><p>45.&mdash;Cuerpo de Guardia de San Sebasti&aacute;n.
</p></item>
<item><p>46.&mdash;Pabellones de Estado Mayor.
</p></item>
<item><p>47.&mdash;Pabellones de artiller&iacute;a.
</p></item>
<item><p>48.&mdash; Puerta de Santa Rosa.
</p></item>
<item><p>49.&mdash;Puerta de San Jos&eacute;.
</p></item>
<item><p>50.&mdash;Cuartel de Ballaj&aacute;.
</p></item>
<item><p>51.&mdash;Cuartel de San Francisco.
</p></item>
<item><p>52.&mdash;Cuartel de Santo Domingo.
</p></item>
<item><p>53.&mdash;Arsenal.
</p></item>
<item><p>54.&mdash;Gobierno Militar.
</p></item>
<item><p>55.&mdash;Oficinas de Estado Mayor.
</p></item>
<item><p>56.&mdash;Casa Blanca.
</p></item>
<item><p>58.&mdash;Hospital Militar.
</p></item>
<item><p>62.&mdash;Presidio.
</p></item>
</list>
</p>
</caption>
</illus>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0077">
0077
</controlpgno>
<printpgno>
59
</printpgno>
</pageinfo>
cent&iacute;metros, sistema Plasencia. Otra bater&iacute;a de cuatro ca&ntilde;ones, Krupp, de ocho cent&iacute;metros, tiro r&aacute;pido y que usaba p&oacute;lvora sin humo, lleg&oacute; de Cuba antes de declararse la guerra.
</p>
<p>
El total de piezas de artiller&iacute;a existentes en la plaza de San Juan era de 74.
</p>
<p>
Como dato para la Historia debemos consignar que los pe&ntilde;ascos que actualmente se encuentran entre San Jer&oacute;nimo y el Condado fueron lanzados all&iacute; por una tremenda explosi&oacute;n de m&aacute;s de 100 hornillos de minas, voladas en 1797 por los ingenieros militares de San Juan con el objeto de impedir la entrada por aquel sitio de las naves enemigas cuyo ataque se tem&iacute;a.
</p>
<illus entity="i0077" map="no">
<caption>
<p>
Castillo de San Crist&oacute;bal, frente Norte, visto desde el mar.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
Cuando el autor de esta cr&oacute;nica desempe&ntilde;aba las funciones de secretario de la oficina principal del cuerpo de artiller&iacute;a, pudo ver un inventario del a&ntilde;o 1842, donde constaba que entre ca&ntilde;ones, obuses y morteros, hab&iacute;a emplazadas, en San Juan, en aquella fecha, 724 bocas de fuego. Estas piezas, en su mayor&iacute;a, fundidas en Sevilla, de bronce obtenido con el fino cobre llevado de M&eacute;jico, eran bocas de fuego de dibujo caprichoso y elegante, con arabescos abiertos a cincel y sus asas figurando, casi siempre, dragones y otros animales mitol&oacute;gicos; cada una ten&iacute;a su nombre en la
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0078">
0078
</controlpgno>
<printpgno>
60
</printpgno>
</pageinfo>
<illus entity="i0078" map="no">
<caption>
<p>
Cuartel defensivo de San Ram&oacute;n, en la primera l&iacute;nea defensiva de la plaza de San Juan.
</p>
</caption>
</illus>
faja alta de la culata; se llamaban &ldquo;El Rayo&rdquo;, &ldquo;La V&iacute;bora&rdquo;, &ldquo;El Trueno&rdquo;, &ldquo;El Destructor&rdquo; y otros nombres semejantes. Muchas eran regalos de particulares, como constaba en las inscripciones, y alguna de ellas figuraba ser un presente de las monjas Carmelitas; los portorrique&ntilde;os Vizcarrondo y D&iacute;az, cada uno, regal&oacute; un ca&ntilde;&oacute;n de bronce.
</p>
<p>
Todas estas piezas estaban montadas sobre marcos y cure&ntilde;as constru&iacute;dos de caoba, cap&aacute;, roble y otras finas maderas del pa&iacute;s; en todas las bater&iacute;as y llenando el camino de ronda del pol&iacute;gono, hab&iacute;a pilas de balas rasas, de granadas y bombas que se conservaban pintadas de negro. En la bater&iacute;a baja del castillo del Morro hab&iacute;a seis hornillos para caldear balas rojas, y desde este mismo paraje part&iacute;a una gruesa cadena, cuyo otro extremo amarraba en el Ca&ntilde;uelo y serv&iacute;a para cerrar el puerto en casos excepcionales. Todo el glacis del Morro estaba minado, permanentemente, en toda su extensi&oacute;n con ramales principales, por los que pod&iacute;a caminar un hombre de pie y otros laterales que terminaban en los hornillos de mina, donde solamente se pod&iacute;a avanzar de rodillas. Una galer&iacute;a comunicaba estas minas con el castillo de San Crist&oacute;bal y desde &eacute;ste continuaba hasta el polvor&iacute;n de Puerta de Tierra. Gran parte de los subterr&aacute;neos quedaron cortados dos a&ntilde;os antes de la guerra, al hacer excavaciones para emplazar los ca&ntilde;ones Ord&oacute;&ntilde;ez. Era muy peligroso el transitar por tales caminos, no s&oacute;lo por su mucha humedad, sino tambi&eacute;n por los millares de 
<hi rend="italics">
guab&aacute;s
</hi>
<anchor id="n0078-01">
1
</anchor>
 que all&iacute; se guarec&iacute;an.
</p>
<note anchor.ids="n0078-01" place="bottom"><p><superscript>1</superscript> Ara&ntilde;as de horrible aspecto que causan picaduras venenosas.&mdash;
<hi rend="italics">N. del A.
</hi></p></note>
<p>
En el Morro, y ocupando toda su plaza de armas, hab&iacute;a un gran aljibe, capaz de suministrar agua a toda la guarnici&oacute;n del castillo por un a&ntilde;o; dentro de ese aljibe flotaba, hace mucho tiempo, una peque&ntilde;a lancha que serv&iacute;a para explorar el estado del dep&oacute;sito. San Crist&oacute;bal ten&iacute;a tambi&eacute;n otro aljibe, de enorme capacidad, que adem&aacute;s
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0079">
0079
</controlpgno>
<printpgno>
61
</printpgno>
</pageinfo>
<illus entity="i0079" map="no">
<caption>
<p>
Vista del cuartel de Ballaj&aacute; y polvor&iacute;n de Santa Elena.
</p>
</caption>
</illus>
era manantial, y muy cerca del Teatro, en el hueco de una muralla que despu&eacute;s se destruy&oacute;, hab&iacute;a otro pozo-aljibe.
</p>
<p>
En la isleta de Miraflores, donde hoy est&aacute; la estaci&oacute;n de cuarentena, y a unos cuantos pies del mar, surge de la arena una copiosa vena de agua, la m&aacute;s pura y fresca que puede apetecerse. Sobre ese manantial se construy&oacute; un dep&oacute;sito, que a&uacute;n existe, con su ca&ntilde;er&iacute;a hasta el peque&ntilde;o muelle de espig&oacute;n; durante todo el r&eacute;gimen espa&ntilde;ol los Capitanes generales hac&iacute;an uso de la fuente de Miraflores. Y aun cuando es extra&ntilde;o a los asuntos tratados en este libro, debemos anotar que todo el subsuelo de esa isleta est&aacute; formado de silicato de al&uacute;mina&mdash;
<hi rend="italics">
kaol&iacute;n
</hi>
&mdash;en gran estado de pureza, material usado en la fabricaci&oacute;n de la loza llamada 
<hi rend="italics">
media porcelana.
</hi>
</p>
<p>
En los polvorines de Santa Elena, San Sebasti&aacute;n, San Jer&oacute;nimo y Miraflores se guardaba toda la p&oacute;lvora y artificios. El Parque y Maestranza de artiller&iacute;a constru&iacute;an todos los juegos de armas y montajes, as&iacute; como los artificios de guerra, tales como cohetes de se&ntilde;ales, hachas de contraviento, estopines de carrizo, bengalas, camisas embreadas y botes de metralla. En octubre de 1898 y algunos d&iacute;as antes de la entrega de la plaza, se arrojaron al mar, fuera de la boca del Morro, muchas toneladas de p&oacute;lvora y gran cantidad de piedras de chispa de las usadas en los antiguos fusiles. Tambi&eacute;n exist&iacute;a un taller para recargar cartuchos de fusil.
</p>
<p>
En el a&ntilde;o 1895 se constituy&oacute; una Junta mixta de defensa, presidida por el Gobernador de la plaza e integrada por los jefes principales de ingenieros, artiller&iacute;a,
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0080">
0080
</controlpgno>
<printpgno>
62
</printpgno>
</pageinfo>
estado mayor y Marina; se escribieron monta&ntilde;as de papel; se iniciaron diversos planes de defensa para la plaza y todo qued&oacute; en suspenso.
</p>
<p>
Hoy (no creo violar ning&uacute;n secreto), San Juan est&aacute; indefenso contra un ataque del exterior, fi&aacute;ndolo todo, en caso de guerra, a la acci&oacute;n de la escuadra. No es ajeno
<illus entity="i0080" map="no">
<caption>
<p>
Ca&ntilde;&oacute;n de bronce de uno de los fuertes de San Juan.
</p>
</caption>
</illus>
a este libro si traigo a &eacute;l algo que a&ntilde;ada un grano de arena a la labor de los ingenieros y artilleros de los Estados Unidos que, en su d&iacute;a, han de estudiar el plan de defensa de San Juan. Desde luego, que los castillos y toda la fortificaci&oacute;n actual s&oacute;lo debe conservarse como reliquia hist&oacute;rica, de gran valor y sobre la que nadie debe poner mano. El emplazamiento de las bater&iacute;as para morteros y obuses rayados, de gran calibre, est&aacute; en un cerro situado al Sur de la bah&iacute;a y camino de Bayam&oacute;n. Desde all&iacute; arriba y con fuegos fijantes, se puede batir a mansalva las cubiertas de los buques de guerra que se aproximen a 10 millas, desde Punta Salinas hasta m&aacute;s all&aacute; de las Bocas de los Cangrejos. Esta loma, cubierta de monte y enmara&ntilde;ados zarzales, dificultar&iacute;a toda observaci&oacute;n del enemigo, que pudiera auxiliarle en sus fuegos. Sobre las mismas lomas, y a media ladera, en cota de 20 metros a lo sumo, para reducir
<illus entity="i0080" map="no">
<caption>
<p>
Bater&iacute;a de la plaza de Armas, castillo de San Crist&oacute;bal, donde hubo emplazados dos obuses de 24 cent&iacute;metros.
</p>
</caption>
</illus>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0081">
0081
</controlpgno>
<printpgno>
63
</printpgno>
</pageinfo>
el espacio muerto, grandes ca&ntilde;ones batir&iacute;an los blindajes de la escuadra enemiga.
</p>
<p>
Soy entusiasta partidario de las bater&iacute;as abiertas, detestando las c&uacute;pulas y reductos acorazados donde el artillero se asfixia y termina por no ver el blanco. Fuertes traveses, fosos para sirvientes, y repuestos y hospitales subterr&aacute;neos, son el complemento de tales obras. Alguna bater&iacute;a en Punta Salinas, otras en el Escambr&oacute;n y Seboruco de Cangrejos servir&iacute;an para alejar el bombardeo, evitar un desembarco, batir las dos l&iacute;neas f&eacute;rreas de Carolina y Bayam&oacute;n y defender las obras del Acueducto en R&iacute;o Piedras.
</p>
<p>
Puerto Rico, donde seg&uacute;n las corrientes actuales, jam&aacute;s se arriar&aacute; la bandera americana, 
<hi rend="italics">
si alguna escuadra no lo hace a ca&ntilde;onazos,
</hi>
 no puede fiar su defensa al solo poder de la formidable armada de los Estados Unidos. Un enemigo osado, que destaque media docena de cruceros ligeros, nos puede poner en grave aprieto si los acorazados nacionales est&aacute;n ocupados en las costas del 
<hi rend="italics">
mainland.
</hi>
 No se olvide que las ense&ntilde;anzas de las &uacute;ltimas guerras, a partir de los bombardeos de San Juan y Santiago de Cuba, demuestran que una escuadra, por formidable que sea, 
<hi rend="italics">
nada puede contra una plaza bien artillada.
</hi>
</p>
<p>
El Almirante alem&aacute;n Von Scheer, que prev&eacute; una guerra entre los Estados Unidos y el Jap&oacute;n, dice: &ldquo;Los Estados Unidos le dan m&aacute;s valor a sus barcos de guerra del que en realidad tienen, y esta exageraci&oacute;n en la superioridad de su escuadra puede comprometer alg&uacute;n d&iacute;a su honor en la defensa de sus islas, si tuviera que ir a la guerra para salvarlas.&rdquo;
</p>
<p>
Detr&aacute;s, y al Sur de Puerto Rico, est&aacute; el Canal de Panam&aacute;, que es el &uacute;nico punto vulnerable que pudieran tener los Estados Unidos en una guerra con el Jap&oacute;n. Los millones que se gastasen en fortificar el puerto de San Juan al Norte, y el de Gu&aacute;nica al Sur, podr&iacute;an considerarse como premio de un aseguro de guerra.
</p>
<p>
Y quiera Dios, como as&iacute; lo pido, que la paz perdure entre todas las naciones y los Estados Unidos, aunque no debe olvidarse el aforismo latino, 
<hi rend="italics">
si vis pacem, para bellum.
</hi>
</p>
<illus entity="i0081" map="no">
</illus>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0082">
0082
</controlpgno>
<printpgno>
64
</printpgno>
</pageinfo>
<illus entity="i0082" map="no">
<caption>
<p>
Castillo del Morro, visto desde el mar, mostrando algunos de los desperfectos sufridos en el bombardeo.
</p>
</caption>
</illus>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0083">
0083
</controlpgno>
<printpgno>
</printpgno>
</pageinfo>
<illus entity="i0083" map="no">
<caption>
<p>
La boca del Morro.
</p>
</caption>
</illus>
</div>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0084z">
0084
</controlpgno>
<printpgno>
</printpgno>
<blankpage>
</pageinfo>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0085">
0085
</controlpgno>
<printpgno>
</printpgno>
</pageinfo>
<div>
<head>
CAPITULO VIII
<lb>
COMIENZA LA GUERRA EN PUERTO RICO
<lb>
BO BARDEO DE LA PLAZA Y CIUDAD DE SAN JUAN.-INFORMES OFICIALES.
<lb>
COMENTARIOS
</head>
<illus entity="i0085" map="no">
<caption>
<p>
Boca del Morro.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
<hi rend="other">
DESDE
</hi>
 que en 29 de abril de 1898 saliera de Cabo Verde la escuadra de Cervera, sufri&oacute; el puerto de San Juan las molestias de un bloqueo, aunque con frecuentes intermitencias. Vapores de gran marcha y tonelaje, algunos provistos de tres chimeneas, rondaban el litoral reconociendo puertos y ensenadas. Eran estos buques el 
<hi rend="italics">
Yale,
</hi>
 capit&aacute;n N. C. Wise; el 
<hi rend="italics">
Saint Louis,
</hi>
 capit&aacute;n C. F. Goodrich, y el 
<hi rend="italics">
Saint Paul,
</hi>
 capit&aacute;n C. D. Sigsbee, comandante del crucero 
<hi rend="italics">
Maine
</hi>
 cuando ocurri&oacute; el desastre de este buque en el puerto de la Habana. Eran estos buques cruceros auxiliares, empleados como 
<hi rend="italics">
escuchas,
</hi>
 y armados con numerosa artiller&iacute;a de tiro r&aacute;pido. El pueblo, que los observaba con recelo, los bautiz&oacute; con los nombres de 
<hi rend="italics">
tres chimeneas
</hi>
 y 
<hi rend="italics">
fantasmas.
</hi>
</p>
<p>
Como alguno de estos auxiliares se aproximara a la costa, a veces dentro del alcance de los ca&ntilde;ones de San Juan, aunque sin enarbolar bandera alguna, el general Mac&iacute;as dispuso que, previa su autorizaci&oacute;n, fueran ca&ntilde;oneados en primera oportunidad.
</p>
<p>
<hi rend="other">
EL PRIMER DISPARO
</hi>
</p>
<p>
El d&iacute;a 10 de mayo de 1898, a las once de la ma&ntilde;ana, observ&eacute; desde mi castillo que uno de ellos, el 
<hi rend="italics">
Yale,
</hi>
 seg&uacute;n supe despu&eacute;s, aguantado sobre sus m&aacute;quinas y con proa al Oeste, se iba dejando caer sobre la costa; med&iacute; la distancia, que result&oacute;
<lb>
5
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0086">
0086
</controlpgno>
<printpgno>
66
</printpgno>
</pageinfo>
ser de 6.500 metros, y seguidamente avis&eacute; al general Mac&iacute;as, pidiendo su venia para comenzar el ataque. Dispuse, entretanto, que las piezas a mi mando fuesen cargadas y apuntadas cuidadosamente contra el buque enemigo, y tambi&eacute;n solicit&eacute; la cooperaci&oacute;&ntilde; de las otras bater&iacute;as cercanas.
</p>
<illus entity="i0086" map="no">
<caption>
<p>
Crucero auxiliar 
<hi rend="italics">
Yale
</hi>
 (tres chimencas).
</p>
</caption>
</illus>
<p>
Como el 
<hi rend="italics">
Yale
</hi>
 no mostraba sus colores, el general Mac&iacute;as y su jefe de Estado Mayor, coronel Cam&oacute;, vacilaron mucho tiempo, temiendo hab&eacute;rs&egrave;las con un buque ingl&eacute;s, en cuyo caso pod&iacute;a surgir un nuevo conflicto internacional. Entre dimes y diretes transcurri&oacute; m&aacute;s de una hora, y cuando sonaban las doce en el reloj de la plaza, recib&iacute; la orden para hacer fuego. Era tarde; el 
<hi rend="italics">
Yale,
</hi>
 que hab&iacute;a apercibido c&oacute;mo se elevaban las bocas de los ca&ntilde;ones, se hab&iacute;a alejado, lentamente, con rumbo al Noroeste; estaba ahora a 9.000 metros.
</p>
<p>
&mdash;Est&aacute; fuera de tiro&mdash;avis&eacute; por tel&eacute;fono.
</p>
<p>
&mdash;No importa&mdash;fu&eacute; la respuesta&mdash;. H&aacute;gale un disparo para que nos ense&ntilde;e su bandera.
</p>
<p>
Y entonces, poniendo un estop&iacute;n de fricci&oacute;n al ca&ntilde;&oacute;n de la izquierda, bater&iacute;a de los Caballeros de San Crist&oacute;bal, y, apuntado al m&aacute;ximo alcance, d&iacute; fuego. Esto ocurri&oacute; a las doce y diez minutos del d&iacute;a 10 de mayo de 1898. El proyectil cay&oacute; muy corto, y rebotando, choc&oacute; nuevamente en el mar como 200 metros m&aacute;s all&aacute;. El 
<hi rend="italics">
Yale
</hi>
 forz&oacute; su marcha y se situ&oacute; en el horizonte, aunque sin abandonar la vigilancia del puerto. Este fu&eacute; el primer tiro disparado durante la guerra hispanoamericana en Puerto Rico; el ca&ntilde;&oacute;n usado fu&eacute; uno de 15 cent&iacute;metros, entubado, a cargar por la rec&aacute;mara y sistema Ord&oacute;&ntilde;ez.
</p>
<p>
Al o&iacute;rse el estampido hubo alguna alarma en la ciudad; pronto vi llenarse a San Crist&oacute;bal de jefes y oficiales ansiosos de saber lo ocurrido, y de muchos amigos m&iacute;os, que me felicitaban efusivamente por haber tenido yo el honor de disparar el primer ca&ntilde;onazo.
</p>
<p>
Desde el &uacute;ltimo d&iacute;a del mes de abril del a&ntilde;o 1797, la plaza de San Juan no hab&iacute;a disparado un solo tiro de guerra: ciento y un a&ntilde;os de paz.
</p>
<p>
El 
<hi rend="italics">
Yale
</hi>
 da cuenta de aquel ca&ntilde;onazo en la forma siguiente:
</p>
<p>
&ldquo;...El d&iacute;a 9, y mientras observaba el puerto de San Juan, un transporte armado sali&oacute; y me ech&oacute; de all&iacute;. Si mi buque hubiese estado armado con uno o dos ca&ntilde;ones de tiro r&aacute;pido, de cinco pulgadas, yo hubiera capturado dicho buque 
<anchor id="n0086-01">
1
</anchor>
.
</p>
<note anchor.ids="n0086-01" place="bottom"><p><superscript>1</superscript> Este transporte era el 
<hi rend="italics">Alfonso XIII,
</hi> trasatl&aacute;ntico espa&ntilde;ol, armado en guerra, con ca&ntilde;ones de 12 cent&iacute;metros (cinco pulgadas), y que se hizo a la mar con objeto de proteger la arribada del vapor 
<hi rend="italics">Paulina,
</hi> que ven&iacute;a de Saint Thomas.
</p><p>Por rara coincidencia, escribi&oacute; su comandante, refiri&eacute;ndose al 
<hi rend="italics">Yale:
</hi> &ldquo;Si mi buque hubiera montado mejor artiller&iacute;a, yo hubiese hundido o apresado al crucero auxiliar que bloquea el puerto.&rdquo;&mdash;
<hi rend="italics">N. del A.
</hi></p></note>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0087">
0087
</controlpgno>
<printpgno>
67
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
El 10 de mayo, y tambi&eacute;n mientras observaba el mismo puerto, me dispararon dos ca&ntilde;onazos, pero los proyectiles cayeron cortos
<anchor id="n0087-01">
1
</anchor>
.&mdash;
<hi rend="smallcaps">
N. C. Wise,
</hi>
 
<hi rend="italics">
capit&aacute;n.
</hi>
&rdquo;
</p>
<note anchor.ids="n0087-01" place="bottom"><p><superscript>1</superscript> El capit&aacute;n Wise cont&oacute; dos disparos a causa del rebote del proyectil.&mdash;
<hi rend="italics">N. del A.
</hi></p></note>
<p>
Dos d&iacute;as despu&eacute;s, cuando la escuadra del almirante Sampson bombarde&oacute; la ciudad y sus defensas, muchos fugitivos que corr&iacute;an hacia R&iacute;o Piedras, Carolina y Bayam&oacute;n me acusaron p&uacute;blicamente de ser yo el causante del bombardeo; fundaban sus afirmaciones en que si yo no hubiese disparado contra el 
<hi rend="italics">
Yale,
</hi>
 la escuadra americana nunca hubiera roto las hostilidades.
</p>
<p>
&Eacute;ste es un cargo pueril; pero como alg&uacute;n peri&oacute;dico lo recogi&oacute; en sus columnas y hasta alg&uacute;n historiador en su libro, es mi deber destru&iacute;rlo. 
<hi rend="italics">
El dia 4 de dicho mes de mayo habia salido de Cayo Hueso la escuadra de Sampson con rumbo a Puerto Rico y con la intenci&oacute;n resuelta de atacar la plaza,
</hi>
 como se comprueba con los documentos siguientes:
</p>
<p>
W&aacute;shington, abril 29, 1898.
</p>
<p>
Se&ntilde;or: Se informa a usted que tenemos telegramas de San Vicente, islas de Cabo Verde, avisando que los cruceros protegidos 
<hi rend="italics">
Infanta Mar&iacute;a Teresa, Crist&oacute;bal Col&oacute;n, Oquendo
</hi>
 y 
<hi rend="italics">
Vizcaya,
</hi>
 y tambi&eacute;n tres destroyers, 
<hi rend="italics">
Plut&oacute;n, Terror
</hi>
 y 
<hi rend="italics">
Furor,
</hi>
 salieron, se dice, para Cuba esta ma&ntilde;ana; que al mismo tiempo los transportes 
<hi rend="italics">
Ciudad de C&aacute;diz
</hi>
 y 
<hi rend="italics">
San Francisco,
</hi>
 y los tres torpederos 
<hi rend="italics">
Rayo, Ariete
</hi>
 y 
<hi rend="italics">
Azor,
</hi>
 zarparon para las Islas Canarias. Los transportes y torpederos regresaron a puerto, poco despu&eacute;s, a causa de una colisi&oacute;n entre el 
<hi rend="italics">
Ariete
</hi>
 y el 
<hi rend="italics">
Rayo.
</hi>
 Tambi&eacute;n hay noticias de que el 
<hi rend="italics">
Pelayo
</hi>
 est&aacute; en C&aacute;diz; pero esto no ha sido confirmado por telegrama aut&eacute;ntico, aunque creemos que es verdad. Este Departamento no tiene otra informaci&oacute;n ver&iacute;dica sino de que la escuadra sali&oacute; para el Atl&aacute;ntico.
</p>
<p>
Para obtener informaci&oacute;n sobre la escuadra espa&ntilde;ola, arriba mencionada, y en caso de que ella pueda ir a las Antillas, el Departamento ha enviado dos vapores de la 
<hi rend="italics">
American Line,
</hi>
 el 
<hi rend="italics">
Saint Louis
</hi>
 y el 
<hi rend="italics">
Harvard,
</hi>
 para que crucen hacia el Este de Guadalupe y Martinica.
</p>
<illus entity="i0087" map="no">
<caption>
<p>
Cornet&iacute;a con el cual se di&oacute; el primer toque de 
<hi rend="italics">
generala
</hi>
 el 12 de mayo, siendo conservado por D. R. Colorado.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
Tambi&eacute;n est&aacute; en estudio el enviar un tercer vapor que cruce alrededor de la isla de Puerto Rico con el mismo objeto; dichos tres buques telegrafiar&aacute;n a este Departamento y a usted, tan pronto como obtengan informaci&oacute;n segura. Aunque los telegramas mencionados anuncian que la escuadra espa&ntilde;ola se dirige a Cuba, es muy dudoso si seguir&aacute; inmediatamente ese rumbo;
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0088">
0088
</controlpgno>
<printpgno>
68
</printpgno>
</pageinfo>
aunque pudiera suceder que marchase al puerto de San Juan, Puerto Rico, o hacia alg&uacute;n otro puerto de esta isla, o de la parte oriental de Cuba. Creemos que si ella toma refugio en alg&uacute;n puerto de los mencionados, tal movimiento ser&iacute;a favorable a las operaciones de usted... Por supuesto, el Departamento no necesita recordarle la importancia de encerrar al enemigo en San Juan, Puerto Rico, en el caso de que vaya all&iacute; por carb&oacute;n o por otros abastecimientos. Hace alg&uacute;n tiempo corri&oacute; el rumor de que las autoridades espa&ntilde;olas estaban preparando uno o varios cascos de buques viejos, cargados con piedras, con el prop&oacute;sito de obstru&iacute;r la entrada del puerto. Si eso se ha realizado, no lo sabemos positivamente.&mdash;Muy respetuosamente (
<hi rend="italics">
firmado
</hi>
) 
<hi rend="smallcaps">
John D. Long,
</hi>
 
<hi rend="italics">
secretario.
</hi>
</p>
<p>
Al contraalmirante W. T. Sampson.
</p>
<p>
Comandante de la fuerza naval de E. U. Estaci&oacute;n del Norte Atl&aacute;ntico.
</p>
<p>
W&aacute;shington, mayo, 1, 1898.
</p>
<p>
Departamento de Marina.
</p>
<p>
Se&ntilde;or: El Departamento piensa emplear a usted para saber si la escuadra espa&ntilde;ola que sali&oacute; de las islas de Cabo Verde en la ma&ntilde;ana del 29 de abril intenta correrse hacia las Antillas, y si as&iacute; fuese, a qu&eacute; localidad.
</p>
<p>
Con este prop&oacute;sito usted marchar&aacute; con el 
<hi rend="italics">
Yale
</hi>
 a la isla de Puerto Rico y cruzar&aacute; alrededor de esa isla a distancia conveniente de la costa hasta la tarde del 13 de mayo. Si lo cree prudente se aproximar&aacute; para observar el puerto de San Juan, y tambi&eacute;n otros puertos, para averiguar si dicha flota espa&ntilde;ola o alguna parte considerable de sus buques est&aacute; dentro de ellos.
</p>
<p>
Si encontrase que la flota espa&ntilde;ola se est&aacute; aproximando o que ha entrado en alg&uacute;n puerto de Puerto Rico, telegrafiar&aacute;, si lo cree oportuno, al Departamento y tambi&eacute;n a Cayo Hueso; despu&eacute;s seguir&aacute; con su buque para informar personalmente al jefe de la estaci&oacute;n del Norte Atl&aacute;ntico.....
</p>
<p>
Hay un par de buques-
<hi rend="italics">
escuchas
</hi>
 cruzando entre latitud 14 y 17, dentro de una l&iacute;nea 100 millas hacia el Este de Martinica y Guadalupe. Estos buques son el 
<hi rend="italics">
Saint Louis
</hi>
 y el 
<hi rend="italics">
Harvard
</hi>
.....
</p>
<p>
En caso de captura, usted, sin excusa, destruir&aacute; o arrojar&aacute; al mar estas instrucciones y tambi&eacute;n todas las que tengan car&aacute;cter confidencial. Muy respetuosamente (
<hi rend="italics">
firmado
</hi>
) 
<hi rend="smallcaps">
John D. Long,
</hi>
 
<hi rend="italics">
secretario.
</hi>
</p>
<p>
Al comandante del U. S. S. 
<hi rend="italics">
Yale.
</hi>
</p>
<p>
W&aacute;shington, mayo 5, 1898.
</p>
<p>
Sampson (al cuidado del c&oacute;nsul de los Estados Unidos).
</p>
<p>
Cabo Haitien, Hait&iacute;.
</p>
<p>
No arriesgue ni exponga a serias aver&iacute;as sus buques contra fortificaciones, si eso pudiera impedirles seguir muy pronto hacia el Este, y atacar con buen &eacute;xito a la escuadra espa&ntilde;ola..... (
<hi rend="italics">
Firmado
</hi>
) 
<hi rend="smallcaps">
Long.
</hi>
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0089">
0089
</controlpgno>
<printpgno>
69
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
Cabo Haitien, mayo 8, 1898.
</p>
<p>
Secretario de Marina, W&aacute;shington, D. C.
</p>
<p>
No he recibido informaci&oacute;n de los cruceros espa&ntilde;oles. Ruego que a la llegada de los tres vapores de la 
<hi rend="italics">
American Line,
</hi>
 me env&iacute;en noticias por tel&eacute;grafo desde St. Thomas. Si me faltase el servicio de esos buques tendr&iacute;a que retroceder al Oeste inmediatamente.
</p>
<p>
Esperar&eacute; respuesta a esta petici&oacute;n en cabo Haitien. Si obtuviese autorizaci&oacute;n proceder&iacute;a contra San Juan
<anchor id="n0089-01">
1
</anchor>
, probablemente destruyendo sus fortificaciones, y estableciendo una base temporal en la isla de Culebra, al Este de Puerto Rico, toda vez que la entrada del puerto de San Juan est&aacute; obstru&iacute;da..... (
<hi rend="italics">
Firmado
</hi>
) 
<hi rend="smallcaps">
Sampson.
</hi>
</p>
<note anchor.ids="n0089-01" place="bottom"><p><superscript>1</superscript> Sampson hab&iacute;a salido con su escuadra de Cayo Hueso el 4 de mayo, llegando el 8 a Cabo Haitien. V&eacute;ase el croquis que contiene el derrotero de esta escuadra.&mdash;
<hi rend="italics">N. del A.
</hi></p></note>
<p>
Todo lo transcrito, de documentos oficiales, comprueba que no fu&eacute; el autor de esta Cr&oacute;nica en modo alguno responsable de la desagradable sorpresa que proporcionara el almirante Sampson a los habitantes de San Juan en la madrugada del 12 de mayo de 1898.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
El 12 de mayo de 1898.&mdash;
</hi>
Hacia el 8 de mayo los comandantes de bater&iacute;as recibimos cierta orden reservada para tomar toda clase de precauciones antes de romper el fuego sobre buques de guerra que pudieran avistarse, toda vez que la escuadra espa&ntilde;ola, muy reforzada, aparecer&iacute;a frente al Morro de un d&iacute;a a otro. Aun cuando la orden fu&eacute; reservada, nadie guard&oacute; el secreto, y grande fu&eacute; el entusiasmo en cuarteles, palacios, caf&eacute;s y tertulias de boticas.
</p>
<p>
Pocos minutos despu&eacute;s de las cinco de la ma&ntilde;ana del d&iacute;a 12 de mayo, formidables estampidos de ca&ntilde;&oacute;n me hicieron saltar del catre de tijera en que dormitaba, vestido de uniforme y sin abandonar las armas. A toda carrera escal&eacute; la bater&iacute;a de los Caballeros. All&iacute; encontr&eacute; buena parte de mis hombres mostrando gran sorpresa; a los restantes los saqu&eacute; del dormitorio en poco tiempo. Como todos los ca&ntilde;ones y obuses estaban cargados desde el d&iacute;a 10, f&aacute;cil fu&eacute; romper el fuego, 
<hi rend="italics">
siete minutos despu&eacute;s del primer disparo del enemigo.
</hi>
</p>
<p>
Una lluvia de proyectiles, trepidando como m&aacute;quinas de ferrocarril, pasaba sobre nuestras cabezas; era una verdadera tempestad de hierro; all&aacute; en el mar, donde comenzaba a clarear el d&iacute;a, pod&iacute;an distinguirse las siluetas de los buques enemigos alumbrados de tiempo en tiempo por las llamaradas de sus ca&ntilde;ones.
</p>
<p>
Calcul&eacute; la distancia, a simple vista, en 4.000 metros y d&iacute; la voz de hacer fuego a esa distancia con granada ordinaria. Fall&oacute; el primer estop&iacute;n, por inexperiencia o nervosidad del artillero; entonces comenc&eacute; a disparar ca&ntilde;&oacute;n tras ca&ntilde;&oacute;n, apuntando cuidadosamente. Esto dur&oacute; hasta las ocho de la ma&ntilde;ana; tres horas de combate contra una escuadra poderosa; tres horas que me parecieron tres siglos.
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0090">
0090
</controlpgno>
<printpgno>
70
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
Mis artilleros, unos 200 hombres, se portaron con gran valor y serenidad, sirviendo las piezas con tanta precisi&oacute;n como si se tratase de un ejercicio de escuela pr&aacute;ctica. Despu&eacute;s supe que en casi todas las dem&aacute;s bater&iacute;as ocurri&oacute; lo mismo.
</p>
<p>
Ten&iacute;a bajo mi mando cuatro bater&iacute;as, dos dentro del castillo y dos fuera, con el suficiente n&uacute;mero de oficiales y sargentos. Recuerdo, entre los primeros, al teniente Andr&eacute;s Valdivia, cubano, quien demostr&oacute; entonces tener gran coraz&oacute;n y un dominio absoluto de sus nervios; otro teniente, llamado Enrique Botella, el cual no ten&iacute;a puesto en las bater&iacute;as, me ofreci&oacute; sus servicios, y d&aacute;ndole los gemelos de campa&ntilde;a (regalo del ilustre abogado Antonio &Aacute;lvarez Nava), le hice subir al parapeto m&aacute;s elevado, y desde all&iacute;, cada vez que mis ca&ntilde;ones lanzaban un proyectil, avisaba: &iexcl;corto!..., &iexcl;largo!..., &iexcl;bueno!...
</p>
<illus entity="i0090" map="no">
<caption>
<p>
Ca&ntilde;&oacute;n con el cual hizo el autor de este libro el primer disparo de la guerra, en Puerto Rico.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
<hi rend="bold">
La primera sangre.&mdash;
</hi>
Cuando ya hab&iacute;amos disparado ocho o diez ca&ntilde;onazos y a jefes y oficiales se nos hab&iacute;a quitado cierta molestia que en estos casos se suele sentir en la garganta, vi correr la primera sangre. Se apuntaba un ob&uacute;s de 24 cent&iacute;metros, servido por seis hombres, tres a la derecha y tres a la izquierda; detr&aacute;s, el teniente Valdivia. Un artillero, subido en el estribo, forcejeaba para cerrar el tornillo de culata, cuando una granada enemiga de seis pulgadas entr&oacute; a ras de la cresta del parapeto, roz&oacute; toda la pieza de boca a culata, cepillando un surco en el metal, arrancando el 
<hi rend="italics">
block
</hi>
 de cierre; &eacute;ste y el proyectil fueron a dar fuera, contra el muro del fondo. El artillero abri&oacute; los brazos y cay&oacute; al suelo con el cr&aacute;neo destrozado; el proyectil, al chocar contra el muro, estall&oacute; y algunos cascos hirieron a los otros cinco hombres. Mi ob&uacute;s y toda su dotaci&oacute;n, excepto el oficial, quedaron fuera de combate.
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0091">
0091
</controlpgno>
<printpgno>
71
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
Moribundo y heridos fueron retirados al hospital de sangre, donde el primero falleci&oacute; despu&eacute;s de recibir los auxilios del capell&aacute;n. Aquel pobre muchacho se llamaba Jos&eacute; Aguilar Sierra. Los heridos mostraron tan buena disposici&oacute;n, que a las diez de la ma&ntilde;ana, cuando el corneta de guardia hab&iacute;a tocado rancho, los encontr&eacute; acomodados en un corredor de la planta baja, con pies y cabezas cubiertos de vendajes, pero cada uno con su plato de rancho en una mano y el pan y la cuchara en la otra.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
Amanec&iacute;a.&mdash;
</hi>
En esto amaneci&oacute; un hermoso d&iacute;a tropical del mes de mayo. &iexcl;Qu&eacute; hermoso amanecer para un soldado el amanecer del 12 de mayo de 1898! San Crist&oacute;bal y el Morro aparec&iacute;an coronados por nubes de humo rojizo, producidas por la p&oacute;lvora quemada de sus ca&ntilde;ones. Cada vez que mis bater&iacute;as lanzaban una descarga, temblaban en sus cimientos las casas de San Juan; muchas vidrieras saltaron en pedazos.
</p>
<illus entity="i0091" map="no">
<caption>
<p>
Ob&uacute;s de hierro de 24 cent&iacute;metros.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
A lo lejos, San Antonio, Santa Elena, San Fernando, San Agust&iacute;n, Santa Teresa y la Princesa se bat&iacute;an con denuedo, aunque demostrando todos los artilleros, incluso los m&iacute;os, falta de experiencia por no haber tenido nunca pr&aacute;cticas de tiro.
</p>
<p>
Enfrente, la escuadra americana maniobraba marchando con lentitud, sin dejar de hacer fuego. Cada buque navegaba paralelamente a la costa, con una velocidad aproximada de cinco millas; hac&iacute;a fuego por andanadas con sus bater&iacute;as de estribor; cuando rebasaba San Crist&oacute;bal, viraba hacia el Norte, primero, y al Oeste, despu&eacute;s, continuando el ca&ntilde;oneo con sus piezas de babor hasta llegar frente a la isla de Cabras, donde nuevamente pon&iacute;a proa al Sur y luego al Este, repitiendo su primer circuito.
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0092">
0092
</controlpgno>
<printpgno>
72
</printpgno>
</pageinfo>
Desde las bater&iacute;as ve&iacute;amos dos l&iacute;neas de buques: una marchando hacia el Este y otra hacia el Oeste, formando entre las dos una amplia elipse, cuyo eje mayor era la distancia entre la isla de Cabras y San Crist&oacute;bal, y el menor, unas dos millas.
</p>
<p>
Aquella escuadra era, por entonces, la m&aacute;s potente y moderna que bombardeara una plaza fuerte. El 
<hi rend="italics">
Indiana,
</hi>
 con sus piezas de 13 pulgadas (las de mayor calibre conocidas hasta aquel d&iacute;a), disparaba granadas de 1.500 libras de peso, algunas de las cuales fueron a caer m&aacute;s all&aacute; de la bah&iacute;a, en &ldquo;San Patricio&rdquo;, finca de Cerecedo. El 
<hi rend="italics">
Iowa,
</hi>
 el 
<hi rend="italics">
New York,
</hi>
 con sus esbeltas chimeneas, y el 
<hi rend="italics">
Amphitrite,
</hi>
 maniobraban disparando con exactitud matem&aacute;tica. El 
<hi rend="italics">
Terror,
</hi>
 el 
<hi rend="italics">
Montgomery
</hi>
 y el 
<hi rend="italics">
Detroit
</hi>
 hac&iacute;an igual trabajo; este &uacute;ltimo buque, aguantando sobre la boca del puerto, al oeste de la Isla de Cabras, recib&iacute;a el fuego de todas las bater&iacute;as del Oeste, replicando sin cesar. El 
<hi rend="italics">
Terror,
</hi>
 frente a la misma boca del Morro y un poco m&aacute;s lejos, hac&iacute;a fuego hacia el interior del puerto. El 
<hi rend="italics">
Amphitrite,
</hi>
 al llegar a la altura de San Crist&oacute;bal, par&oacute; sus m&aacute;quinas y permaneci&oacute; all&iacute; por algo m&aacute;s de un cuarto de hora sin dejar de hacer fuego.
</p>
<illus entity="i0092" map="no">
<caption>
<p>
Proyectil de 13 pulgadas, disparado por el 
<hi rend="italics">
Indiana,
</hi>
 y que cay&oacute; en la finca &ldquo;San Patricio&rdquo;, al otro lado de la bah&iacute;a.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
Tal actitud de desaf&iacute;o, as&iacute; la juzgu&eacute;, me irrit&oacute;; por eso d&iacute; &oacute;rdenes para que las piezas de los Caballeros lo atacasen. Con mis propias manos le dispar&eacute; m&aacute;s de veinte granadas; realmente &eacute;ramos muy malos apuntadores, porque el buque enemigo, cuando le vino en ganas, sigui&oacute; su marcha sin aver&iacute;as aparentes. Por alg&uacute;n tiempo, durante este duelo singular, cre&iacute;mos que aquel 
<hi rend="italics">
monitor
</hi>
 estaba hecho un 
<hi rend="italics">
pont&oacute;n
</hi>
 sin gobierno y a merced de las bater&iacute;as.
</p>
<p>
En esta forma continuaba el combate: ordenadamente por los de la escuadra; con valor y entusiasmo, superiores a sus medios, por los defensores de la plaza.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
El general Ortega.&mdash;
</hi>
Poco antes de las seis de la ma&ntilde;ana el corneta de guardia anunci&oacute; la llegada del general Ricardo Ortega, gobernador militar de la plaza. Rendidos los honores de ordenanza y despu&eacute;s de mandar 
<hi rend="italics">
alto el fuego,
</hi>
 le comuniqu&eacute; el parte, sin otras novedades que un muerto, cinco heridos y un ob&uacute;s inutilizado.
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0093">
0093
</controlpgno>
<printpgno>
73
</printpgno>
</pageinfo>
El general, que vest&iacute;a correctamente su uniforme de campa&ntilde;a, mir&oacute; a la mar primero, cont&oacute; las naves enemigas, y despu&eacute;s recorri&oacute; con su vista mis ca&ntilde;ones y artilleros: &ldquo;&iexcl;Siga el fuego!&rdquo;, orden&oacute;.
</p>
<p>
&ldquo;&iexcl;Viva el general Ortega!&rdquo;, grit&eacute;; y un clamor de patri&oacute;tico entusiasmo recorri&oacute; las bater&iacute;as, se agrand&oacute; en las oquedades del castillo y fu&eacute; a confundirse a lo lejos con el estr&eacute;pito del ca&ntilde;&oacute;n enemigo. No menos merec&iacute;a aquel valeroso soldado, quien pudiendo buscar refugio en t&uacute;ncles a prueba de bombas, como lo hicieran otros, escal&oacute; la m&aacute;s alta y descubierta bater&iacute;a de la plaza para dar ejemplo de valor a sus defensores.
</p>
<p>
&ldquo;Deseo apuntar un ca&ntilde;&oacute;n&rdquo;, me dijo; y este deseo fu&eacute; satisfecho. &iexcl;Bravo general era el general Ortega! Era de la escuela de aquel caudillo, Prim, que, llevando en su mano derecha la bandera de los voluntarios catalanes, hizo saltar su caballo por una tronera del campamento enemigo, matando con su sable al moro que intentaba dispararle un ca&ntilde;&oacute;n.
</p>
<p>
Como el fuego era muy vivo y mi repuesto de proyectiles cargados disminuyera visiblemente, orden&eacute; al auxiliar de artiller&iacute;a, Mart&iacute;n Cepeda, que con algunos de sus hombres fuese a la bater&iacute;a de San Carlos&mdash;que no hac&iacute;a fuego por ser su campo de tiro el frente de tierra&mdash;, y me trajese todas las granadas de dicha bater&iacute;a.
</p>
<p>
Lo que hizo este hombre, y c&oacute;mo perdiera poco despu&eacute;s su brazo derecho, aparecer&aacute; en otras p&aacute;ginas de mi libro.
</p>
<p>
Ortega no era mi amigo, me lo hab&iacute;a demostrado en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n, especialmente cuando me encerr&oacute;, arbitrariamente, en las b&oacute;vedas del Morro. Ignoro si fu&eacute; el peligro com&uacute;n o alguna raz&oacute;n oculta que nunca supe, pero desde aquel d&iacute;a se comport&oacute; como un excelente amigo, demostr&aacute;ndome tanta bondad y cari&ntilde;o que, por corresponder de igual manera y a ruegos suyos, este libro ha estado sin editarse por veinte a&ntilde;os.
</p>
<illus entity="i0093" map="no">
<caption>
<p>
Crucero acorazado 
<hi rend="italics">
New York.
</hi>
</p>
</caption>
</illus>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0094">
0094
</controlpgno>
<printpgno>
74
</printpgno>
</pageinfo>
<illus entity="i0094" map="no">
<caption>
<p>
Monitor 
<hi rend="italics">
Amphitrite.
</hi>
</p>
</caption>
</illus>
<p>
<hi rend="bold">
Aquella casa.&mdash;
</hi>
Ahora voy a relatar algo que pocos saben. A eso de las siete y media de la ma&ntilde;ana observamos que toda la escuadra, desfilando al Oeste, mar afuera, volv&iacute;a hacia la costa enfilando, al parecer, la boca del Morro.
</p>
<p>
&iexcl;Tratan de forzar el puerto!, fu&eacute; el pensamiento un&aacute;nime, y nos acordamos de la entrada del almirante Dewey en la bah&iacute;a de Manila. Hab&iacute;a que evitarlo a toda costa. El general Ortega, que desde su estaci&oacute;n telef&oacute;nica de San Crist&oacute;bal hab&iacute;a centralizado el mando de la plaza, orden&oacute; a todas las bater&iacute;as que concentrasen sus fuegos hacia la entrada del puerto. Yo, que personalmente estaba apuntando, vi entonces el punto de mira cubierto por un mirador de cierta casa; aquel obst&aacute;culo me estorbaba; ten&iacute;a que clarear mi campo de tiro, y por eso, enfilando el mirador apunt&eacute; a su base y d&iacute; fuego. Una nube de polvo se levant&oacute;; cuando el viento la llev&oacute; hacia el mar, vimos que la parte alta de la casa hab&iacute;a desaparecido.
</p>
<p>
No culpe al almirante Sampson, como lo hiciera al d&iacute;a siguiente en la Prensa el due&ntilde;o de aquella casa; fu&eacute; este capit&aacute;n de artiller&iacute;a quien, en cumplimiento de su deber, atac&oacute; su propiedad. Por lo dem&aacute;s, &eacute;stas son cosas de la guerra que ya todos tenemos olvidadas.
</p>
<p>
O la escuadra americana no intent&oacute; forzar el puerto, o el nutrido, aunque poco eficaz fuego de las bater&iacute;as la disuadi&oacute; de tal empe&ntilde;o.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
El general Mac&iacute;as.&mdash;
</hi>
Un nuevo toque de corneta y entonces fu&eacute; el capit&aacute;n general quien, penetrando en el castillo y deteni&eacute;ndose en su plaza de armas envi&oacute; un aviso a las bater&iacute;as; Ortega, desde lo alto del parapeto, le di&oacute; el parte reglamentario; en aquel momento ocurri&oacute; algo que deseo consignar como un incidente del combate.
</p>
<p>
Una granada enemiga choc&oacute; contra el montacargas de un ob&uacute;s emplazado en el punto m&aacute;s alto del castillo, sitio conocido con el nombre de Macho de San Crist&oacute;bal, y despu&eacute;s de destru&iacute;r el pescante fu&eacute; a herir el muro haciendo explosi&oacute;n, aunque sin causar bajas. Algunos trozos de muralla rodaron al patio, cayendo con gran estruendo sobre un techo de cinc que all&iacute; hab&iacute;a. El ruido, la polvareda y la confusi&oacute;n
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<controlpgno entity="p0095">
0095
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75
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</pageinfo>
<illus entity="i0095" map="no">
<caption>
<p>
Crucero 
<hi rend="italics">
Detriot.
</hi>
 El 
<hi rend="italics">
Montgomery
</hi>
 es buque gemelo del anterior.
</p>
</caption>
</illus>
fueron extraordinarios. Cuando se clare&oacute; el lugar de la escena, su excelencia continu&oacute; su camino por el t&uacute;nel que desde la plaza del castillo conduce al foso y bater&iacute;as exteriores. Seg&uacute;n me cont&oacute; despu&eacute;s el 
<hi rend="italics">
cabo furriel,
</hi>
 aquella ma&ntilde;ana y a la hora referida tuvo el honor de ver en las cocinas al general Mac&iacute;as y a su Estado Mayor que le acompa&ntilde;aba, quienes probaron el rancho. El capit&aacute;n general y su s&eacute;quito recorrieron las dem&aacute;s bater&iacute;as, siendo aclamados por la tropa, y sobre todo en las del Morro.
</p>
<p>
Ortega volvi&oacute; a los Caballeros. El combate continu&oacute; hasta las ocho de la ma&ntilde;ana, cuando toda la escuadra enemiga puso proa mar afuera, formando en l&iacute;nea con rumbo al Nordeste fuera del alcance de nuestros ca&ntilde;ones. All&iacute; permaneci&oacute; todo el d&iacute;a, y por la noche, sin que nos apercibi&eacute;semos de ello, se dirigi&oacute; (seg&uacute;n supe despu&eacute;s) a Cabo Haitien, despachando hacia St. Thomas, donde puso un cable, al crucero 
<hi rend="italics">
Montgomery.
</hi>
 Aun cuando el enemigo estaba muy distante, todas las bater&iacute;as de la plaza, por orden del general Ortega, dispararon una a una sus piezas, y pudieron verse los proyectiles levantando columnas de agua, y al mismo tiempo todas las banderas fueron aferradas a los topes, y las cornetas tocaron 
<hi rend="italics">
&iexcl;alto el fuego!
</hi>
</p>
<p>
Fu&eacute; un alarde de artilleros que durante tres horas combatieron valientemente, con piezas impropias, contra acorazados provistos de formidable artiller&iacute;a.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
Bajas en San Crist&oacute;bal.&mdash;
</hi>
Las bajas en mis bater&iacute;as fueron un muerto y siete heridos, entre &eacute;stos el obrero auxiliar Mart&iacute;n Cepeda; tuve adem&aacute;s dos obuses fuera de combate; pero como uno de ellos hubiese sufrido aver&iacute;as solamente en el montacargas, este aparato fu&eacute; reemplazado, sin p&eacute;rdida de tiempo, por el de la otra pieza, y as&iacute; el ob&uacute;s pudo seguir haciendo fuego.
</p>
<p>
Cuando el combate hubo cesado, envi&eacute; el tornillo de cierre a los talleres de Abarca, en la Marina, adonde concurrieron un maestro de f&aacute;brica y varios obreros del parque de Artiller&iacute;a, y, bajo la direcci&oacute;n del capit&aacute;n Acha, se trabaj&oacute; sin
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0096
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76
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descanso hasta la madrugada del d&iacute;a 13 en que dicho cierre fu&eacute; colocado en el ob&uacute;s, quedando listo para reanudar el fuego si era necesario. Fu&eacute; un trabajo delicad&iacute;simo que no puedo pasar por alto; como todos los filetes hab&iacute;an sido rozados por el proyectil enemigo, fu&eacute; necesario abrir una caja en dicho 
<hi rend="italics">
block
</hi>
 de cierre, donde se introdujo, a presi&oacute;n, una pieza de acero, a la que se tornearon los trozos de filete que faltaban.
</p>
<p>
Cuando m&aacute;s tarde en el 
<hi rend="italics">
Antonio L&oacute;pez
</hi>
 lleg&oacute; un 
<hi rend="italics">
block
</hi>
 de repuesto, pedido por cable a C&aacute;diz, no hubo que utilizarlo. Al amanecer del 13 de mayo mis once piezas, obuses y ca&ntilde;ones, estaban dispuestas para romper el fuego, y el n&uacute;mero de proyectiles cargados y con sus espoletas era superior al consumido.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
Obsequios.&mdash;
</hi>
Tan pronto termin&oacute; el fuego comenc&eacute; a recibir valiosos obsequios, para mis artilleros, de los comerciantes de la plaza y de muchos particulares; cajas de champa&ntilde;a, co&ntilde;ac, vinos generosos, galletas, chorizos, tabacos, cigarrillos y dulces; todo subi&oacute; en abundancia y hasta con derroche. Las casas de Cerecedo, Sobrinos de Izquierdo, Egozcue, Ezquiaga, Bol&iacute;var y Arruza, y otras m&aacute;s, se se&ntilde;alaron aquel d&iacute;a por su bondadosa esplendidez.
</p>
<illus entity="i0096" map="no">
<caption>
<p>
Cierre de un ob&uacute;s de 24 cent&iacute;metros, inutilizado por un d&iacute;sparo.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
<hi rend="bold">
Visitantes.&mdash;
</hi>
Durante el fuego y despu&eacute;s recib&iacute; las visitas de muchos amigos, entre los cuales recuerdo a Vicente Balb&aacute;s, Miguel Ca&ntilde;ellas, el doctor Francisco R. de Goenaga, Armando Morales y muchos m&aacute;s. Yo estaba poco presentable despu&eacute;s de las faenas de la ma&ntilde;ana; el estampido de los ca&ntilde;ones me hab&iacute;a dejado sordo, y con gran trabajo pude quitarme de la cara las huellas de la p&oacute;lvora.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
Auxiliares de artiller&iacute;a.
</hi>
&mdash;Estos auxiliares, cien aproximadamente, salidos unos de los talleres de Abarca, Portilla y el Parque, y el resto reclutados entre los estibadores del muelle, prestaron servicios muy importantes a las &oacute;rdenes de los ingenieros Jos&eacute; Portilla, Angel Abarca Cortina y de Antonio Acha. Ellos fueron los que llevaron a las bater&iacute;as, mientras dur&oacute; el combate, proyectiles y saquetes de p&oacute;lvora desde los repuestos de municiones, demostrando un valor estoico e inexplicable en gente biso&ntilde;a. Durante toda la acci&oacute;n re&iacute;an, cantaban y hac&iacute;an chistes; uno de ellos, que insultaba con palabras y ademanes poco distinguidos a los barcos americanos, al ver c&oacute;mo se introduc&iacute;a un proyectil en el ca&ntilde;&oacute;n, me grit&oacute; airado: &ldquo;&iexcl;Capit&aacute;n, m&eacute;tale dos!&rdquo;
</p>
<p>
Este auxiliar se llamaba Julio Lizardi. Otro, Antonio Rosell&oacute;, de oficio herrero, mereci&oacute; por su valor y servicios grandes elogios.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
Del temor al hero&iacute;smo.&mdash;
</hi>
En lo alto del Macho, y visible de todas partes, hab&iacute;a emplazado un ob&uacute;s. Al acercarme not&eacute; que el artillero encargado de poner a las
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<controlpgno entity="p0097">
0097
</controlpgno>
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77
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</pageinfo>
granadas el 
<hi rend="italics">
porta-cebo
</hi>
 parec&iacute;a tan nervioso que no acertaba a enroscarlo por el temblor de sus manos; recuerdo que lo mir&eacute; atentamente, dirigi&eacute;ndole estas palabras:
</p>
<p>
&mdash;&iquest;Tienes miedo?
</p>
<p>
&mdash;No, se&ntilde;or&mdash;me contest&oacute;.
</p>
<p>
Y en el acto sus manos dejaron de temblar, y con gran serenidad continu&oacute; su tarea. Poco despu&eacute;s pidi&oacute; permiso para apuntar, y estas funciones las desempe&ntilde;&oacute; hasta el fin del combate. Cerca de &eacute;l estall&oacute; un proyectil, inutilizando el montacargas; el momento era de gran ansiedad. El artillero m&aacute;s sereno y valiente de cuantos sirvieron aquella pieza fu&eacute; el nervioso de antes. Su conducta me agrad&oacute; tanto que influ&iacute; para inclu&iacute;rlo en la propuesta de recompensas, y obtuvo la cruz de Guerra.
</p>
<p>
Este artillero, muchacho de diez y seis a&ntilde;os, era educando de cornetas y alumno de la Academia Preparatoria Militar. Su nombre, Andr&eacute;s Rodr&iacute;guez Barril.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
En el Morro.&mdash;
</hi>
Era la madrugada del 12 de mayo cuando el torrero de guardia en el faro del Morro divis&oacute;, muy confusamente, un gran convoy de buques que, con luces apagadas, se aproximaba del Noroeste. Avis&oacute; al sargento y al telegrafista del sem&aacute;foro, y todos ya reunidos sobre el parapeto que rodeaba el faro, examinaron con curiosidad las negras siluetas que casi se esfumaban en la bruma. No cab&iacute;a duda: &iexcl;era la escuadra espa&ntilde;ola!; se discut&iacute;a jovialmente:
</p>
<illus entity="i0097" map="no">
<caption>
<p>
&ldquo;Capit&aacute;n &iexcl;m&eacute;tale dos!...&rdquo; Julio Lizardi, auxiliar de artiller&iacute;a.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
&mdash; Aquel acorazado de vanguardia es el 
<hi rend="italics">
Pelayo.
</hi>
</p>
<p>
&mdash;No, es el 
<hi rend="italics">
Carlos V.
</hi>
 &iexcl;M&iacute;rale las tres chimeneas!
</p>
<p>
&mdash;Yo veo claramente al 
<hi rend="italics">
Vizcaya
</hi>
 y al 
<hi rend="italics">
Oquendo.
</hi>
</p>
<p>
La escuadra avanzaba lentamente. Una tenue claridad te&ntilde;&iacute;a de vivos colores el horizonte. El sargento llam&oacute; a un soldado y le dijo:
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0098">
0098
</controlpgno>
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78
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</pageinfo>
<p>
&mdash;Avisa al capit&aacute;n Iriarte (gobernador del Morro) que la escuadra espa&ntilde;ola est&aacute; a la vista.
</p>
<p>
Un buque peque&ntilde;o ven&iacute;a a la cabeza. Segu&iacute;anle tres m&aacute;s de gran tonelaje, que examinados por el capit&aacute;n Iriarte, que lleg&oacute; en aquellos momentos, fueron reconocidos como pertenecientes a la escuadra de los Estados Unidos. El capit&aacute;n ten&iacute;a en su cartera siluetas de todos los buques de Sampson.
</p>
<p>
&mdash;Digan al capit&aacute;n Rivero&mdash;grit&oacute; excitado&mdash;que es la escuadra yankee.
</p>
<p>
Todos lo miraron con asombro; no cab&iacute;a duda: o el capit&aacute;n Iriarte estaba medio dormido, o no sab&iacute;a una palabra de buques de guerra.
El mismo capit&aacute;n, con gran trabajo, pudo hacerse o&iacute;r de Capitan&iacute;a general y comunic&oacute; la ocurrencia, recibiendo esta respuesta del ayudante de guardia:
</p>
<p>
&mdash;Est&aacute; bien.
</p>
<p>
Pronto se aclar&oacute; el misterio. Un gran acorazado, que ahora navegaba en cabeza, se dirigi&oacute; hacia el Morro, levantando con su proa monta&ntilde;as de espuma, y como la claridad hab&iacute;a aumentado, vi&oacute;se flotar sobre sus m&aacute;stiles el pabell&oacute;n estrellado de los Estados Unidos de Am&eacute;rica.
</p>
<illus entity="i0098" map="no">
<caption>
<p>
Capit&aacute;n D. Jos&eacute; Iriarte Travieso, hoy coronel.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
&ldquo;&iexcl;La escuadra yankee!&rdquo;, fu&eacute; el clamor general. La corneta lanz&oacute; a los aires el toque de generala, y los artilleros, algunos medio dormidos, volaban a sus puestos. Brill&oacute; un rel&aacute;mpago que pareci&oacute; incendiar el costado de estribor del acorazado de vanguardia (el 
<hi rend="italics">
Iowa
</hi>
), y una andanada pas&oacute; sobre los altos parapetos del vetusto y glorioso Castillo.
</p>
<p>
Eran las cinco y diez y siete de la ma&ntilde;ana; dos ca&ntilde;ones de seis libras de la bater&iacute;a de estribor y uno de ocho pulgadas de la torre de proa hab&iacute;an sido disparados simult&aacute;neamente por aquel buque.
</p>
<p>
Sobre el parapeto, a pecho descubierto y escrutando el horizonte, estaba ya el
<pageinfo>
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0099
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79
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</pageinfo>
jefe de las bater&iacute;as, capit&aacute;n Ram&oacute;n Acha Caama&ntilde;o, hijo de Puerto Rico. El capit&aacute;n Jos&eacute; Antonio Iriarte, gobernador del Castillo, ten&iacute;a el mando de la bater&iacute;a de San Antonio, situada en el campo del Morro, sobre el cementerio.
</p>
<p>
&mdash;&iexcl;Arriba la bandera!&mdash;orden&oacute; Acha, y la bandera espa&ntilde;ola surgi&oacute; r&aacute;pidamente, azotada por las brisas de la ma&ntilde;ana.
</p>
<p>
A la derecha, y no muy lejos, son&oacute; un ca&ntilde;onazo, luego otro y otros. Eran las bater&iacute;as de San Crist&oacute;bal, las primeras en contestar al ataque, a las cinco y veinticuatro minutos de la ma&ntilde;ana. Todas las del Morro rompieron fuego vivo; la de Iriarte a la derecha y las tres de la izquierda, situadas fuera del Castillo, tronaban sin cesar. Se generaliz&oacute; el combate por mar y tierra; el 
<hi rend="italics">
Indiana,
</hi>
 el 
<hi rend="italics">
Nueva York,
</hi>
 los dos monitores y dem&aacute;s buques lanzaban andanadas de todos los calibres imaginables, tratando de demoler el Morro. Un proyectil choc&oacute; contra el muro de espalda de la bater&iacute;a baja, el Carmen, debajo del faro y los cascotes, que volaron en varias direcciones, hirieron al teniente Barba, que la mandaba; tom&oacute; el mando el sargento Fontbona, y poco despu&eacute;s ca&iacute;a herido por un trozo de ladrillo.
</p>
<illus entity="i0099" map="no">
<caption>
<p>
Capit&aacute;n D. Ram&oacute;n Acha, hoy general de brigada.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
Otra granada di&oacute; contra el cuerpo m&aacute;s elevado del faro, y parte de &eacute;ste vino a tierra, aumentando las dificultades del momento. Bastante m&aacute;s tarde, un jefe de artiller&iacute;a que era director del parque juzg&oacute; prudente abandonar su puesto, y, dirigi&eacute;ndose al Castillo, tom&oacute; el mando de los obuses, que hab&iacute;an estado a cargo del teniente Faustino Gonz&aacute;lez Iglesias.
</p>
<p>
&iexcl;Bello espect&aacute;culo que no olvidar&aacute;n mis ojos! Las olas, duramente agitadas por mar de fondo; viento sutil, casi muerto; un sol radiante arrancaba al mar reflejos de esmeralda y te&ntilde;&iacute;a de oro las carcomidas piedras de aquel castillo de San Fernando del Morro tan terriblemente combatido.
</p>
<p>
La escuadra enemiga maniobraba con seguridad y pericia, como he dicho. Una
<pageinfo>
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0100
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80
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<illus entity="i0100" map="no">
<caption>
<p>
Puerta del c&eacute;lebre &ldquo;calabozo del chino&rdquo;, en el castillo del Morro.
</p>
</caption>
</illus>
granada de tiro r&aacute;pido entr&oacute; rozando la bater&iacute;a baja, y encontrando un fallo en el muro del famoso calabozo conocido con el nombre de &ldquo;calabozo del chino&rdquo; (prisi&oacute;n pol&iacute;tica durante mucho tiempo), estall&oacute;, hiriendo a cuatro artilleros de nueve que all&iacute; estaban arrestados; todos, utilizando como palancas los banquillos de hierro del camastro, forzaron la puerta y a la carrera ganaron sus bater&iacute;as. Uno, que pertenec&iacute;a a mi castillo, llamado Juan Fern&aacute;ndez, natural de Valencia, atraves&oacute; todo el campo del Morro, la ciudad, subi&oacute; a San Crist&oacute;bal, escal&oacute; la bater&iacute;a de los Caballeros y, cuadr&aacute;ndose militarmente, me dijo:
</p>
<p>
&mdash;&iquest;Qu&eacute; hago, mi capit&aacute;n?
</p>
<p>
As&iacute; procedieron aquellos artilleros, y as&iacute; debo consignarlo, afirmando mi creencia de que el soldado espa&ntilde;ol es capaz de los m&aacute;s grandes hero&iacute;smos, siempre que se vea guiado por jefes serenos y conscientes de su honor y de su deber
</p>
<p>
<hi rend="bold">
Bateria de San Antonio.
</hi>
&mdash;Situada en el campo del Morro, sobre el cementerio y en la cortina de aquel baluarte, bat&iacute;a con sus fuegos todo el espacio muerto entre ambos castillos. La mandaba el capit&aacute;n Jos&eacute; Antonio Iriarte, portorrique&ntilde;o de carrera brillante que prend&iacute;a sobre su uniforme, adem&aacute;s de otras, dos cruces pensionadas de Mar&iacute;a Cristina, otorgadas por actos de valor distinguido en la campa&ntilde;a de Cuba. Este oficial era, como hemos dicho, el gobernador del castillo del Morro, pero como la bater&iacute;a de San Antonio pertenec&iacute;a a su mando, la eligi&oacute;, cediendo las del Castillo a su paisano el capit&aacute;n Acha, segundo jefe del parque de artiller&iacute;a, quien voluntariamente pidiera con anterioridad un puesto de peligro. San Antonio se bati&oacute; bien y con mucho orden, impidiendo que el enemigo, meti&eacute;ndose entre ambos castillos, nos
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0101">
0101
</controlpgno>
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<illus entity="i0101" map="no">
<caption>
<p>
Bater&iacute;a de &ldquo;Los Caballeros&rdquo;, castillo de San Crist&oacute;bal. En el centro, de derecha a izquierda: Capit&aacute;n Angel Rivero, general D. Ricardo Ortega y coronel D. Jos&eacute; S&aacute;nchez de Castilla.
</p>
</caption>
</illus>
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0102
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0103
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81
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</pageinfo>
atacara de flanco. Tuvo dos bajas y algunas aver&iacute;as, de momento, en el cierre de una pieza.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
Bateria de la Princesa.
</hi>
&mdash;&Eacute;sta y la del Escambr&oacute;n eran las dos &uacute;nicas bater&iacute;as de la plaza de moderno emplazamiento, aunque con d&eacute;bil artillado; el sitio estaba admirablemente escogido, en desmonte, oculto por la vegetaci&oacute;n de la costa y con repuestos y hospitales de sangre a prueba de bomba. Dichas bater&iacute;as eran invisibles para la escuadra y s&oacute;lo pod&iacute;an ser ofendidas por tiro indirecto. Mandaba la primera el capit&aacute;n Aureliano Esteban, y no tuvo novedad ni en los sirvientes ni en el material.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
Bateria del Escambr&oacute;n.
</hi>
&mdash;Estaba al mando del capit&aacute;n Aniceto Gonz&aacute;lez, que, desde teniente, serv&iacute;a en Puerto Rico; mejor bater&iacute;a que la anterior, situada en la punta Este del islote de San Juan, ten&iacute;a un bello campo de tiro, y estaba artillada con obuses de 24 cent&iacute;metros, de giro central, que, con su tiro curvo, pod&iacute;an haber hecho mucho da&ntilde;o a las cubiertas de los buques enemigos. El capit&aacute;n Gonz&aacute;lez, hombre de mucha experiencia, aguant&oacute; a pie firme las tres horas del combate, sin disparar un solo ca&ntilde;onazo; porque, seg&uacute;n &eacute;l dijo, y ten&iacute;a raz&oacute;n, el enemigo estaba fuera de tiro.
</p>
<p>
El capit&aacute;n Gonz&aacute;lez, hoy coronel del Cuerpo de artiller&iacute;a, recibi&oacute; orden estricta de no hacer fuego. Tal orden fu&eacute; un error lamentable, que me veo en el caso de criticar severamente. No importa que la escuadra estuviese fuera de tiro; la bater&iacute;a del Escambr&oacute;n debi&oacute; hacer fuego con su m&aacute;ximo alcance, si no para ofender al enemigo, cuando menos para invitarlo a la pelea, invitaci&oacute;n que tal vez hubiese sido aceptada.
<lb>
6
<illus entity="i0103" map="no">
<caption>
<p>
Bateria de la Princesa que mand&oacute; el capit&aacute;n Aureliano Esteban Abella
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</caption>
</illus>
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<controlpgno entity="p0104">
0104
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82
</printpgno>
</pageinfo>
Y de esta manera, una nueva bater&iacute;a habr&iacute;a compartido con las dem&aacute;s el peso del combate, y los buques del almirante Sampson, aprendido, para el futuro, los riesgos que aparejaba un ataque a la plaza de San Juan.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
San Fernando, Santa Elena y San Agust&iacute;n.
</hi>
&mdash;Estas tres bater&iacute;as estaban al mando de los capitanes Juan Ale&ntilde;ar y Regino Mu&ntilde;oz, teniendo a sus &oacute;rdenes a los tenientes Lucas Massot, Luis L&oacute;pez de Velasco y Antonio Vanrrel. Sus piezas s&oacute;lo pudieron hacer fuego contra el 
<hi rend="italics">
Detroit
</hi>
 y el 
<hi rend="italics">
Terror,
</hi>
 estacionados de la isla de Cabras al Morro; aunque su fuego fu&eacute; muy vivo (dando lugar a que el enemigo en su parte oficial lo calificase de vicioso), y de que muchos de sus proyectiles cayeran junto de los buques, que estaban muy cerca, 1.200 metros, no hicieron un solo blanco. Tampoco
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<caption>
<p>
Acorazado 
<hi rend="italics">
Indiana.
</hi>
</p>
</caption>
</illus>
tuvieron aver&iacute;as. Algunos artilleros resultaron contusos por el manejo de las propias piezas, que eran anticuadas y de p&eacute;sima calidad.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
Santa Catalina.
</hi>
&mdash;El ca&ntilde;&oacute;n que el capricho del general Mac&iacute;as hizo instalar detr&aacute;s de su palacio, m&aacute;s que defensa era un peligro evidente, no s&oacute;lo para &eacute;l, sino tambi&eacute;n para los artilleros encargados de servirlo; basta consignar que a retaguardia de su emplazamiento, y muy cerca, se levantaba un muro de 20 yardas de alto, pintado de cal, muro que estaba solicitando la punter&iacute;a del enemigo. Felizmente, el oficial que mandaba tan peregrina bater&iacute;a, obr&oacute; con gran prudencia no haciendo fuego hacia la boca del Morro, porque, de lo contrario, al replicar la escuadra, muy mal lo hubieran pasado el general Mac&iacute;as y el suntuoso palacio que habitaba.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
San Jer&oacute;nimo.
</hi>
&mdash;En este castillo, de brillante historia militar, y donde en el a&ntilde;o 1797 se estrellaron las bater&iacute;as y los nav&iacute;os ingleses que atacaron la plaza por mar y tierra, hab&iacute;a dos ca&ntilde;ones antiguos, de bronce, de 16 cent&iacute;metros. El teniente Policarpo Echevarr&iacute;a, tambi&eacute;n portorrique&ntilde;o, que los ten&iacute;a a su cargo, no hizo fuego. Bien procedi&oacute; el teniente; no val&iacute;a la pena de quemar p&oacute;lvora en salvas con aquellas piezas anticuadas y de muy poco alcance.
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0105">
0105
</controlpgno>
<printpgno>
83
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
<hi rend="bold">
En la puerta de San Juan.
</hi>
&mdash;El capit&aacute;n portorrique&ntilde;o Fernando S&aacute;rraga Rengel llev&oacute; a brazos de artilleros, al baluarte de San Juan y sobre la puerta del mismo nombre, su bater&iacute;a de cuatro ca&ntilde;ones de bronce de nueve cent&iacute;metros, y all&iacute; permaneci&oacute; vigilante, por si la escuadra forzaba el puerto, ca&ntilde;onear, a boca de jarro, sus cubiertas; no entr&oacute; en acci&oacute;n ni experiment&oacute; accidente alguno.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
Santa Teresa.
</hi>
&mdash;Aunque exterior al Castillo, Santa Teresa tambi&eacute;n pertenec&iacute;a a mi
<illus entity="i0105" map="no">
<caption>
<p>
Monitor 
<hi rend="italics">
Terror.
</hi>
</p>
</caption>
</illus>
mando; estaba al trente de ella un teniente de la escala de Reserva; dispar&oacute; 21 ca&ntilde;onazos, sin consecuencias para sus ca&ntilde;ones y sirvientes.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
Bater&iacute;as de monta&ntilde;a.
</hi>
&mdash;Las dos de esta clase con sus ocho ca&ntilde;ones desfilaron hacia Puerta de Tierra, cerca de San Jer&oacute;nimo, donde al abrigo del terreno permanecieron toda la ma&ntilde;ana.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
San Carlos.
</hi>
&mdash;Esta bater&iacute;a no pudo hacer fuego, por tener emplazados sus ca&ntilde;ones hacia el frente de tierra.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
Tropas veteranas y voluntarios.
</hi>
&mdash;Los tres batallones de infanter&iacute;a que guarnec&iacute;an la plaza estaban alojados, respectivamente, en el cuartel de Ballaj&aacute;, el cuartelillo del campo del Morro y el cuartel de San Francisco (derribado m&aacute;s tarde para fabricar la escuela Baldorioty de Castro). Desde el primer momento formaron todas las compa&ntilde;&iacute;as, y a paso ligero ocuparon los puestos que con anterioridad hab&iacute;a se&ntilde;alado una orden del d&iacute;a del gobernador de la plaza. Como al iniciarse el bombardeo un gran n&uacute;mero de proyectiles hicieran 
<hi rend="italics">
blanco
</hi>
 en la fachada norte del cuartel de Ballaj&aacute;, averi&aacute;ndolo de tal modo, que un trozo de pared vino al suelo, dejando descubiertos los dormitorios de dos compa&ntilde;&iacute;as, los soldados, casi a obscuras, y asfixiados por la
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0106">
0106
</controlpgno>
<printpgno>
84
</printpgno>
</pageinfo>
<illus entity="i0106" map="no">
<caption>
<p>
Acorazado 
<hi rend="italics">
Iowa.
</hi>
</p>
</caption>
</illus>
polvareda, echaron manos a los fusiles, ganando r&aacute;pidamente la salida. Naturalmente, entre los escombros qued&oacute; gran cantidad de cartuchos 
<hi rend="italics">
M&aacute;user;
</hi>
 y como fu&eacute; preciso justificar, m&aacute;s tarde, esta p&eacute;rdida, se invent&oacute; la f&aacute;bula, admitida como episodio, de que dicho batall&oacute;n, al ocupar posiciones sobre el cementerio, hizo muchas descargas cerradas y con tal acierto sobre los buques enemigos que, sorprendidos y atemorizados, se retiraron a toda m&aacute;quina.
</p>
<p>
Poco despu&eacute;s del bombardeo, un oficial del 
<hi rend="italics">
Principaao de Asturias
</hi>
 me contaba, muy alborozado, c&oacute;mo las tripulaciones americanas, al recibir la lluvia de balazos, 
<hi rend="italics">
gritaban como demonios.
</hi>
 Si hubo disparos de infanter&iacute;a, fueron muy pocos, y s&oacute;lo para justificar el abandono de cartuchos por razones de fuerza mayor. Lo extra&ntilde;o es que el coronel Cam&oacute;, hombre viejo y que ce&ntilde;&iacute;a el faj&iacute;n del Estado Mayor, hablase en su parte oficial, concedi&eacute;ndoles capital importancia, de las 
<hi rend="italics">
mortiferas
</hi>
 descargas. Aunque con pena, me veo en el caso de consignar, para conocimiento de aquellos 
<hi rend="italics">
cazadores,
</hi>
 que ni Sampson ni ninguno de sus tenientes se enteraron de la c&eacute;lebre 
<hi rend="italics">
granizada de balas;
</hi>
 tal vez la olvidaron al escribir sus informes que, de otra parte, contienen los m&aacute;s minuciosos detalles.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
Batall&oacute;n de Voluntarios n&uacute;mero 1.
</hi>
&mdash;Este batall&oacute;n estaba integrado, en su mayor parte, por espa&ntilde;oles peninsulares; pero ten&iacute;a, sin embargo, entre sus oficiales y tropa, un buen n&uacute;mero de portorrique&ntilde;os, quiz&aacute; la tercera parte. El 12 de mayo, y al
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0107">
0107
</controlpgno>
<printpgno>
85
</printpgno>
</pageinfo>
<illus entity="i0107" map="no">
<caption>
<p>
Macho de San Crist&oacute;bal.
</p>
</caption>
</illus>
mando de su teniente coronel Pedro Arzuaga 
<anchor id="n0107-01">
1
</anchor>
, form&oacute; en la plaza principal y seguidamente las compa&ntilde;&iacute;as se distribuyeron en esta forma:
</p>
<note anchor.ids="n0107-01" place="bottom"><p><superscript>1</superscript> Noble asturiano, que ya no existe y cuyo recuerdo ser&aacute; inolvidable para todos los portorrique&ntilde;os.&mdash;
<hi rend="italics">N. del A.
</hi></p></note>
<p>
La primera, entre las calles de San Justo y Cruz, acera del Norte; la segunda, en la esquina de Cruz y San Francisco, frente a la farmacia Guillermety; la tercera, tambi&eacute;n en una esquina, calles de San Francisco y San Jos&eacute;; la cuarta qued&oacute; al principio frente a la Intendencia, calle de San Jos&eacute;, esquina al Cristo; pero como un proyectil al chocar con la cornisa del edificio lanzara a la calle muchos trozos de mamposter&iacute;a (de los cuales algunos hirieron a un teniente y a tres voluntarios), toda la compa&ntilde;&iacute;a desfil&oacute; por la misma calle de San Jos&eacute; hacia el atrio de la Catedral.
</p>
<p>
La bandera de este batall&oacute;n y su escolta estuvieron durante todo el combate en el portal de la casa de la calle de San Francisco, que est&aacute; al lado de la antigua farmacia Guillermety.
</p>
<p>
De un estado de fuerza de dicho Cuerpo, fechado aquel d&iacute;a, copiamos lo siguiente:
</p>
<p>
&ldquo;Resumen de la fuerza del batall&oacute;n de Voluntarios n&uacute;mero 1, que concurri&oacute; a la defensa de la plaza el 12 de mayo: Tenientes coroneles, uno; comandantes, cuatro; capitanes, nueve; m&eacute;dicos, cinco; capell&aacute;n , uno; tenientes, 28; sargentos, 46; cabos, 108; banda de m&uacute;sica, 35; voluntarios, 829.
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0108">
0108
</controlpgno>
<printpgno>
86
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
<hi rend="bold">
Guerrilla montada.
</hi>
&mdash;Tenientes, dos; sargentos, dos; cabos, cuatro; soldados, 40.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
Ciclistas.
</hi>
&mdash;Tenientes, uno; sargentos, dos; cabos, dos; voluntarios, 10. Total general: 1.129 hombres.&rdquo;
</p>
<p>
<hi rend="bold">
Tiradores de Puerto Rico.
</hi>
&mdash;El batall&oacute;n de Tiradores de Puerto Rico estuvo durante toda la acci&oacute;n en el paseo de la Princesa, al resguardo del murall&oacute;n contiguo al presidio. Era jefe de este Cuerpo el teniente coronel Leopoldo Fajardo, y comandantes, Vicente Balb&aacute;s y Francisco Bast&oacute;n. Alguna compa&ntilde;&iacute;a del mismo ocup&oacute;, durante la &uacute;ltima parte del combate, los fosos de San Crist&oacute;bal, donde tambi&eacute;n concurri&oacute; el comandante Bast&oacute;n.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
Escolta del gobernador.
</hi>
&mdash;La escolta del gobernador, al mando de su capit&aacute;n Ram&oacute;n Falc&oacute;n, uno de los hombres m&aacute;s valientes que ha perdido Puerto Rico, desde el primer instante acudi&oacute; al palacio de Santa Catalina, y fu&eacute; colocada detr&aacute;s de &eacute;ste, en la bater&iacute;a de Santa Catalina; pero como dos proyectiles de la escuadra cayeron en las inmediaciones, un jefe de Estado Mayor orden&oacute; que formase en la calle de la Fortaleza, sitio inmediato al hospital de la Concepci&oacute;n, y all&iacute; permaneci&oacute; hasta las diez de la ma&ntilde;ana, en que el general Mac&iacute;as dispuso que todos se retirasen a sus casas.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
Ciclistas.
</hi>
&mdash;Pertenec&iacute;an al batall&oacute;n de Voluntarios, y eran 17 j&oacute;venes, casi todos de familias prominentes, al mando del entusiasta teniente, y entonces rico comerciante, Francisco &aacute;lamo; fu&eacute; segundo jefe de esta secci&oacute;n &aacute;ngel Su&aacute;rez. Estos muchachos, en sus m&aacute;quinas, corr&iacute;an en todas direcciones, desde San Crist&oacute;bal, donde estaba centralizado el Mando de la plaza, hasta el Morro y San Jer&oacute;nimo, y a los dem&aacute;s sitios de peligro. Entregaron durante las tres horas del combate 87 &oacute;rdenes escritas, mereciendo por su conducta valerosa y arrojada el ser citados en la Orden del d&iacute;a
<anchor id="n0108-01">
1
</anchor>
.
</p>
<note anchor.ids="n0108-01" place="bottom"><p><superscript>1</superscript> El 
<hi rend="italics">Boletin Oficial de la Union Velocipedica Espa&ntilde;ola,
</hi> al ocuparse de los servicios que prestaron los ciclistas de San Juan el d&iacute;a 12 de mayo, durante el bombardeo, le dedic&oacute; grandes y merecidos elogios, haciendo constar que es la primera vez que los ciclistas demuestran, en una funci&oacute;n de guerra, la eficacia de su intervenci&oacute;n. A&ntilde;ade dicha revista que los tripulantes del vapor 
<hi rend="italics">Miguel M. Pinillos,
</hi> que, a mediados de agosto del mismo a&ntilde;o, arrib&oacute; a La Coru&ntilde;a, se expresaron en t&eacute;rmino muy laudatorios de la referida secci&oacute;n ciclista.&mdash;
<hi rend="italics">N. del A.
</hi></p></note>
<p>
<hi rend="bold">
Bomberos.
</hi>
&mdash;Al romper el fuego la escuadra de Sampson, el Cuerpo de Honrados Bomberos, de San Juan, se ech&oacute; a la calle, de uniforme y con su material de incendios; una buena parte de ellos, que eran auxiliares de Ingenieros, corri&oacute; a Casa Blanca, y all&iacute; se puso a las &oacute;rdenes del coronel Laguna; otra, como ret&eacute;n, patrullaba por calles y recintos, extinguiendo tres fuegos, producidos por proyectiles enemigos, tan pronto se iniciaron.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
Guerrilla montada de Voluntarios.
</hi>
&mdash;Esta fuerza formaba parte del batall&oacute;n de Voluntarios; compon&iacute;anla 42 hombres, montados en caballos de su propiedad, como tambi&eacute;n lo eran su equipo y armamento, exceptuando las tercerolas y cartuchos, que les fueron entregados por las autoridades.
</p>
<p>
Mandaba dicha secci&oacute;n Pedro Bol&iacute;var, joven popular, valiente y entusiasta; en mis
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0109">
0109
</controlpgno>
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87
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</pageinfo>
notas figuran adem&aacute;s, como pertenecientes a esa guerrilla, las clases siguientes: sargento, Nemesio P&eacute;rez Moris; cabos: Juan M. Cuadrado, Carlos Conde, Jos&eacute; Le&oacute;n y Anacleto Agudo; trompeta, Jos&eacute; Piquer; herrador, Zapater.
</p>
<p>
La cuadra fu&eacute; costeada entre todos, dando cada uno la suma de 400 pesos, y se levant&oacute; donde estaba la antigua estaci&oacute;n del ferrocarril, parada 1. Formaron en la plaza de Alfonso XII, y m&aacute;s tarde, en el foso principal del castillo de San Crist&oacute;bal. Cuando el fuego ces&oacute;, fueron enviados a Puerta de Tierra, donde pasaron todo el d&iacute;a y la noche prestando servicio de polic&iacute;a.
</p>
<illus entity="i0109" map="no">
<caption>
<p>
Bater&iacute;a de San Carlos.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
<hi rend="bold">
Torpedos y torpedistas.
</hi>
&mdash;Desde que se proclam&oacute; el estado de guerra, el Alto Mando espa&ntilde;ol procur&oacute; obstru&iacute;r la entrada del puerto; los vapores 
<hi rend="italics">
Manuela
</hi>
 y 
<hi rend="italics">
Col&oacute;n
</hi>
 fueron echados a pique en el canal de entrada, entre el Morro y la isla de Cabras; se dispuso, adem&aacute;s, varios torpedos de contacto, para colocarlos en el momento preciso, que fueron sacados de los cruceros que estaban en puerto, y fondeando, &uacute;ltimamente, varias minas, que eran boyas llenas de p&oacute;lvora. El capit&aacute;n del 
<hi rend="italics">
Concha
</hi>
 y el electricista Manuel Ruiz llevaron a cabo este trabajo.
</p>
<p>
Sobre los arrecifes de la costa y debajo de la bater&iacute;a de San Fernando se levant&oacute; una caseta, donde estaba el explosor para dar fuego a dichas minas, debiendo montar guardia permanente los oficiales de Marina. En la ma&ntilde;ana del 12 de mayo, algo m&aacute;s de las ocho, muchas personas vieron c&oacute;mo un oficial bajaba a dicha caseta,
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0110">
0110
</controlpgno>
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88
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</pageinfo>
agarr&aacute;ndose a los bejucos y arbustos del barranco. Era el marino de guardia, quien hasta entonces estuvo agradablemente entretenido en cierta casa del recinto norte llamado &ldquo;Cantagallos&rdquo;, y donde se acostumbraba 
<hi rend="italics">
a tirarle de la oreja a Jorge.
</hi>
</p>
<p>
<hi rend="bold">
Incidentes.
</hi>
&mdash;Los doctores Jos&eacute; C. Barbosa y Gabriel Ferrer, acompa&ntilde;ados de Luis S&aacute;nchez Morales y Salom&oacute;n Dones, estaban en Bayam&oacute;n, algunos de ellos sin el correspondiente permiso; al o&iacute;r los ca&ntilde;onazos y comprendiendo lo que ocurr&iacute;a tomaron un coche, y a todo correr se trasladaron al poblado de Cata&ntilde;o, donde convencieron a la tripulaci&oacute;n de un bote para que los condujese a San Juan. Al atravesar la bah&iacute;a cayeron cerca de la embarcaci&oacute;n uarios proyectiles, algunos tan inmediatos, que el agua por ellos levantada salpic&oacute; a los expedicionarios; al pasar por la popa del crucero 
<hi rend="italics">
Concha
</hi>
 fueron vitoreados por los marineros. Llegaron al muelle, y al poner los pies en tierra, iba delante el doctor Ferrer, quien sombrero en mano y muy excitado daba &iexcl;vivas! a Espa&ntilde;a, vivas que fueron contestados por las fuerzas del batall&oacute;n de Tiradores formadas en el paseo de la Princesa. En aquellos momentos se present&oacute; un oficial de Marina, el cual gui&oacute; a todos hasta el despacho del general Vallarino, quien les recibi&oacute; con mucha afabilidad colm&aacute;ndolos de elogios, seg&uacute;n dijera &eacute;l, por el valor y el patriotismo que demostraron al cruzar la bah&iacute;a en medio de una lluvia de granadas; termin&oacute; su arenga tomando el nombre de todos los presentes, tripulantes y pasajeros, y ofreci&oacute; proponerlos para que fuesen recompensados con cruces del M&eacute;rito Naval. Conclu&iacute;do aquel acto, fueron todos a Santa Catalina, y all&iacute; el general Mac&iacute;as elogi&oacute; tambi&eacute;n a Barbosa, Ferrer y S&aacute;nchez Morales.
</p>
<illus entity="i0110" map="no">
<caption>
<p>
Doctor Jos&eacute; C. Barbosa, sabio m&eacute;dico, a quien la Universidad de Michigan concedi&oacute; el grado de doctor, H. C.; portorrique&ntilde;o honorable perdido ya, desgraciadamente, para su patr&iacute;a y para su noble familia.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
En mis notas aparece que en la misma embarcaci&oacute;n atravesaron la bah&iacute;a, adem&aacute;s de las personas mencionadas, Fernando de Juan, F&eacute;lix Padial, Jes&uacute;s Rossy, Luis y
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0111">
0111
</controlpgno>
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89
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</pageinfo>
Emilio Chevremont, Jos&eacute; Su&aacute;rez, Sergio Palma y Rafael Cabrera. La tripulaci&oacute;n del bote la compon&iacute;an los matriculados Juan Rubio Rodr&iacute;guez, F&eacute;lix Rivera, Pablo Miranda, Nicol&aacute;s Cuervo, Jos&eacute; Naguabo y Jos&eacute; Rend&oacute;n.
</p>
<p>
En los momentos en que el combate hab&iacute;a llegado a su per&iacute;odo &aacute;lgido, entr&oacute; en el castillo un grupo de soldados del 3.&deg; Provisional conduciendo los aparatos de la secci&oacute;n heliogr&aacute;fica que estaban en Ballaj&aacute;, los cuales hubo que sacar de all&iacute; por temor a que el edificio fuese derribado por el fuego enemigo. Confundido entre los soldados y con alguna cosa sobre sus hombros franque&oacute;, tambi&eacute;n, la puerta de San Crist&oacute;bal, un jovencito gaditano y estudiante de bachillerato, en aquellos d&iacute;as, quien aprovechaba la confusi&oacute;n del momento para satisfacer su juvenil curiosidad. Mostr&aacute;base muy contento de su haza&ntilde;a, observando con inter&eacute;s el continuo disparar de los ca&ntilde;ones y el aparato de guerra que en todo el castillo se notaba, cuando acert&oacute; a pasar por su vera el teniente Gonz&aacute;lez, de la escala pr&aacute;ctica, y al verlo de paisano le interrog&oacute; si realmente era militar. Sobrecogi&oacute;se el preguntado, y temiendo que le tomasen por esp&iacute;a si declaraba la verdad, contest&oacute; apresuradamente (cuadr&aacute;ndose lo mejor que supo) en sentido afirmativo.
</p>
<illus entity="i0111" map="no">
<caption>
<p>
Teniente coronel D. Luis Garc&iacute;a Alpuente, gobernador de Vieques, hoy general de brigada.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
Mir&oacute;le el teniente Gonz&aacute;lez, y al fijarse en lo abundante de sus cabellos y en su peinado andaluz, le dijo:
</p>
<p>
&mdash;Pues, entonces, ahora mismo se va usted a cortar esos 
<hi rend="italics">
tufos
</hi>
 y todo el pelo a rape.
</p>
<p>
Y sin decir m&aacute;s lo introdujo en la peque&ntilde;a barber&iacute;a del castillo, dej&aacute;ndolo en manos del barbero, un viejo sangrador, el cual, generalmente, hac&iacute;a llorar a sus parroquianos por la suave manera con que acostumbraba ejercer su oficio. Resign&aacute;base el estudiante a la p&eacute;rdida de sus cabellos, y cuando el barbero ya bland&iacute;a las
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0112">
0112
</controlpgno>
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90
</printpgno>
</pageinfo>
mohosas tijeras, acert&oacute; a caer en el patio del castillo una granada enemiga; el barbero, su ayudante, el teniente Gonz&aacute;lez y otros que por all&iacute; transitaban, cada cual se refugi&oacute; donde pudo, y aprovechando la confusi&oacute;n, el atribulado joven sali&oacute;se del castillo, baj&oacute; la rampa de entrada y tom&oacute; las de Villadiego, muy contento con sus experiencias de la guerra y, sobre todo, por haber escapado sin aver&iacute;as de las formidables tijeras de un barbero militar con abolengo de sangrador.
</p>
<p>
Aquel jovencito, de 1898, es hoy escritor y autor dram&aacute;tico de reconocida fama, director del diario 
<hi rend="italics">
El Imparcial,
</hi>
 en San Juan, y c&oacute;nsul interino de Espa&ntilde;a. Su nombre es Jos&eacute; P&eacute;rez Losada.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
Los estudiantes militares.
</hi>
&mdash;Todos los j&oacute;venes alumnos de la Academia Preparatoria Militar, quienes necesariamente eran soldados de los cuerpos de la guarnici&oacute;n, se hicieron notar, el d&iacute;a 12 de mayo, por su valor y serenidad, ocupando puestos de peligro y desempe&ntilde;ando diversas comisiones que se les encomendara. Sobresali&oacute;, entre ellos, Crist&oacute;bal Real, hoy poeta y periodista que figura a la cabeza del movimiento literario de Puerto Rico.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
Los habitantes.
</hi>
&mdash;Una gran parte se port&oacute; con serenidad; algunos curiosos, a cubierto de las murallas, observaban las maniobras de los buques enemigos; otros, menos belicosos o m&aacute;s precavidos, corrieron hacia Santurce, llegando bastantes a R&iacute;o Piedras; unos pocos no pararon hasta Carolina.
</p>
<p>
Y ahora, con permiso del ben&eacute;volo lector, voy a relatar un incidente que a mi persona se refiere. Cierto amigo, cuyo nombre no recuerdo, al llegar en su carrera, bastante sofocado, a este &uacute;ltimo pueblo, se vi&oacute; en la necesidad de satisfacer la p&uacute;blica curiosidad relatando algo de lo ocurrido en San Juan. Ni tardo ni perezoso se despach&oacute; a su gusto:
</p>
<p>
&mdash;&iexcl;Aquello es un desastre!: la Intendencia, el Ayuntamiento y la Capitan&iacute;a General est&aacute;n en el suelo; medio San Juan est&aacute; arrasado, y el n&uacute;mero de muertos y heridos es imposible de calcular; se dice que hay muchos jefes y oficiales muertos, y entre ellos un portorrique&ntilde;o, el capit&aacute;n Rivero, a quien un proyectil le llev&oacute; la cabeza.
</p>
<p>
Como yo tengo el alt&iacute;simo honor de haber nacido, hace much&iacute;simos a&ntilde;os, en el barrio del Cacao, de la Carolina, un buen n&uacute;mero de mis paisanos coment&oacute; con tristeza mi desgraciado fin. Algunas compasivas viejecitas dec&iacute;an:
</p>
<p>
&mdash;&iexcl;El pobre, tan bueno!
</p>
<p>
Se present&oacute; a la saz&oacute;n el cura p&aacute;rroco, y entonces &eacute;l y algunos fieles que se hab&iacute;an reunido en la iglesia, rezaron con gran devoci&oacute;n un rosario por el eterno descanso de mi alma. &iexcl;Dios se lo pague a mis paisanos!, y &Eacute;l me abone en cuenta, en su d&iacute;a, este bondadoso adelanto.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
P&aacute;nico.
</hi>
&mdash;Ya he dicho que al empezar el bombardeo muchos pac&iacute;ficos habitantes de San Juan corrieron hacia las afueras de la ciudad; el espect&aacute;culo, visto desde lo alto de San Crist&oacute;bal, era doloroso: ancianos, enfermos, cojos con sus muletas, ciegos,
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0113">
0113
</controlpgno>
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91
</printpgno>
</pageinfo>
a tientas y sin lazarillos, madres con sus hijos de las manos y en brazos los m&aacute;s peque&ntilde;os, todos hu&iacute;an en abigarrado tropel, como un reba&ntilde;o que se desbanda; los campesinos que a dicha hora llegaban con sus cargas de aves y vegetales, volvieron grupas, y a todo correr tomaron la carretera de R&iacute;o Piedras, y hasta uno, creyendo escapar mejor, abandon&oacute; su carga y montura fiando la salvaci&oacute;n a sus propios pies.
</p>
<p>
El teniente Policarpo Echevarr&iacute;a, que iba por Puerta de Tierra hacia San Jer&oacute;nimo, utiliz&oacute; el caballejo, y sobre la carga de pl&aacute;tanos galop&oacute; hasta su castillo.
</p>
<p>
El tranv&iacute;a de vapor de Pablo Ubarri hizo frecuentes viajes abarrotado de pasajeros, arrastrando en algunos m&aacute;s de catorce coches; fu&eacute; bastante la confusi&oacute;n en dicho tren, porque muchas personas entraron por las ventanillas y otras quer&iacute;an llevar consigo maletas y grandes bultos. Dos infelices mujeres dieron a luz en las cunetas del camino, m&aacute;s all&aacute; del puente de San Antonio; otras huyeron en ropas menores, casi desnudas.
</p>
<p>
El bombardeo de San Juan, no de sus bater&iacute;as solamente como dijo el almirante Sampson, sino de la ciudad y sus defensas, fu&eacute; un acto de guerra innecesario, cruel y abusivo. Hay leyes humanas que no necesitan para ser cumplidas estar consignadas en nig&uacute;n c&oacute;digo: son leyes de humanidad, de amor y respeto hacia las mujeres, hacia los ni&ntilde;os, hacia los ancianos, y que se extienden a todos los no combatientes.
</p>
<p>
El teniente Jacobsen, comandante del crucero alem&aacute;n 
<hi rend="italics">
Gier
</hi>
 que visit&oacute; a San Juan, antes y despu&eacute;s del 12 de mayo, public&oacute; m&aacute;s tarde en Berl&iacute;n un resumen de sus observaciones, y en la p&aacute;gina 13 de su libro dice lo que sigue:
</p>
<p>
&ldquo;Una verdadera sorpresa pudo haber ofrecido alguna ventaja al Almirante, solamente en el caso de que hubiese tenido la intenci&oacute;n de forzar el puerto. Si fu&eacute; 
<hi rend="italics">
una simple cuesti&oacute;n de reconocimiento,
</hi>
 debi&oacute; haber garantizado un plazo de dos o m&aacute;s horas, sin que eso alterase el resultado del bombardeo.&rdquo;
</p>
<p>
Este marino, que fonde&oacute; con su crucero de guerra en el puerto de San Juan el d&iacute;a 9 de mayo, dos d&iacute;as antes del bombardeo, y al cual recib&iacute; y festej&eacute; en mi castillo, volvi&oacute; a visitarnos a ra&iacute;z del armisticio; ni antes ni despu&eacute;s hubo secretos para &eacute;l; lo vi&oacute; todo, y as&iacute; su trabajo resulta en extremo interesante; desde estas p&aacute;ginas le doy las gracias por el ejemplar que me enviara el a&ntilde;o 1899. En ese libro y refiri&eacute;ndose a los defensores de San Juan puede leerse:
</p>
<p>
&ldquo;Son muy valientes estos soldados; de gran empuje y resistencia, siempre sobrios. Por esas cualidades militares, el soldado espa&ntilde;ol es altamente apreciado en todas partes.&rdquo;
</p>
<p>
<hi rend="bold">
Detalles curiosos.
</hi>
&mdash;En el Asilo de Beneficencia, un proyectil de peque&ntilde;o calibre atraves&oacute; el muro del Norte, estallando dentro del dormitorio de ni&ntilde;os; el efecto de la explosi&oacute;n fu&eacute; tan intenso que las almohadas y ropas de cama de los asilados fueron lanzadas hacia el techo, y como los ladrillos de &eacute;ste tambi&eacute;n se levantasen, al
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0114">
0114
</controlpgno>
<printpgno>
92
</printpgno>
</pageinfo>
caer de nuevo, aquellas s&aacute;banas y almohadas quedaron aprisionadas entre dichos ladrillos y las vigas; as&iacute; permanecieron por muchos d&iacute;as, siendo objeto de la curiosidad p&uacute;blica.
</p>
<p>
En el mismo edificio otra granada de tiro r&aacute;pido atraves&oacute;, una tras otra, cinco puertas que estaban abiertas en una secci&oacute;n de 
<hi rend="italics">
water-closets
</hi>
 y lastimando a una hermana de la Caridad, penetr&oacute; en la capilla y cay&oacute; sobre el altar, descansando sobre su base, y sin hacer explosi&oacute;n, ante una imagen de la Virgen que all&iacute; hab&iacute;a.
</p>
<illus entity="i0114" map="no">
<caption>
<p>
Estado ruinoso en que qued&oacute; el cuartel de Ballaj&aacute; despu&eacute;s del bombardeo.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
En San Crist&oacute;bal ocurri&oacute; algo muy parecido: otro proyectil que no ten&iacute;a o hab&iacute;a perdido su espoleta, perfor&oacute; un muro de nueve pies de espesor; entr&oacute; en la capilla, convertida a la saz&oacute;n en repuesto de cartuchos y, lo mismo que el anterior, qued&oacute; en posici&oacute;n vertical, frente a una imagen de Santa B&aacute;rbara, patrona del cuerpo de artiller&iacute;a.
</p>
<p>
En el Campo del Morro, un soldado de infanter&iacute;a, que era ordenanza del doctor Goenaga, fu&eacute; destrozado por un proyectil que, con la violencia de su explosi&oacute;n, le despoj&oacute; de todas sus ropas, apareciendo el cad&aacute;ver desnudo y conservando calzado el pie derecho. Otro artillero, que prestaba servicios en el castillo del Morro y junto al cual hizo explosi&oacute;n una granada de gran calibre, qued&oacute; en cueros, recibiendo &uacute;nicamente algunas heridas leves. Este artillero fu&eacute; asistido por el doctor Pedro del Valle.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
En las fortificaciones.
</hi>
&mdash;En el Morro se anotaron 32 impactos, algunos de los cuales causaron serias aver&iacute;as, como el que destruyera la parte alta del faro; aun pueden
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0115">
0115
</controlpgno>
<printpgno>
93
</printpgno>
</pageinfo>
observarse en este castillo las numerosas cicatrices de aquella jornada, aunque un celo mal entendido del Alto Mando hizo que los ingenieros militares arreglasen casi todos los desperfectos, que debieron conservarse como recuerdo hist&oacute;rico. San Crist&oacute;bal tambi&eacute;n recibi&oacute; numerosos proyectiles que removieron varios metros c&uacute;bicos de mamposter&iacute;a, inutilizando, como he relatado, temporalmente, dos de las mejores piezas all&iacute; emplazadas.
</p>
<p>
Ambos fuertes fueron los m&aacute;s castigados por el ca&ntilde;&oacute;n enemigo, aunque el Morro recibi&oacute; mayor volumen de fuego, pues se intent&oacute; demolerlo, derrumbando sus escarpas al mar; pero en San Crist&oacute;bal fu&eacute; donde &uacute;nicamente hubo artilleros muertos y piezas inutilizadas.
</p>
<illus entity="i0115" map="no">
<caption>
<p>
Iglesia de San Jos&eacute;, mostrando los efectos del bombardeo.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
<hi rend="bold">
En el Hospital Militar.
</hi>
&mdash;Como este edificio ofreciera poca seguridad para los enfermos y fuese alcanzado por el fuego enemigo, sus salas de emergencia fueron trasladadas, a mediod&iacute;a, al edificio del Seminario Conciliar. En dicho hospital trabajaron toda la ma&ntilde;ana m&eacute;dicos, practicantes, sanitarios y hermanas de la Caridad.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
En el caser&iacute;o.
</hi>
&mdash;Uno de los primeros disparos tronch&oacute; el asta de bandera de la Casa Ayuntamiento, lanz&aacute;ndola a la calle de San Francisco. La Intendencia fu&eacute; alcanzada en la cornisa alta, y los cascotes hirieron a un oficial y a tres voluntarios. El cuartel de Ballaj&aacute; fu&eacute; acribillado por proyectiles de tiro r&aacute;pido, y un muro de la parte Norte vino a tierra, quedando todo el edificio en estado ruinoso.
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0116">
0116
</controlpgno>
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94
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</pageinfo>
<p>
El Manicomio, hasta que se iz&oacute; en &eacute;l la bandera de la Cruz Roja, fu&eacute; tambi&eacute;n blanco del enemigo, recibiendo gran n&uacute;mero de proyectiles. En el Cementerio cayeron dos granadas, de seis pulgadas una de ellas, y otra de 13, destruyendo varios nichos y poniendo a descubierto restos humanos. La Catedral y la iglesia de San Jos&eacute; fueron averiadas. Casa Blanca, el Seminario Conciliar y las casas n&uacute;meros 7, 9 y II del recinto de Ballaj&aacute; sufrieron desperfectos de consideraci&oacute;n.
</p>
<p>
Proyectiles de tama&ntilde;os diversos (muchos de ellos no hicieron explosi&oacute;n) tocaron en las siguientes casas: n&uacute;meros 2, 9, 15, 19 y 21 de la calle de San Sebasti&aacute;n; 12 y 42 de la Cruz; 20, 21 y 61 de San Francisco; 39, 41, 43 y 37 de la Fortaleza (esta &uacute;ltima recibi&oacute; cinco proyectiles); n&uacute;mero 15 de San Justo; 1 y 13 de la calle del Sol, y 52 de la Luna.
</p>
<p>
En el Asilo de la Concepci&oacute;n, el Palacio de Santa Catalina, el Arsenal y en alg&uacute;n otro edificio que tal vez olvidamos al tomar estas notas, tambi&eacute;n hicieron da&ntilde;os las granadas enemigas. A Santurce llegaron muchas, y una de ellas hiri&oacute; en su casa a Ram&oacute;n L&oacute;pez y al joven Emilio Gorbea, que estaba all&iacute;.
</p>
<p>
En la bah&iacute;a cayeron numerosos proyectiles, que al estallar en el fondo levantaban columnas de agua; uno alcanz&oacute; al crucero auxiliar 
<hi rend="italics">
Alfonso XIII
</hi>
 en la caseta del piloto, y otro al buque de guerra franc&eacute;s 
<hi rend="italics">
Almiral Rigaud
</hi>
 en un m&aacute;stil y en la chimenea. Hasta Cata&ntilde;o y Pueblo Viejo llegaron las granadas, y en la finca 
<hi rend="italics">
San Patricio,
</hi>
 de los hermanos Cerecedo, fu&eacute; recogida una de 13 pulgadas.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
En la c&aacute;rcel.
</hi>
&mdash;En la c&aacute;rcel provincial, en Puerta de Tierra, que ocupaba el edificio que hoy pertenece a la Porto Rican American Tobacco C&deg;, estaban presos, en la sala de preferencia, Antonio Salgado Izquierdo, detenido en Bayam&oacute;n por la Guardia civil en la noche del 4 de mayo por sospechas de que fuese afecto a los americanos; Rafael Arroyo, Manuel Catal&aacute; Due&ntilde;o y el doctor Juan Rodr&iacute;guez Spuch, de Yauco, por los mismos motivos; Santiago Iglesias&mdash;hoy senador&mdash;, por asuntos pol&iacute;ticos; Vicente Mascar&oacute;, por ataques en la Prensa a Mu&ntilde;oz Rivera, y Freeman Halstead, corresponsal del 
<hi rend="italics">
Herald,
</hi>
 a quien se segu&iacute;a procedimiento militar.
</p>
<p>
Todos dorm&iacute;an en catres de tijera. Poco m&aacute;s de las cinco de la ma&ntilde;ana ser&iacute;an cuando sonaron los primeros ca&ntilde;onazos.
</p>
<p>
&mdash;&iexcl;Salvas!&mdash; exclam&oacute;, despert&aacute;ndose, Rafael Arroyo.
</p>
<p>
&mdash;No son salvas; es la escuadra americana bombardeando a San Juan&mdash;repuso el doctor Juan Rodr&iacute;guez.
</p>
<p>
Y no hab&iacute;a acabado de decirlo, cuando un proyectil de cuatro pulgadas, perforando el muro del Norte, entr&oacute; en la habitaci&oacute;n y, sin estallar, di&oacute; en el pavimento. Al rebotar, pas&oacute; tan inmediato a Santiago Iglesias, que le destroz&oacute; el catre y ropas, produci&eacute;ndole una herida en aquel paraje del cuerpo donde, seg&uacute;n el cl&aacute;sico, la espalda cambia de nombre; el proyectil volvi&oacute; a caer al suelo, junto al periodista Halstead, y no estall&oacute;. La habitaci&oacute;n se llen&oacute; de escombros y la confusi&oacute;n fu&eacute; grande; cuando los &aacute;nimos se serenaron, pudo verse que Antonio Salgado ten&iacute;a
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0117">
0117
</controlpgno>
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95
</printpgno>
</pageinfo>
hecha trizas toda la ropa y serias heridas en la espalda, con p&eacute;rdida de varios trozos de piel, y herido, aunque levemente, Halstead; los dem&aacute;s resultaron ilesos.
</p>
<p>
Halstead, quien guard&oacute; el proyectil como recuerdo de aquel d&iacute;a, dec&iacute;a muy alborozado en su mal castellano:
</p>
<p>
&mdash;Ca&ntilde;&oacute;n americano, mucho bueno.
</p>
<p>
Poco despu&eacute;s llegaron al lugar del suceso el doctor Francisco del Valle y el farmac&eacute;utico Fidel Guillermety, y ayudados por el practicante del establecimiento, procedieron a la curaci&oacute;n de los lesionados, que fueron trasladados a otra habitaci&oacute;n. Casi todos estos prisioneros fueron puestos en libertad d&iacute;as antes de la entrega de San Juan, cuando ya el general Brooke estaba en R&iacute;o Piedras, por los buenos oficios de Jorge Finlay y Andr&eacute;s Crosas, as&iacute; como tambi&eacute;n de Scott, 
<hi rend="italics">
manager
</hi>
 de la Compa&ntilde;&iacute;a del Gas.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
Despu&eacute;s del combate.
</hi>
&mdash;La tarde del d&iacute;a 12 se pas&oacute; bastante bien; nuevos hospitales de emergencia a prueba de bomba se habilitaron en los castillos, en la creencia firme de que la escuadra, que continu&oacute; todo el d&iacute;a en el horizonte, aprovechar&iacute;a la noche para reanudar el bombardeo. En la ciudad, los habitantes que permanecieron en ella, y algunos oficiales francos de servicio, se dedicaban al 
<hi rend="italics">
sport
</hi>
 de recoger proyectiles enteros&mdash;m&aacute;s de 200 de &eacute;stos se coleccionaron&mdash;,cascos y espoletas de otros; cada cual almorz&oacute; donde le convidaron, porque caf&eacute;s y 
<hi rend="italics">
restaurants
</hi>
 estaban cerrados; por la noche hubo una gran retreta militar en la plaza de Armas, que result&oacute; bastante concurrida, dado el d&iacute;a de la fiesta.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
Por la noche.
</hi>
&mdash;Todos los ca&ntilde;ones y obuses estaban dispuestos, y sus sirvientes, envueltos en mantas, dorm&iacute;an al pie de los mismos, turnando en el servicio de ret&eacute;n. Las linternas estaban prevenidas para el tiro de noche y llenos grandes recipientes con agua de jab&oacute;n para refrescar las piezas; abajo, los artificieros cargaban proyectiles, coloc&aacute;ndoles espoletas de tiempo y percusi&oacute;n; a cubierto de las macizas b&oacute;vedas, m&eacute;dicos y practicantes dispon&iacute;an vendajes, algodones y frascos de l&iacute;quidos diversos; se hac&iacute;a el menor ruido posible, se hablaba y transmit&iacute;an &oacute;rdenes en voz baja; la ciudad estaba a obscuras, y ni aun se permit&iacute;a a los transeuntes encender sus cigarros. Patrullas armadas vigilaban los recintos, y de cuarto en cuarto de hora se o&iacute;a el 
<hi rend="italics">
&iexcl;alerta!,
</hi>
 que corr&iacute;a de puesto en puesto, y era contestado con el 
<hi rend="italics">
&iexcl;alerta est&aacute;!
</hi>
 del &uacute;ltimo centinela.
</p>
<p>
A las ocho, o algo m&aacute;s de esa noche, son&oacute; un ca&ntilde;onazo; las cornetas respondieron al estampido con toques de generala, y todas las fuerzas de la guarnici&oacute;n salieron de los cuarteles, ocupando sus puestos de alarma. La escolta del general, ciclistas, auxiliares, guerrilleros, 
<hi rend="italics">
macheteros,
</hi>
 tiradores, todos formaron, 
<hi rend="italics">
sin que faltase uno solo.
</hi>
</p>
<p>
Aun recuerdo esa noche inolvidable, m&aacute;s angustiosa que el mismo d&iacute;a; a cada momento esper&aacute;bamos o&iacute;r el estampido de los ca&ntilde;ones, pensando en los horrores de un bombardeo nocturno, y por esto no debe extra&ntilde;arse la alarma que el disparo produjera. Todo se redujo a que un cabo de ca&ntilde;&oacute;n del 
<hi rend="italics">
Concha,
</hi>
 examinando su
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0118">
0118
</controlpgno>
<printpgno>
96
</printpgno>
</pageinfo>
pieza para cerciorarse de que estaba bien cargada, se le escap&oacute; el tiro, yendo a clavarse el proyectil en otro buque anclado en la bah&iacute;a.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
Al amanecer.
</hi>
&mdash;Desde las cuatro de la madrugada toda la guarnici&oacute;n estaba en pie y en sus puestos de combate; a las cinco, los artilleros entraron en bater&iacute;as; jefes y oficiales, subidos a los parapetos, examin&aacute;bamos el horizonte con nuestros gemelos de campa&ntilde;a.
</p>
<p>
A las cinco y media, o poco m&aacute;s, el sol nos envi&oacute; sus primeras claridades; una racha barri&oacute; las brumas, y vimos que la escuadra enemiga hab&iacute;a desaparecido. Hasta donde alcanzaba la vista, el mar estaba desierto; aqu&iacute; y all&aacute; flotaban cajas vac&iacute;as que hab&iacute;an contenido p&oacute;lvora y proyectiles, y algunos trozos de m&aacute;stiles y restos de embarcaciones menores.
</p>
<illus entity="i0118" map="no">
<caption>
<p>
Hon. Santiago Iglesias, senador de Puerto Rico y jefe del partido socialista, y presidente, tambi&eacute;n, de la Federaci&oacute;n Americana de Trabajadores, en la Isla.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
Los acorazados y cruceros de Sampson se hab&iacute;an retirado. Un sentimiento de alivio se apoder&oacute; de todos, y muchos se fueron a descansar despu&eacute;s de veinticuatro horas de tensi&oacute;n nerviosa.
</p>
<p>
Yo quisiera fijar exactamente en estas p&aacute;ginas mi estado de &aacute;nimo durante la jornada del 12 de mayo. Lo primero fu&eacute; sorpresa, temor a lo imprevisto y a sus consecuencias, y tal vez miedo. Despu&eacute;s de los primeros disparos, y cuando divis&eacute; a tanta gente infeliz, a quienes los proyectiles americanos sacaron de sus lechos a medio vestir, y que buscaban en su hu&iacute;da la salvaci&oacute;n, sent&iacute; odio profundo hacia aquellos grandes buques, que, no contentos con su inmensa superioridad, se escudaban en la sombra de la noche para atacar a mansalva a un pueblo indefenso, violando todas las reglas del derecho de gentes y los sentimientos de humanidad. Yo afirmo, por mi honor, que aquel d&iacute;a hice cuanto pude para hundir uno o muchos de los cruceros
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0119">
0119
</controlpgno>
<printpgno>
</printpgno>
</pageinfo>
<illus entity="i0119" map="no">
<caption>
<p>
Castillo de San Jer&oacute;nimo.
</p>
</caption>
</illus>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0120z">
0120
</controlpgno>
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</printpgno>
<blankpage>
</pageinfo>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0121">
0121
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<printpgno>
97
</printpgno>
</pageinfo>
de Sampson; a mitad del combate, y ya due&ntilde;o de mis nervios, comprend&iacute; lo m&iacute;sero de nuestra situaci&oacute;n, lo pobre de nuestro armamento, la inexperiencia de nuestros artilleros, que jam&aacute;s, hasta entonces, hab&iacute;an escuchado el disparo de un ca&ntilde;&oacute;n; entonces maldije de aquellos hombres del Ministerio de la Guerra de Madrid, que pudiendo y debiendo haber hecho tan grandes cosas, nos dejaron indefensos y a merced del enemigo.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
Observaciones.
</hi>
&mdash;El autor de este libro, que ha presenciado maniobras navales en Hampton Roads y en la Costa Azul del Mediterr&aacute;neo, afirma que jam&aacute;s vi&oacute; otra tan precisa, tan elegante y tan serenamente realizada como aquella de la escuadra americana el d&iacute;a 12 de mayo de 1898. Parec&iacute;a un simulacro en que los buques navegaban a igual velocidad, conservando inalterables las distancias entre ellos. El fuego fu&eacute; muy vivo, verdaderamente de volumen aterrador; pero el fuerte oleaje del Noroeste perjudic&oacute; la punter&iacute;a; los buques daban fuertes balances, y de ah&iacute; que muchos disparos cayesen cortos, otros muy largos y los menos diesen en el blanco. D&iacute;as m&aacute;s tarde tom&eacute; nota de un gran n&uacute;mero de impactos, y puedo afirmar, sin grave error, que de cada cien disparos 20 resultaron cortos, 60 largos, y el resto toc&oacute; en las bater&iacute;as o cerca de ellas.
</p>
<illus entity="i0121" map="no">
<caption>
<p>
Coronel-Subinspector de artilleria D. Jos&eacute; S&aacute;nchez de Cast&iacute;lla, en uniforme de campa&ntilde;a.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
Hubo un error grav&iacute;simo al seleccionar los proyectiles, pues la mayor parte fueron granadas perforantes, de cabeza endurecida, y con espoletas tan defectuosas, que el 80 por 100 no funcionaron. En el Parque de Artiller&iacute;a se abrieron muchas granadas, y de ellas un regular n&uacute;mero 
<hi rend="italics">
no ten&iacute;an carga interior,
</hi>
 y en otras era incompleta.
</p>
<p>
Si en vez de proyectiles perforantes, que debieron ser reservados para la escuadra de Cervera, hubieran usado granadas ordinarias con espoletas de percusi&oacute;n y &ldquo;shrapnels&rdquo;, con espoletas de tiempo, otro hubiese sido el resultado del combate y tal vez el autor no tendr&iacute;a hoy la oportunidad de escribir este libro.
<lb>
7
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0122">
0122
</controlpgno>
<printpgno>
98
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
<hi rend="bold">
La escuadra norteamericana.
</hi>
&mdash;Toda la fuerza naval americana del norte Atl&aacute;ntico ten&iacute;a su base en Cayo Hueso, Florida. El d&iacute;a 3 de mayo, el almirante Sampson que la mandaba, recibi&oacute; el siguiente cable del secretario de Marina, Long:
</p>
<p>
W&aacute;shington, mayo 3, 1898.
</p>
<p>
Sampson, Cayo Hueso, Florida.
</p>
<p>
Ning&uacute;n movimiento en grande escala del Ej&eacute;rcito podr&aacute; tener lugar durante estos d&iacute;as, ni tampoco ninguno de menor importancia podr&aacute; realizarse hasta que se conozca el paradero de los cuatro cruceros protegidos y 
<hi rend="italics">
destroyers
</hi>
 espa&ntilde;oles. Si su objetivo es Puerto Rico, deber&aacute;n llegar all&iacute; alrededor de mayo 8, y se le autoriza a Ud. en este caso, para atacarlos, as&iacute; como a San Juan. Entonces la escuadra 
<hi rend="italics">
Volante
</hi>
 reforzar&aacute; a Ud.
</p>
<p>
<hi rend="smallcaps">
Long.
</hi>
</p>
<p>
Al recibo de la orden anterior, el almirante reuni&oacute; una parte de sus fuerzas, compuestas de los acorazados 
<hi rend="italics">
Iowa
</hi>
 e 
<hi rend="italics">
Indiana,
</hi>
 el crucero acorazado 
<hi rend="italics">
New York
</hi>
 (buque insignia) y los cruceros protegidos 
<hi rend="italics">
Montgomery
</hi>
 y 
<hi rend="italics">
Detroit;
</hi>
 los monitores 
<hi rend="italics">
Amphitrite
</hi>
 y 
<hi rend="italics">
Terror,
</hi>
 torpedero 
<hi rend="italics">
Porter
</hi>
 y el remolcador 
<hi rend="italics">
Wompatuck.
</hi>
 Tambi&eacute;n se incorporaron el carbonero 
<hi rend="italics">
Ni&aacute;gara
</hi>
 y dos yates donde viajaban los corresponsales de la Prensa asociada.
</p>
<p>
El 4 del mismo mes zarp&oacute; la flota, as&iacute; formada, con rumbo al Este, llegando el 8 a la altura de Cabo Haitien, Hait&iacute;, desde donde Sampson envi&oacute; a W&aacute;shington el cable que figura en la p&aacute;gina 69, y sin esperar la autorizaci&oacute;n que solicitara, hizo rumbo directo a San Juan, frente a cuya plaza lleg&oacute; a la una y treinta de la madrugada, mayo 12, 1898. Para la mayor exactitud de este relato, copio a continuaci&oacute;n el parte oficial del comandante de la Escuadra:
</p>
<p>
Key West, Fla., mayo 18, 1898.
</p>
<p>
No. 83. U. S. Flagship New York, 1st. Rate.
</p>
<p>
Se&ntilde;or: Complementando mi telegrama No. 73, fecha 12 del corriente, tengo el honor de someterle el siguiente informe, m&aacute;s detallado, del ataque a las defensas de San Juan, Puerto Rico, hecho por una parte de esta escuadra el d&iacute;a 12 del corriente mes.
</p>
<p>
Al aproximarnos a dicho puerto, observamos que ninguno de los buques espa&ntilde;oles estaba dentro de &eacute;l; de aqu&iacute; surgi&oacute; la duda de si hab&iacute;an llegado antes, partiendo m&aacute;s tarde con rumbo desconocido, o si no hab&iacute;an llegado a&uacute;n. Como su captura era el objeto de la expedici&oacute;n y era muy esencial que no se corriesen hacia el Oeste, determin&eacute; atacar las bater&iacute;as que defend&iacute;an el puerto, para conocer su fuerza y posiciones, y entonces, sin esperar la rendici&oacute;n de la ciudad ni sujetarla a un bombardeo regular&mdash;lo cual hubiera requerido aviso previo&mdash;, volver al Oeste.
</p>
<p>
Nuestra marcha de Cayo Hueso a Puerto Rico hab&iacute;a sido m&aacute;s lenta de lo que yo esperaba a causa de las frecuentes aver&iacute;as de los dos monitores (que fu&eacute; preciso llevar a remolque durante todo el viaje) y tambi&eacute;n a las malas condiciones del 
<hi rend="italics">
Indiana;
</hi>
 por eso tardamos ocho d&iacute;as en lugar de cinco como fu&eacute; mi c&aacute;lculo.
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0123">
0123
</controlpgno>
<printpgno>
99
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
El ataque di&oacute; principio tan pronto como hubo bastante claridad; dur&oacute; alrededor de tres horas, y entonces orden&eacute; la se&ntilde;al de 
<hi rend="italics">
alto el fuego,
</hi>
 y toda la flota se mantuvo con proa al Nordeste, y luego, fuera de la vista de San Juan, puso rumbo al Noroeste con objeto de comunicarme en Puerto Plata con ese Departamento y saber si hab&iacute;a alguna informaci&oacute;n sobre el movimiento de los buques espa&ntilde;&oacute;les.
</p>
<p>
En Cabo Haitien recib&iacute; cable particip&aacute;ndome que la escuadra espa&ntilde;ola hab&iacute;a sido se&ntilde;alada frente a Cura&ccedil;ao el d&iacute;a 14 y orden&aacute;ndoseme volver a toda prisa hacia Cayo Hueso.
</p>
<p>
Como indiqu&eacute; en mi telegrama, ninguna aver&iacute;a seria fu&eacute; hecha a mis buques; s&oacute;lo un hombre fu&eacute; muerto y siete ligeramente heridos. Las notas que siguen se tomaron durante el combate.
</p>
<p>
3.30.&mdash;Desayuno.
</p>
<p>
4.&mdash;Zafarrancho de combate. La escuadra navegando hacia San Juan; las luces de la poblaci&oacute;n plenamente visibles; 
<hi rend="italics">
Detroit
</hi>
 en cabeza; 
<hi rend="italics">
Wompatuck
</hi>
 ancl&oacute; un bote para marcar el punto extremo de los circuitos, seg&uacute;n estaba previsto en mi 
<hi rend="italics">
Orden de batalla
</hi>
&mdash;segundo plan de acci&oacute;n&mdash;, los otros buques en columna como sigue: 
<hi rend="italics">
Iowa, Indiana, New York, Amphitrite, Terror
</hi>
 y 
<hi rend="italics">
Montgomery.
</hi>
 Velocidad, cuatro nudos.
</p>
<p>
4.58.&mdash;
<hi rend="italics">
Detroit,
</hi>
 cercano a la costa se atraves&oacute; a la entrada. En este lugar frente al puerto y muy cerca de la ciudad, el 
<hi rend="italics">
Detroit
</hi>
 no fu&eacute; atacado. No hab&iacute;a banderas izadas en el Morro ni en parte alguna. Buques espa&ntilde;oles no se ve&iacute;an en el puerto; solamente hab&iacute;a un vapor mercante en el puerto interior.
</p>
<p>
5.&mdash;Se toca 
<hi rend="italics">
Cuartel general.
</hi>
</p>
<p>
5.16.&mdash;
<hi rend="italics">
Iowa
</hi>
 dispara contra el Morro con sus ca&ntilde;ones de proa de seis libras y despu&eacute;s con toda la bater&iacute;a de estribor. El humo que cubr&iacute;a el buque hizo que el fuego fuera lento.
</p>
<p>
5.24.&mdash;Primer disparo de las bater&iacute;as de tierra.
</p>
<p>
5.30.&mdash;El 
<hi rend="italics">
Iowa
</hi>
 march&oacute; hacia las bater&iacute;as girando hacia el Este.
</p>
<p>
5.59.&mdash;Se hizo se&ntilde;al: 
<hi rend="italics">
formen columna.
</hi>
</p>
<p>
6.09.&mdash;Se hizo se&ntilde;al por tel&eacute;grafo: 
<hi rend="italics">
usen solamente grandes ca&ntilde;ones.
</hi>
 El humo de los ca&ntilde;ones peque&ntilde;os dificultaba el fuego de los m&aacute;s grandes. La columna hizo rumbo hacia las bater&iacute;as, en la misma forma de ataque que en el primer circuito.
</p>
<p>
6.15.&mdash;
<hi rend="italics">
Detroit
</hi>
 delante del Morro, parado, con el 
<hi rend="italics">
Montgomery,
</hi>
 no lejos de su banda de estribor. Desde que las bater&iacute;as de la costa rompieron el fuego (5.24) hasta esta hora (6.15), el 
<hi rend="italics">
Detroit
</hi>
 hab&iacute;a estado parado, inmediato a la costa, entre la l&iacute;nea seguida por la escuadra y el Morro, y sujeto a lo que pareci&oacute; un fuego concentrado de todas las bater&iacute;as de la costa y por todo este tiempo; el buque, entretanto, contestaba con andanadas de sus bater&iacute;as de tiro r&aacute;pido.
</p>
<p>
6.30.&mdash;Se hace se&ntilde;al al 
<hi rend="italics">
Detroit
</hi>
 y 
<hi rend="italics">
Montgomery
</hi>
 que no sigan a los acorazados. A esta hora todas las bater&iacute;as hab&iacute;an desarrollado sus fuegos y eran mucho m&aacute;s numerosas que lo que yo sospechaba, por la informaci&oacute;n recibida.
</p>
<p>
6.35.&mdash;
<hi rend="italics">
Iowa
</hi>
 empez&oacute; a disparar contra el Morro en su segundo circuito, distancia 1.500 yardas.
</p>
<p>
6.40.&mdash;
<hi rend="italics">
Iowa
</hi>
 par&oacute; el fuego. Calma completa; humo sobre las fortificaciones de la costa casi ocult&aacute;ndolas.
</p>
<p>
7.12.&mdash;
<hi rend="italics">
Amphitrite
</hi>
 se&ntilde;al&oacute;: 
<hi rend="italics">
Torre de proa fuera de combate por todo el d&iacute;a.
</hi>
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0124">
0124
</controlpgno>
<printpgno>
100
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
7.16.&mdash;
<hi rend="italics">
Iowa
</hi>
 hizo el primer disparo del tercer circuito.
</p>
<p>
7.38.&mdash;Se&ntilde;al al 
<hi rend="italics">
Detroit
</hi>
 y 
<hi rend="italics">
Montgomery: reporten bajas.
</hi>
 Recibida respuesta como sigue: 
<hi rend="italics">
Detroit,
</hi>
 o; 
<hi rend="italics">
Montgomery,
</hi>
 o.
</p>
<p>
7.45.&mdash;
<hi rend="italics">
Iowa,
</hi>
 despu&eacute;s de sondear, se&ntilde;al&oacute;: 
<hi rend="italics">
seguro.
</hi>
</p>
<p>
7.45.&mdash;Se hizo la se&ntilde;al: 
<hi rend="italics">
formen columna curso Nordeste,
</hi>
 y arri&eacute; la se&ntilde;al a 8.01.
</p>
<p>
8.12.&mdash;Se hizo la se&ntilde;al: 
<hi rend="italics">
reporten accidentes.
</hi>
</p>
<p>
8.15.&mdash;El 
<hi rend="italics">
Terror,
</hi>
 que hab&iacute;a estado parado cerca de la costa combatiendo con las fortificaciones, ces&oacute; de disparar.
</p>
<p>
8.47.&mdash;
<hi rend="italics">
New York
</hi>
 reporta 
<hi rend="italics">
un muerto, cuatro heridos; Iowa
</hi>
 reporta 
<hi rend="italics">
tres heridos; Amphitrite
</hi>
 reporta 
<hi rend="italics">
un muerto
</hi>
 por efectos del calor.
</p>
<p>
Acompa&ntilde;o copias de los partes de los comandantes, con los incidentes del bombardeo, incluyendo la munici&oacute;n gastada y notas sobre el funcionamiento de los ca&ntilde;ones, material, etc.
</p>
<p>
Muy respetuosamente,
</p>
<p>
<hi rend="smallcaps">
W. T. Sampson,
</hi>
<lb>
<hi rend="italics">
Real-Admiral, U. S. Navy,
</hi>
<lb>
<hi rend="italics">
Commander in Chief, U. S. Naval Force
</hi>
<lb>
<hi rend="italics">
North Atlantic Station.
</hi>
</p>
<p>
The Secretary of the Navy, Navy Department, W&aacute;shington, D. C.
</p>
<p>
U. S. Buque insignia 
<hi rend="italics">
New York.
</hi>
 En la mar, mayo, 13, de 1898.
</p>
<p>
Se&ntilde;or:&mdash;Tengo el honor de hacer la siguiente relaci&oacute;n del ataque a los fuertes de San Juan, en el cual tom&oacute; parte este buque.
</p>
<p>
A las tres de la ma&ntilde;ana se toc&oacute; 
<hi rend="italics">
diana,
</hi>
 y la tripulaci&oacute;n tom&oacute; el desayuno a las 3.30; a las 4.56 entramos en l&iacute;nea de combate, el tercero en la columna; seg&uacute;n la orden recibida del Comandante en Jefe, este buque deber&iacute;a seguir los movimientos del 
<hi rend="italics">
Iowa
</hi>
 y del 
<hi rend="italics">
Indiana,
</hi>
 haciendo tres circuitos frente a las bater&iacute;as de la plaza.
</p>
<p>
Primer circuito, comenz&oacute; haciendo fuego a las 5.27 y cerr&oacute; a las 5.45; segundo circuito, di&oacute; principio a las 6.55, y termin&oacute; a las 7.11; tercero y &uacute;ltimo circuito, desde las 7.29 a las 7.46.
</p>
<p>
Desde que comenz&oacute; hasta que ces&oacute; el fuego transcurrieron dos horas y diez y nueve minutos. Durante todo el tiempo el 
<hi rend="italics">
New York
</hi>
 estuvo siempre bajo el fuego enemigo, algunas veces muy fuerte.
Un gran n&uacute;mero de proyectiles cayeron en las cercan&iacute;as del buque, la mayor parte pasando por encima, pero solamente uno hizo blanco; fu&eacute; una granada de seis pulgadas, que cay&oacute; a bordo unos seis pies sobre el extremo posterior de la superestructura del puente, arrancando el tope del montante delantero, donde hizo explosi&oacute;n, matando a un marinero e hiriendo a cuatro cerca del ca&ntilde;&oacute;n de ocho pulgadas, destruyendo totalmente el bote n&uacute;mero 4 y el proyector el&eacute;ctrico de estribor, perforando los ventiladores y chimeneas en muchos sitios, y haciendo adem&aacute;s peque&ntilde;os agujeros en otros botes. Este proyectil nos toc&oacute; a las 7.40, cuando el buque estaba haciendo su tercer circuito y viraba afuera para tomar rumbo al Oeste. Suponemos
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0125">
0125
</controlpgno>
<printpgno>
101
</printpgno>
</pageinfo>
que fu&eacute; disparado desde una bater&iacute;a del Este&mdash;San Crist&oacute;bal - y a una distancia de 5.000 yardas.
</p>
<p>
Todo funcion&oacute; a bordo perfectamente, excepto la considerable dificultad que experimentamos al atorarse los ca&ntilde;ones de ocho pulgadas, cuyos extractores se rompieron, y tambi&eacute;n el aparato para mover la torre de popa sufri&oacute; aver&iacute;as, y aunque se repararon, hicieron perder mucho tiempo en el fuego de estas piezas.
</p>
<p>
La conducta de los oficiales y del personal fu&eacute; excelente. El gasto de municiones fu&eacute; como sigue: 55 proyectiles de ocho pulgadas; 128 de cuatro pulgadas; 130 de seis libras. Hasta despu&eacute;s del primer circuito no se us&oacute; otro ca&ntilde;&oacute;n que el de ocho pulgadas.
</p>
<p>
La eficiencia del fuego fu&eacute; menor de lo que era de esperarse, debido al fuerte oleaje del Noroeste; resto, no cabe duda, de una gran marejada. Las alzas usadas fueron a 3.500 y 1.500 yardas.
</p>
<p>
Todas las aver&iacute;as experimentadas por el 
<hi rend="italics">
New York,
</hi>
 excepto las producidas por el proyectil enemigo, fueron causadas por la concusi&oacute;n de sus propios ca&ntilde;ones de ocho pulgadas, que arrancaron parte del techo del puente de proa, banda de babor; la cubierta del proyector de este mismo lado y el salvavidas, tambi&eacute;n de babor.
</p>
<p>
Es extraordinaria la poca importancia de estas aver&iacute;as, si se tiene en cuenta el fuego incesante a que estuvo sujeto este buque por tan largo per&iacute;odo de tiempo.
</p>
<p>
Muy respetuosamente,
</p>
<p>
<hi rend="smallcaps">
F. E. Chadwick,
</hi>
<lb>
<hi rend="italics">
Capitan, U. S. N., Comandante.
</hi>
</p>
<p>
Los partes oficiales de los otros capitanes de los buques del almirante Sampson pueden encontrarse, cuidadosamente traducidos, en el Ap&eacute;ndice n&uacute;mero 5.
</p>
<p>
Como el bombardeo de San Juan fu&eacute; la operaci&oacute;n m&aacute;s importante en Puerto Rico, durante la guerra hispanoamericana, no extra&ntilde;e el lector el gran espacio que a ella se dedica en esta Cr&oacute;nica.
</p>
<p>
El contraalmirante William T. Sampson public&oacute; en el 
<hi rend="italics">
Century Magazine,
</hi>
 bajo su firma, volumen LVII-116, lo que sigue:
</p>
<p>
..... Los monitores resultaron gravosos y motivo de gran ansiedad. El 
<hi rend="italics">
Amphitrite
</hi>
 y 
<hi rend="italics">
Terror
</hi>
 ten&iacute;an tan poca velocidad, que para que hiciesen siete nudos y medio por hora, tuvieron que ser remolcados, uno, por el 
<hi rend="italics">
Iowa,
</hi>
 y otro, por el 
<hi rend="italics">
New York.
</hi>
 Las m&aacute;quinas del acorazado 
<hi rend="italics">
Indiana
</hi>
 no funcionaban bien; esto, unido a la insuficiencia del carb&oacute;n que llevaban los monitores, puso a toda la flota en p&eacute;simas condiciones de movilidad..... Pens&eacute; durante todo el viaje que hubiera sido mucho mejor que estos monitores hubieran permanecido en los Estados Unidos..... Nunca un comandante en jefe fu&eacute; m&aacute;s atormentado por sus buques..... &iexcl;Qu&eacute; aprieto si entonces nos hubi&eacute;ramos encontrado con los buques de Cervera! Por falta de velocidad, los monitores no hubieran podido entrar en combate.....
</p>
<p>
Desde algunos d&iacute;as antes de este viaje yo hab&iacute;a preparado mi plan para un ataque a San Juan, bajo la presunci&oacute;n de encontrar en aquel puerto a la escuadra enemiga. Si ella sal&iacute;a fuera a encontrarnos, o si llegaba al mismo tiempo que nosotros, todo
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0126">
0126
</controlpgno>
<printpgno>
102
</printpgno>
</pageinfo>
ser&iacute;a un simple combate naval. Prepar&eacute; 
<hi rend="italics">
croquis,
</hi>
 se&ntilde;alando la posici&oacute;n de cada buque, y todo el plan lo discut&iacute; con los comandantes, quienes lo aprobaron.
</p>
<p>
Sab&iacute;amos que un gran vapor hab&iacute;a sido sumergido a trav&eacute;s del canal para obstru&iacute;rlo, precisamente dentro de la boca del puerto, y tambi&eacute;n que algunos torpedos hab&iacute;an sido fondeados a ambos lados de dicho obst&aacute;culo y en los bancos del canal. Todo esto hizo preciso que el ataque fuera dirigido ya sobre los buques, o tambi&eacute;n sobre las bater&iacute;as de costa, desde fuera del puerto. Los vientos reinantes causan all&iacute; fuerte oleaje del Este, y como la costa Norte de Puerto Rico es completamente abierta, el fuego de los monitores deber&iacute;a resultar muy incierto.
</p>
<illus entity="i0126" map="no">
<caption>
<p>
Castillo del Morro, visto desde alta mar.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
El sondaje anotado en los planos de la isla era dudoso, pero se notaba que resultaba peligroso aproximarse a la costa, excepto por el camino usual de entrada y salida de los buques al puerto. Se decidi&oacute;, por tanto, enviar como avanzada de la escuadra un buque de poco calado (el 
<hi rend="italics">
Detroit
</hi>
), para determinar, recorriendo el camino que deb&iacute;an seguir los otros buques, si era seguro para ellos.
</p>
<p>
El 
<hi rend="italics">
Wompatuck
</hi>
 tom&oacute; a remolque un peque&ntilde;o bote hasta cierto punto, y lo ancl&oacute; all&iacute;, para marcar el lugar donde los mayores buques deber&iacute;an iniciar su curso, desde el Oeste hacia el Este, a trav&eacute;s de la boca del puerto. Esto colocar&iacute;a sus bater&iacute;as de estribor frente al Morro, y dicha l&iacute;nea deber&iacute;a seguirse por todos los buques, hasta llegar a un punto frente a las &uacute;ltimas bater&iacute;as; desde all&iacute;, con el tim&oacute;n a estribor, describir&iacute;an un c&iacute;rculo, volviendo al punto de partida. Cada buque tendr&iacute;a un hombre, colocado en el lado opuesto a las bater&iacute;as, llevando a cabo cuidadoso sondeo.
</p>
<p>
El 
<hi rend="italics">
Detroit,
</hi>
 que fu&eacute; elegido para guiar el sondeo, r&aacute;pidamente reportaba cada profundidad dudosa. El peque&ntilde;o 
<hi rend="italics">
Wompatuck
</hi>
 se puso en marcha y ancl&oacute; su bote, el cual llevaba una bandera para hacer la se&ntilde;al claramente visible. El bombardeo empez&oacute; diez minutos despu&eacute;s de las cinco.
</p>
<p>
El 
<hi rend="italics">
Iowa,
</hi>
 al cual mi insignia y la mayor parte de mi Estado Mayor hab&iacute;an sido transferidos el d&iacute;a anterior, segu&iacute;a al 
<hi rend="italics">
Detroit.
</hi>
 Se se&ntilde;al&oacute; a cada buque el curso que deb&iacute;a seguir y en el orden siguiente: 
<hi rend="italics">
Iowa, Indiana, New York, Amphitrite
</hi>
 y 
<hi rend="italics">
Terror.
</hi>
 El 
<hi rend="italics">
Montgomery
</hi>
 fu&eacute; destacado para silenciar las bater&iacute;as de un fuerte aislado al
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0127">
0127
</controlpgno>
<printpgno>
103
</printpgno>
</pageinfo>
Oeste de la boca del puerto
<anchor id="n0127-01">
1
</anchor>
. No fu&eacute; mi intenci&oacute;n que el 
<hi rend="italics">
Montgomery
</hi>
 y el 
<hi rend="italics">
Detroit,
</hi>
 siendo buques sin protecci&oacute;n, tomasen parte en el fuego; pero por un error, probablemente m&iacute;o, porque no lo expres&eacute; claramente en las instrucciones al 
<hi rend="italics">
Detroit,
</hi>
 este buque permaneci&oacute; por hora y media en el punto donde deb&iacute;a haber girado para continuar su curso hacia el Este. Se intent&oacute; llamarlo por se&ntilde;ales, pero esto fu&eacute; imposible a causa del humo que lo ocultaba. Todo ese tiempo estuvo completamente expuesto a un nutrido fuego, a corta distancia (1.500 yardas), y yo cre&iacute; verlo m&aacute;s tarde hecho pedazos, o por lo menos desarbolado; pero la precisi&oacute;n y firmeza con que manten&iacute;a su fuego me convencieron que lo estaba 
<hi rend="italics">
haciendo bien.
</hi>
 Cuando le ped&iacute; por se&ntilde;ales que reportase sus novedades, fu&iacute; agradablemente sorprendido al recibir la siguiente respuesta: 
<hi rend="italics">
Ninguna.
</hi>
 &iexcl;Ni 
una sola aver&iacute;a!
</p>
<note anchor.ids="n0127-01" place="bottom"><p><superscript>1</superscript> Hac&iacute;a m&aacute;s de sesenta a&ntilde;os que este fuerte, el 
<hi rend="italics">Ca&ntilde;uelo,
</hi> no ten&iacute;a montado un solo ca&ntilde;&oacute;n ni tampoco guarnici&oacute;n alguna.&mdash;
<hi rend="italics">N. del A.
</hi></p></note>
<illus entity="i0127" map="no">
<caption>
<p>
Bater&iacute;a alta del Morro, que mand&oacute;, durante el bombardeo, el capit&aacute;n D. Ram&oacute;n Acha.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
Los buques hicieron tres circuitos disparando contra las bater&iacute;as de la costa. A las ocho menos cuarto ces&oacute; el bombardeo, y tres minutos m&aacute;s tarde hice la se&ntilde;al para 
<hi rend="italics">
formar en columna,
</hi>
 con proa al Nordeste. 
<hi rend="italics">
Este fu&eacute;, probablemente, el m&aacute;s fuerte bombardeo de toda la campa&ntilde;a.
</hi>
</p>
<p>
Nuestras bajas fueron un muerto y cuatro heridos a bordo del 
<hi rend="italics">
Nueva York,
</hi>
 y tres heridos en el 
<hi rend="italics">
Iowa;
</hi>
 todos los dem&aacute;s buques escaparon sin aver&iacute;as ni bajas. Si el hombre que muri&oacute; hubiese obedecido mis &oacute;rdenes, probablemente hubiese escapado, as&iacute; como los heridos. Mis &oacute;rdenes fueron que toda la gente que no estuviese sirviendo los ca&ntilde;ones deber&iacute;a permanecer bajo cubierta, a cubierto del fuego; eran tan grandes su impaciencia y curiosidad para observar lo que pasaba, que aun cuando ellos no tomaban parte en el combate, frecuentemente se les vi&oacute; en los parajes m&aacute;s expuestos.
</p>
<p>
Respecto a la acusaci&oacute;n de que yo bombarde&eacute; a los no combatientes de San Juan, debo contestar que ni una sola vez nuestros ca&ntilde;ones fueron dirigidos hacia la ciudad y que todo da&ntilde;o que &eacute;sta sufriera fu&eacute; incidental. Sin embargo, aunque las modernas pr&aacute;cticas de la guerra requieren previo aviso a los no combatientes, esto se refiere &uacute;nicamente a ciudades no defendidas y no donde tales defensas est&eacute;n
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0128">
0128
</controlpgno>
<printpgno>
104
</printpgno>
</pageinfo>
situadas de modo tal, que no puedan ser atacadas por un enemigo sin hacer da&ntilde;o en la poblaci&oacute;n. Como materia de hecho, la ciudad en su mayor parte aparec&iacute;a oculta por las fortificaciones y por el alto promontorio donde &eacute;stas est&aacute;n levantadas; el da&ntilde;o que recibi&oacute; debi&oacute; ser muy ligero.
</p>
<p>
El bombardeo de San Juan me prob&oacute; que con viento favorable que hubiese arrastrado el humo, la ciudad f&aacute;cilmente hubiera sido tomada; como Cervera no estaba all&iacute;, la destrucci&oacute;n del carb&oacute;n o la ocupaci&oacute;n de la plaza era todo lo que pod&iacute;amos esperar, y como no pod&iacute;a destacarse una parte de la escuadra para detenerla all&iacute; y adem&aacute;s la llegada de un ej&eacute;rcito de ocupaci&oacute;n era incierta.....
</p>
<p>
Poco despu&eacute;s de cesar el bombardeo, fu&eacute; despachado a St. Thomas el crucero 
<hi rend="italics">
Montgomery,
</hi>
 el cual dirigi&oacute; al secretario de Marina el siguiente cable:
</p>
<p>
Frente a San Juan de Puerto Rico, Mayo 12, 1898.
</p>
<p>
Al Secretario de Marina, W&aacute;shington, D. C.
</p>
<p>
Una parte de la escuadra ha llegado esta ma&ntilde;ana, a primera hora, a San Juan. En el puerto no hab&iacute;a ning&uacute;n buque de guerra de la escuadra de Cervera. En cuanto hubo clareado d&iacute; orden de comenzar el ataque por el bombardeo de las bater&iacute;as. Este dur&oacute; tres horas, y dichas bater&iacute;as han sufrido, lo mismo que una parte de la poblaci&oacute;n, junto con ellas. Las bater&iacute;as espa&ntilde;olas han respondido, empero sin efectos notables. A bordo del 
<hi rend="italics">
New York
</hi>
 hemos tenido un muerto, y en los dem&aacute;s buques siete heridos. Nuestra escuadra, sin aver&iacute;as.&mdash;
<hi rend="smallcaps">
Sampson.
</hi>
</p>
<p>
Como dato para la Historia, deseo consignar el n&uacute;mero de ca&ntilde;ones que hicieron fuego aquella ma&ntilde;ana sobre las bater&iacute;as y ciudad de San Juan. En la relaci&oacute;n no incluyo las ametralladoras de cada buque.
</p>
<p>
Acorazado 
<hi rend="italics">
Iowa, 38
</hi>
 ca&ntilde;ones; acorazado 
<hi rend="italics">
Indiana, 42;
</hi>
 crucero acorazado 
<hi rend="italics">
New York, 30;
</hi>
 monitor 
<hi rend="italics">
Amphitrite, 10;
</hi>
 monitor 
<hi rend="italics">
Terror, 10;
</hi>
 crucero 
<hi rend="italics">
Montgomery, 17;
</hi>
 crucero 
<hi rend="italics">
Detroit, 17;
</hi>
 total, 
<hi rend="italics">
16?
</hi>
 ca&ntilde;ones, de los cuales la mayor parte eran de calibre superior a los de la plaza, desde 8 pulgadas hasta 13 (los del 
<hi rend="italics">
Indiana
</hi>
); adem&aacute;s, eran numerosos los de tiro r&aacute;pido, piezas de que carec&iacute;amos. La plaza durante el combate puso en acci&oacute;n solamente 
<hi rend="italics">
28
</hi>
 piezas, de las cuales 
<hi rend="italics">
20
</hi>
 eran ca&ntilde;ones de 15 cent&iacute;metros, y las restantes, obuses de 24 y 21 cent&iacute;metros y de avancarga estos &uacute;ltimos. Cada ca&ntilde;&oacute;n de tierra combati&oacute; contra seis en el mar.
</p>
<p>
Si nuestras bater&iacute;as hubiesen contado con piezas de mayor calibre y con algunas de tiro r&aacute;pido, la proporci&oacute;n no hubiera sido tan desventajosa, toda vez que es axioma de guerra 
<hi rend="italics">
que cada pieza en tierra vale por cinco en el mar.
</hi>
</p>
<p>
En cuanto al consumo de municiones, fu&eacute; como sigue: el 
<hi rend="italics">
Iowa
</hi>
 dispar&oacute; 138 proyectiles, de los cuales 37 fueron de 30 cent&iacute;metros; el 
<hi rend="italics">
New York,
</hi>
 315, 55 de ellos de 20 cent&iacute;metros; el 
<hi rend="italics">
Indiana,
</hi>
 187, entre &eacute;stos bastantes de 33 cent&iacute;metros, los de mayor calibre; el 
<hi rend="italics">
Amphitrite,
</hi>
 99, de los cuales 17 med&iacute;an 25 cent&iacute;metros de calibre; el 
<hi rend="italics">
Detroit
</hi>
 dispar&oacute; 318, de los cuales 175 fueron de 12 cent&iacute;metros; el 
<hi rend="italics">
Terror
</hi>
 lanz&oacute;
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0129">
0129
</controlpgno>
<printpgno>
105
</printpgno>
</pageinfo>
155 granadas, de ellas 33 de 15 cent&iacute;metros. No tengo datos ciertos de las municiones gastadas por el 
<hi rend="italics">
Montgomery.
</hi>
 El total de proyectiles disparados por la escuadra de Sampson, calculando en 150 los del 
<hi rend="italics">
Montgomery,
</hi>
 fu&eacute; de 
<hi rend="italics">
mit trescientos sesenta y dos,
</hi>
 contra 
<hi rend="italics">
cuatrocientos cuarenta y uno
</hi>
 de las bater&iacute;as de la plaza.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
Comentarios.
</hi>
&mdash;Las razones en que apoya el almirante Sampson su ataque a San Juan resultan inadmisibles dentro de una juiciosa cr&iacute;tica de guerra. Estando en el mar, a la vista de Martinica en aquellos momentos, la escuadra de Cervera (aun cuando Sampson no lo sab&iacute;a, 
<hi rend="italics">
debi&oacute; presumirlo
</hi>
 por los admirables informes que recibiera del secretario Long), aquel y no otro debi&oacute; ser el &uacute;nico objetivo de la flota americana. Pero atacar por sorpresa, sin aviso previo, gastando buena parte de sus repuestos de municiones, sufriendo las naturales aver&iacute;as del propio fuego y las probables que pod&iacute;a hacerle el enemigo, y todo para obligar a las bater&iacute;as de costa a que 
<hi rend="italics">
desarrollasen sus fuegos,
</hi>
 es argumento de valor negativo.
</p>
<p>
Si tal hubiera sido la &uacute;nica intenci&oacute;n de aquel marino, ser&iacute;a merecedor de acerbas censuras. Pero no fu&eacute; as&iacute;; Sampson, al atacar a San Juan sin esperar respuesta al cable en que ped&iacute;a autorizaci&oacute;n para ello, autorizaci&oacute;n que impl&iacute;citamente se le hab&iacute;a negado por el secretario Long al prohibirle que expusiera sus buques a los fuegos de bater&iacute;as de tierra, quiso emular el hecho notable del almirante Dewey, quien forz&oacute; la entrada de Manila, defendida por bater&iacute;as&mdash;aunque pobremente artilladas&mdash;y por torpedos Bustamante, a las once y media de la noche del 30 de abril de 1898.
</p>
<p>
Con informes directos de San Juan, suministrados por el ingeniero ingl&eacute;s Scott, por Andr&eacute;s Crosas, por Julio J. Henna, por el c&oacute;nsul Hanna de los Estados Unidos en Puerto Rico y por otras muchas personas, de que la plaza estaba pobremente artillada (informes ciertos), resolvi&oacute; apagar r&aacute;pidamente el fuego de las bater&iacute;as con sus potentes ca&ntilde;ones, forzar el puerto levantando los torpedos, para cuya operaci&oacute;n, indudablemente, contaba con el 
<hi rend="italics">
Wompatuck,
</hi>
 y fondear despu&eacute;s en la bah&iacute;a, capturando la plaza de San Juan.
</p>
<p>
Tal objetivo justificar&iacute;a el ataque del 12 de mayo y acreditar&iacute;a adem&aacute;s al almirante Sampson como hombre de guerra de clara concepci&oacute;n y franco arrojo.
</p>
<p>
Era San Juan el puerto escogido por Cervera para refugiarse con sus buques y repostarlos de v&iacute;veres y carb&oacute;n; esto lo sab&iacute;a Long y, desde luego, el almirante Sampson. Forzado el puerto, rendida la plaza y cortado el cable, una linda ma&ntilde;ana del mes de mayo la escuadra de Cervera, que navegaba unida, sin buques exploradores, sin noticias, pues todos los cables eran afectos al Gobierno americano, embocar&iacute;a, despu&eacute;s de cambiar amistosas se&ntilde;ales con el sem&aacute;foro (ardid nada reprobable), entrando en la ratonera del puerto, dentro del cual los ca&ntilde;ones de los buques americanos 
<hi rend="italics">
har&iacute;an el resto.
</hi>
 Quien conozca el puerto de San Juan, que no permite la entrada de un convoy sino navegando en simple fila, justificar&aacute; nuestro aserto.
</p>
<p>
La primera parte de este plan (y conste que no estoy haciendo conjeturas) fu&eacute; bien ejecutada; al romper el fuego se sab&iacute;a por la lancha del 
<hi rend="italics">
Wompatuck
</hi>
 (que antes
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0130">
0130
</controlpgno>
<printpgno>
106
</printpgno>
</pageinfo>
de ser fondeada estuvo examinando el puerto) que la escuadra espa&ntilde;ola 
<hi rend="italics">
no estaba aqu&iacute;.
</hi>
 Y con esto debi&oacute; terminar toda operaci&oacute;n naval aquel d&iacute;a de la flota enemiga. &iquest;Cervera no estaba? Pues a buscarlo.....
</p>
<p>
Pero como el almirante abrigaba diferentes prop&oacute;sitos, iz&oacute; bandera de combate y comenz&oacute; su ataque por sorpresa y a la hora de la madrugada en que &eacute;l sab&iacute;a que el sue&ntilde;o vence aun a los mejores centinelas.
</p>
<p>
&ldquo;Es la madrugada&mdash;dice Jomini, y en ello conviene tambi&eacute;n Almirante&mdash;la hora propicia para el buen &eacute;xito de un ataque por sorpresa; a esa hora, los m&aacute;s vigilantes est&aacute;n rendidos y todos piensan en que pronto ser&aacute;n relevados.&rdquo;
</p>
<p>
&iquest;Por qu&eacute; no forz&oacute; el puerto de San Juan la escuadra del almirante Sampson? No lo s&eacute; con certeza.
</p>
<p>
Es verdad que algunos torpedos, de p&eacute;sima calidad, cerraban el paso; pero &iquest;no hab&iacute;a tambi&eacute;n torpedos cuando el comodoro Dewey, a bordo del 
<hi rend="italics">
Olimpia,
</hi>
 desfil&oacute; en cabeza de su escuadra bajo el ca&ntilde;&oacute;n de las bater&iacute;as de la isla del Corregidor, y horas despu&eacute;s destru&iacute;a todo el poder naval de Espa&ntilde;a fondeando frente al arsenal de Cavite?
</p>
<p>
El d&iacute;a 5 de agosto de 1863 forz&oacute; el paso de Mobila el almirante Farragut con una escuadra de 30 buques, la flor de la Marina federada; los fuertes, bien artillados y mejor defendidos por los confederados, vomitaban metralla y 
<hi rend="italics">
bala rasa
</hi>
 sobre los atacantes, cuando Farragut se&ntilde;al&oacute; a siete buques, encabezados por el 
<hi rend="italics">
Brooklyn,
</hi>
 que forzasen el canal. Empezaba el movimiento, cuando arreci&oacute; tanto el fuego enemigo, que el 
<hi rend="italics">
Brooklyn,
</hi>
 indeciso, par&oacute; sus m&aacute;quinas; y entonces, comprendiendo Farragut que el temor a los torpedos era la causa de aquella detenci&oacute;n, orden&oacute; al 
<hi rend="italics">
Hartford
</hi>
 que tomase la cabeza de la columna, mientras pronunciaba aquella c&eacute;lebre frase: 
<hi rend="italics">
Danm the torpedoes; go ahead!
</hi>
 (&iexcl;Al diablo los torpedos! &iexcl;Adelante!).
</p>
<p>
Y la escuadra federada forz&oacute; el paso.
</p>
<p>
Con los arrestos de un Dewey o de un Farragut, Sampson hubiera realizado su programa. Aquellos torpedos eran inofensivos; ni el 
<hi rend="italics">
Manuela
</hi>
 ni el 
<hi rend="italics">
Col&oacute;n,
</hi>
 echados a pique, obstru&iacute;an la entrada del puerto; todo eso lo sab&iacute;amos los artilleros y hasta muchos paisanos. Cuando despu&eacute;s de firmado el protocolo se sacaron dichos torpedos, se vi&oacute; que la boca del Morro y el canal de entrada hab&iacute;an estado 
<hi rend="italics">
libres de todo obst&aacute;culo.
</hi>
</p>
<p>
Si a mitad del combate la escuadra enemiga, con los acorazados a la cabeza, fuerza la entrada y fondea en la bah&iacute;a, la plaza de San Juan se hubiese rendido sin remisi&oacute;n. Mientras duraba el desfile, desde la boca del Morro hasta el fondeadero, poco o nada hubiese hecho el fuego de las bater&iacute;as a las corazas del 
<hi rend="italics">
Iowa,
</hi>
 del 
<hi rend="italics">
Indiana
</hi>
 y del 
<hi rend="italics">
Nueva York;
</hi>
 y ya fondeados, solamente el ca&ntilde;&oacute;n de Santa Catalina y tres de San Crist&oacute;bal pod&iacute;an hacerle fuego.
</p>
<p>
Si alg&uacute;n almirante, al frente de una escuadra poderosa, perdi&oacute; una oportunidad de adquirir fama y honores, &eacute;ste fu&eacute; el contraalmirante Willian T. Sampson, el d&iacute;a 12 de mayo de 1898, frente a San Juan de Puerto Rico.
</p>
<p>
A los dos d&iacute;as public&oacute; la 
<hi rend="italics">
Gaceta Oficial
</hi>
 de San Juan este documento:
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0131">
0131
</controlpgno>
<printpgno>
107
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
CAPITAN&Iacute;A GENERAL DE LA ISLA DE PUERTO RICO.&mdash;ESTADO MAYOR SECCI&Oacute;N 3.
<superscript>
a
</superscript>
</p>
<p>
<hi rend="italics">
Orden general del distrito para el d&iacute;a 13 de mayo de 1898, dada en San Juan de Puerto Rico.
</hi>
</p>
<p>
Atacada esta plaza en el d&iacute;a de ayer por una poderosa escuadra enemiga de once barcos, con artiller&iacute;a muy superior en n&uacute;mero y calibres a la de sus bater&iacute;as, fu&eacute; aqu&eacute;lla rechazada, despu&eacute;s de tres horas de violento combate, con aver&iacute;as que hansido comprobadas por observaciones posteriores desde otros puntos de la costa y sin conseguir el visible intento de desmantelar nuestras defensas, para realizar el cual se aproximaron repetidas veces sus m&aacute;s fuertes acorazados hasta tiro de fusil del Morro, fiados sin duda en la invulnerabilidad de sus costados y en la ventaja que &eacute;ste les daba para apagar a tan corta distancia los fuegos de la plaza.
</p>
<p>
No fu&eacute; esto as&iacute;, sin embargo, gracias, en primer t&eacute;rmino, a la serena firmeza de los comandantes, oficiales y sirvientes de las bafer&iacute;as, secundados por el entusiasmo de las dem&aacute;s fuerzas del Ej&eacute;rcito, Voluntarios y Cuerpos Auxiliares, y en particular por el de los auxiliares de Artiller&iacute;a, que han sabido compartir como veteranos con los artilleros del Ej&eacute;rcito los riesgos y fatigas del combate en los puntos donde sus efectos se hac&iacute;an sentir con mayor intensidad.
</p>
<p>
Debo hacer aqu&iacute;, tambi&eacute;n, menci&oacute;n especial de la secci&oacute;n de ciclistas del primer batall&oacute;n de Voluntarios, que comunic&oacute; mis &oacute;rdenes constantemente, haci&eacute;ndose sus individuos superiores al cansancio y a los peligros, y personal del Excmo. Sr. General Gobernador de la plaza, cuyo celo y actividad han contribu&iacute;do eficazmente a la defensa; no citando nombres de jefes y oficiales, porque el desempe&ntilde;o de todos, en la esfera de acci&oacute;n de sus cargos y puestos, ha sido el de siempre conocido en el Ej&eacute;rcito Espa&ntilde;ol.
</p>
<p>
Es la primera vez que en lucha tan desigual se ve obligada a confesar su impotencia, retir&aacute;ndose acompa&ntilde;ada por los proyectiles de las bater&iacute;as de tierra, una escuadra numerosa y dotada de todos los poderosos elementos de las Marinas modernas, y el honor de haber alcanzado &eacute;xito tal, ser&aacute; seguramente el mejor galard&oacute;n
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0132">
0132
</controlpgno>
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108
</printpgno>
</pageinfo>
para los defensores de Puerto Rico; pero, adem&aacute;s, conf&iacute;o en recabar muy pronto la autorizaci&oacute;n para premiar a los que m&aacute;s se han distinguido, la cual conceder&aacute;, sin duda, el Gobierno de S. M., a quien he comunicado mi alta satisfacci&oacute;n por el comportamiento de todos, no s&oacute;lo de los elementos armados, sino tambi&eacute;n por la actitud serena del vecindario.
</p>
<p>
Si las bajas sufridas por la guarnici&oacute;n y sus auxiliares, as&iacute; como las desgracias ocurridas entre el vecindario, aunque por fortuna escasas y muy inferiores a las que racionalmente pod&iacute;an esperarse, nunca pueden dejar de ser sensibles, el honor supremo de derramar su sangre por la Patria y la gratitud de &eacute;sta alcanzan por igual a todos ellos y al afirmar, todav&iacute;a m&aacute;s, la decisi&oacute;n de los que tienen el deber de defenderla, sellan a la vez la fidelidad de esta tierra siempre espa&ntilde;ola.
</p>
<p>
Lo que de orden de S. E. se publica en la general de este d&iacute;a para su conocimiento.
</p>
<p>
<hi rend="italics">
El Coronel Jefe de Estado Mayor,
</hi>
<lb>
<hi rend="smallcaps">
Juan Cam&oacute;.
</hi>
</p>
<p>
<hi rend="bold">
Bajas en la guarnici&oacute;n.
</hi>
&mdash;Las bajas fueron muy pocas, en relaci&oacute;n a la intensidad del fuego, duraci&oacute;n del mismo y al gran n&uacute;mero de ca&ntilde;ones de tiro r&aacute;pido empleados por el enemigo. He aqu&iacute; un resumen:
</p>
<p>
Muertos, Jos&eacute; Aguilar Sierra y Justo Esquivies, artillero de San Crist&oacute;bal el primero y soldado del Provisional, n&uacute;mero 4, el segundo, al servicio personal del doctor Francisco R. de Goenaga. Por tanto, entre los defensores uniformados de la plaza, m&aacute;s de 4.000, s&oacute;lo hubo dos muertos.
</p>
<p>
Nicanor Gonz&aacute;lez, Domingo Montes, Jos&eacute; Sierra y Mart&iacute;n Benavides, cuatro paisanos, pac&iacute;ficos habitantes de la ciudad, y ajenos a toda actividad militar, perdieron sus vidas aquella ma&ntilde;ana.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
Total de bajas.
</hi>
&mdash;El n&uacute;mero total de bajas, como consecuencia del bombardeo, fu&eacute; el siguiente:
<list type="simple">
<item><p>Muertos de tropa
<hsep>2
</p></item>
<item><p>Heridos de tropa y auxiliares
<hsep><hi rend="underscore">34
</hi></p></item>
<item><p><hi rend="smallcaps">Total de bajas en toda la guarnici&oacute;n
</hi><hsep><hi rend="underscore">36
</hi></p></item>
<item><p>Muertos de la poblaci&oacute;n civil
<hsep>4
</p></item>
<item><p>Heridos de igual procedencia
<hsep><hi rend="underscore">16
</hi></p></item>
<item><p><hi rend="smallcaps">Total de bajas en la poblaci&oacute;n civil
</hi><hsep><hi rend="underscore">20
</hi></p></item>
<item><p><hi rend="italics">Resumen general de muertos y heridos
</hi><hsep><hi rend="underscore">56
</hi></p></item>
</list>
</p>
<p>
Este total de 56 bajas, por todos conceptos, y distribu&iacute;das en la forma indicada, es completamente exacto, y as&iacute; figura en la relaci&oacute;n enviada al Ministerio de la Guerra, de Madrid, por el general Mac&iacute;as, acompa&ntilde;ando su informe oficial
<anchor id="n0132-01">
1
</anchor>
, que se encuentra publicado en el n&uacute;mero 133 del 
<hi rend="italics">
Diario Oficial del Ministerio de la Guerra,
</hi>
 de 27 de mayo de 1898.
</p>
<note anchor.ids="n0132-01" place="bottom"><p><superscript>1</superscript> En el Ap&eacute;ndice n&uacute;m. 12 aparece el parte oficial del bombardeo, publicado tambi&eacute;n en el n&uacute;mero 169 de la 
<hi rend="italics">Gaceta de Madrid,
</hi> de fecha 18 de junio de 1898.
</p></note>
</div>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0133">
0133
</controlpgno>
<printpgno>
</printpgno>
</pageinfo>
<div>
<head>
CAPITULO IX
<lb>
LA CRUZ ROJA EN PUERTO RICO
</head>
<illus entity="i0133" map="no">
<caption>
<p>
Dr. Francisco del Valle Atiles.
</p>
</caption>
</illus>
<illus entity="i0133" map="no">
<caption>
<p>
D.
<superscript>
a
</superscript>
 Dolores de Aybar de Acu&ntilde;a.
</p>
</caption>
</illus>
<illus entity="i0133" map="no">
<caption>
<p>
D. Manuel Fern&aacute;ndez Juncos.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
<hi rend="other">
ARA&Iacute;Z
</hi>
 de la segunda guerra de Cuba, el teniente general marqu&eacute;s de Polavieja, presidente de la Cruz Roja Espa&ntilde;ola, nombr&oacute; delegado general de la misma en Puerto Rico al noble y bondadoso asturiano Manuel Fern&aacute;ndez Juncos, quien recibi&oacute; la m&aacute;s amplia autorizaci&oacute;n para designar todos los oficiales, facultativos y subalternos.
</p>
<p>
Manuel Mu&ntilde;oz Barrios fu&eacute; elegido presidente de la Comisi&oacute;n Provincial, y la ilustre dama Dolores Aybar de Acu&ntilde;a acept&oacute; igual cargo, al frente de la Secci&oacute;n de Damas.
</p>
<p>
Puse manos a la obra, eleg&iacute; con el mayor cuidado y tacto posibles los jefes y oficiales principales, as&iacute; para la secci&oacute;n de hombres como para la de damas; les d&iacute; instrucciones para la elecci&oacute;n de cargos secundarios y de adeptos en toda la Isla; se repartieron los t&iacute;tulos y salvoconductos para el personal, en caso de guerra, y se organizaron clases y conferencias para instru&iacute;r al personal activo.
</p>
<p>
Hecho esto, solicit&eacute; la cooperaci&oacute;n pecuniaria del pa&iacute;s, que respondi&oacute; generosamente, sin distinci&oacute;n de opiniones ni de procedencias, y se adquiri&oacute; en tiempo, con holgura, todo lo m&aacute;s necesario y perfecto para cualquier caso de emergencia que pudiera ocurrir.
</p>
<p>
Ni un solo m&eacute;dico de los solicitados se excus&oacute; de prestar su concurso entusiasta y gratuito; ning&uacute;n cirujano menor neg&oacute; su ayuda ni titube&oacute; al suscribir su compromiso de obligaciones; en la secci&oacute;n de damas hubo tambi&eacute;n ofrecimientos gratuitos para enfermeras, y la Cruz Roja extendi&oacute; bien pronto sus brazos caritativos por toda la extensi&oacute;n del pa&iacute;s.
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0134">
0134
</controlpgno>
<printpgno>
110
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
Puerto Rico, entretanto, estaba tranquilo, no obstante las disidencias y accidentes de la lucha pol&iacute;tica, y la Cruz Roja ejerc&iacute;a sus beneficios en las epidemias, los terremotos o ciclones, los incendios penosos y en otros varios casos de necesidad y dolor.
</p>
<p>
Espa&ntilde;a enviaba peri&oacute;dicamente, con diligencia heroica, legiones de sus hijos para morir en Cuba, no tanto por la acci&oacute;n de las balas enemigas, como por la influencia morbosa del clima y de las epidemias tropicales.
</p>
<p>
&Uacute;ltimamente se not&oacute; que muchos batallones no llevaban los m&eacute;dicos necesarios y en muchos casos carec&iacute;an de abrigo los soldados y hasta de material sanitario suficiente. Entonces se vi&oacute; aqu&iacute;, con aplauso y con asombro, la generosa y previsora labor de la Cruz Roja (Secci&oacute;n de Damas), y muy especialmente la de su presidenta, do&ntilde;a Dolores Aybar de Acu&ntilde;a, que, al llegar a nuestro puerto cada correo de Espa&ntilde;a con tropas para Cuba, se dirig&iacute;a personalmente a bordo con cargamentos de ropa interior y de abrigo, y con un gran botiqu&iacute;n provisto de instrumentos de cirug&iacute;a, vendajes, medicinas de las m&aacute;s necesarias, todo elegido cuidadosamente por los m&eacute;dicos de la Instituci&oacute;n y adquirido por dicha se&ntilde;ora y por las damas de su secci&oacute;n. Al verla llegar ya la saludaban con admirable entusiasmo aquellos valerosos y sufridos soldados.
<anchor id="n0134-01">
1
</anchor>
</p>
<note anchor.ids="n0134-01" place="bottom"><p><superscript>1</superscript> P&aacute;rrafos de una carta que, acerca de la Cruz Roja, escribi&oacute; el se&ntilde;or Fern&aacute;ndez Juncos al autor de este libro, con fecha 10 de mayo de 1898.
</p></note>
<p>
<hi rend="bold">
Durante la guerra.
</hi>
&mdash;Al estallar la guerra hispanoamericana la Cruz Roja, en Puerto Rico, qued&oacute; organizada en la forma siguiente:
</p>
<p>
Delegado de la Asamblea Suprema, Manuel Fern&aacute;ndez Juncos; inspector general, doctor Ord&oacute;&ntilde;ez; presidente de la Comisi&oacute;n Provincial, doctor F. del Valle; vicepresidentes, doctores J. Esteban Salda&ntilde;a, Coll y Toste y J. Francisco D&iacute;az, y, adem&aacute;s, Juan Barrera y Andr&eacute;s Crosas. Consultores m&eacute;dicos, Francisco R. de Goenaga y Juan Hern&aacute;ndez; abogados consultores, Francisco de P. Acu&ntilde;a y Manuel F. Rossy; consultores can&oacute;nicos, los sacerdotes Santiago Col&oacute;n y Jos&eacute; Nin.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
En San Juan.
</hi>
&mdash;Inspector local, doctor Pedro del Valle; m&eacute;dico de almac&eacute;n, Manuel Fern&aacute;ndez N&aacute;ter; secretario, J. Gordils; Vicesecretarios, Dami&aacute;n Monserrat y F. Ledesma; tesorero, Fidel Guillermety, y contador, Luis S&aacute;nchez Morales.
</p>
<p>
Presidentes de Distrito: Marina, doctor Pedro Puig; Puerta de Tierra, doctor Jos&eacute; Mar&iacute;a Cueto; Santurce, distrito Este, doctor N&uacute;&ntilde;ez, y distrito Oeste, doctor J. Carreras.
</p>
<p>
Ciudad: primer distrito, doctor Jos&eacute; N. Carbonell; segundo, doctor Jos&eacute; C. Barbosa; tercero, doctor Ricardo Hern&aacute;ndez, y cuarto, doctor J. E. Salda&ntilde;a.
</p>
<p>
Los m&eacute;dicos usaban como distintivos en las gorras de campa&ntilde;a dos cordones dorados, separados por otro rojo; los farmac&eacute;uticos, uno rojo y otro dorado, y los practicantes uno rojo. Todos llevaban el brazal blanco con la Cruz Roja.
</p>
<p>
En cada distrito de San Juan se instal&oacute; un Cuarto de Socorro o ambulancia, con sus camillas, mesas de operaciones, botiqu&iacute;n y cuanto material sanitario era preciso, todo lo cual fu&eacute; costeado por suscripci&oacute;n popular. El Cuerpo de Sanidad Militar estableci&oacute;
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0135">
0135
</controlpgno>
<printpgno>
111
</printpgno>
</pageinfo>
un hospital de sangre en los bajos del edificio que ocupaba el Instituto de Segunda Ense&ntilde;anza; pero como durante el combate del 12 de mayo, los m&eacute;dicos militares no pudieran desatender el Hospital Militar, donde hab&iacute;a llegado gran n&uacute;mero de heridos, se hizo cargo de aqu&eacute;l la ambulancia del segundo distrito, pasando todo el trabajo a manos de los doctores Ferrer, Carbonell y Barbosa, y del practicante Jos&eacute; Rosario. En el presidio se estableci&oacute; otro hospital de sangre, y, despu&eacute;s del bombardeo, la capilla de San Francisco fu&eacute; utilizada con el mismo objeto, provey&eacute;ndola de camas, botiquines y todo lo necesario.
</p>
<illus entity="i0135" map="no">
<caption>
<p>
T&iacute;tulo de afiliado a la Cruz Roja.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
Los doctores Ruiz Arnau, Coll y Toste, J. Francisco D&iacute;az, y del Valle (don Francisco) prestaron numerosos servicios, en diversas ambulancias y en el hospital de sangre; en ocasiones curaron heridos en plena calle. Los facultativos Fern&aacute;ndez N&aacute;ter y Goenaga concurrieron, respectivamente, a los castillos del Morro y San Crist&oacute;bal.
</p>
<p>
Eran camilleros, entre otros m&aacute;s, Evaristo V&eacute;lez, Luis V&eacute;lez, Jos&eacute; Maule&oacute;n, Eduardo Conde, L. Iglesias, Jos&eacute; de Jes&uacute;s Tizol, Luis Vizcarrondo, Luis Berr&iacute;os, Diego Betancourt, Conrado Asenjo, Eduardo Crosas, Juan Torres, Guillermo y Adalberto Chavert y V&iacute;ctor L&oacute;pez Nusa.
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0136">
0136
</controlpgno>
<printpgno>
112
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
Para que el lector pueda adquirir una idea, nada m&aacute;s que aproximada, del trabajo abrumador realizado por el personal de la Cruz Roja durante el bombardeo de San Juan, anoto a continuaci&oacute;n los servicios prestados por algunas ambulancias:
</p>
<illus entity="i0136" map="no">
<caption>
<p>
Doctor Pedro del Valle Atiles, Inspector de la Cruz Roja en San Juan.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
<hi rend="bold">
Segundo distrito.
</hi>
&mdash;Fueron asistidos Manuel Benito, sargento del 4.&deg; Provisional, que estaba de guardia en el cuartel de Ballaj&aacute;, herido de granada en el cr&aacute;neo y brazo derecho; Jos&eacute; Le&oacute;n, teniente de la Guardia civil, herido en la cabeza por un trozo de ladrillo; voluntario F&eacute;lix Taulet, herido en la cabeza; Jos&eacute; Melero, tambi&eacute;n voluntario, herido en la mano izquierda; Manuel Rodr&iacute;guez, del mismo cuerpo, herido en la cabeza; Miguel Arzuaga, teniente de voluntarios, herido en la cabeza; Francisco G&oacute;mez, soldado del 
<hi rend="italics">
Alfonso XIII,
</hi>
 contusi&oacute;n y conmoci&oacute;n cerebral; Carmen Jim&eacute;nez, herida en la cabeza; Jos&eacute; Monta&ntilde;ez, herido en la cabeza; Mart&iacute;n Benavides, herido en una pierna, muy grave (falleci&oacute; en el Hospital Militar a las once y treinta de la ma&ntilde;ana); Fidel Qui&ntilde;ones, muchacho de trece a&ntilde;os, herido en una pierna; Alfonso Estader, en el mismo sitio, en el ojo derecho y costado izquierdo, siendo recogido en la Marina; C&aacute;ndido Monta&ntilde;ez, una pierna destrozada que se le amput&oacute; en el acto por los cirujanos Barbosa, Ferrer y Francisco del Valle; Antonio Tormos, conmoci&oacute;n cerebral; Pedro Vera, conmoci&oacute;n cerebral; Pedro Carrasco, soldado de ingenieros, contusi&oacute;n en el pie derecho. Todos estos casos fueron asistidos, m&aacute;s tarde, de segunda intenci&oacute;n, en el hospital de sangre por los facultativos indicados, cooperando con ellos los se&ntilde;ores Pedro del Valle, Cueto y otros m&aacute;s.
</p>
<p>
Los doctores Salda&ntilde;a y Ruiz Arnau asistieron a Ram&oacute;n B. L&oacute;pez, director de 
<hi rend="italics">
La Correspondencia de Puerto Rico,
</hi>
 de una herida incisocontusa en la pierna izquierda; Francisco Benero Hurtado, sargento de Administraci&oacute;n Militar, con heridas en la
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0137">
0137
</controlpgno>
<printpgno>
113
</printpgno>
</pageinfo>
cara y cadera derecha, y por &uacute;ltimo, al joven Emilio Gorbea, herido leve. Todos fueron conducidos, para su curaci&oacute;n, yendo algunos por sus propios pies, como Gorbea, a la ambulancia que estaba situada en lo que hoy es Asilo de Ni&ntilde;os de Santurce.
</p>
<p>
Los camilleros no reposaron un instante recorriendo, con grave riesgo de sus vidas, el campo del Morro, el 
<hi rend="italics">
abanico
</hi>
 y todas las bater&iacute;as y casco de la poblaci&oacute;n. He aqu&iacute; nota de algunos servicios prestados por aquellos heroicos muchachos: Mart&iacute;n Benavides fu&eacute; recogido, en grave estado, en la plaza del Mercado por los camilleros Enrique Pacheco, Isidoro Infante, C. Carrera y J. Lebr&oacute;n, acompa&ntilde;ados por F. Dimas. Jos&eacute; Monta&ntilde;ez (a) 
<hi rend="italics">
Matojo,
</hi>
 herido grave, fu&eacute; conducido en camilla por J. Lebr&oacute;n y Usera, C. Mojica y Enrique Pacheco, acompa&ntilde;ados de Jos&eacute; C. Rossy. Nicanor Gonz&aacute;lez, herido grave, asistido de primera intenci&oacute;n por el doctor Coll y Toste, pas&oacute; al Hospital Militar conducido por P. Mocz&oacute;, I. Infante, J. Lebr&oacute;n, E. Pacheco, acompa&ntilde;ados, tambi&eacute;n, por J. C. Rossy; este herido falleci&oacute; despu&eacute;s. Otro, apodado 
<hi rend="italics">
Cata&ntilde;o,
</hi>
 fu&eacute; asistido en la misma puerta de la ambulancia por los doctores Marxuach y Coll y Toste, siendo llevado al hospital de sangre por F. Amilivia, Juan B. Hernaiz, G. Resto y J. Mojica, auxiliados por J. C. Rossy. Los practicantes Dimas, Rosario y auxiliares Jord&aacute;n y Aldrich prestaron buenos servicios.
</p>
<illus entity="i0137" map="no">
<caption>
<p>
Doctor Manuel Fern&aacute;ndez N&aacute;ter, miembro de la Cruz Roja.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
Debo hacer especial&iacute;sima menci&oacute;n de dos damas de la Cruz Roja: la se&ntilde;orita Mar&iacute;a Savalier, que desde el primer disparo se person&oacute; en la ambulancia de su distrito, y curando y asistiendo a los heridos, con gran entereza, permaneci&oacute; hasta el final del combate, y la se&ntilde;ora Elena C&aacute;mara de Schluter, quien prest&oacute; iguales servicios en el hospital de sangre; no puedo olvidar en esta Cr&oacute;nica a las se&ntilde;oras Bel&eacute;n M., viuda de Orbeta; Francisca Texera de Medina, y se&ntilde;oritas Amparo Fern&aacute;ndez N&aacute;ter, Obdulita
<lb>
8
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0138">
0138
</controlpgno>
<printpgno>
114
</printpgno>
</pageinfo>
Cottes, Mar&iacute;a Juana Hern&aacute;ndez y Juanita Mari&eacute;n, todas de la Cruz Roja, y que durante el bombardeo visitaron, bajo el fuego enemigo, la mayor parte de las ambulancias de la ciudad y el hospital de sangre.
</p>
<p>
Los facultativos Francisco y Pedro del Valle, Jos&eacute; F. D&iacute;az, y Coll y Toste, recorrieron m&aacute;s de una vez todas las ambulancias; yendo el segundo, que era inspector local, varias veces hasta Santurce. Gran n&uacute;mero de mujeres del pueblo rivalizaron en actos de valor y generosidad, distribuyendo agua, cigarros, caf&eacute; y frutas a los soldados y voluntarios; en alguna ocasi&oacute;n tuvieron que intervenir las autoridades para que se retirasen de los sitios m&aacute;s expuestos de las murallas.
</p>
<p>
Tambi&eacute;n resultaron con heridas Miguel S&aacute;nchez, Miguel Villar, Jos&eacute; Arn&aacute;u (m&uacute;sico), Juan Cata&ntilde;o, Mart&iacute;n Cepeda (el manco de San Crist&oacute;bal), Arturo Fontbona (sargento de artiller&iacute;a), Faustino Cordero, Andr&eacute;s Fiol, Jos&eacute; Moreno, Vicente Navarro, Isidoro Mercader, Rafael Aller (cabo), Jos&eacute; Claro, Teodoro Rico, Jos&eacute; Pascual, Lucas Manso, Vicente Mart&iacute;nez, Guillermo Gonz&aacute;lez, Juan Antonio Mellado, Jos&eacute; Aguilar Sierra (artillero, que falleci&oacute;) y Justo Esquivies (soldado del Provisional, n&uacute;mero 4, que tambi&eacute;n muri&oacute;), Salvador Garc&iacute;a, Juan Hern&aacute;iz, Jes&uacute;s Zapico y Miguel Bona. Todos estos heridos eran soldados o clases, y algunos, muy pocos, auxiliares. Tambi&eacute;n result&oacute; herido el teniente Barba, agregado al Cuerpo de artiller&iacute;a, y Domingo Montes y Jos&eacute; Sierra, que fallecieron.
</p>
<p>
Adem&aacute;s de los casos asistidos en los hospitales a cargo de la Cruz Roja, en el Hospital Militar de la ciudad, al cuidado del Ej&eacute;rcito, ingresaron 15 heridos, dos de ellos en estado ag&oacute;nico, que fueron Nicanor Gonz&aacute;lez y Mart&iacute;n Benavides, los cuales fallecieron poco despu&eacute;s. Se amputaron, con buen &eacute;xito, dos brazos. Era director el m&eacute;dico militar Carlos Moreno, y ten&iacute;a a sus &oacute;rdenes a los del mismo Cuerpo, Jerez, Pinar, Blanes e Izquierdo.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
Despu&eacute;s del bombardeo.
</hi>
&mdash;D&iacute;as despu&eacute;s del ataque a San Juan por la Escuadra americana, y m&aacute;s tarde, cuando fuerzas enemigas desembarcaron en la Isla, gran desaliento se apoder&oacute; de muchos habitantes de la ciudad, y hasta algunos de sus defensores pensaban, con demasiada frecuencia, en el t&eacute;rmino de la guerra. La Cruz Roja, en sus dos ramas, fu&eacute; un ejemplo de valor, de abnegaci&oacute;n y constancia. En ning&uacute;n tiempo uno solo de sus miembros abandon&oacute; el puesto de honor que se le confiara; cuando muchos hombres, tenidos por valerosos, buscaban alivio a sus dolencias reum&aacute;ticas en las termas de Coamo, o agobiados por los calores de julio y agosto colgaban sus hamacas en las trondas de Toa Alta, Guaraguao y Guaynabo, y otros llegaron m&aacute;s all&aacute; de nuestras playas, las damas y los hombres que ce&ntilde;&iacute;an el brazal de la Cruz Roja ni temieron ni vacilaron. En las ambulancias de emergencia y en los hospitales de sangre se montaba guardias noche y d&iacute;a, y cuando se firm&oacute; el armisticio, y no hubo m&aacute;s heridos que curar ni graves riesgos que correr, la Cruz Roja continu&oacute; en su noble labor, aliviando, en sus enfermedades y penurias, a los soldados que eran repatriados, socorri&eacute;ndoles con ropas, medicinas, dinero y otras d&aacute;divas.
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0139">
0139
</controlpgno>
<printpgno>
115
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
Fern&aacute;ndez Juncos, y sus hijos Amparo y Manuel; los hermanos del Valle, Francisco y Pedro; el secretario Jos&eacute; Gordils, y algunos m&aacute;s, entre los que ocuparon lugar preferente los valientes camilleros y auxiliares, bien merecen que sus nombres honrados figuren en esta Cr&oacute;nica, para ejemplo de generaciones venideras, y como timbre de honor de la que tuvo la suerte de verlos nacer.
</p>
<p>
Pero entre todos y sobre todos los miembros de la ben&eacute;fica instituci&oacute;n se destaca, de modo excepcional, una dama generosa y buena, Dolores Aybar de Acu&ntilde;a, presidenta de la Comisi&oacute;n de damas, quien antes de la guerra, durante ella y m&aacute;s tarde, emple&oacute; todas sus actividades en socorrer a los desheredados; alivi&oacute; muchos dolores, y, con sus propias manos, cur&oacute; heridos, di&oacute; pan a los hambrientos y cubri&oacute; la carne de los m&iacute;seros con ropa, que ella y otras damas, tambi&eacute;n de la Cruz Roja, cosieron con sus manos de grandes se&ntilde;oras. Venga, por tanto, su nombre y su retrato a honrar las p&aacute;ginas de este libro, que, solamente por esto, deben guardarlo los portorrique&ntilde;os dentro del arca santa de sus recuerdos.
</p>
<p>
No fu&eacute; s&oacute;lo en San Juan donde la Cruz Roja di&oacute; gallardas muestras de sus actividades; todos los pueblos de la Isla, incluso Vieques, Culebra, y hasta la Mona, organizaron y mantuvieron hospitales y ambulancias. En Barcelona fu&eacute; adquirido, siempre por subscripci&oacute;n p&uacute;blica, un costoso y &uacute;til material de hospitales.
</p>
<p>
A pesar de todo esto, ni el general Mac&iacute;as, al publicar el d&iacute;a 13 de mayo su orden general, ni el Gobierno de Madrid, m&aacute;s tarde, aprobando interminables relaciones de recompensas, por el hecho de armas el 12 de mayo, mencionaron, ni aun incidentalmente, a la Cruz Roja de Puerto Rico. Es verdad que no por gloria ni proventos expusieron ellos sus vidas y aportaron su labor.
</p>
<p>
Un teniente de la Guardia civil dorm&iacute;a en su cama en San Juan el d&iacute;a del bombardeo, so&ntilde;ando, quiz&aacute;, con posibles ascensos, cuando un proyectil enemigo vino a dar en la azotea de la casa que habitaba; volaron algunos trozos de ladrillos y uno de ellos favoreci&oacute; al oficial, roz&aacute;ndole el cuero cabelludo. Por esto, d&iacute;as m&aacute;s tarde, fu&eacute; recompensado con la Cruz del M&eacute;rito Militar, con distintivo rojo y 
<hi rend="italics">
pensionada.
</hi>
</p>
<p>
Despu&eacute;s de la guerra, muchos hombres que no fueron recompensados, ni que tampoco abusaron de sus influencias para conseguirlo, pudieron seguir ostentando, con leg&iacute;timo orgullo, 
<hi rend="italics">
otras Cruces Rojas:
</hi>
 las de sus brazales.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
Los practicantes.
</hi>
&mdash;Fu&eacute; tan loable la inteligente y valerosa conducta observada por estos modestos profesionales, que creo justo traer a esta Cr&oacute;nica los nombres de los que tomaron parte al servicio de la Cruz Roja, en el combate del 12 de mayo: Ram&oacute;n Llauger, Ram&oacute;n Dimas, Francisco Barcel&oacute;, P&iacute;o Amador, Silvestre Feij&oacute;, Manuel Diez de Andino, Dami&aacute;n Artau, Jos&eacute; C&oacute;rdoba, Eloy Daniel, Juan Claudio, Carlos Se&ntilde;et, Jes&uacute;s Carb&oacute;, Jos&eacute; Aldrich, Jos&eacute; E. Rosario y Jos&eacute; Salgado Jim&eacute;nez.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
Disoluci&oacute;n de la Cruz Roja espa&ntilde;ola.
</hi>
&mdash;El mismo Marqu&eacute;s de Polavieja, bajo cuyos auspicios se organiz&oacute; en Puerto Rico la Cruz Roja Provincial, declar&oacute; disuelta dicha instituci&oacute;n con fecha 20 de septiembre de 1898.
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0140">
0140
</controlpgno>
<printpgno>
116
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
<hi rend="other">
LA CRUZ ROJA
</hi>
<lb>
ASOCIACI&Oacute;N INTERNACIONAL PARA SOCORRO
<lb>
A HERIDOS EN CAMPA&Ntilde;A,
<lb>
CALAMIDADES Y SINIESTROS P&Uacute;BLICOS
</p>
<p>
<hi rend="other">
ASAMBLEA
<lb>
DE LA SECCI&Oacute;N ESPA&Ntilde;OLA
</hi>
</p>
<p>
<hi rend="other">
Madrid.&mdash;Huertas, II.&mdash;Tel&eacute;fono n&uacute;m. 41.
</hi>
</p>
<p>
Excma. Sra.:
</p>
<p>
Siendo ya, por desgracia, un hecho innegable el abandono de la soberania espa&ntilde;ola en ese precioso y rico flor&oacute;n de la Corona de Castilla, engarzado en ella por el esfuerzo de atrevidos navegantes, a quienes guiara el nobil&iacute;simo deseo de que la fe de Cristo y las ventajas inmensas de la civilizaci&oacute;n brillasen en ambos hemisferios, cumplo con el triste deber de significar a V. E. que la importante representaci&oacute;n que bajo su direcci&oacute;n, acertad&iacute;sima, ha tenido, en esa Isla, la Cruz Roja espa&ntilde;ola, queda disuelta desde el momento en que se verifique el embarque total de nuestros soldados.
</p>
<p>
Breve, pero gloriosisima, por todos conceptos, ha sido la historia de nuestro ben&eacute;fico instituto en Puerto Rico: sus hechos deben quedar, perpetuamente, consignados en nuestros anales para est&iacute;mulo y ejemplo en el porvenir; por eso me permito rogar a V. E., con encarecimiento singularisimo, redacten y publiquen una Memoria detallada, que ha de constitu&iacute;r, seguramente, un t&iacute;tulo de honor, para todos envidiable.
</p>
<p>
Al dirigir a V. E. y a las dem&aacute;s consocias borinque&ntilde;as cari&ntilde;oso saludo de despedida, espera esta Suprema Asamblea que todas conserven, como preciado recuerdo, los t&iacute;tulos y diplomas que les fueron expedidos y las recompensas que por su hidalgo proceder se les otorgaron 
<anchor id="n0140-01">
1
</anchor>
.
</p>
<note anchor.ids="n0140-01" place="bottom"><p><superscript>1</superscript> Las recompensas a que alude este documento fueron las Placas de la Orden, concedidas a la se&ntilde;ora Aybar de Acu&ntilde;a, Fern&aacute;ndez Juncos y doctor Francisco del Valle. Estas distinciones fueron otorgadas antes de la guerra hispanoamericana. El se&ntilde;or Fern&aacute;ndez Juncos recibi&oacute; otra comunicaci&oacute;n exactamente igual. 
<hi rend="italics">N. del A.
</hi></p></note>
<p>
Dios guarde a V. E. muchos a&ntilde;os.
</p>
<p>
Madrid, 20 de septiembre de 1898.
</p>
<p>
<hi rend="italics">
El Secretario general,
</hi>
<lb>
JUAN P. CRIADO Y DOM&Iacute;NGUEZ
</p>
<p>
<hi rend="italics">
El Presidente de la Asamblea,
<lb>
Teniente General,
</hi>
<lb>
EL MARQU&Eacute;S DE POLAVIEJA
</p>
<p>
Excma. Sra. Do&ntilde;a Dolores Aybar de Acu&ntilde;a.&mdash;Puerto Rico.
</p>
</div>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0141">
0141
</controlpgno>
<printpgno>
</printpgno>
</pageinfo>
<div>
<head>
CAPITULO X
<lb>
LA GUERRA POR MAR
<lb>
EL ALMIRANTE BERMEJO.&mdash;EL SECRETARIO LONG
</head>
<illus entity="i0141" map="no">
</illus>
<p>
<hi rend="other">
COMO
</hi>
 la suerte de Puerto Rico dependi&oacute;, en gran parte, del resultado de las operaciones navales, creemos indispensable traer a estas p&aacute;ginas algunas notas, aunque muy ligeras, sobre el poder y actividades mar&iacute;timas de uno y otro beligerantes.
</p>
<p>
Fu&eacute; ministro de Marina en Espa&ntilde;a, durante la guerra, el contraalmirante Segismundo Bermejo, hasta la segunda quincena de mayo de 1898, en que fu&eacute; substitu&iacute;do por el capit&aacute;n de nav&iacute;o de primera clase Ram&oacute;n Au&ntilde;&oacute;n. Era el almirante Bermejo un marino profesional, culto, patriota, pero muy temeroso del 
<hi rend="italics">
qu&eacute; dir&aacute;n,
</hi>
 y m&aacute;s atento a maniobras pol&iacute;ticas que a las navales. Larga permanencia en oficinas y ministerio hab&iacute;an acortado su visi&oacute;n de la realidad.
</p>
<p>
Desde el desastre de Trafalgar la Marina de guerra espa&ntilde;ola hab&iacute;a arrastrado una vida dif&iacute;cil por la penuria de la naci&oacute;n y mezquindad de los presupuestos, que no permit&iacute;an constru&iacute;r nuevas unidades ni reparar las existentes. El Congreso, por sistema, negaba los cr&eacute;ditos para aquellas atenciones, fi&aacute;ndolo todo, en caso de guerra, al legendario valor de los oficiales y tripulaciones.
</p>
<p>
Exist&iacute;a, y existe a&uacute;n en todas las clases del pueblo espa&ntilde;ol, cierta lamentable
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0142">
0142
</controlpgno>
<printpgno>
118
</printpgno>
</pageinfo>
confusi&oacute;n de ideas respecto a las finalidades de una guerra. Al iniciarse un conflicto armado no es la idea de victoria el norte exclusivo que gu&iacute;a al sentimiento espa&ntilde;ol; victoria y derrota, ambos conceptos van siempre unidos, y tienen igual valor. As&iacute; es frecuente o&iacute;r y leer: &ldquo;Si nos provocan habr&aacute; un segundo Trafalgar&rdquo;, o &ldquo;habr&aacute; un nuevo Dos de Mayo&rdquo;. A nadie se le ocurre amenazar con un Lepanto o un Bail&eacute;n.
</p>
<illus entity="i0142" map="no">
<caption>
<p>
Almirante Bermejo.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
<hi rend="italics">
Morir con honra:
</hi>
 he aqu&iacute; la suprema aspiraci&oacute;n. Inteligencia, estrategia, medios de combate..., no valen nada. Honor y coraje es cuanto se les pide a las fuerzas de mar y tierra en las grandes crisis nacionales. &iquest;Que los Estados Unidos derraman el oro a torrentes comprando buques en todos los puertos del mundo? &ldquo;&iexcl;Mejor!; m&aacute;s presas para los corsarios catalanes y mallorquines.&rdquo; Que los escuadrones americanos hacen rumbo hacia Cuba y Puerto Rico... &ldquo; &iexcl;No importa! Ya ense&ntilde;aremos a esas biso&ntilde;as y heterog&eacute;neas tripulaciones yankees c&oacute;mo son los filos de nuestras hachas y cuchillos de abordaje.&rdquo;
</p>
<p>
El ministro Bermejo participaba de estas ideas, y con gran optimismo pensaba en los futuros corsarios. Para &eacute;l ten&iacute;a m&aacute;s importancia el n&uacute;mero de buques de la escuadra espa&ntilde;ola que su estado y poder ofensivo. Realmente, el Alto Mando de la Armada espa&ntilde;ola no fu&eacute; durante toda la guerra sino un gallardo acorazado que hab&iacute;a echado anclas, todas las de a bordo, en los amplios salones del Ministerio de Marina.
</p>
<p>
Frente al ministro Bermejo se yergue la noble figura del almirante Pascual Cervera. Este marino ilustre vislumbra el futuro con certeza que aun hoy causa asombro; conoce &iacute;ntimamente sus buques, mal armados y faltos de muchos elementos esenciales de combate; no cree en la 
<hi rend="italics">
Numancia
</hi>
 ni en el 
<hi rend="italics">
Pelayo,
</hi>
 y sonr&iacute;e cada vez que le nombran los cuchillos de abordaje de mallorquines y catalanes.
</p>
<p>
A cambio de lo anterior, no desprecia al enemigo y sabe cu&aacute;nto puede esperarse y temerse de su valor, de su osad&iacute;a y de los poderosos medios de combate de que dispone.
</p>
<p>
Por todo esto protesta respetuosamente contra el hecho de que se le empuje hacia un desastre inevitable. No es atendido, y entonces, 
<hi rend="italics">
puesta su confianza en Dios,
</hi>
 sale en busca de la muerte.
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0143">
0143
</controlpgno>
<printpgno>
119
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
Contaba la Marina espa&ntilde;ola en 1898 con un n&uacute;cleo, no despreciable, de cruceros de combate que, para halagar a las multitudes, fueron bautizados con el pomposo nombre de acorazados. Eran los cruceros 
<hi rend="italics">
Vizcaya, Infanta Maria Teresa
</hi>
 y 
<hi rend="italics">
Almirante Oquendo,
</hi>
 constru&iacute;dos poco tiempo antes en los astilleros del Nervi&oacute;n (Vizcaya). Adem&aacute;s, la casa Ansaldo, de G&eacute;nova, hab&iacute;a entregado a Espa&ntilde;a un magn&iacute;fico crucero acorazado, el 
<hi rend="italics">
Col&oacute;n,
</hi>
 que nunca lleg&oacute; a montar dentro de sus torres los ca&ntilde;ones de 254 mil&iacute;metros, que constitu&iacute;an su m&aacute;s poderosa artiller&iacute;a. El 
<hi rend="italics">
Carlos V, Alfonso XIII,
</hi>
 as&iacute; como los destroyers 
<hi rend="italics">
Terror, Furor
</hi>
 y 
<hi rend="italics">
Plut&oacute;n,
</hi>
 constru&iacute;dos por la casa inglesa Tompson, eran elementos de guerra de importancia. La organizaci&oacute;n espa&ntilde;ola de mar aparec&iacute;a superior a la americana en torpederos, ca&ntilde;oneros y destroyers. El 
<hi rend="italics">
Pelayo,
</hi>
 famoso acorazado, era simplemente un espantajo, un glorioso pont&oacute;n, al que le faltaba el blindaje de toda una banda. Los peri&oacute;dicos de Madrid llenaban sus p&aacute;ginas con relaciones de los buques de guerra nacionales, m&aacute;s de un centenar, desde el 
<hi rend="italics">
Pelayo
</hi>
 al 
<hi rend="italics">
Ponce de Le&oacute;n,
</hi>
 sin olvidar a la gloriosa 
<hi rend="italics">
Numancia.
</hi>
 La mayor parte de estas naves carec&iacute;an de armamento adecuado; sus m&aacute;quinas estaban casi in&uacute;tiles y sus cascos corro&iacute;dos por la navegaci&oacute;n en mares tropicales.
</p>
<p>
Las tripulaciones carec&iacute;an de instrucci&oacute;n, y muchos de los cabos de ca&ntilde;&oacute;n nunca hab&iacute;an disparado una pieza. En cuanto al valor, al hero&iacute;smo de oficiales y marinos, no fallaron en sus juicios ni el almirante Bermejo ni la Prensa espa&ntilde;ola. A bordo de sus buques pelearon con heroicidad, rayana en locura, y cumpliendo lo que de ellos se esperaba, demostrando en Cavite, en Santiago de Cuba, en Matanzas, en San Juan de Puerto Rico y en todas partes, que sab&iacute;an 
<hi rend="italics">
morir con honra v que ten&iacute;an coraje.
</hi>
 As&iacute; aquellos valientes muchachos realizaron todo cuanto de ellos exigiera el pueblo espa&ntilde;ol.
</p>
<illus entity="i0143" map="no">
<caption>
<p>
John Davis Long, Secretario de Marina de los Estados Unidos durante la guerra hispanoamericana.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
Esa ola de optimismo y falsedades lleg&oacute; hasta Puerto Rico, arraigando en sus defensores la creencia en el invencible poder mar&iacute;timo de Espa&ntilde;a. Aun recuerdo con pena aquellas veladas en el castillo de San Crist&oacute;bal presididas por el bravo general Ortega; a ellas asist&iacute;amos todos los oficiales de artiller&iacute;a y nuestros jefes S&aacute;nchez de Castilla y Aznar. Barbaza, artillero y capit&aacute;n, hombre simp&aacute;tico y de grandes alcances, usaba y abusaba de sus conocimientos de ingl&eacute;s y de otros idiomas, traduci&eacute;ndonos los juicios y comentarios de 
<hi rend="italics">
nuestros amigos
</hi>
 franceses y alemanes. La escuadra de Cervera, a la que siempre llamamos 
<hi rend="italics">
escuadr&oacute;n
</hi>
 para aumentar su importancia, era una flota invencible; m&aacute;s de sesenta unidades la integraban. Navegando en orden de marcha, ocupaba muchas millas; buques austriacos la reforzaban. Todo esto, unido presagiaba un glorioso y pr&oacute;ximo combate.
</p>
<p>
De otra parte, los acorazados y cruceros americanos eran p&eacute;simamente manejados;
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0144">
0144
</controlpgno>
<printpgno>
120
</printpgno>
</pageinfo>
cada semana varaban dos o tres, y sus tripulaciones, compuestas de hombres de todas las naciones, estaban al borde del mot&iacute;n.
</p>
<p>
Y as&iacute;, cuando en los primeros d&iacute;as de mayo la 
<hi rend="italics">
Gaceta oficial
</hi>
 publicaba un cable de Madrid dando cuenta del 
<hi rend="italics">
glorioso triunfo
</hi>
 de Montojo en Cavite, contra la escuadra del comodoro Dewey..., pareci&oacute; la cosa m&aacute;s natural. &ldquo;&iexcl;Ya lo dec&iacute;a yo!&rdquo;, era la frase corriente.
</p>
<p>
Fu&eacute; una tarde del mes de abril en que, abusando de los fueros de mi uniforme y de estar declarado el estado de guerra, estuve a punto de encerrar en los calabozos de mi castillo a Pedro G&oacute;mez Laserre, antes y hoy excelente amigo m&iacute;o, porque en p&uacute;blico se permitiera decir que &ldquo;Sampson y sus acorazados se 
<hi rend="italics">
comer&iacute;an
</hi>
 sin remedio al 
<hi rend="italics">
escuadr&oacute;n
</hi>
 de Cervera&rdquo;. Si Pedro G&oacute;mez no lo pas&oacute; mal entonces fu&eacute; porque lo cre&iacute; loco. S&oacute;lo as&iacute; se le pod&iacute;a perdonar que pensase y dijese semejantes desatinos. Dios y Pedro G&oacute;mez me perdonar&aacute;n lo que pens&eacute; y no hice aquella tarde de abril 
<anchor id="n0144-01">
1
</anchor>
.
</p>
<note anchor.ids="n0144-01" place="bottom"><p><superscript>1</superscript> El abogado Sr. G&oacute;mez es, actualmente, registrador de la Propiedad en Cayey, Puerto Rico.&mdash;
<hi rend="italics">N. del A.
</hi></p></note>
<p>
Espa&ntilde;a pose&iacute;a una gran flota mercante de r&aacute;pidos trasatl&aacute;nticos, que pudo usar como carboneros, escuchas y auxiliares. La Compa&ntilde;&iacute;a Trasatl&aacute;ntica contaba con 22 vapores de elevado tonelaje y andar superior a doce millas; Pinillos, con cinco; Prats, Anzotegui, Hijos de J. Jover y Serra, Jover y Costa, Mar&iacute;tima de Barcelona y otras Compa&ntilde;&iacute;as pod&iacute;an ofrecer 127 vapores, que hac&iacute;an un total de 154 buques, los cuales, contrastando con los de la escuadra, estaban en excelentes condiciones de vida y eficiencia, siendo sus capitanes y marinos hombres avezados a largos viajes, valientes y tan osados, que aun recuerdan los profesionales americanos las bizarr&iacute;as del 
<hi rend="italics">
Monserrat
</hi>
 y otros trasatl&aacute;nticos que rompieron el bloqueo de las costas de Cuba. Esa flota, una de las primeras del mundo, quiz&aacute; la primera en aquella &eacute;poca, fu&eacute; usada con punible torpeza. Cervera y su escuadra anduvieron errantes de Martinica a Cura&ccedil;ao y de Cura&ccedil;ao a Santiago de Cuba, sin encontrar un solo buque carbonero, y por eso, en vez de refugiarse en el puerto de la Habana o en el de Cienfuegos, lo que indudablemente hubiera evitado la destrucci&oacute;n de su escuadra, el almirante tuvo que entrar en Santiago de Cuba porque alguno de sus cruceros estaba quemando las &uacute;ltimas toneladas de carb&oacute;n.
</p>
<p>
Como una muestra de las actividades del ministro Bermejo, deseo transcribir los siguientes despachos dirigidos a Cervera, a la Martinica, por conducto del general Vallarino, comandante principal de Marina en Puerto Rico:
</p>
<p>
Ministro de Marina a Almirante Cervera.
</p>
<p>
Madrid, mayo 12, 1898.
</p>
<p>
... Vapor 
<hi rend="italics">
Alicante
</hi>
 debe encontrarse ah&iacute;, y otro vapor ingl&eacute;s con 3.000 toneladas de carb&oacute;n, debe llegar a ese puerto.
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0145">
0145
</controlpgno>
<printpgno>
121
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
Ministro a Almirante, Cura&ccedil;ao.
</p>
<p>
Madrid, mayo 15, 1898.
</p>
<p>
Su telegrama recibido; trasatl&aacute;ntico 
<hi rend="italics">
Alicante
</hi>
 anclado en la Martinica, con carb&oacute;n, tiene &oacute;rdenes de salir inmediatamente para Cura&ccedil;ao...
</p>
<p>
Ministro de Marina a Almirante Cervera.
</p>
<p>
Madrid, 15 de mayo, 1898.
</p>
<p>
... Si no puede esperar al 
<hi rend="italics">
Alicante
</hi>
 deje &oacute;rdenes para que dicho buque lo siga en su viaje, as&iacute; como el ingl&eacute;s 
<hi rend="italics">
Tuickhand,
</hi>
 que 
<hi rend="italics">
tambi&eacute;n
</hi>
 lleva carb&oacute;n. 
<anchor id="n0145-01">
1
</anchor>
</p>
<note anchor.ids="n0145-01" place="bottom"><p><superscript>1</superscript> Memorias del almirante Cervera, consultadas por el autor.
</p></note>
<p>
El 
<hi rend="italics">
Alicante
</hi>
 estaba fondeado en Fort-de-France el d&iacute;a II de mayo cuando ancl&oacute; en aquel puerto el capit&aacute;n Villaamil con el destr&oacute;yer 
<hi rend="italics">
Furor;
</hi>
 pero aquel buque no ten&iacute;a a bordo una sola tonelada de carb&oacute;n, y por ello la escuadra espa&ntilde;ola sigui&oacute; viaje a Cura&ccedil;ao, donde tampoco encontr&oacute; buques carboneros a pesar de los constantes avisos del almirante antes de zarpar de Cabo Verde y de las repetidas ofertas del ministro de Marina.
</p>
<p>
Tan grave falta, como otras de igual clase, fueron concausas que contribuyeron a la destrucci&oacute;n de los cruceros espa&ntilde;oles.
</p>
<p>
Al estallar el conflicto compr&oacute; el Gobierno espa&ntilde;ol los vapores 
<hi rend="italics">
Germania
</hi>
 y 
<hi rend="italics">
Normania
</hi>
 y el yate 
<hi rend="italics">
Giralda.
</hi>
 Un regular n&uacute;mero de torpedos enviados a Cuba, varios millares de libras esterlinas situadas en Londres para atenciones de la escuadra, y el pintar los buques de color gris fu&eacute; cuanto se orden&oacute; desde el Ministerio de Marina.
</p>
<p>
Volvamos nuestros ojos hacia W&aacute;shington. Era secretario de Marina, en el Gabinete Mc. Kinley, John Davis Long, graduado en Leyes por la Universidad de Harvard; ten&iacute;a sesenta a&ntilde;os y era fuerte de cuerpo, firme de voluntad, car&aacute;cter de hierro y de inteligencia extraordinaria. A este hombre excepcional, verdadero genio, debi&oacute; la Marina americana la mayor parte de sus triunfos.
</p>
<p>
Desde mediados de enero, 1898, vislumbra el conflicto, y haciendo funcionar el cable ordena a los buques americanos, de estaci&oacute;n en aguas de Europa y del Brasil, as&iacute; como a los que estaban en el extremo Oriente, que 
<hi rend="italics">
no licencien sus tripulaciones cumplidas.
</hi>
 Tiene siempre a la vista un estado completo de todas las naves espa&ntilde;olas de guerra y mercantes; vigila y sigue los movimientos de los buques, presuntos adversarios. Sabe que Bermejo est&aacute; cerrando tratos con el Brasil para comprar a esta naci&oacute;n dos magn&iacute;ficos cruceros de guerra, el 
<hi rend="italics">
Amazonas
</hi>
 y el 
<hi rend="italics">
Almirante Abr&eacute;u;
</hi>
 toca
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0146">
0146
</controlpgno>
<printpgno>
122
</printpgno>
</pageinfo>
todos los resortes diplom&aacute;ticos, abre las cajas de Tesorer&iacute;a, y aquellos buques se llamaron poco despu&eacute;s 
<hi rend="italics">
New Orleans
</hi>
 y 
<hi rend="italics">
Albany;
</hi>
 compra el crucero 
<hi rend="italics">
Nicthers,
</hi>
 de 7.080 toneladas, y el 
<hi rend="italics">
Di&oacute;genes,
</hi>
 bautizados despu&eacute;s 
<hi rend="italics">
Buffalo
</hi>
 y 
<hi rend="italics">
Topeka.
</hi>
 Adquiere, siempre sin regatear el precio, el 
<hi rend="italics">
Somers,
</hi>
 60 yates, algunos ca&ntilde;oneros, cuatro grandes trasatl&aacute;nticos y II remolcadores.
</p>
<p>
No contento a&uacute;n, fleta cuatro grandes vapores y 15 escampav&iacute;as que usa como ca&ntilde;oneros auxiliares. Total, 98 nuevas unidades con que aument&oacute; el efectivo de la escuadra americana. Los vapores 
<hi rend="italics">
St. Lou&iacute;s, Yale
</hi>
 y 
<hi rend="italics">
St. Paul
</hi>
 fueron equipados con aparatos especiales para pescar y cortar los cables submarinos. El 
<hi rend="italics">
Vulcan,
</hi>
 convertido en taller flotante, es provisto, adem&aacute;s, de aparatos para destilar agua, aparatos que tambi&eacute;n ten&iacute;an otros buques, as&iacute; como maquinarias que fabricaban el hielo. El 
<hi rend="italics">
Vulcan
</hi>
 result&oacute; un &eacute;xito; frente a Santiago de Cuba surti&oacute; de piezas sueltas para sus maquinarias y tambi&eacute;n de herramientas a 31 buques de su escuadra; 26 naves de guerra fueron reparadas sobre el mar por el 
<hi rend="italics">
Vulcan.
</hi>
</p>
<p>
El secretario Long us&oacute; como transportes, s&oacute;lo en las Antillas, m&aacute;s de dos docenas de grandes vapores. Todo este inmenso material flotante, unido a las escuadras de combate en aguas de Am&eacute;rica, sumaron 
<hi rend="italics">
ciento cincuenta y cinco
</hi>
 buques; y 
<hi rend="italics">
ni uno solo
</hi>
 se perdi&oacute; por accidente o por combate, lo que habla muy alto en favor de la pericia de sus capitanes y tripulaciones.
</p>
<p>
Ese poder formidable impulsado por el brazo de acero del secretario Long, recorre los mares de Am&eacute;rica y Ocean&iacute;a, y adem&aacute;s amenaza las costas de Espa&ntilde;a (escuadra del comodoro Watson); destruye en Cavite los buques de Montojo, en Santiago de Cuba los de Cervera, bloquea a la Habana y otros puertos, desembarca marinos en Cuba, en Gu&aacute;nica, Ponce y Arroyo; bombardea Matanzas, Santiago de Cuba y San Juan, y cuando se firma la paz la eficiencia de acorazados, cruceros, buques menores y auxiliares era a&uacute;n mayor que al declararse la guerra.
</p>
<p>
El abogado Long, desde su despacho, lo sabe todo. En 16 de abril hab&iacute;a recibido una carta confidencial, de Madrid, en la cual se inclu&iacute;a una relaci&oacute;n de toda la escuadra de guerra y auxiliares de la marina espa&ntilde;ola anotadas, sin error alguno, todas sus ventajas y deficiencias, as&iacute; como los movimientos efectuados por aquellos buques y muchos de los que pensaban realizar. Recibe tambi&eacute;n recortes de 
<hi rend="italics">
El Imparcial
</hi>
 y de otros peri&oacute;dicos de Madrid, en que se da cuenta del n&uacute;mero de torpedos &mdash;190&mdash;que se enviaron a Cuba, se&ntilde;alando los puntos en que dichos torpedos fondearon; toda esta informaci&oacute;n fu&eacute; tomada por aquel peri&oacute;dico de labios del ex ministro Beranger. El c&oacute;nsul americano en C&aacute;diz remiti&oacute; tambi&eacute;n valios&iacute;simas informaciones.
</p>
<p>
El secretario, con los planos a la vista, vigila en su viaje a la flota de Cervera;
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0147">
0147
</controlpgno>
<printpgno>
123
</printpgno>
</pageinfo>
calcula su derrota y los puntos donde necesita tomar carb&oacute;n (porque Long sab&iacute;a, exactamente, las toneladas que llevaba cada buque en sus carboneras), coloca escuchas en su camino y cruceros en Martinica, Guadalupe, St. Thomas, Cabo Haitien, Mola de San Nicol&aacute;s y canales de la Mona y del Viento. Y si la escuadra espa&ntilde;ola pudo llegar a Santiago burlando tan exquisita vigilancia, culpa no fu&eacute; del Hon. Long, sino del almirante Sampson, que desobedeciendo o interpretando a su capricho las &oacute;rdenes recibidas, malgast&oacute; su tiempo y sus municiones frente a San Juan, contribuyendo a que, a trav&eacute;s del cable, se oyeran en Martinica los ca&ntilde;onazos disparados a los castillos del Morro y San Crist&oacute;bal.
</p>
<p>
Fondea en Santiago la escuadra de Cervera; Sampson no lo sabe; Schley nada ve, y sin embargo, el secretario de Marina de los Estados Unidos, sentado en su poltrona y con un fajo de cables ante sus ojos, pasa revista a los buques espa&ntilde;oles anclados en aquel puerto cubano el 19 de mayo. Y con telegrama tras telegrama avisa, dirige, amonesta, empuja y s&oacute;lo diez d&iacute;as despu&eacute;s, el 29, consigue que sus naves de guerra bloqueen al almirante espa&ntilde;ol.
</p>
<p>
Sin los trabajos y las vigilias del secretario Long, Cervera, saliendo de Santiago de Cuba, hubiera echado anclas al abrigo de las formidables bater&iacute;as que proteg&iacute;an la ciudad de la Habana o, lo que es m&aacute;s probable, regresado a Espa&ntilde;a.
</p>
<p>
Tales fueron los hombres que durante la guerra hispanoamericana, en Madrid y en W&aacute;shington, tuvieron a su cargo la inmensa responsabilidad de la guerra por mar.
</p>
<illus entity="i0147" map="no">
<caption>
<p>
Remolcador 
<hi rend="italics">
Wompatuck.
</hi>
</p>
</caption>
</illus>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0148">
0148
</controlpgno>
<printpgno>
124
</printpgno>
</pageinfo>
<illus entity="i0148" map="no">
<caption>
<p>
MAPA DE LA ISLA DE PUERTO RICO
<lb>
Los trazos de l&iacute;nea llena indican el recorrido de las columnas invasoras, hasta el 14 de agosto de 1898.
</p>
</caption>
</illus>
</div>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0149">
0149
</controlpgno>
<printpgno>
</printpgno>
</pageinfo>
<div>
<head>
CAPITULO XI
<lb>
VIAJE DE LA ESCUADRA ESPA&Ntilde;OLA AL MANDO DEL ALMIRANTE CERVERA
<lb>
EL VERDADERO OBJETIVO DEL ALMIRANTE SAMPSON AL BOMBARDEAR A SAN JUAN EL 12 DE MAYO FU&Eacute; LA CAPTURA DE DICHA PLAZA HISTORIA DE UN FAMOSO CABLEGRAMA
</head>
<illus entity="i0149" map="no">
</illus>
<p>
<hi rend="other">
EL
</hi>
 dia 8 de abril 1898 sali&oacute; de C&aacute;diz el almirante Pascual Cervera, con los cruceros protegidos 
<hi rend="italics">
Infanta Maria Teresa,
</hi>
 buque 
<hi rend="italics">
insignia,
</hi>
 y el 
<hi rend="italics">
Crist&oacute;bal Col&oacute;n.
</hi>
 Una escuadrilla, al mando del capit&aacute;n Fernando Villaamil, estaba fondeada en las islas Azores, puerto de San Vicente de Cabo Verde, compuesta de los destroyers 
<hi rend="italics">
Terror, Furor
</hi>
 y 
<hi rend="italics">
Plut&oacute;n,
</hi>
 y, adem&aacute;s, de los torpederos de alta mar 
<hi rend="italics">
Ariete, Audaz
</hi>
 y 
<hi rend="italics">
Azor.
</hi>
</p>
<p>
Con fecha 4, el almirante espa&ntilde;ol hab&iacute;a telegrafiado al ministro de Marina, Bermejo, lo que sigue 
<anchor id="n0149-01">
1
</anchor>
:
</p>
<note anchor.ids="n0149-01" place="bottom"><p><superscript>1</superscript> Este documento y todos los que siguen son de origen oficial, estrictamente comprobado.&mdash;
<hi rend="italics">N. del A.
</hi></p></note>
<p>
Creo peligroso para la flotilla de torpederos el que sigan viaje; como no he recibido instrucciones, me parece lo mejor ir a Madrid para recibirlas y formar plan
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0150">
0150
</controlpgno>
<printpgno>
126
</printpgno>
</pageinfo>
campa&ntilde;a. Me preocupan las Canarias, que est&aacute;n en situaci&oacute;n peligrosa. Si durante mi ausencia fuese necesario que la escuadra saliera, podr&iacute;a verificarlo mandada por segundo jefe.
</p>
<p>
El ministro de Marina respondi&oacute; con el siguiente cable, fechado el mismo d&iacute;a:
</p>
<p>
Recibido su telegrama cifrado. En estos momentos de crisis internacional no se puede formular, de una manera precisa, nada concreto.
</p>
<illus entity="i0150" map="no">
<caption>
<p>
El crucero 
<hi rend="italics">
Vizcaya.&mdash;Oquendo y Maria Teresa
</hi>
 eran buques gemelos del primero.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
Con fecha 6, y en carta privada al ministro, Cervera se expresa as&iacute;: &ldquo;Si nos coge sin un plan de guerra, habr&aacute; dudas y vacilaciones, y despu&eacute;s de la derrota ser&aacute;n las verg&uuml;enzas y las humillaciones.&rdquo;
</p>
<p>
El capit&aacute;n general de Cuba, Blanco, en cable del d&iacute;a 7, dec&iacute;a al ministro de Ultramar, Romero Gir&oacute;n, entre otras cosas:
</p>
<p>
Se empieza a manifestar cierto disgusto por falta buques aqu&iacute;, pues los que hay no pueden prestar servicio, y detenci&oacute;n escuadrilla Cabo Verde deja indefensa costas; V. E., que mejor que yo conoce situaci&oacute;n internacional, dadas actuales circunstancias, apreciar&aacute; conveniencia enviar buques.
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0151">
0151
</controlpgno>
<printpgno>
127
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
Ese mismo d&iacute;a 7 el ministro Bermejo telegraf&iacute;a a Cervera:
</p>
<p>
Urge mucho salir; es preciso que sea ma&ntilde;ana. Dir&iacute;jase V. E. a San Vicente de Cabo Verde; as&iacute; que llegue tomar&aacute; carb&oacute;n y agua. Comunique con sem&aacute;foro Canarias, por si hubiese alguna novedad que noticiarle. Las instrucciones, que se ampliar&aacute;n, son, en esencia, proteger escuadrilla de torpederos, que queda a sus &oacute;rdenes por estar en Europa 
<hi rend="italics">
Amazonas
</hi>
 y 
<hi rend="italics">
San Francisco.
</hi>
 No hay, por ahora, m&aacute;s buques americanos.
</p>
<illus entity="i0151" map="no">
<caption>
<p>
Crucero protegido 
<hi rend="italics">
Crist&oacute;bal Col&oacute;n.
</hi>
</p>
</caption>
</illus>
<p>
Cervera, en otro despacho, insiste en que se le den instrucciones precisas, toda vez que desconoce los planes del Gobierno, y el ministro le contesta:
</p>
<p>
La premura de la salida impide por el momento darle conocer plan que solicita; pero lo tendr&aacute;, con todos sus detalles, a los pocos d&iacute;as de su llegada a Cabo Verde, pues seguir&aacute; sus aguas un vapor abarrotado de carb&oacute;n.
</p>
<p>
El comandante espa&ntilde;ol no replica, obedece, y el d&iacute;a 8 dirige al ministro de Marina el siguiente telegrama:
</p>
<p>
Son las cinco de la tarde y estoy saliendo con el 
<hi rend="italics">
Teresa
</hi>
 y 
<hi rend="italics">
Col&oacute;n.
</hi>
</p>
<p>
Con tiempo bonancible navegaron ambos cruceros, haciendo rumbo a Punta Anaga (isla de Tenerife), con cuyo sem&aacute;foro comunicaron en la ma&ntilde;ana del II, recifuerzas
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0152">
0152
</controlpgno>
<printpgno>
128
</printpgno>
</pageinfo>
biendo &oacute;rdenes de seguir su viaje. A las 9 de la misma hicieron rumbo a San Vicente de Cabo Verde, adonde llegaron sin novedad, fondeando en Puerto Grande el d&iacute;a 14, a las diez de la ma&ntilde;ana. All&iacute; estaba la divisi&oacute;n de torpederos, cuyo jefe, Villaamil, se puso a las &oacute;rdenes del almirante.
</p>
<p>
Los cruceros espa&ntilde;oles hab&iacute;an navegado a una velocidad entre 11 y 12 millas, siendo el consumo de carb&oacute;n sumamente exagerado, gastando el 
<hi rend="italics">
Col&oacute;n
</hi>
 500 toneladas y 400 el 
<hi rend="italics">
Teresa.
</hi>
</p>
<p>
A su llegada a puerto, Cervera dirigi&oacute; al ministro el siguiente cable:
</p>
<p>
Fondeamos sin novedad. Estoy ansioso de saber instrucciones y noticias. Suplico telegrama diario. Tengo necesidad de combustible, mil toneladas para rellenar.
</p>
<p>
Entonces comenz&oacute; la dif&iacute;cil operaci&oacute;n de tomar carb&oacute;n, pudiendo conseguirse a duras penas unas 700 toneladas, que se pagaron a 51 chelines. El c&oacute;nsul americano hab&iacute;a comprado todo el carb&oacute;n existente en el puerto.
</p>
<p>
El 18 de abril lleg&oacute; el 
<hi rend="italics">
San Francisco
</hi>
 con las instrucciones, que, en s&iacute;ntesis, eran:
<list type="ordered">
<item><p>1.&deg; Proteger la escuadrilla de torpederos a causa de estar en aguas de Europa dos buques de guerra americanos.
</p></item>
<item><p>2.&deg; El trasatl&aacute;ntico 
<hi rend="italics">Ciudad de C&aacute;diz,
</hi> la escuadrilla de torpederos y (destroyers) y los cruceros 
<hi rend="italics">Vizcaya
</hi> y 
<hi rend="italics">Oquendo
</hi> (que hab&iacute;an salido de Puerto Rico) unidos al 
<hi rend="italics">Teresa
</hi> y 
<hi rend="italics">Col&oacute;n,
</hi> formar&iacute;an la flota al mando del almirante Cervera.
</p></item>
<item><p>3.&deg; El objetivo de la expedici&oacute;n ser&aacute; la defensa de la isla de Puerto Rico, &ldquo;que tomar&aacute; V. E. a su cargo en la parte mar&iacute;tima, combinando su acci&oacute;n militar de acuerdo con el gobernador de la Isla; pero sin olvidar que el plan de aqu&eacute;lla s&oacute;lo puede corresponder a V. E. dada su innegable competencia en su calidad de almirante para medir las fuerzas del presunto enemigo, apreciar la importancia de sus movimientos, as&iacute; como los recursos que pueden desarrollar los buques del mando de V. E....., a no ser que las fuerzas del enemigo fuesen iguales o inferiores, en el cual caso convendr&aacute; a V. E. tomar la ofensiva&rdquo;.
</p></item>
<item><p>4.&deg; Para el aprovisionamiento, en San Vicente, ten&iacute;a &oacute;rdenes el comandante de la divisi&oacute;n de torpederos, &ldquo;y en Puerto Rico encontrar&aacute; V. E., si ha lugar, todo g&eacute;nero de recursos, incluso municiones.&rdquo;
</p></item>
</list>
</p>
<p>
P.
</p>
<p>
El mismo 18 de abril fondearon en Cabo Verde, incorpor&aacute;ndose al resto de la escuadra, los cruceros 
<hi rend="italics">
Oquendo
</hi>
 y 
<hi rend="italics">
Vizcaya.
</hi>
 El 20 tuvo lugar, a bordo del 
<hi rend="italics">
Col&oacute;n,
</hi>
 una reuni&oacute;n de jefes, tom&aacute;ndose acuerdos que fueron telegrafiados al ministro de Marina en esta forma:
</p>
<p>
De acuerdo con segundo jete y los comandantes de los buques, propongo ir al punto donde se indica e indicar&aacute;: Canarias. 
<hi rend="italics">
Ariete
</hi>
 tiene en mal estado sus calderas; la del 
<hi rend="italics">
Azor
</hi>
 es muy vieja. 
<hi rend="italics">
Vizcaya
</hi>
 necesita entrar en dique para pintar fondos si ha de conservar su velocidad. Canarias quedar&iacute;a libre de un golpe de mano y todas las
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0153">
0153
</controlpgno>
<printpgno>
</printpgno>
</pageinfo>
<illus entity="i0153" map="no">
<caption>
<p>
Excmo. Sr. D. Pascual Cervera y Topete.
</p>
</caption>
</illus>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0154z">
0154
</controlpgno>
<printpgno>
</printpgno>
<blankpage>
</pageinfo>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0155">
0155
</controlpgno>
<printpgno>
129
</printpgno>
</pageinfo>
fuerzas podr&iacute;an acudir con toda prontitud, en caso necesario, a defender la Madre Patria.
</p>
<p>
El acuerdo anterior fu&eacute; consignado en un acta que firmaron: Pascual Cervera, Jos&eacute; de Paredes, Juan V. Lazaga, Emilio D&iacute;az Mor&eacute;u, V&iacute;ctor M. Concas, Antonio Eulate, Joaqu&iacute;n Bustamante, Fernando Villaamil.
</p>
<p>
Al siguiente d&iacute;a el almirante Cervera escribi&oacute; una carta confidencial al ministro d&aacute;ndole detalles del acuerdo anterior, carta de la cual tomamos este p&aacute;rrafo:
</p>
<p>
El natural impulso de marchar decididamente al enemigo, entregando la vida en holocausto de la Patria, era la primera nota que se dibujaba en todos; pero al mismo tiempo, el espectro de la Patria abandonada, insultada y pisoteada por el enemigo, orgulloso con nuestra derrota, que no otra cosa puede obtenerse en definitiva, yendo a buscarlos a su propio terreno con fuerzas tan inferiores, les hac&iacute;a ver que tal sacrificio no s&oacute;lo ser&iacute;a in&uacute;til, sino contraproducente, puesto que entregaban la Patria a un enemigo procaz y orgulloso, y Dios s&oacute;lo sabe las funestas consecuencias que esto podr&iacute;a traer.
</p>
<p>
A partir de esta fecha se cruzaron los siguientes despachos:
</p>
<p>
Ministro al Almirante.&mdash;Cabo Verde.
</p>
<p>
Madrid, 21 de abril, 1898.
</p>
<p>
Torpedero 
<hi rend="italics">
Ariete
</hi>
 puede regresar a Espa&ntilde;a remolcado por 
<hi rend="italics">
San Francisco;
</hi>
 dele instrucciones que considere conducentes.
</p>
<p>
Almirante al Ministro.
</p>
<p>
Cabo Verde, 21 de abril, 1898.
</p>
<p>
Mientras m&aacute;s medito, es mayor mi convicci&oacute;n de que continuar viaje a Puerto Rico ser&aacute; desastroso. Para Canarias podr&iacute;a salirse ma&ntilde;ana. El carb&oacute;n se embarca despacio porque hay escasez de medios. Los comandantes de los buques tienen igual opini&oacute;n y algunos m&aacute;s en&eacute;rgicos que yo. Necesito instrucciones.
</p>
<p>
El Ministro al Almirante.&mdash;Cabo Verde.
</p>
<p>
Madrid, 21 de abril, 1898.
</p>
<p>
Como Canarias est&aacute;n perfectamente aseguradas, y conoce V. E. telegramas de W&aacute;shington sobre salida pr&oacute;xima de escuadra volante, salga con todas las fuerzas para proteger isla Puerto Rico, que est&aacute; amenazada, siguiendo la derrota que V. E. se trace, teniendo presente la amplitud que las instrucciones le conceden y que le renuevo. La frase 
<hi rend="italics">
salgo para el Norte
</hi>
 me indicar&aacute; su salida, debiendo ser absoluta la reserva sobre sus movimientos.
</p>
<p>
La Naci&oacute;n, en estos momentos supremos en que se declara la guerra, acompa&ntilde;a a esa escuadra en expedici&oacute;n y la saluda con entusiasmo.
<lb>
9
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0156">
0156
</controlpgno>
<printpgno>
130
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
Almirante Cervera a Ministro Bermejo.
</p>
<p>
Cabo Verde, 22 de abril, 1898.
</p>
<p>
He recibido telegrama cifrado con la orden seguir para Puerto Rico a pesar de persistir en mi opini&oacute;n, que es opini&oacute;n general de los comandantes de los buques; har&eacute; todo lo que pueda para avivar salida rechazando la responsabilidad de las consecuencias. Agradecemos saludo Naci&oacute;n, cuya prosperidad es nuestro &uacute;nico anhelo, y a nombre de todos, manifiesto nuestro profundo amor a la Patria.
</p>
<p>
Almirante Cervera a Ministro Bermejo.
</p>
<p>
Cabo Verde, 22 de abril, 1898.
</p>
<p>
Oficialmente no se sabe si se ha declarado la guerra, y es de absoluta necesidad saberlo para tratar como enemiga a la bandera americana.
</p>
<p>
Ministro Bermejo al Almirante Cervera.
</p>
<p>
Madrid, 22 de abril, 1898.
</p>
<p>
Si hubiera estado declarada la guerra se lo hubiera comunicado; pero existe de hecho el estado de guerra, pues la escuadra americana empezar&aacute; ma&ntilde;ana bloqueo Cuba. Los buques de la escuadra volante, de que habl&eacute; a V. E., sin tener despu&eacute;s m&aacute;s noticias, son los que deben bloquear a Puerto Rico, y no han salido a&uacute;n de Hampton Roads. El fundamento de las instrucciones es encomendar a V. E. la defensa mar&iacute;tima de Puerto Rico.
</p>
<p>
Almirante Cervera al Ministro Bermejo.
</p>
<p>
Cabo Verde, 22 de abril, 1898.
</p>
<p>
Necesito instrucciones precisas a las que poder arreglar mi conducta, en el caso de no estar declarada oficialmente la guerra a la salida.
</p>
<p>
El Ministro Bermejo al Almirante Cervera.
</p>
<p>
Madrid, 22 de abril, 1898.
</p>
<p>
Recibido su segundo telegrama. No puedo darle instrucciones m&aacute;s concretas que las que tiene, dej&aacute;ndole en libertad para la derrota que ha de seguir, burlando, si es posible, el encuentro de la flota enemiga para arribar a cualquier punto de la isla de Puerto Rico. El 
<hi rend="italics">
Ciudad de C&aacute;diz
</hi>
 le acompa&ntilde;ar&aacute; con todo el carb&oacute;n posible.
</p>
<p>
Este mismo d&iacute;a 22 el Almirante escribi&oacute; al Ministro una larga carta reservada, de la cual es este p&aacute;rrafo:
</p>
<p>
El 
<hi rend="italics">
Col&oacute;n
</hi>
 no tiene sus ca&ntilde;ones gruesos, y yo ped&iacute; los malos, si no hab&iacute;a otros; las municiones de 14 cent&iacute;metros son malas, menos unos 300 tiros; no se han cambiado
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0157">
0157
</controlpgno>
<printpgno>
131
</printpgno>
</pageinfo>
los ca&ntilde;ones defectuosos del 
<hi rend="italics">
Vizcaya
</hi>
 y del 
<hi rend="italics">
Oquendo;
</hi>
 no hay medio de recargar los casquillos del 
<hi rend="italics">
Col&oacute;n;
</hi>
 no tenemos un torpedo Bustamante; no hay orden ni concierto que tanto he deseado y propuesto en vano; la consolidaci&oacute;n del servomotor de estos buques s&oacute;lo ha sido hecha en el 
<hi rend="italics">
Teresa
</hi>
 y el 
<hi rend="italics">
Vizcaya
</hi>
 cuando han estado fuera de Espa&ntilde;a; en fin, esto es un desastre ya, y es de temer que lo sea pavoroso dentro de poco... Y no le molesto m&aacute;s; considero ya el acto consumado, y ver&eacute; lo mejor que pueda salir de este callej&oacute;n sin salida.
</p>
<p>
Ministro Bermejo al Almirante Cervera.
</p>
<p>
Madrid, 24 de abril, 1898.
</p>
<p>
O&iacute;da la Junta de generales de Marina, opina &eacute;sta que los cuatro acorazados y tres destroyers salgan urgentemente para las Antillas. Sometida esta opini&oacute;n al Gobierno de S. M. la acepta, disponiendo se den a V. E. amplias facultades para dirigirse a las Antillas, confiando en su pericia, conocimiento y valor, pudiendo tomar informes sobre aqu&eacute;llas antes de recalar sobre Puerto Rico o a Cuba si lo estimase m&aacute;s conveniente en vista informes recibidos. La derrota, recalada, casos y circunstancias en que V. E. debe empe&ntilde;ar o evitar combate quedan a su m&aacute;s completa libertad de acci&oacute;n. En Londres tiene a su disposici&oacute;n 15.000 libras. Los torpederos deben regresar a Canarias con los buques auxiliares, marc&aacute;ndoles V. E. la derrota. La bandera americana es enemiga.
</p>
<p>
En carta de abril 24 dec&iacute;a el almirante Cervera: &ldquo;Trigueros me ha anunciado la salida de un cargamento de 5.700 toneladas de carb&oacute;n para Puerto Rico, adonde debe recalar del 11 al 12 de mayo, y tengo mucho temor de que vaya a caer en poder del enemigo.&rdquo;
</p>
<p>
El almirante ten&iacute;a raz&oacute;n en sus temores; este vapor, el 
<hi rend="italics">
Rita,
</hi>
 que sali&oacute; de Espa&ntilde;a cargado de carb&oacute;n con destino a Puerto Rico, fu&eacute; capturado por el 
<hi rend="italics">
Yale
</hi>
 en 8 de mayo, y conducido a Charleston fu&eacute;, m&aacute;s tarde, declarado buena presa.
</p>
<p>
Ministro Bermejo al Almirante Cervera.
</p>
<p>
Madrid, 26 de abril, 1898.
</p>
<p>
Dada orden Londres enviar 5.000 toneladas carb&oacute;n, destino Cura&ccedil;ao, a disposici&oacute;n de V. E. o Comandante Puerto Rico.
</p>
<p>
Ministro Bermejo al Almirante Cervera.
</p>
<p>
Madrid, 28 de abril, 1898.
</p>
<p>
Por si llegare a tiempo digo a V. E.: Habana, como la parte Norte de Cuba, sigue bloqueada; Puerto Rico, hasta ahora, libre; en aguas de Europa no existe buque enemigo. En Espa&ntilde;a completa tranquilidad y uni&oacute;n. Reitero entusiasta saludo de la Naci&oacute;n. Con mucha actividad se trabaja en alistar otros buques.
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0158">
0158
</controlpgno>
<printpgno>
132
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
Almirante Cervera al Ministro Bermejo.
</p>
<p>
Cabo Verde, 29 de abril, 1898.
</p>
<p>
Salgo para el Norte.
</p>
<p>
Este d&iacute;a 29 de abril del a&ntilde;o 1898 se&ntilde;ala la fecha memorable en que la escuadra espa&ntilde;ola, compuesta de cuatro cruceros acorazados y tres destroyers, sali&oacute; del puerto de San Vicente de Cabo Verde con rumbo a Puerto Rico, adonde no lleg&oacute; nunca.
</p>
<p>
Desde el primer d&iacute;a de navegaci&oacute;n el almirante Cervera distribuy&oacute; a sus comandantes &oacute;rdenes precisas, no s&oacute;lo para la marcha, sino tambi&eacute;n para el combate, casode presentarse el enemigo; a estas instrucciones acompa&ntilde;aba croquis de las distintas maniobras para pasar del orden de viaje al de fila, y con especiales advertencias a los destroyers sobre su intervenci&oacute;n.
</p>
<illus entity="i0158" map="no">
<caption>
<p>
La escuadra del almirante Cervera fondeada en San Vicente de Cabo Verde.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
Sin incidente alguno en la navegaci&oacute;n sigui&oacute; &eacute;sta hasta el amanecer del d&iacute;a II de mayo, en que los cruceros alcanzaron a los destroyers 
<hi rend="italics">
Terror
</hi>
 y 
<hi rend="italics">
Furor,
</hi>
 que siempre iban a la descubierta y que hab&iacute;an sido destacados el 9 del mismo mes para reconocer el puerto Fort-de-France (Martinica), tomar informes y expedir telegramas. Ambos destroyers estaban parados: el 
<hi rend="italics">
Terror
</hi>
 hech&oacute; una boya, y el 
<hi rend="italics">
Furor
</hi>
 custodi&aacute;ndolo para no dejarlo abandonado en medio del mar. La 
<hi rend="italics">
Capitana
</hi>
 tom&oacute; a remolque el primer destr&oacute;yer, cuyas calderas ten&iacute;an serias aver&iacute;as, continuando su derrotero. El jefe de la escuadrilla, capit&aacute;n Villaamil, con el 
<hi rend="italics">
Furor
</hi>
 se dirigi&oacute; al puerto de Fort-de-France, donde entr&oacute; el mismo d&iacute;a II, tom&oacute; informes y puso alg&uacute;n telegrama que el almirante le hab&iacute;a entregado, saliendo por la noche e incorpor&aacute;ndose a la escuadra, a la cual comunic&oacute; que los buques enemigos bloqueaban la parte oeste de Cuba, desde C&aacute;rdenas a Cienfuegos, que a aquella hora (amanecer del
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0159">
0159
</controlpgno>
<printpgno>
133
</printpgno>
</pageinfo>
d&iacute;a 12), seg&uacute;n noticias reservadas que le hab&iacute;a dado el capit&aacute;n del puerto, la escuadra americana con su almirante a la cabeza deb&iacute;a estar sobre San Juan para atacarlo; que hab&iacute;a dos cruceros auxiliares, el 
<hi rend="italics">
St. Luis
</hi>
 y el 
<hi rend="italics">
Harvard,
</hi>
 uno en Guadalupe y otro en Martinica; que los americanos hab&iacute;an violado la neutralidad de Santo Domingo, entrando y saliendo libremente de Puerto Plata y Saman&aacute;; que en Martinica se le permitir&iacute;a a la escuadra espa&ntilde;ola hacer v&iacute;veres, pero no carb&oacute;n.
</p>
<p>
El capit&aacute;n Fernando Villaamil entreg&oacute; adem&aacute;s al almirante Cervera un fajo de peri&oacute;dicos, por los cuales se enteraron todos los oficiales de la destrucci&oacute;n, en Cavite, de la escuadra espa&ntilde;ola al mando del almirante Montojo.
</p>
<illus entity="i0159" map="no">
<caption>
<p>
El 
<hi rend="italics">
Alicante,
</hi>
 buque-hospital.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
Amaneci&oacute; el 12 de mayo, y este d&iacute;a tuvo lugar un Consejo de oficiales, decidiendo continuar para Cura&ccedil;ao en busca de carb&oacute;n y nuevas noticias.
</p>
<p>
As&iacute; lo efectu&oacute; la escuadra, siguiendo primero un falso rumbo hacia Santo Domingo durante 30 millas para despistar al enemigo, y rectificando despu&eacute;s la ruta hacia aquella isla holandesa.
</p>
<p>
El telegrama puesto por el capit&aacute;n Villaamil en Martinica al ministro Bermejo dec&iacute;a as&iacute;:
</p>
<p>
Almirante Cervera a Ministro Marina.&mdash;Madrid.
</p>
<p>
Martinica, 12 de mayo de 1898.
</p>
<p>
La escuadra sin novedad; excelente esp&iacute;ritu. Villaamil va a adquirir noticias de que depender&aacute;n las operaciones futuras. Para dar la paga vencida se necesitan 570.000 pesetas; lo que hay a bordo y en Londres suman 675.000. No quiero agotar todos los recursos, por lo que es necesario ampliaci&oacute;n de cr&eacute;dito.
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0160">
0160
</controlpgno>
<printpgno>
134
</printpgno>
</pageinfo>
<illus entity="i0160" map="no">
<caption>
<p>
Situaci&oacute;n de los buques-escuchas americanos el 12 de mayo de 1898:
<lb>
N&uacute;m. 1, S. S. 
<hi rend="italics">
Minneapolis.
</hi>
&mdash;N&uacute;m. 2, S. S. 
<hi rend="italics">
St. Paul.
</hi>
&mdash;N&uacute;m. 3, S. S. 
<hi rend="italics">
Yale.
</hi>
&mdash;N&uacute;m. 4, S. S. 
<hi rend="italics">
St. Louis.
</hi>
&mdash;N&uacute;m. 5, S. S. 
<hi rend="italics">
Harvard.
</hi>
</p>
</caption>
</illus>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0161">
0161
</controlpgno>
<printpgno>
135
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
El ministro Bermejo dirigi&oacute; a las autoridades de Puerto Rico para que se comunicase al almirante Cervera, el siguiente cable:
</p>
<p>
Madrid, 12 de mayo de 1898.
</p>
<p>
Ha sabido con satisfacci&oacute;n Gobierno su llegada a ese Puerto (Martinica).&mdash;Pen&iacute;nsula sin novedad.&mdash;Telegrama recibido hoy anuncia ataque Puerto Rico por escuadra enemiga, compuesta de 
<hi rend="italics">
New York, Indiana, Terror
</hi>
 y 
<hi rend="italics">
Purit&aacute;n;
</hi>
 dos cruceros, un torpedero y dos buques carboneros.&mdash;Isla Puerto Rico est&aacute; vigilada por los auxiliares 
<hi rend="italics">
Par&iacute;s
</hi>
 y 
<hi rend="italics">
New York.
</hi>
&mdash;Vapor 
<hi rend="italics">
Alicante
</hi>
 debe encontrarse ah&iacute;, y otro vapor ingl&eacute;s con 3.000 toneladas debe llegar a ese puerto a las &oacute;rdenes capit&aacute;n 
<hi rend="italics">
Alicante.
</hi>
 Puede disponer V. E. de ambos buques.
</p>
<illus entity="i0161" map="no">
<caption>
<p>
Capit&aacute;n D. Emilio D&iacute;az Mor&eacute;u, comandante del crucero 
<hi rend="italics">
Col&oacute;n.
</hi>
</p>
</caption>
</illus>
<p>
Este vapor 
<hi rend="italics">
Alicante
</hi>
 era un trasatl&aacute;ntico espa&ntilde;ol que enarbolaba la bandera de la Cruz Roja como buque-hospital; el carbonero ingl&eacute;s ofrecido por el ministro de
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0162">
0162
</controlpgno>
<printpgno>
136
</printpgno>
</pageinfo>
Marina no hab&iacute;a llegado 
<anchor id="n0162-01">
1
</anchor>
. Villaamil, a su entrada en Fort-de-France, no encontr&oacute; al c&oacute;nsul espa&ntilde;ol, quien estaba en el campo, y solamente pudo avistarse con &eacute;l m&aacute;s tarde. A cambio de esto, Antonio Gen&iacute;s, capit&aacute;n del 
<hi rend="italics">
Alicante,
</hi>
 mostr&oacute;se muy activo, proporcionando al capit&aacute;n de la escuadrilla valiosa informaci&oacute;n, que fu&eacute; de mucha utilidad; por este marino se supo que el crucero de guerra enemigo 
<hi rend="italics">
Harvard
</hi>
 hab&iacute;a fondeado aquella ma&ntilde;ana en el puerto de Saint-Pierre, y que, de un momento a otro, se prohibir&iacute;a la salida del 
<hi rend="italics">
Furor
</hi>
 para facilitar la de aquel crucero.
</p>
<note anchor.ids="n0162-01" place="bottom"><p><superscript>1</superscript> Tanto en Martinica como en Cura&ccedil;ao, nada se habia dispuesto para reportar a la flota de Cervera. 
<hi rend="italics">N. del A.
</hi></p></note>
<illus entity="i0162" map="no">
<caption>
<p>
D. Antonio Eulate, comandante del 
<hi rend="italics">
Vizcaya,
</hi>
 gravemente herido, y a quien rehus&oacute; admitir la espada el capit&aacute;n Mr. Evans, del 
<hi rend="italics">
Iowa.
</hi>
</p>
</caption>
</illus>
<p>
F&aacute;cilmente podemos apreciar la situaci&oacute;n de Villaamil&mdash;escribe el capit&aacute;n V&iacute;ctor M. Concas&mdash;, quien sab&iacute;a que el almirante avanzaba r&aacute;pidamente y que lo esperaba en alta mar. Por tanto, antes de que le comunicaran aquella orden de detenci&oacute;n, a media noche, lev&oacute; anclas, y auxiliado por algunos botes del 
<hi rend="italics">
Alicante
</hi>
 y por el capit&aacute;n de este buque, quien, personalmente, ilumin&oacute; las boyas de la entrada del puerto, escap&oacute; a toda velocidad, navegando a veinte nudos por hora en busca del escuadr&oacute;n.
</p>
<p>
El 14, a las siete de la ma&ntilde;ana, toda la flota lleg&oacute; a la vista de Cura&ccedil;ao, donde el gobernador s&oacute;lo consinti&oacute; en la entrada de dos buques, que fueron el 
<hi rend="italics">
Teresa
</hi>
 y el 
<hi rend="italics">
Vizcaya,
</hi>
 manifestando al c&oacute;nsul espa&ntilde;ol que &uacute;nicamente ser&iacute;a permitida una estancia en dicho puerto de veinticuatro horas. Dicho gobernador holand&eacute;s vino a bordo del 
<hi rend="italics">
Teresa,
</hi>
 buque insignia, y estuvo cort&eacute;s, pero estrictamente neutral. Se tomaron 600 toneladas de carb&oacute;n, &uacute;nicas que pudieron obtenerse, y por cierto que esta negociaci&oacute;n se hizo con los auxilios del vicec&oacute;nsul americano
<anchor id="n0162-02">
2
</anchor>
. Los otros dos cruceros y los destroyers pasaron fuera del puerto toda aquella noche del 14.
</p>
<note anchor.ids="n0162-02" place="bottom"><p><superscript>2</superscript> Personalmente he comprobado esta noticia en Cura&ccedil;ao.&mdash;
<hi rend="italics">N. del A.
</hi></p></note>
<p>
El capit&aacute;n Concas, jefe de Estado Mayor de Cervera, escribi&oacute; lo que sigue:
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0163">
0163
</controlpgno>
<printpgno>
137
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
Nadie puede tener una idea de la ansiedad de aquella noche, 14 de mayo, cuando interpret&aacute;bamos cada ruido que escuch&aacute;bamos como un ataque a nuestros camaradas que estaban fuera del puerto, y cuando ni aun pod&iacute;amos ir en su auxilio, porque el puerto de Cura&ccedil;ao, a la puesta del sol, se cierra por un puente movedizo de barcas que lo incomunica con el exterior.
</p>
<p>
Abastecieron de carb&oacute;n los buques, con grandes apuros, y al amanecer del 15 salieron del puerto, rectificaron su formaci&oacute;n de marcha y tomaron rumbo a Santiago de Cuba, pasando al Sur de Puerto Rico.
</p>
<p>
El almirante Cervera debi&oacute; haber recibido en Cura&ccedil;ao, de manos del c&oacute;nsul espa&ntilde;ol, un telegrama del ministro de Marina, comunicado desde Puerto Rico por el general Vallarino, avis&aacute;ndole, entre otras cosas, que con fecha 12 de mayo la escuadra del almirante Sampson estaba empe&ntilde;ada en un furioso ataque contra San Juan. Y como Cervera localiz&oacute; al Norte a su enemigo, se escurri&oacute; h&aacute;bilmente por el Sur.
</p>
<illus entity="i0163" map="no">
<caption>
<p>
El Ministro de Marina D. Ram&oacute;n Au&ntilde;&oacute;n.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
Sin las impaciencias y sin la indisciplina del almirante americano, indudablemente Cervera y todos sus buques hubieran entrado en San Juan, hacia el 14 de mayo, quedando f&aacute;cil presa de la escuadra americana; porque, o sal&iacute;an por el canal en simple fila al encuentro del enemigo, cuando &eacute;ste bloquease la Boca del Morro, y, por tanto, en condiciones desventajosas para un combate, o si permanec&iacute;an fondeados en puerto, su destrucci&oacute;n hubiera sido inmediata por el fuego de los acorazados de Sampson desde el exterior, por ser poco profunda la rada.
</p>
<p>
En la tarde del 19 de mayo, el almirante Cervera, con todos sus buques, despu&eacute;s de veintid&oacute;s d&iacute;as de navegaci&oacute;n a trav&eacute;s de un cord&oacute;n de escuchas enemigos, entr&oacute; en el puerto de Santiago de Cuba
<anchor id="n0163-01">
1
</anchor>
. Puerto Rico pod&iacute;a respirar libremente, porque aquella escuadra, m&aacute;s que un auxilio, era una amenaza para cualquier puerto, ya que su presencia en &eacute;l altraer&iacute;a inmediatamente al poderoso enemigo.
</p>
<note anchor.ids="n0163-01" place="bottom"><p><superscript>1</superscript> El capit&aacute;n Mahan, critico naval de los Estados Unidos, tiene frases de alabanza para el almirante Cervera por su h&aacute;bil derrotero, llegando a puerto espa&ntilde;ol sin obst&aacute;culo. Califica este suceso como &ldquo;grave derrota de Sampson&rdquo;.&mdash;
<hi rend="italics">N. del A.
</hi></p></note>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0164">
0164
</controlpgno>
<printpgno>
138
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
No debemos pasar por alto un hecho de capital importancia que, seguramente, aparej&oacute; la destrucci&oacute;n de la escuadra espa&ntilde;ola. Con fecha 12 de mayo, el ministro de Marina puso el siguiente telegrama al comandante general de Marina en Puerto Rico, para que lo trasladase al almirante Cervera en Martinica:
</p>
<p>
Ministro de Marina Bermejo al Almirante Cervera.&mdash;Martinica.
</p>
<p>
Madrid, mayo 12, 1898.
</p>
<p>
Desde su salida han variado las circunstancias.&mdash;Se ampl&iacute;an sus instrucciones, para que, si no cree que esa escuadra opere ah&iacute; con &eacute;xito, 
<hi rend="italics">
puede regresar Pen&iacute;nsula,
</hi>
 reservando su derrota y punto recalada, con preferencia a C&aacute;diz. Acuse recibo y exprese su determinaci&oacute;n.
</p>
<p>
Cable tan importante 
<hi rend="italics">
no fu&eacute; transmitido
</hi>
 al almirante Cervera, ni a la Martinica ni a Cura&ccedil;ao, donde permaneci&oacute; hasta la tarde del 15.C on esa misma fecha, el ministro de Marina telegrafiaba al general de Marina Vallarino, comandante principal en Puerto Rico:
</p>
<p>
Procure, por todos los medios, 
<hi rend="italics">
que lleguen
</hi>
 a conocimiento Almirante Escuadra, 
<hi rend="italics">
que est&aacute; en Cura&ccedil;ao,
</hi>
 los telegramas que para &eacute;l tiene, as&iacute; como noticias sobre situaci&oacute;n Escuadra enemiga, y disponga inmediata salida del vapor ingl&eacute;s 
<hi rend="italics">
Roat,
</hi>
 si tiene carb&oacute;n para la Escuadra.
</p>
<p>
Si el almirante Cervera hubiese recibido aquel cable, ya en Cura&ccedil;ao, o antes en Martinica, seguramente vira en redondo y se dirige a Canarias, como era su deseo, tantas veces expresado. Y que hubiera llegado felizmente a su destino, no cabe dudarlo, porque desde Puerto Rico, hacia el Este, no hab&iacute;a un solo buque de guerra americano que pudiera medirse con los espa&ntilde;oles, y solamente algunos cruceros auxiliares. Valdr&iacute;a la pena de que alguien, en el Ministerio de Marina, de Madrid, expurgando los archivos, fijase los motivos de por qu&eacute; esa orden, que fu&eacute; un rel&aacute;mpago de inteligencia, 
<hi rend="italics">
no lleg&oacute; a su destino
</hi>
 
<anchor id="n0164-01">
1
</anchor>
.
</p>
<note anchor.ids="n0164-01" place="bottom"><p><superscript>1</superscript> San Juan, ni un solo d&iacute;a dej&oacute; de estar en comunicaci&oacute;n, por cable, con Martinica y Cura&ccedil;ao, seg&uacute;n informaci&oacute;n que me suministr&oacute; la oficina del cable ingl&eacute;s.&mdash;
<hi rend="italics">N. del A.
</hi></p></note>
<p>
En cuanto al destr&oacute;yer 
<hi rend="italics">
Terror,
</hi>
 &eacute;ste qued&oacute; en Fort-de-France, reparando las aver&iacute;as de sus calderas, y el 19 de mayo, su comandante La Rocha, recibi&oacute; este despacho:
</p>
<p>
Ministro de Marina, Au&ntilde;&oacute;n, al Comandante del 
<hi rend="italics">
Terror.
</hi>
&mdash;Martinica.
</p>
<p>
Si le es posible comunicarse con Almirante de nuestra escuadra, manifi&eacute;stele que Gobierno anula telegrama sobre vuelta a Espa&ntilde;a.
</p>
<p>
Este telegrama tiene su explicaci&oacute;n: el d&iacute;a 18, el capit&aacute;n general de Puerto Rico, general Mac&iacute;as, 
<hi rend="italics">
que nada sab&iacute;a del famoso cable
</hi>
 ordenando el regreso de la Escuadra
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0165">
0165
</controlpgno>
<printpgno>
139
</printpgno>
</pageinfo>
espa&ntilde;ola, cable que no hab&iacute;a sido comunicado a dicho almirante por el general Vallarino, telegrafiaba en esta forma:
</p>
<p>
El Gobernador General, Puerto Rico, al Ministro de Ultramar Romero Gir&oacute;n.
</p>
<p>
Puerto Rico, 18 mayo, 1898.
</p>
<p>
Orden vuelta escuadra a Pen&iacute;nsula har&aacute; caer por tierra entusiasmo Isla y su esp&iacute;ritu levantado despu&eacute;s primer combate. Dir&aacute;n habitantes, Espa&ntilde;a nos abandona, y situaci&oacute;n puede ser grav&iacute;sima.&mdash;Cumplo deber sagrado manifest&aacute;ndoselo.
</p>
<p>
Y como el general Blanco, desde la Habana, hab&iacute;a telegrafiado en igual sentido al tener conocimiento, por hab&eacute;rselo comunicado el general Vallarino, de la orden de regreso a la escuadra, el Gobierno espa&ntilde;ol 
<hi rend="italics">
rectific&oacute;
</hi>
 su acuerdo, cancelando la orden del 12 de mayo. Adem&aacute;s, a Bermejo hab&iacute;a sucedido el nuevo ministro, Au&ntilde;&oacute;n.
</p>
<p>
El d&iacute;a 20, La Rocha, comandante del 
<hi rend="italics">
Terror,
</hi>
 notific&oacute; por cable al almirante Cervera, en Santiago de Cuba, que su buque estaba listo, recibiendo &oacute;rdenes para que cuando pudiese hacerlo, con relativa seguridad, zarpase con rumbo a Puerto Rico, dando igual orden al 
<hi rend="italics">
Alicante.
</hi>
</p>
<p>
Con fecha 22, el general Vallarino, desde Puerto Rico, avisaba al almirante Cervera, que el vapor ingl&eacute;s 
<hi rend="italics">
Restamel,
</hi>
 con 3.000 toneladas de carb&oacute;n Cardiff, hab&iacute;a salido el d&iacute;a antes de Cura&ccedil;ao para Santiago de Cuba, a&ntilde;adiendo que dicho buque andaba siete millas por hora. Este vapor fu&eacute; capturado por el 
<hi rend="italics">
St. Paul
</hi>
 el 25 de mayo y conducido por una tripulaci&oacute;n de 
<hi rend="italics">
presa
</hi>
 a Key West.
</p>
<p>
U. S. S. 
<hi rend="italics">
St. Paul,
</hi>
<lb>
Afueras de Santiago de Cuba, 10 A. M., mayo 29, 1898.
</p>
<p>
En la ma&ntilde;ana del 25 de mayo, 1898, d&iacute; caza a un vapor que marchaba a buena velocidad hacia la entrada de Santiago de Cuba, y maniobr&eacute; de tal modo que lo pude capturar fuera del alcance de los ca&ntilde;ones del puerto a las seis de la ma&ntilde;ana; fu&eacute; abordado con dificultad por el estado del mar y orden&aacute;mosle que se echase fuera.
</p>
<p>
Entonces supimos que era el vapor ingl&eacute;s 
<hi rend="italics">
Restamel,
</hi>
 de Cardiff (Wales), con carb&oacute;n, evidentemente, para la escuadra espa&ntilde;ola. Primero estuvo en San Juan, luego en Cura&ccedil;ao, donde se inform&oacute; que la escuadra de Cervera hab&iacute;a partido dos d&iacute;as antes de su llegada. Entonces fu&eacute; enviado a Cuba.
</p>
<p>
Su capit&aacute;n manifest&oacute;, francamente, que esperaba ser capturado; y tanto &eacute;l como su tripulaci&oacute;n mostraron buen talante por haber sido apresados y parec&iacute;an satisfechos del resultado.
</p>
<p>
Lo envi&eacute; a Cayo Hueso, v&iacute;a Canal de Yucat&aacute;n, con una numerosa tripulaci&oacute;n de 
<hi rend="italics">
presa,
</hi>
 a cargo del teniente J. A. Pattson. Este vapor ten&iacute;a a bordo 2.400 toneladas de carb&oacute;n y parec&iacute;a un excelente buque. Su capit&aacute;n me dijo que en Puerto Rico
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0166">
0166
</controlpgno>
<printpgno>
140
</printpgno>
</pageinfo>
quedaban otros dos carboneros y que ten&iacute;a esperanzas de que tambi&eacute;n fuesen capturados. Los tres vapores son de la misma compa&ntilde;&iacute;a y navegan bajo instrucciones similares.
</p>
<p>
<hi rend="smallcaps">
C. D. Sigsbee,
</hi>
<lb>
<hi rend="italics">
Comandante.
</hi>
</p>
<p>
No era posible que prescindi&eacute;semos de traer a esta Cr&oacute;nica la informaci&oacute;n que antecede, tan ver&iacute;dica como interesante. Ella demuestra cu&aacute;n grande es el error de aquellos que han propalado con la palabra y con la pluma que Espa&ntilde;a, desde el principio de la guerra, abandon&oacute; a Puerto Rico a sus propias fuerzas, preocup&aacute;ndose solamente de la isla de Cuba. Fu&eacute; todo lo contrario: Cuba, virtualmente, estaba perdida para Espa&ntilde;a cualquiera que hubiese sido el resultado de la guerra. En Puerto Rico, donde reg&iacute;a un Gobierno auton&oacute;mico aceptado con entusiasmo por la inmensa mayor&iacute;a del pa&iacute;s, pod&iacute;a seguir flotando, como un homenaje de gratitud del mundo descubierto por espa&ntilde;oles, la bandera de oro y grana. Para no abandonar a Puerto Rico, para defenderlo con toda energ&iacute;a, fu&eacute; por lo que zarp&oacute; de San Vicente de Cabo Verde la escuadra del almirante Cervera.
</p>
<p>
Hacia Puerto Rico ven&iacute;an aquellos buques y en Puerto Rico eran esperados, y si a esta isla no arribaron, fu&eacute; porque el capit&aacute;n general, Mac&iacute;as, el d&iacute;a 12 de mayo, 1898, notific&oacute; al almirante espa&ntilde;ol que el grueso de la escuadra americana estaba frente al Morro de San Juan 
<anchor id="n0166-01">
1
</anchor>
. Y entonces, Cervera, con habilidad suma, habilidad que los marinos americanos son los primeros en proclamar, se refugi&oacute; en Santiago de Cuba, incidentalmente; pero con el firme prop&oacute;sito de volver a Puerto Rico en cumplimiento del plan de guerra del Gobierno. All&iacute; lo bloquearon, y como no quiso entregar sus buques, como lo hicieran los marinos alemanes en Scapa-Flow, a pleno sol, y con su buque 
<hi rend="italics">
insignia
</hi>
 en vanguardia, sali&oacute; de Santiago de Cuba, envuelto en el humo de sus ca&ntilde;ones, el d&iacute;a 3 de julio de 1898, ti&ntilde;endo horas m&aacute;s tarde de sangre espa&ntilde;ola las aguas de aquellos mares.....
</p>
<note anchor.ids="n0166-01" place="bottom"><p><superscript>1</superscript> Que el general Mac&iacute;as supo la llegada de Cervera a Martinica y que se comunic&oacute; con &eacute;ste, lo demuestra el siguiente telefonema que recib&iacute; el d&iacute;a 12 de mayo, en los momentos del combate, a las ocho de la ma&ntilde;ana:
</p><p>&ldquo;Diga a la gente que 
<hi rend="italics">apriete duro,
</hi> porque nuestra escuadra est&aacute; muy cerca.&rdquo;
</p><p>Esta noticia fu&eacute; recibida con gran entusiasmo por mis artilleros, y a cada momento esper&aacute;bamos coger al enemigo entre dos fuegos.&mdash;
<hi rend="italics">N. del A.
</hi></p></note>
<p>
Otro aspecto, no menos interesante, tiene para Puerto Rico dicha informaci&oacute;n: el bombardeo de San Juan y otras operaciones de guerra en las costas de Puerto Rico, fueron consecuencias de aquel viaje. C&aacute;diz, Madrid, sobre todos, y Cabo Verde, estaban plagados de confidentes y esp&iacute;as del Gobierno de W&aacute;shington; entre los
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0167">
0167
</controlpgno>
<printpgno>
141
</printpgno>
</pageinfo>
mismos hombres que abastec&iacute;an de carb&oacute;n a los buques espa&ntilde;oles en San Vicente, hab&iacute;a muchos que, entendiendo espa&ntilde;ol, o&iacute;an las conversaciones de oficiales y marineros espa&ntilde;oles, conversaciones que una hora m&aacute;s tarde llegaban a noticias de Mr. Long, secretario de Marina de los Estados Unidos.
</p>
<p>
Este hombre excepcional lo sab&iacute;a todo, y lo que no sab&iacute;a, lo adivinaba. No solamente gui&oacute; al triunfo a las naves americanas, sino que, en toda ocasi&oacute;n, con admirable golpe de vista, corrigi&oacute; las torpezas y equivocaciones de almirantes y comodoros.
</p>
<p>
Los movimientos de los buques de Cervera nunca fueron un secreto para Mr. Long.
</p>
<p>
El espa&ntilde;ol es capaz de los m&aacute;s grandes hero&iacute;smos; por una flor, por la sonrisa de su dama, por defender a un amigo o a un pol&iacute;tico a quien tal vez no conoce, expondr&aacute; cien veces su vida; pero es muy dif&iacute;cil, es casi imposible, que el espa&ntilde;ol guarde un secreto. Tan pronto un jefe, aun siendo de alta categor&iacute;a, entra en posesi&oacute;n de alguna nueva importante, aparece preocupado, siente la necesidad de compartir con alguien el peso que le abruma, y, para ello, y 
<hi rend="italics">
en secreto
</hi>
&mdash;s&oacute;lo de m&iacute; para ti&mdash;descarga en el amigo el fardo de aquella noticia que le desvela; el amigo, por no ser menos, hace lo propio, y a las pocas horas, aquel 
<hi rend="italics">
secreto,
</hi>
 es un 
<hi rend="italics">
secreto a voces.
</hi>
</p>
<p>
Esto ocurri&oacute; con los secretos del almirante Cervera; algunos mozos de caf&eacute; en San Vicente de Cabo Verde vendieron a peso de buen oro americano confidencias de o&iacute;do, entre camaradas. Como Mr. Long sab&iacute;a que los cruceros espa&ntilde;oles ir&iacute;an a la Martinica, situ&oacute; all&iacute; el 
<hi rend="italics">
Harvard;
</hi>
 no ignoraba que m&aacute;s tarde vendr&iacute;an a San Juan, y a vigilarlos envi&oacute; el 
<hi rend="italics">
Yale,
</hi>
 el 
<hi rend="italics">
St. Paul
</hi>
 y el 
<hi rend="italics">
St. Louis.
</hi>
 Y en busca de la escuadra espa&ntilde;ola navegaba el almirante Sampson, cuando se le ocurri&oacute; la peregrina idea de gastar sus municiones y exponer sus buques frente a las bater&iacute;as de San Juan. Aqu&iacute; mismo, en Puerto Rico, la 
<hi rend="italics">
inocencia
</hi>
 del general Mac&iacute;as hizo posible el espionaje de Crosas, de Scott y del corresponsal del 
<hi rend="italics">
Herald,
</hi>
 Freeman Halstead. De San Juan sal&iacute;an, hacia St. Thomas, muchos cables diarios; 
<hi rend="italics">
no se mov&iacute;a una mosca
</hi>
 en toda la Isla sin que lo supiesen Mr. Long o Mr. Alger; lo mismo que sal&iacute;an, llegaban las noticias del exterior; tres d&iacute;as antes del desembarco en Gu&aacute;nica de la brigada Garretson, la casa Fritze Lundt de Ponce recibi&oacute; un cable de Nueva York, anunciando cierta operaci&oacute;n de az&uacute;car, cable que despu&eacute;s de descifrado dec&iacute;a:
</p>
<p>
&ldquo;Fuerzas americanas, treinta mil hombres, escoltados por escuadra, han salido de tres puertos para esa; llegar&aacute;n alrededor del 25.&rdquo;
</p>
<p>
La escuadra 
<hi rend="italics">
fantasma
</hi>
 de Cervera quitaba el sosiego al almirante Sampson; era preciso destruirla o capturarla; era asunto de honra que no pasase al Oeste de Puerto Rico. Tales eran las &oacute;rdenes imperativas del secretario de Marina, Long. Y por eso el d&iacute;a 8 de mayo Sampson telegrafiaba a dicho secretario, desde Cap. Haitien, solicitando permiso para atacar las fortificaciones de San Juan, permiso que no recibi&oacute;, toda vez que la acci&oacute;n que intentaba se le hab&iacute;a negado, impl&iacute;citamente, por el
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0168">
0168
</controlpgno>
<printpgno>
142
</printpgno>
</pageinfo>
siguiente despacho que, con fecha anterior, 5 del mismo mes de mayo, le hab&iacute;a dirigido Mr. Long, secretario de Marina:
</p>
<p>
No arriesgue sus buques contra fortificaciones que puedan impedirle, despu&eacute;s, un buen &eacute;xito en combate pr&oacute;ximo contra la flota espa&ntilde;ola, compuesta de 
<hi rend="italics">
Pelayo, Teresa, Oquendo, Carlos V, Col&oacute;n, Vizcaya
</hi>
 y cuatro torpederos destroyers, si ellos aparecieran por este lado.
</p>
<p>
Y que al siguiente d&iacute;a 
<hi rend="italics">
remachaba
</hi>
 sus &oacute;rdenes de esta manera:
</p>
<p>
El Departamento est&aacute; perfectamente de acuerdo en que usted exponga sus buques a los gruesos ca&ntilde;ones de las bater&iacute;as de tierra si, en su opini&oacute;n, hubiese buques espa&ntilde;oles de suficiente importancia militar que justifiquen un ataque; 
<hi rend="italics">
el supremo pensamiento de usted, por ahora, debe ser la destrucci&oacute;n de los principales buques enemigos.
</hi>
</p>
<p>
Pero como Sampson ten&iacute;a ciertos informes incompletos del doctor Henna, del doctor Manuel del Valle y del ingeniero Mr. Scott (quienes nada sab&iacute;an de las nuevas bater&iacute;as emplazadas en San Juan), resolvi&oacute; emular las glorias de Dewey en Manila. Una hora de fuego, y, &iexcl;adentro!; nada m&aacute;s f&aacute;cil despu&eacute;s que cortar el cable, 
<hi rend="italics">
mantener el sem&aacute;foro en operaci&oacute;n
</hi>
 y esperar a que Cervera entrase con sus buques en la trampa. Durante tres horas dispar&oacute; sus ca&ntilde;ones, y en cierta ocasi&oacute;n pareci&oacute; que intentaba forzar el puerto, porque &eacute;l sab&iacute;a muy bien 
<hi rend="italics">
de qu&eacute; clase
</hi>
 eran las minas que lo cerraban y desde qu&eacute; paraje se pod&iacute;a destruir, con fuego de ca&ntilde;&oacute;n, la casilla donde estaba el aparato para la explosi&oacute;n de dichas minas. Solamente admitiendo este plan puede aceptarse el acto de indisciplina de aquel marino ilustre. &ldquo;No arriesgue sus buques&rdquo;, y los arriesga. &ldquo;S&oacute;lo buques espa&ntilde;oles de suficiente importancia pueden aconsejar un ataque&rdquo;; el almirante examina el puerto, antes de romper el fuego, ve que no hay dentro buque alguno de importancia....., y, sin embargo, gasta viciosamente sus granadas de 
<hi rend="italics">
punta endurecida
</hi>
 para matar dos hombres que vest&iacute;an uniforme militar, precisamente cuando Cervera, que deb&iacute;a ser su &ldquo;supremo pensamiento&rdquo;, estaba a la misma hora muy cerca, frente a la Martinica.
</p>
<p>
Que el ataque del 12 de mayo no fu&eacute; un 
<hi rend="italics">
simple reconocimiento,
</hi>
 sino un intento de sorpresa para apoderarse de la plaza, lo comprueba el siguiente telegrama, fechado en 14 del mismo mes, dos d&iacute;as despu&eacute;s de aquella acci&oacute;n de guerra. He aqu&iacute; el telegrama:
</p>
<p>
Secretario de Marina, W&aacute;shington, D. C.
</p>
<p>
&iquest;Es cierto que los buques espa&ntilde;oles est&aacute;n en C&aacute;diz?&mdash;Si eso es as&iacute;, env&iacute;e a San Juan, Puerto Rico, un buque carbonero, de Cayo Hueso o de cualquier otra parte.
</p>
<p>
<hi rend="smallcaps">
W. T. Sampson,
</hi>
<lb>
<hi rend="italics">
Real admiral, U. S. Navy.
</hi>
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0169">
0169
</controlpgno>
<printpgno>
143
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
Y tambi&eacute;n envi&oacute; el siguiente despacho:
</p>
<p>
Comodoro Remey, Key West.
</p>
<p>
Env&iacute;e sin dilaci&oacute;n el 
<hi rend="italics">
Vesuvius
</hi>
 a San Juan, Puerto Rico, si el Departamento confirma la llegada de los buques espa&ntilde;oles a C&aacute;diz.
</p>
<p>
<hi rend="smallcaps">
W. T. Sampson,
</hi>
<lb>
<hi rend="italics">
Real admiral U. S. Navy.
</hi>
</p>
<p>
Desde luego que, lo mismo el carb&oacute;n como el temible buque dinamitero, pedidos con tanta urgencia, eran un obsequio para Puerto Rico. Pero si aun nos cupiese alguna duda respecto a las verdaderas intenciones del almirante Sampson, las desechar&iacute;amos al leer lo que sigue, escrito por &eacute;l mismo en un documento oficial:
</p>
<p>
Estos telegramas (los dos &uacute;ltimos) 
<hi rend="italics">
ten&iacute;an la mira de volver y capturar
</hi>
 a San Juan; era muy conveniente hacerlo as&iacute;, ocupando la plaza, porque estar&iacute;amos a seguro en caso de que el almirante Cervera hubiera fallado en cruzar el Atl&aacute;ntico.
</p>
<p>
Cervera 
<hi rend="italics">
no fall&oacute;
</hi>
 en cruzar el Atl&aacute;ntico, pero el contraalmirante Sampson 
<hi rend="italics">
fallo
</hi>
 en su empresa de capturar la plaza de San Juan 
<anchor id="n0169-01">
1
</anchor>
. Vino con su escuadra frente a los castillos con un determinado objetivo; no lo realiz&oacute;, luego fu&eacute; derrotado, seg&uacute;n el tecnicismo militar.
</p>
<note anchor.ids="n0169-01" place="bottom"><p><superscript>1</superscript> &ldquo;&Eacute;l (Sampson) hab&iacute;a calculado llegar llegar a San Juan el d&iacute;a 8, en la idea de que para esta fecha la escuadra espa&ntilde;ola se encontrar&iacute;a a la altura de dicho puerto, juzgando con su clara perspicacia que esta ciudad ser&iacute;a el objetivo del almirante espa&ntilde;ol, como realmente lo era.
</p><p>Si no lo encontraba, retornar&iacute;a inmediatamente a la Habana, 
<hi rend="italics">despu&eacute;s de hacer un esfuerzo para ocupar a San Juan,
</hi> y dejar aqu&iacute; los monitores para mantener y defender dicha plaza contra la flota espa&ntilde;ola, caso de que &eacute;sta apareciera m&aacute;s tarde.&rdquo; (F. E. Chadwick, Real almirante de la Armada de los Estados Unidos: 
<hi rend="italics">The war with Spain.
</hi>)
</p></note>
<p>
En esta guerra hispanoamericana, el combate del 12 de mayo de 1898, en todos sus aspectos, fu&eacute; una 
<hi rend="italics">
indiscutible victoria de las armas espa&ntilde;olas;
</hi>
 la &uacute;nica victoria espa&ntilde;ola durante la guerra hispanoamericana.
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0170">
0170
</controlpgno>
<printpgno>
144
</printpgno>
</pageinfo>
<illus entity="i0170" map="no">
<caption>
<p>
Primera Orden General firmada por el general D. Manuel Mac&iacute;as.
</p>
</caption>
</illus>
</div>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0171">
0171
</controlpgno>
<printpgno>
</printpgno>
</pageinfo>
<div>
<head>
CAPITULO XII
<lb>
EL BLOQUEO DE SAN JUAN
<lb>
COMBATE ENTRE EL 
<hi rend="italics">
TERROR
</hi>
 Y EL 
<hi rend="italics">
SAINT PAUL
</hi>
</head>
<illus entity="i0171" map="no">
</illus>
<p>
<hi rend="other">
EL
</hi>
 22 de junio de 1898, y cerca de las ocho de la ma&ntilde;ana, apareci&oacute; por el Oeste el famoso crucero auxiliar 
<hi rend="italics">
Saint Paul,
</hi>
 que bloqueaba la plaza, y, navegando muy lentamente, fu&eacute; a situarse frente a San Crist&oacute;bal, aunque fuera del alcance de mis ca&ntilde;ones. Como desde aquella hora se notase el ir y venir por la bah&iacute;a de la lancha de vapor del Arsenal, y que todos los buques de guerra, en puerto, tuviesen encendidas sus calderas, se produjo un gran movimiento de expectaci&oacute;n; antes de mediod&iacute;a, millares de personas ocupaban las murallas y azoteas del recinto Norte de la ciudad. San Crist&oacute;bal se llen&oacute; de jefes y oficiales de la guarnici&oacute;n, y de no pocos amigos m&iacute;os, ansiosos de presenciar el combate que todos presum&iacute;amos. A las doce en punto lev&oacute; anclas el crucero 
<hi rend="italics">
Isabel II,
</hi>
 y, a cuarto de m&aacute;quina, sali&oacute; por la boca del Morro, poniendo proa al Oriente. Como yo deseaba no perder un detalle del encuentro, emplac&eacute; sobre el 
<hi rend="italics">
Macho
</hi>
 el anteojo de mi bater&iacute;a, a trav&eacute;s del cual divisaba, claramente, el buque bloqueador, y hasta los uniformes de sus oficiales y marinos.
</p>
<p>
El 
<hi rend="italics">
Saint Paul
</hi>
 permanec&iacute;a inm&oacute;vil, como si ignorase la presencia del buque espa&ntilde;ol, que navegando muy aterrado, para no perder el apoyo de las bater&iacute;as, rompi&oacute; fuego a gran distancia; entonces, el buque enemigo iz&oacute; bandera de combate, y le replic&oacute; con algunos ca&ntilde;onazos. Se cambiaron 30 granadas sin resultado alguno, porque ni el crucero espa&ntilde;ol quer&iacute;a abandonar el abrigo de tierra, ni el americano deseaba ponerse al alcance de los obuses de 24 cent&iacute;metros.
<lb>
10
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0172">
0172
</controlpgno>
<printpgno>
146
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
Era la una y media de la tarde cuando el destr&oacute;yer 
<hi rend="italics">
Terror,
</hi>
 comandante La Rocha, asom&oacute; la proa por detr&aacute;s del Morro; cruz&oacute;, sin detenerse, por delante del 
<hi rend="italics">
Isabel II,
</hi>
 y, poniendo rumbo al Nordeste, forz&oacute; su marcha. La mar, bastante movida, produc&iacute;a tremendos balances a la sutil embarcaci&oacute;n, que, envuelta en el humo de sus chimeneas, embarcaba recios golpes de agua. La multitud, subida a las murallas, aplaud&iacute;a locamente cada vez que el 
<hi rend="italics">
Isabel II
</hi>
 disparaba, unas veces por babor, y otras por estribor, sobre el crucero enemigo. &Eacute;ste, que observaba la maniobra del 
<hi rend="italics">
Terror,
</hi>
 hizo avante un cuarto al Norte, con el objeto de atraerlo hacia fuera, y en tal direcci&oacute;n, que el oleaje lo tomase de trav&eacute;s.
</p>
<illus entity="i0172" map="no">
<caption>
<p>
El 
<hi rend="italics">
Saint Paul,
</hi>
 buque gemelo del 
<hi rend="italics">
Saint Louis.
</hi>
</p>
</caption>
</illus>
<p>
Lo que aconteciera, minutos despu&eacute;s, no lo olvidar&eacute; mientras viva; con mi anteojo distingu&iacute;a sobre la cubierta del peque&ntilde;o buque al comandante La Rocha y a los dem&aacute;s oficiales; varios marineros hac&iacute;an girar el ca&ntilde;&oacute;n lanzatorpedos. Los rayos del sol arrancaban reflejos de oro al quebrarse sobre el torpedo de repuesto, gigantesco cigarro de bronce, que estaba sobre cubierta.
</p>
<p>
A bordo del crucero enemigo reinaba el mayor orden; yo observ&eacute; a los artilleros apuntando todos los ca&ntilde;ones de la banda de tierra. El enemigo 
<hi rend="italics">
no hu&iacute;a,
</hi>
 como todos cre&iacute;mos hasta aquel instante; pronto iba a correr sangre. A 5.000 metros rompi&oacute; fuego el 
<hi rend="italics">
Terror,
</hi>
 que estaba desprovisto de sus mayores ca&ntilde;ones, y sobrela marcha, cambi&oacute; de rumbo, y, poniendo proa al enorme crucero enemigo, se lanz&oacute; hacia &eacute;l, recto como una flecha, levantando monta&ntilde;as de espuma, y tan envuelto en humo, que perd&iacute; de vista su bandera de combate; el adversario, que hab&iacute;a navegado como un cuarto de milla, se par&oacute;, y, andanada tras andanada, rompi&oacute; el fuego con todas sus bater&iacute;as.
</p>
<p>
Yo lo vi muy de cerca, gracias al poderoso anteojo, y, como lo vi, lo cuento. Era de tal volumen el fuego del 
<hi rend="italics">
Saint Paul,
</hi>
 y tan certera su punter&iacute;a, que, en aquellos mismos instantes, pens&eacute; que el mar estaba hirviendo junto al 
<hi rend="italics">
Terror,
</hi>
 y tambi&eacute;n me pareci&oacute; que granizaba.
</p>
<p>
Ya estaba cercano el momento, con tanta ansiedad deseado, en que surcase las ondas el torpedo 
<hi rend="italics">
Whitehead,
</hi>
 cargado de algod&oacute;n p&oacute;lvora, cuando observ&eacute; que el destr&oacute;yer acallaba sus fuegos, giraba sobre la popa y, tumbado sobre una banda, pon&iacute;a proa al Oeste en demanda del puerto. El 
<hi rend="italics">
Saint Paul
</hi>
 tambi&eacute;n dej&oacute; de disparar y permaneci&oacute; inm&oacute;vil. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; pasa?&rdquo;, preguntaban millares de almas. Yo, a quien el privilegio
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0173">
0173
</controlpgno>
<printpgno>
147
</printpgno>
</pageinfo>
del anteojo permiti&oacute; sufrir m&aacute;s y ver mejor, comprend&iacute; que nuestro buque estaba fuera de combate. Unas banderas subieron a su palo mayor; el vig&iacute;a del castillo acudi&oacute; con su c&oacute;digo de se&ntilde;ales; d&iacute; los colores, y todos pudimos leer estas palabras: &ldquo;Tengo heridos a bordo. Auxilios m&eacute;dicos.&rdquo;
</p>
<p>
Esta se&ntilde;al fu&eacute; trasladada a la Comandancia de Marina por el sem&aacute;foro, y en el acto, el remolcador 
<hi rend="italics">
Guip&uacute;zcoa
</hi>
 se hizo a la mar, llevando a bordo al m&eacute;dico de la Armada, Pedro T. Arn&aacute;u, alcanzando al destr&oacute;yer en la misma boca del Morro, donde prest&oacute; auxilio a los heridos.
</p>
<p>
El 
<hi rend="italics">
Isabel II,
</hi>
 despu&eacute;s de convoyar por alg&uacute;n tiempo al 
<hi rend="italics">
Terror,
</hi>
 se situ&oacute; frente al cementerio y muy cerca de la costa, y all&iacute; permaneci&oacute; hasta la noche, en que volvi&oacute; al puerto. Como el destr&oacute;yer hiciese mucha agua y comenzara a hundirse, avanz&oacute; la gr&uacute;a flotante de Obras de puerto, aferr&aacute;ndolo frente al Ca&ntilde;uelo. Jefes, oficiales y paisanos, todos corrimos a los muelles, siendo los primeros en llegar, con sus camillas, los miembros de la Cruz Roja, que transportaron los heridos al Hospital Militar. Yo recuerdo a un marinero, llamado Eusebio Ordu&ntilde;a, con la pierna derecha destrozada y ba&ntilde;ado en sangre, quien, mientras lo desembarcaban en brazos, portaba entre sus manos el fusil, dando gritos nerviosos de &iexcl;Viva Espa&ntilde;a!; poco despu&eacute;s, este heroico muchacho falleci&oacute; en el hospital.
</p>
<p>
Las bajas del destr&oacute;yer fueron las siguientes: Jos&eacute; Aguilar, maquinista de primera clase, muerto; Jos&eacute; Rodr&iacute;guez, maquinista, y fogonero Rogelio Pita, heridos graves; y tambi&eacute;n muerto el marinero Ordu&ntilde;a, ya mencionado. Tres hombres m&aacute;s resultaron con heridas menos graves. El 
<hi rend="italics">
Terror
</hi>
 fu&eacute; puesto fuera de combate por un proyectil, al parecer, de seis pulgadas, que penetrando por la mura de babor, sobre la l&iacute;nea de flotaci&oacute;n, toc&oacute;, estallando, contra el aparato del cambio de marcha, el cual se inutiliz&oacute; y los cascos abrieron en los fondos una v&iacute;a de agua. Otra granada choc&oacute; contra la caja de torpedos, felizmente vac&iacute;a entonces, y revent&oacute; dentro, haciendo estallar varios cartuchos de fusil M&aacute;user que all&iacute; hab&iacute;a; fragmentos del mismo proyectil causaron otras peque&ntilde;as aver&iacute;as. Aquel mismo d&iacute;a se comenzaron las reparaciones del buque por la casa de Abarca, cuyas obras duraron un mes, con un costo de 60.000 pesos, quedando el 
<hi rend="italics">
Terror
</hi>
 en perfecto estado.
</p>
<p>
A las ocho y media de la ma&ntilde;ana siguiente tuvo lugar el entierro de las dos v&iacute;ctimas del combate, partiendo la comitiva del arsenal con el cad&aacute;ver del maquinista Aguilar y recorriendo las calles de San Jos&eacute;, San Francisco y San Justo hasta San Sebasti&aacute;n, donde se incorporaron los que tra&iacute;an el cuerpo del marino Ordu&ntilde;a desde al Hospital Militar. Presid&iacute;an el duelo el brigadier de Marina, Vallarino, el general Ortega, el alcalde del Valle, el teniente La Rocha, comandante del 
<hi rend="italics">
Terror
</hi>
 y el ingeniero Jos&eacute; Portilla, amigo de Aguilar, y segu&iacute;an todos los jefes y oficiales francos de servicio, la escolta del general Mac&iacute;as con su capit&aacute;n Ram&oacute;n Falc&oacute;n, 
<hi rend="italics">
macheteros, auxiliares,
</hi>
 bomberos y una masa imponente del pueblo. Las cintas eran llevadas por tres maquinistas navales y tres mercantes, y a cada lado de los coches f&uacute;nebres marchaban
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0174">
0174
</controlpgno>
<printpgno>
148
</printpgno>
</pageinfo>
doce marineros del 
<hi rend="italics">
Terror.
</hi>
 Frente a la iglesia de San Jos&eacute; se cant&oacute; por el capell&aacute;n de la artiller&iacute;a un responso, y, seguidamente, fueron llevados al cementerio los cad&aacute;veres de aquellos dos hombres muertos gloriosamente en defensa de su bandera, permaneciendo en capilla ardiente hasta las cinco de la tarde en que se les di&oacute; sepultura en los nichos n&uacute;meros 20 y 21, fila primera, cedidos gratis por el
<illus entity="i0174" map="no">
<caption>
<p>
Nichos donde est&aacute;n enterradas las dos victimas en el combate entre el 
<hi rend="italics">
Saint Paul
</hi>
 y el 
<hi rend="italics">
Terror.
</hi>
</p>
</caption>
</illus>
Municipio. El duelo hab&iacute;a sido despedido por el general Ricardo Ortega, gobernador militar de la plaza.
</p>
<p>
He aqu&iacute; una relaci&oacute;n de las coronas que adornaban el f&eacute;retro del maquinista Aguilar:
</p>
<p>
Una corona de rosas, lirios y lilas moradas con la inscripci&oacute;n siguiente: &ldquo;El Batall&oacute;n de Voluntarios a los H&eacute;roes del 
<hi rend="italics">
Terror
</hi>
&rdquo;. A los costados otra de rosas y miosotis con la inscripci&oacute;n: &ldquo;Jos&eacute; Portilla a Jos&eacute; Aguilar&rdquo;. Una de lilas y dalias moradas que dec&iacute;a: &ldquo;Voluntarios, Secci&oacute;n Ciclistas. Honor al que muere por la Patria&rdquo;. Otra de biscuit, rosas, jazmines y pensamientos, diciendo: &ldquo;Al m&aacute;rtir de la Patria. Sus compa&ntilde;eros M. Arn&aacute;u, J. Su&aacute;rez, S. Jim&eacute;nez y B. V. Saavedra&rdquo;. Corona de biscuit, de rosas, jazmines y margaritas: &ldquo;La dotaci&oacute;n del 
<hi rend="italics">
Terror,
</hi>
 al primer maquinista, don Jos&eacute; Aguilar&rdquo;. Otra de pensamientos, jazmines y rosas: &ldquo;A don Jos&eacute; Aguilar. La tripulaci&oacute;n del vapor 
<hi rend="italics">
Manuela
</hi>
&rdquo;. Sobre el sarc&oacute;fago ve&iacute;ase un azafate con flores del tiempo, dedicadas por el arsenal.
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0175">
0175
</controlpgno>
<printpgno>
149
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
Aquel combate, torpemente ordenado por el comandante de Marina Vallarino, caus&oacute; un efecto aplastante en el esp&iacute;ritu p&uacute;blico, convenciendo a los m&aacute;s belicosos de que nuestras fuerzas navales eran impotentes aun contra vapores mercantes, armados como auxiliares de la Marina. La ciega confianza de los destroyers (todos esper&aacute;bamos cosas espeluznantes de aquellos buques) vino a tierra al primer soplo, como un castillo de naipes. El 
<hi rend="italics">
Saint Paul,
</hi>
 al inutilizar a su adversario, ech&oacute; a pique todo sue&ntilde;o de victoria.
</p>
<p>
La oficialidad del 
<hi rend="italics">
Terror
</hi>
 la compon&iacute;an: el teniente de nav&iacute;o de primera, Francisco La Rocha, comandante; segundo del buque, el del mismo empleo, Luis Os&eacute;s, y adem&aacute;s el alf&eacute;rez de nav&iacute;o Jacinto Vaz. Los primeros m&eacute;dicos de tierra que entraron en el buque prestando sus auxilios, fueron los doctores Manuel Fern&aacute;ndez N&aacute;ter y Jaime L. Grau, del vapor 
<hi rend="italics">
Gran Antilla.
</hi>
</p>
<p>
El 
<hi rend="italics">
Terror
</hi>
 nunca debi&oacute; atacar de d&iacute;a; la noche era m&aacute;s propicia para su obra de destrucci&oacute;n. El capit&aacute;n y oficiales demostraron, al igual que los marinos de Cavite, que sab&iacute;an ir al sacrificio sin protestas. El almirante Sampson, en sus 
<hi rend="italics">
Memorias de la Guerra,
</hi>
 p&aacute;gina 895, dice lo que sigue:
</p>
<p>
El 22 de junio, el capit&aacute;n Sigsbee, con el 
<hi rend="italics">
Saint Paul,
</hi>
 tuvo la buena suerte de hacer el servicio adicional de poner fuera de combate al destr&oacute;yer espa&ntilde;ol 
<hi rend="italics">
Terror,
</hi>
 el cual hab&iacute;a llegado a la Martinica, con los otros buques de Cervera, y hab&iacute;a permanecido all&iacute; varios d&iacute;as (para observar al extremo de los cables submarinos y reportar nuestro paradero o tal vez a causa de alguna aver&iacute;a temporal; nosotros no lo sabemos to dav&iacute;a), y viniendo luego a San Juan, intent&oacute;, 
<hi rend="italics">
locamente,
</hi>
 torpedear al 
<hi rend="italics">
Saint Paul
</hi>
 a la luz del d&iacute;a.
</p>
<p>
En cuanto al 
<hi rend="italics">
Saint Paul,
</hi>
 su conducta durante el combate es digna de loa; era un blanco enorme para el torpedo; pudo huir y, sin embargo, se mantuvo en su puesto durante el ataque y casi hundi&oacute; a su temido adversario.
</p>
<p>
Algunos a&ntilde;os m&aacute;s tarde tuve oportunidad de hablar dos largas horas con el capit&aacute;n Sigsbee, entonces almirante; &eacute;l me pidi&oacute; que le visitase a bordo de su buque, y as&iacute; lo hice, acompa&ntilde;ado del doctor Manuel del Valle Atiles, quien interpret&oacute; la conferencia. Disertamos acerca del combate del 22 de junio, y como me manifestase que deseaba una carta m&iacute;a relatando dichos sucesos, como testigo presencial de los mismos, le dije: &ldquo;Voy a enviarle a usted algo mejor; el 
<hi rend="italics">
negativo
</hi>
 de una gran fotograf&iacute;a tomada en el momento en que usted inutiliz&oacute; al 
<hi rend="italics">
Terror.
</hi>
&rdquo;
</p>
<p>
Pareci&oacute; emocionado y acept&oacute; el regalo que le envi&eacute; al siguiente d&iacute;a con el doctor del Valle; despu&eacute;s supe que muchos oficiales de Marina de los Estados Unidos no cre&iacute;an que el 
<hi rend="italics">
Saint Paul
</hi>
 hubiese combatido, firme en su puesto, contra un destr&oacute;yer Tompson, y que mi 
<hi rend="italics">
negativo
</hi>
 iba a confundir a los incr&eacute;dulos.
</p>
<p>
Esa fotograf&iacute;a la tom&oacute;, desde el Macho de San Crist&oacute;bal, el ingeniero de montes, gran amigo m&iacute;o, D. Ram&oacute;n Garc&iacute;a S&aacute;ez.
</p>
<p>
Como durante la entrevista dijese al almirante Sigsbee que yo hab&iacute;a declarado
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0176">
0176
</controlpgno>
<printpgno>
150
</printpgno>
</pageinfo>
ante un Tribunal de Marina, formado para otorgar o negar a La Rocha la Cruz Laureada de San Fernando, &eacute;l entendi&oacute; que este oficial hab&iacute;a sido juzgado en 
<hi rend="italics">
Corte Marcial,
</hi>
 y por eso, m&aacute;s tarde, me escribi&oacute; las cartas que figuran en el ap&eacute;ndice.
</p>
<p>
A La Rocha le fu&eacute; negada la Cruz de San Fernando, cruz que siempre fu&eacute; la suprema aspiraci&oacute;n de un marino o soldado espa&ntilde;ol. Yo, que vi su arrojo y pericia durante el combate, creo que mereci&oacute; aquella recompensa.
</p>
<p>
El capit&aacute;n del 
<hi rend="italics">
Saint Paul
</hi>
 di&oacute; cuenta de la acci&oacute;n con el siguiente informe:
</p>
<p>
U. S. S. 
<hi rend="italics">
St. Paul.
</hi>
</p>
<p>
En la mar, Lat. 20&deg; 35&prime; N.; Long. 73&deg; 45&prime; O.
</p>
<p>
Junio 28, 1898.
</p>
<p>
Se&ntilde;or: Tengo el honor de poner en su conocimiento las &uacute;ltimas operaciones del 
<hi rend="italics">
Saint Paul,
</hi>
 incluyendo el combate contra buques enemigos, frente a San Juan, Puerto Rico.
</p>
<p>
En 19 de junio el 
<hi rend="italics">
Saint Paul,
</hi>
 habiendo transferido mucha parte de sus repuestos y municiones a otros buques, sali&oacute; con la escuadra hacia Santiago de Cuba. Por orden del comandante jefe segu&iacute; a San Juan para bloquear el puerto; junto con las &oacute;rdenes recib&iacute; la informaci&oacute;n de que el 
<hi rend="italics">
Yosemite,
</hi>
 comandante Emory, se reunir&iacute;a en plazo muy corto al 
<hi rend="italics">
Saint Paul,
</hi>
 en las afueras de San Juan, para que yo pudiese dirigirme a New York en busca de carb&oacute;n, que nos hac&iacute;a notable falta.
</p>
<p>
El 
<hi rend="italics">
Saint Paul
</hi>
 naveg&oacute; a moderada velocidad con la idea de interceptar alg&uacute;n buque espa&ntilde;ol por el Sur de Hait&iacute; y canal de la Mona; pero no tuvimos &eacute;xito, llegando frente a San Juan a las ocho de la ma&ntilde;ana del mi&eacute;rcoles 22 de junio, con tiempo claro, fuerte brisa y el mar algo movido.
</p>
<p>
A las 12.40 de dicho d&iacute;a la campana de emergencia fu&eacute; tocada por el oficial del puente, teniente J. A. Pattson. Sub&iacute; acto seguido, y pude ver un crucero espa&ntilde;ol saliendo del puerto lentamente y con proa al Este. Era el 
<hi rend="italics">
Infanta Isabel
</hi>
 o el 
<hi rend="italics">
Isabel II,
</hi>
 ambos buques 
<hi rend="italics">
gemelos
</hi>
 del 
<hi rend="italics">
Don Juan de Austria,
</hi>
 hundido en Manila. El 
<hi rend="italics">
Saint Paul
</hi>
 estaba parado, proa al viento, que soplaba del Este, y mantuvo su posici&oacute;n cuando el crucero espa&ntilde;ol naveg&oacute;, muy despacio, hacia Nordeste, abriendo fuego a larga distancia bajo la inmediata protecci&oacute;n de las bater&iacute;as de costa, las cuales montaban gran n&uacute;mero de ca&ntilde;ones modernos de ocho y diez pulgadas.
</p>
<p>
Ni un solo proyectil nos alcanz&oacute; por fuego directo, aunque algunos pasaron sobre nosotros despu&eacute;s de haber rebotado en el mar. El 
<hi rend="italics">
Saint Paul
</hi>
 replic&oacute; solamente con alg&uacute;n disparo para medir la distancia, y, a pesar de esto, el enemigo continu&oacute; su fuego inefectivo.
</p>
<p>
A la una de la tarde, un torpedero destr&oacute;yer, teniendo todas las caracter&iacute;sticas del 
<hi rend="italics">
Terror
</hi>
 (creo era este buque), sali&oacute; del puerto y, doblando el Morro, naveg&oacute; hacia el Este, paralelo a la l&iacute;nea de la costa. Entonces el 
<hi rend="italics">
Saint Paul
</hi>
 hizo avante, colocando al enemigo en tal posici&oacute;n que, si realizaba un ataque, fuese cogido de trav&eacute;s por el oleaje. Nuestra maniobra ten&iacute;a adem&aacute;s el objeto de atraer al 
<hi rend="italics">
Terror
</hi>
 fuera del alcance de las bater&iacute;as de tierra.
</p>
<p>
A la 1.20 el 
<hi rend="italics">
Terror,
</hi>
 ahora al alcance de nuestros ca&ntilde;ones de mayor calibre,
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0177">
0177
</controlpgno>
<printpgno>
151
</printpgno>
</pageinfo>
<illus entity="i0177" map="no">
</illus>
<p>
<handwritten>
June 19th, 1904
</handwritten>
</p>
<p>
<handwritten>
With my kind regards to the captain Angel Rivero
</handwritten>
</p>
<p>
<handwritten>
Charles D. Sigsbee
<lb>
Rear Admiral
<lb>
US Navy
</handwritten>
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0178">
0178
</controlpgno>
<printpgno>
</printpgno>
</pageinfo>
<illus entity="i0178" map="no">
<caption>
<p>
<hi rend="smallcaps">
Reproducci&oacute;n fotogr&aacute;fica parcial de una de las cartas dirigidas por el almiran
</hi>
</p>
</caption>
</illus>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0179">
0179
</controlpgno>
<printpgno>
153
</printpgno>
</pageinfo>
<illus entity="i0179" map="no">
<caption>
<p>
?GSBEE EL AUTOR. 
<hi rend="smallcaps">
La completa traducci&oacute;n de encuentra en el ap&eacute;ndice n&uacute;m. 3
</hi>
</p>
</caption>
</illus>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0180">
0180
</controlpgno>
<printpgno>
154
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
rompi&oacute; el fuego y se lanz&oacute; contra el 
<hi rend="italics">
Saint Paul
</hi>
 a toda velocidad, evidentemente con la intenci&oacute;n de dispararnos un torpedo. Mi buque mantuvo su posici&oacute;n sin moverse, proa al Este, y esper&oacute; el ataque. Cuando el destr&oacute;yer lleg&oacute; a 5.400 yardas comenzamos a ca&ntilde;onearlo, siendo admirable la seguridad del fuego. Aunque la distancia era grande, observamos que los proyectiles ca&iacute;an junto al buque enemigo y muy cerca. S&uacute;bitamente el 
<hi rend="italics">
Terror
</hi>
 puso proa al viento, present&aacute;ndonos la banda de babor, y, al parecer, con aver&iacute;as, no dejando de disparar, aunque sus proyectiles ca&iacute;an cortos.
</p>
<p>
Yo lo estaba observando desde el puente alto con mis gemelos, que eran de gran alcance, y pude ver c&oacute;mo un proyectil explot&oacute; contra su casco, a la altura de la &uacute;ltima chimenea; inmediatamente vir&oacute;, dirigi&eacute;ndose al puerto a mucha velocidad, aunque con se&ntilde;ales de haber sufrido da&ntilde;o. En vez de tomar el camino por cerca del Morro, como lo hab&iacute;a hecho a su salida, sigui&oacute; hacia el Oeste, y cuando lleg&oacute; a la altura de la isla de Cabras, daba bordadas hacia el Sudoeste y Oeste, buscando el canal, pero claramente en malas condiciones de manejo. El crucero espa&ntilde;ol, al parecer, alarmado, entr&oacute; al puerto detr&aacute;s del 
<hi rend="italics">
Terror.
</hi>
</p>
<p>
Desde aquella fecha he recibido informes por diferentes conductos, de que el destr&oacute;yer fu&eacute; alcanzado por dos remolcadores que le prestaron auxilio a su llegada al puerto, y que estuvo a punto de irse a pique. Uno de mis informantes me dijo que el 
<hi rend="italics">
Terror
</hi>
 fu&eacute; varado y su tripulaci&oacute;n enviada a tierra mientras las bombas achicaban el agua que lo inundaba; todos agregan que dicho buque fu&eacute; tocado por tres proyectiles, y que un ingeniero y otro hombre de la tripulaci&oacute;n murieron. Tambi&eacute;n me informaron de varios heridos y que las aver&iacute;as eran serias, pero que las reparaciones hab&iacute;an comenzado en el acto y segu&iacute;an d&iacute;a y noche.
</p>
<p>
Un proyectil hab&iacute;a tocado en el puente y otro penetr&oacute; en la c&aacute;mara de m&aacute;quinas; el tim&oacute;n y guardines, dec&iacute;an, fueron averiados. Debo a&ntilde;adir que mi informaci&oacute;n procede de personas que s&oacute;lo vieron el exterior del buque a poco de regresar al puerto, pero que no saben indicar t&eacute;cnicamente las aver&iacute;as del interior.
</p>
<p>
Mucha gente situada sobre la parte m&aacute;s elevada de San Juan presenci&oacute; el combate.
</p>
<p>
Tan pronto el 
<hi rend="italics">
Terror
</hi>
 entr&oacute; en puerto volvi&oacute; a salir el crucero, acompa&ntilde;ado esta vez de un ca&ntilde;onero; rodearon el Morro, y a poca velocidad siguieron rumbo al Este, muy aterrados y al abrigo del ca&ntilde;&oacute;n de la plaza y fuera del alcance de los m&iacute;os; no vi otra raz&oacute;n de esta maniobra que el deseo de atraerme hacia las bater&iacute;as espa&ntilde;olas de tierra. Mi buque permanec&iacute;a inm&oacute;vil, proa al Oeste, pr&aacute;cticamente en su posici&oacute;n inicial.
</p>
<p>
A las 4.45 pusimos proa al Este siguiendo un curso paralelo al de los buques espa&ntilde;oles; entonces &eacute;stos viraron entrando en puerto. El 
<hi rend="italics">
Saint Paul
</hi>
 no fu&eacute; alcanzado por el fuego de los buques enemigos durante todo el combate.
</p>
<p>
El 
<hi rend="italics">
Yosemite
</hi>
 lleg&oacute; en la tarde del 25, y yo deb&iacute;a salir para New York el 27; pero juzgu&eacute; que el bloqueo deb&iacute;a ser reforzado, para lo cual y mientras el 
<hi rend="italics">
Terror
</hi>
 estaba en reparaciones, mi deber, como lo hice, era avisar al comandante en jefe. Me dirig&iacute;, pues, a la Mola, Hait&iacute;, y comuniqu&eacute; mi recomendaci&oacute;n.....
</p>
<p>
El r&aacute;pido y seguro fuego dirigido al 
<hi rend="italics">
Terror
</hi>
 por el 
<hi rend="italics">
Saint Paul,
</hi>
 cuya tripulaci&oacute;n ten&iacute;a menos de mes y medio de pr&aacute;ctica, refleja el m&eacute;rito contra&iacute;do por el segundo comandante W. H. Diggs y dem&aacute;s oficiales.....
</p>
<p>
(
<hi rend="italics">
Firmado.
</hi>
) 
<hi rend="smallcaps">
C. D. Sigsbee.
</hi>
 
<hi rend="italics">
Capit&aacute;n, U. S. N., Comandante.
</hi>
 Al secretario de Marina.
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0181">
0181
</controlpgno>
<printpgno>
155
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
El mismo capit&aacute;n Sigsbee, despu&eacute;s de firmarse el armisticio, produjo nuevos informes, fechas 25 de agosto y 27 de septiembre, detallando al secretario de Marina las aver&iacute;as del 
<hi rend="italics">
Terror
</hi>
 y recomendando algunos de sus oficiales por su conducta en aquel combate. Las noticias de las aver&iacute;as del 
<hi rend="italics">
Terror,
</hi>
 suministradas por el ingeniero ingl&eacute;s Scott, fueron completamente err&oacute;neas.
</p>
<p>
El 23 de agosto 1898, fonde&oacute; en el puerto de San Juan, por segunda vez, el crucero alem&aacute;n 
<hi rend="italics">
Geier,
</hi>
 comandante Jacobsen, cuyo oficial recorri&oacute; toda la plaza y sus defensas. Al entrevistarse con el teniente La Rocha, comandante del 
<hi rend="italics">
Terror,
</hi>
 &eacute;ste le hizo la siguiente relaci&oacute;n del combate con el 
<hi rend="italics">
Saint Paul,
</hi>
 relaci&oacute;n que figura en la p&aacute;gina 26 del libro que con el t&iacute;tulo 
<hi rend="italics">
Apuntes de la guerra hispanoamericana,
</hi>
 escribiera m&aacute;s tarde dicho marino alem&aacute;n. Dice as&iacute;:
</p>
<p>
A las nueve de la ma&ntilde;ana, junio 22, el vig&iacute;a del castillo se&ntilde;al&oacute; un buque sospechoso. El comandante de Marina di&oacute; &oacute;rdenes para que el 
<hi rend="italics">
Isabel II
</hi>
 saliese al primer aviso, y al 
<hi rend="italics">
Terror
</hi>
 para que se preparase. A las once y media aquel buque se hab&iacute;a aproximado algo m&aacute;s y entonces el 
<hi rend="italics">
Isabel
</hi>
 sali&oacute; del puerto. Tan pronto fu&eacute; visto por el enemigo, &eacute;ste iz&oacute; bandera de combate y esper&oacute;.
</p>
<p>
El 
<hi rend="italics">
Terror
</hi>
 recibi&oacute; &oacute;rdenes de acudir en auxilio del 
<hi rend="italics">
Isabel.
</hi>
 Mi buque, que se hab&iacute;a separado del resto de su escuadra en la Martinica, no hab&iacute;a podido recobrar sus mayores ca&ntilde;ones, que hab&iacute;an sido transferidos al 
<hi rend="italics">
Mar&iacute;a Teresa,
</hi>
 a fin de tener m&aacute;s espacio disponible para carb&oacute;n; no ten&iacute;amos otro armamento que los torpedos y dos ca&ntilde;ones de 55 mil&iacute;metros con muy pocas municiones.
</p>
<p>
El 
<hi rend="italics">
Isabel
</hi>
 rompi&oacute; fuego contra el 
<hi rend="italics">
Saint Paul
</hi>
 a una distancia de 10 a 12.000 metros; como el m&aacute;ximo alcance de mis ca&ntilde;ones era de 4.000, yo no pod&iacute;a ayudar al 
<hi rend="italics">
Isabel
</hi>
 si permanec&iacute;a cerca de &eacute;l. Por tanto, d&iacute; &oacute;rdenes de poner proa al Este para no entorpecer el fuego de dicho buque, que era dirigido al Norte. Cuando llegamos a paraje descubierto y con mar libre al frente, me lanc&eacute; recto contra el 
<hi rend="italics">
Saint Paul
</hi>
 a una velocidad de 20 a 21 millas.
</p>
<p>
El enemigo que, hasta ahora, hab&iacute;a estado disparando contra el 
<hi rend="italics">
Isabel,
</hi>
 dirigi&oacute; al 
<hi rend="italics">
Terror
</hi>
 fuego r&aacute;pido con todas sus bater&iacute;as, la m&aacute;s baja de las cuales parec&iacute;a tener 8 ca&ntilde;ones y 10 &oacute; 12 la m&aacute;s alta. A 4.000 metros abrimos fuego, con el &uacute;nico objeto de mantener el esp&iacute;ritu de la tripulaci&oacute;n durante el tiempo que faltaba para lanzar los torpedos; nuestro fuego fu&eacute; muy seguro. Al primer disparo vi c&oacute;mo un proyectil alcanzaba al enemigo en el tim&oacute;n y otros tambi&eacute;n hicieron blanco. Mis hombres estaban locos de alegr&iacute;a. Nos hab&iacute;amos aproximado a 1.200 metros y est&aacute;bamos a punto de lanzar un torpedo, cuando el destr&oacute;yer comenz&oacute; a girar sobre estribor, y aunque puse tim&oacute;n a la banda mi buque continu&oacute; girando. Entonces orden&eacute; parar la m&aacute;quina de este lado, pero el 
<hi rend="italics">
Terror
</hi>
 siempre se tumbaba.
</p>
<p>
En este momento me avisaron que un proyectil hab&iacute;a hecho explosi&oacute;n contra el puente, destruyendo los guardines del tim&oacute;n y tambi&eacute;n el tel&eacute;grafo; el buque, por tanto, segu&iacute;a los movimientos de la h&eacute;lice y no era manejable por el servomotor. Orden&eacute; se usase la rueda de mano del tim&oacute;n, pero como est&aacute;bamos muy cerca del enemigo, algunos proyectiles nos alcanzaron; uno atraves&oacute; la banda de babor y explot&oacute;
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0182">
0182
</controlpgno>
<printpgno>
156
</printpgno>
</pageinfo>
dentro del compartimento de m&aacute;quinas, averi&aacute;ndolas. En este momento puse proa al puerto.
</p>
<p>
Este combate sirvi&oacute; para demostrar, &uacute;nicamente, el valor, nunca discutido, de los marinos espa&ntilde;oles y las pocas luces del general Villarino, que lo orden&oacute; o consinti&oacute;.
</p>
<illus entity="i0182" map="no">
</illus>
</div>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0183">
0183
</controlpgno>
<printpgno>
</printpgno>
</pageinfo>
<div>
<head>
CAPITULO XIII
<lb>
CONTINUA EL BLOQUEO
<lb>
EL 
<hi rend="italics">
ANTONIO L&Oacute;PEZ
</hi>
 Y EL 
<hi rend="italics">
YOSEMITE
</hi>
</head>
<p>
<hi rend="other">
HAC&Iacute;A
</hi>
 algunos d&iacute;as que se hablaba 
<hi rend="italics">
en secreto
</hi>
 de cierto trasatl&aacute;ntico abarrotado de pertrechos de guerra que estaba a punto de llegar. De boca a o&iacute;do pronto fu&eacute; el secreto del dominio p&uacute;blico y comidilla de trasboticas y cuartos de banderas.
</p>
<p>
Amanec&iacute;a el 28 de junio; los alegres toques de diana vibraron en lo alto del Macho, y toda mi gente, unos doscientos artilleros, guarnecieron las bater&iacute;as, operaci&oacute;n que se realizaba cada d&iacute;a al rayar el alba. Era la 
<hi rend="italics">
descubierta.
</hi>
</p>
<p>
Cargados obuses y ca&ntilde;ones y los sirvientes en sus puestos, subimos los oficiales al parapeto, y desde all&iacute; escudri&ntilde;&aacute;bamos el horizonte con nuestros gemelos de campa&ntilde;a. Los primeros rayos del sol iluminaron por el Este al 
<hi rend="italics">
Yosemite,
</hi>
 comandante W. H. Emory, crucero auxiliar y &uacute;nico buque que hac&iacute;a efectivo el bloqueo de la plaza, donde estaban anclados dos cruceros y un ca&ntilde;onero.
</p>
<p>
Poco despu&eacute;s de la descubierta el teniente Enrique Botella, &iexcl;bravo muchacho!, se&ntilde;al&oacute;: &iexcl;Vapor por el Oeste!
</p>
<p>
A duras penas los de mejor vista y anteojos pudieron distinguir en la direcci&oacute;n indicada leve columna de humo que se confund&iacute;a con las brumas del amanecer. Era el 
<hi rend="italics">
Antonio L&oacute;pez,
</hi>
 trasatl&aacute;ntico de 6.400 toneladas, que la noche antes pas&oacute; frente al Morro, y aunque el faro no se encend&iacute;a, fall&oacute; en reconocer el puerto por las luces de
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0184">
0184
</controlpgno>
<printpgno>
158
</printpgno>
</pageinfo>
isla de Cabras y las rompientes del litoral, sigui&oacute; de largo hasta el amanecer, y, entonces, conociendo su error, vir&oacute; en redondo y puso proa al puerto, donde hubiera felizmente entrado (el 
<hi rend="italics">
Yosemite
</hi>
 no pod&iacute;a verlo desde la posici&oacute;n que ocupaba) sin la torpeza del vig&iacute;a de San Crist&oacute;bal, quien, gozoso de dar a la ciudad la noticia, iz&oacute; las banderas, se&ntilde;alando: &ldquo;vapor espa&ntilde;ol por el Oeste&rdquo;.
</p>
<p>
El 
<hi rend="italics">
Yosemite,
</hi>
 que estaba frente a Isla Verde, apercibi&oacute; las se&ntilde;ales, y muy pronto se puso en marcha, aumentando gradualmente su velocidad. Comenzaba la caza.
</p>
<p>
Aquella noche el crucero 
<hi rend="italics">
Isabel II
</hi>
 hab&iacute;a cubierto la guardia del canal, fondeado frente al Ca&ntilde;uelo, y al mismo tiempo que el 
<hi rend="italics">
Yosemite
</hi>
 forzaba sus fuegos, el crucero espa&ntilde;ol, girando sobre la popa, se dirigi&oacute; hacia el interior del puerto, sin fijarse en las desesperadas se&ntilde;ales que le hac&iacute;a el sem&aacute;foro del Morro, ni en la multitud de curiosos que, ya entonces, coronaba las bater&iacute;as del canal de entrada.
</p>
<p>
El general Ortega, gobernador de la plaza, miraba con ojos de asombro las maniobras del 
<hi rend="italics">
Isabel II.
</hi>
</p>
<p>
&mdash;Corra al tel&eacute;fono&mdash;me dijo&mdash;y av&iacute;sele al jefe de Marina.
</p>
<p>
Llam&eacute; muchas veces; alguien, a medio despertar, vino al aparato, recibi&oacute; la noticia, y colg&oacute; el aud&iacute;fono. Un cuarto de hora despu&eacute;s, la lancha de vapor del arsenal lleg&oacute; al costado del crucero 
<hi rend="italics">
Isabel,
</hi>
 d&aacute;ndole &oacute;rdenes de proteger con sus ca&ntilde;ones al 
<hi rend="italics">
Antonio L&oacute;pez,
</hi>
 y, entonces, comenz&oacute; la prolija maniobra de virar, la que dur&oacute; media hora, y que a todos nos pareci&oacute; un a&ntilde;o; sin prisa, a sus buenas seis millas por hora, pas&oacute; el canal y asom&oacute; la proa Morro afuera, rompiendo fuego inefectivo contra el 
<hi rend="italics">
Yosemite,
</hi>
 que replic&oacute; con sus ca&ntilde;ones de cuatro pulgadas.
</p>
<p>
Volvamos al 
<hi rend="italics">
Antonio L&oacute;pez.
</hi>
 Cuando este buque navegaba frente al Dorado y muy cerca de la costa, el 
<hi rend="italics">
Yosemite,
</hi>
 que ya estaba a la altura del Morro, abri&oacute; fuego con todos sus ca&ntilde;ones de proa, sin detener la marcha; despu&eacute;s de recibir una docena de disparos el trasatl&aacute;ntico derrib&oacute;, y a todo vapor se meti&oacute; en Ensenada Honda, varando en arena, a quince pies de fondo. Par&oacute; la m&aacute;quina, arri&oacute; los botes, y a la voz de &ldquo;s&aacute;lvese el que pueda&rdquo; de su capit&aacute;n, toda la tripulaci&oacute;n, unos en lanchas y otros a nado, ganaron la costa en loca carrera, poni&eacute;ndose a salvo. El capit&aacute;n, hombre de mejores piernas que los dem&aacute;s, no par&oacute; hasta las playas de Toa Baja. Solamente el primer oficial, ocho marineros y el cura permanecieron a bordo.
</p>
<p>
Detr&aacute;s del 
<hi rend="italics">
Isabel
</hi>
 salieron el 
<hi rend="italics">
Concha
</hi>
 y el ca&ntilde;onero 
<hi rend="italics">
Ponce de Le&oacute;n.
</hi>
 Los dos primeros ca&ntilde;oneaban al 
<hi rend="italics">
Yosemite,
</hi>
 y &eacute;ste, sin abandonar la caza, repart&iacute;a sus fuegos entre todos los adversarios.
</p>
<p>
El 
<hi rend="italics">
Ponce,
</hi>
 una c&aacute;scara de nuez, puso proa al Norte, forz&oacute; m&aacute;quina y naveg&oacute;, recto, en busca del enemigo, abriendo fuego con sus Nordenfeld, de tiro r&aacute;pido&mdash;para animar a la gente&mdash;seg&uacute;n dec&iacute;a por la noche en el caf&eacute; &ldquo;La Mayorquina&rdquo; su comandante Joaqu&iacute;n Cristely, andaluz tan bravo como 
<hi rend="italics">
juerguista.
</hi>
 El crucero enemigo debi&oacute; confundir al 
<hi rend="italics">
Ponce
</hi>
 con un torpedero (ya el 
<hi rend="italics">
Terror
</hi>
 estaba fuera de combate,
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0185">
0185
</controlpgno>
<printpgno>
159
</printpgno>
</pageinfo>
averiado y en reparaciones) porque virando, le ense&ntilde;&oacute; la popa y naveg&oacute; al Nordeste, donde se aguant&oacute; sobre sus m&aacute;quinas.
</p>
<p>
Entonces el Morro hizo un disparo de prueba, y la granada cay&oacute; cien metros delante de la proa del 
<hi rend="italics">
Yosemite.
</hi>
 Siempre estuvo a tiro este buque; pero el capit&aacute;n Iriarte no pod&iacute;a hacer fuego sin &oacute;rdenes expresas que entonces recibiera. A torpezas tales que parecen incre&iacute;bles, fu&eacute; a lo que debi&oacute; no ser hundido aquel d&iacute;a el crucero auxiliar 
<hi rend="italics">
Yosemite,
</hi>
 buque sin protecci&oacute;n alguna, y el cual, durante treinta y cinco minutos, estuvo dentro del alcance de numerosos obuses y ca&ntilde;ones de 24 y 15 cent&iacute;metros.
</p>
<p>
Forz&oacute; m&aacute;quinas el 
<hi rend="italics">
auxiliar,
</hi>
 y el segundo disparo del Morro cay&oacute; corto. El 
<hi rend="italics">
Ponce de Le&oacute;n,
</hi>
 que estaba algunas millas del Norte, puso proa al Oeste, y siempre bajo el fuego del enemigo lleg&oacute; hasta el 
<hi rend="italics">
Antonio L&oacute;pez,
</hi>
 se aferr&oacute; a su banda de babor, y fu&eacute; tan brusca la atracada que el palo de mesana del ca&ntilde;onero vino al suelo. Todos los buques suspendieron el fuego; el 
<hi rend="italics">
Isabel II
</hi>
 dispar&oacute; 32 granadas, siete el 
<hi rend="italics">
Concha,
</hi>
 bastantes el 
<hi rend="italics">
Ponce
</hi>
 y m&aacute;s de 300 el 
<hi rend="italics">
Yosemite.
</hi>
</p>
<p>
Todo aquel d&iacute;a permaneci&oacute; este buque en el horizonte contemplando impasible el entrar y salir de lanchas, botes y remolcadores que a toda prisa comenzaron el alijo del trasatl&aacute;ntico espa&ntilde;ol. Pudo entonces el 
<hi rend="italics">
Yosemite
</hi>
 navegar al Oeste y fuera del alcance de todas las bater&iacute;as, reducir a cenizas a su v&iacute;ctima. S&oacute;lo aten&uacute;a su grave falta el tener a la vista tres buques de guerra espa&ntilde;oles haci&eacute;ndole fuego, y uno solo de los cuales, el 
<hi rend="italics">
Isabel II,
</hi>
 pod&iacute;a medirse sin desventajas con el 
<hi rend="italics">
auxiliar
</hi>
 de guerra. Adem&aacute;s, caso notable, los que a bordo del 
<hi rend="italics">
Yo emite
</hi>
 se bat&iacute;an frente a San Juan eran el de&aacute;n y los profesores de la Facultad de Ingenier&iacute;a de la Universidad de M&iacute;chigan, quienes voluntariamente cambiaron sus c&aacute;tedras por las calderas y bater&iacute;as del crucero bloqueador.
</p>
<p>
Un a&ntilde;o m&aacute;s tarde, el doctor Manuel del Valle Atiles, alto empleado de la Estaci&oacute;n Naval de San Juan, me entreg&oacute; una carta en la cual las autoridades de Marina ped&iacute;an informes acerca de los sucesos del 28 de junio; parece que los tripulantes del 
<hi rend="italics">
Yosemite
</hi>
 solicitaban su parte, como era de ley, en el valor de la 
<hi rend="italics">
presa.
</hi>
 Evacu&eacute; el informe, que, pocos d&iacute;as despu&eacute;s, me fu&eacute; devuelto por el doctor del Valle, mientras me dec&iacute;a:
</p>
<p>
&mdash;&iquest;Qu&eacute; te han hecho los del 
<hi rend="italics">
Yosemite?
</hi>
</p>
<p>
&mdash;Nada.
</p>
<p>
&mdash;Pues ten la bondad de guardar o romper este informe.
</p>
<p>
Lo romp&iacute;; yo no pod&iacute;a favorecer a los valerosos profesores, que, si hab&iacute;an demostrado energ&iacute;as y gran dosis de patriotismo al correr voluntariamente los riesgos de la guerra en el mar, no supieron rematar su obra en el momento preciso, permitiendo que una gran cantidad de material de guerra que conduc&iacute;a el 
<hi rend="italics">
Antonio L&oacute;pez
</hi>
 fuese descargada en su presencia y bajo sus ca&ntilde;ones, con lo cual se reforzaron de un modo poderoso las defensas de la plaza. Yo sab&iacute;a adem&aacute;s que el 
<hi rend="italics">
Yosemite,
</hi>
 aunque
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0186">
0186
</controlpgno>
<printpgno>
160
</printpgno>
</pageinfo>
tripulado por reservistas navales, estaba al mando del capit&aacute;n Emory y otros oficiales, marinos profesionales de guerra.
</p>
<p>
El 
<hi rend="italics">
Ponce,
</hi>
 al atracar contra el 
<hi rend="italics">
Antonio L&oacute;pez,
</hi>
 transbord&oacute; al capell&aacute;n, los pocos marineros que encontr&oacute; y al primer oficial. No quiero omitir un detalle que pinta el car&aacute;cter bromista del teniente Cristely. Cuando el 
<hi rend="italics">
p&aacute;ter
</hi>
 abandon&oacute; su buque, llevaba en brazos una imagen de la Virgen y dec&iacute;a, para animar a los tripulantes del ca&ntilde;onero:
</p>
<p>
&mdash;No hay que apurarse, muchachos; &iexcl;la Virgen del Carmen est&aacute; con nosotros!
</p>
<illus entity="i0186" map="no">
<caption>
<p>
Crucero auxiliar 
<hi rend="italics">
Yosemite.
</hi>
 (Copia de un cuadro existente en la Universidad de Ann-Arbor, Michigan.)
</p>
</caption>
</illus>
<p>
&mdash;Ya o&iacute;s lo que dice el 
<hi rend="italics">
parecito
</hi>
&mdash; a&ntilde;adi&oacute; el teniente&mdash;; nada nos puede suceder; pero, por si acaso, &iexcl;mano a los 
<hi rend="italics">
l&aacute;pices!
</hi>
</p>
<p>
Don Joaqu&iacute;n llamaba 
<hi rend="italics">
l&aacute;pices
</hi>
 a sus menudos. Nordenfelt.
</p>
<p>
El 
<hi rend="italics">
Antonio L&oacute;pez
</hi>
 hab&iacute;a salido de C&aacute;diz el 16 de junio, y, a petici&oacute;n de su comandante, dej&oacute; en aquel puerto los cuatro ca&ntilde;ones Hontoria de 12 cent&iacute;metros que montaba; 74 hombres, incluso los oficiales, compon&iacute;an su tripulaci&oacute;n; adem&aacute;s, m&eacute;dico, capell&aacute;n, practicante y enfermero
<anchor id="n0186-01">
1
</anchor>
.
</p>
<note anchor.ids="n0186-01" place="bottom"><p><superscript>1</superscript> El Marqu&eacute;s de Comillas dirigi&oacute; al capit&aacute;n del 
<hi rend="italics">Antonio L&oacute;pez,
</hi> el d&iacute;a de su salida de C&aacute;diz, este telegrama:
</p><p>&ldquo;Es preciso que haga usted llegar el cargamento a Puerto Rico aunque se pierda el barco.&rdquo;&mdash;
<hi rend="italics">N. del A.
</hi></p><p>Es hoy general de divisi&oacute;n y subsecretario del Ministerio de la Guerra.&mdash;
<hi rend="italics">N. del A.
</hi></p></note>
<p>
A la una y media de la tarde salieron del puerto el remolcador 
<hi rend="italics">
Ivo Bosch
</hi>
 y los botes 
<hi rend="italics">
Carmelita, Catalina
</hi>
 y 
<hi rend="italics">
Esperanza,
</hi>
 los cuales comenzaron la descarga; el destacamento de Punta Salinas y una compa&ntilde;&iacute;a del 4.&deg; provisional, de Bayam&oacute;n, capit&aacute;n
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0187">
0187
</controlpgno>
<printpgno>
161
</printpgno>
</pageinfo>
Hern&aacute;ndez, llegaron los primeros al lugar del naufragio, y poco despu&eacute;s lo hizo el comandante de infanter&iacute;a Jos&eacute; Tom&aacute;s Tizol, quien tom&oacute; el mando de todas las fuerzas, incluso de una bater&iacute;a de monta&ntilde;a, capit&aacute;n Arboleda, que sali&oacute; de San Juan, y emplaz&oacute; all&iacute; sus piezas a resguardo de unos montones de arena.
</p>
<p>
El doctor Guzm&aacute;n, Domingo Cobi&aacute;n, capit&aacute;n de puerto Fern&aacute;ndez; capit&aacute;n de Estado Mayor Emilio Barrera 1 y otros m&aacute;s acudieron desde el primer momento. S&oacute;lo hubo entre los n&aacute;ufragos un marinero contuso, y eso, de tanto correr. Un tren expreso sali&oacute; de San Juan para Vega Baja en busca de los n&aacute;ufragos, los que no fueron encontrados hasta muy tarde porque permanec&iacute;an ocultos entre los uveros de la costa.
</p>
<p>
La descarga se llev&oacute; a cabo con sorprendente energ&iacute;a y regularidad, durando tres d&iacute;as con sus noches, siendo el alma de todo en tan arriesgada operaci&oacute;n el capit&aacute;n
<illus entity="i0187" map="no">
<caption>
<p>
El crucero 
<hi rend="italics">
New Orleans.
</hi>
</p>
</caption>
</illus>
de artiller&iacute;a D. Ram&oacute;n Acha Caama&ntilde;o, portorrique&ntilde;o y artillero ilustre, hoy general del Cuerpo en la Comandancia principal de artiller&iacute;a de Valladolid. Le prestaron ayuda Barrera, Fern&aacute;ndez, capit&aacute;n de puerto; Jos&eacute; C&aacute;ndida y algunos obreros m&aacute;s del Parque, unos pocos tripulantes del 
<hi rend="italics">
Terror
</hi>
 y contados soldados y artilleros, que hicieron la descarga en lanchones, conduciendo los bultos a la playa y luego al ferrocarril, que los transport&oacute; a San Juan.
</p>
<p>
El material de artiller&iacute;a salvado fu&eacute;: seis ca&ntilde;ones modernos de bronce y retrocarga, de 12 cent&iacute;metros de calibre (uno de los cuales cay&oacute; al mar, y aunque fu&eacute; localizado y amarrado a una lancha, se perdi&oacute; por la noche al irse a pique dicha embarcaci&oacute;n); cuatro morteros, bronce rayado, de 15 cent&iacute;metros, tambi&eacute;n de retrocarga y sistema Mata; dos obuses del mismo metal, calibre e inventor, y 300 disparos por cada pieza. Tambi&eacute;n se descargaron 50 toneladas de p&oacute;lvora prism&aacute;tica; un proyector soberbio, el&eacute;ctrico, con su d&iacute;namo; medio mill&oacute;n de raciones para la tropa
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0188">
0188
</controlpgno>
<printpgno>
162
</printpgno>
</pageinfo>
y otra infinidad de art&iacute;culos que pusieron a la plaza en buen pie de guerra. Debo consignar que toda la artiller&iacute;a vino perfectamente acondicionada y hasta con sus explanadas de tablones, pernos y todo lo necesario.
</p>
<p>
Mientras descargaba al 
<hi rend="italics">
Antonio L&oacute;pez,
</hi>
 clavado en 15 pies de arena, Acha concibi&oacute; la idea de ponerlo a flote y meterlo en puerto; ello fu&eacute; durante la noche del 29 de junio, cuando el auxiliar 
<hi rend="italics">
Gran Antilla,
</hi>
 mandado por el capit&aacute;n Jos&eacute; Bayona, amarr&oacute; sus cabos a la popa del buque varado, intentando el remolque; Acha, al frente de las m&aacute;quinas, ayudado por el auxiliar Jos&eacute; C&aacute;ndida y con un grupo de artilleros, rellen&oacute; los hornos, recarg&oacute; las v&aacute;lvulas y ped&iacute;a a cada momento con voz breve y nerviosa: &ldquo;&iexcl;M&aacute;s vapor! &iexcl;M&aacute;s!&rdquo; El vapor silbaba, escap&aacute;ndose por todas las juntas y amenazando con volar las calderas. El capit&aacute;n de puerto Fern&aacute;ndez, aferrado al tim&oacute;n, esperaba la orden de marcha.
</p>
<p>
Acha di&oacute; la voz de &iexcl; avante!, y el buque cruji&oacute; desde el puente a la quilla. &iexcl;Era 
<hi rend="italics">
Gilliatt
</hi>
 salvando a la 
<hi rend="italics">
Durande!.....
</hi>
<anchor id="n0188-01">
1
</anchor>
</p>
<note anchor.ids="n0188-01" place="bottom"><p><superscript>1</superscript> V&iacute;ctor Hugo: &ldquo;Los trabajadores del Mar.&rdquo;&mdash;
<hi rend="italics">N. del A.
</hi></p></note>
<p>
Por un momento, todos creyeron que el 
<hi rend="italics">
Antonio L&oacute;pez
</hi>
 se desprend&iacute;a de su lecho de arena; pero &iexcl;no pudo ser!: los cables de remolque estallaron. Una roca hab&iacute;a perforado el fondo, y, entrando en el casco, ancl&oacute; el buque para siempre. Durante la operaci&oacute;n, los cruceros 
<hi rend="italics">
Concha, Isabel
</hi>
 y 
<hi rend="italics">
Ponce
</hi>
 vigilaban fuera del Morro.
</p>
<p>
Acha y sus compa&ntilde;eros regresaron a tierra al siguiente d&iacute;a; poco despu&eacute;s, una seria enfermedad le oblig&oacute; a recogerse en cama, en la casa particular de Pedro Giusty; estuvo grave, entre vida y muerte, como resultado de sus esfuerzos en aquellas noches terribles; pero Dios no quiso, y Acha, el portorrique&ntilde;o de mejor cerebro de cuantos se graduaron en el Colegio Militar de Segovia, vive y pasea su uniforme de general por las calles de Madrid. Para contar cuanto de bueno y efectivo hizo este oficial en Puerto Rico, durante la guerra, ser&iacute;a poco este libro.
</p>
<p>
Cien peones contratados ayudaron a la descarga, pag&aacute;ndoseles tres pesos por d&iacute;a y cuatro por cada noche; Joaqu&iacute;n Jarque, empleado de muelles de la casa consignataria de Ezquiaga, trabaj&oacute; bien, y no abandon&oacute; el buque hasta que el &uacute;ltimo bulto estuvo en tierra.
</p>
<p>
El 
<hi rend="italics">
Antonio L&oacute;pez
</hi>
 recibi&oacute; seis proyectiles: uno rompi&oacute; la baranda de estribor; otro atraves&oacute; el mamparo de m&aacute;quinas, inutilizando la escalera; un tercero perfor&oacute; la chimenea; otro el costado de babor; otro entr&oacute; en el camarote del primer maquinista, y el &uacute;ltimo destroz&oacute; la cocina y el fog&oacute;n. Las tripulaciones del 
<hi rend="italics">
Terror
</hi>
 y del 
<hi rend="italics">
Criollo
</hi>
 auxiliaron la descarga, que dur&oacute;, como hemos dicho, los d&iacute;as 28, 29 y 30, con sus noches. Hasta el piano, los muebles y la vajilla fueron salvados, as&iacute; como tambi&eacute;n gran cantidad de carb&oacute;n.
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0189">
0189
</controlpgno>
<printpgno>
163
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
El d&iacute;a 15 de julio, al amanecer, se present&oacute; frente a la plaza un crucero: era el 
<hi rend="italics">
New Orleans,
</hi>
 que, despu&eacute;s de ponerse al habla con el 
<hi rend="italics">
Yosemite,
</hi>
 vir&oacute; en redondo, y, pasando a lo largo y fuera del alcance de los ca&ntilde;ones del Morro, reconoci&oacute; al 
<hi rend="italics">
Antonio L&oacute;pez,
</hi>
 a distancia de tres millas; al siguiente d&iacute;a, y con fuego de tiro r&aacute;pido, lo acribill&oacute;, poni&eacute;ndolo en llamas al tercer disparo, de 20 que le hizo. Dos d&iacute;as despu&eacute;s el buque espa&ntilde;ol rindi&oacute;, entre llamaradas, el palo de mesana, y, semanas m&aacute;s tarde, desapareci&oacute;, entre las aguas, en su mayor parte.
</p>
<p>
El capit&aacute;n del 
<hi rend="italics">
Antonio L&oacute;pez,
</hi>
 un catal&aacute;n, de apellido Carreras, fu&eacute; acerbamente criticado por su conducta, y se le acus&oacute; de cobarde y de inepto; pero debe tenerse en cuenta que no era un marino de guerra, y, adem&aacute;s, lo que &eacute;l me dijo tres d&iacute;as despu&eacute;s del suceso:
</p>
<p>
&ldquo;Fig&uacute;rese usted, amigo Rivero: llov&iacute;an proyectiles, y yo sab&iacute;a que abajo, en la bodega, hab&iacute;a 50 toneladas de p&oacute;lvora... Corren hasta los tullidos.&rdquo;
</p>
<p>
La informaci&oacute;n que antecede fu&eacute; escrita en los mismos d&iacute;as del suceso; poco despu&eacute;s obtuve datos sobre la tripulaci&oacute;n del 
<hi rend="italics">
Yosemite,
</hi>
 y, &uacute;ltimamente, pude averiguar hechos muy graves, que, de no constarme su absoluta certeza, no los hubiera estampado en este libro.
</p>
<p>
El gobernador, general Mac&iacute;as, acostumbraba recibir cada noche en Palacio a los generales Ortega y Vallarino, con algunos de sus ayudantes; a los coroneles Laguna y S&aacute;nchez de Castilla, al teniente coronel Miquelini, al capit&aacute;n de Ingenieros Eduardo Gonz&aacute;lez, al doctor Francia, secretario de Gobierno, y a otras personas. Se jugaba al tresillo y se comentaban los sucesos del d&iacute;a.
</p>
<p>
La noche del 27 de junio de 1898, y al terminar la velada, cerca de las once, el general Mac&iacute;as mostr&oacute; al de Marina, Vallarino, un cable fechado el d&iacute;a 20 del mismo mes y ya descifrado, en el cual el ministro de la Guerra avisaba que el trasatl&aacute;ntico 
<hi rend="italics">
Antonio L&oacute;pez,
</hi>
 desarmado, llegar&iacute;a a la altura de San Juan alrededor del d&iacute;a 27, conduciendo una buena parte del material de guerra pedido, y que se tomaran las medidas necesarias para la protecci&oacute;n de dicho buque por las fuerzas navales del puerto y se encendiesen las boyas, toda vez que el faro estaba apagado y el vapor recalar&iacute;a de noche.
<anchor id="n0189-01">
1
</anchor>
</p>
<note anchor.ids="n0189-01" place="bottom"><p><superscript>1</superscript> El original de este despacho existe en el Archivo de Segovia, carpeta I, legajo 45.&mdash;
<hi rend="italics">N. del A.
</hi></p></note>
<p>
De este despacho se enteraron tambi&eacute;n varios de los presentes, alguno de los cuales habita hoy en San Juan de Puerto Rico y es caballero de cuya honorabilidad nadie puede dudar.
</p>
<p>
Vallarino ley&oacute; el cable, y en vez de adoptar las medidas de protecci&oacute;n que se ped&iacute;an... se fu&eacute; a dormir.
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0190">
0190
</controlpgno>
<printpgno>
164
</printpgno>
</pageinfo>
<illus entity="i0190" map="no">
<caption>
<p>
El vapor espa&ntilde;ol 
<hi rend="italics">
Antonio L&oacute;pez
</hi>
 despu&eacute;s de incendiado por el 
<hi rend="italics">
New Orleans.
</hi>
<lb>
(Fotografia tomada a bordo de este &uacute;ltimo buque.)
</p>
</caption>
</illus>
<p>
Pocas horas despu&eacute;s, al amanecer, ocurri&oacute; la cat&aacute;strofe que hemos rese&ntilde;ado.
</p>
<p>
El general Mac&iacute;as, que guard&oacute; el cable hasta &uacute;ltima hora, y sobre todo el de Marina, Vallarino, que permaneci&oacute; inactivo, son responsables ante la Historia de la p&eacute;rdida del vapor trasatl&aacute;ntico 
<hi rend="italics">
Antonio L&oacute;pez.
</hi>
</p>
<p>
He aqu&iacute; el parte oficial donde el comandante del 
<hi rend="italics">
Yosemite
</hi>
 relata, aunque con algunos errores, el combate del 28 de junio.
</p>
<p>
Bloqueo de San Juan, Puerto Rico,
<lb>
Junio 30, 1898.
<lb>
U. S. S. 
<hi rend="italics">
Yosemite.
</hi>
</p>
<p>
Se&ntilde;or:
</p>
<p>
1. Tengo el honor de comunicarle que a eso de las cinco y media, en la ma&ntilde;ana del martes, junio 28, se&ntilde;alamos un vapor, viniendo del Oeste, y distante tres millas, poco m&aacute;s o menos. En este momento el 
<hi rend="italics">
Yosemite
</hi>
 estaba en movimiento, a muy poca distancia de Punta Salinas. La ma&ntilde;ana estaba obscura, y &eacute;sta fu&eacute; la causa de que dicho buque no fuese visto mucho antes.
</p>
<p>
El relato que sigue es el resultado de m&iacute; observaci&oacute;n personal, porque he permanecido en el puente durante todos los sucesos y desde antes de que dicho vapor fuese avistado; &eacute;ste (cuyo nombre a&uacute;n desconozco) responde a la descripci&oacute;n que del
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0191">
0191
</controlpgno>
<printpgno>
165
</printpgno>
</pageinfo>
<hi rend="italics">
Monserrat
</hi>
 me hiciera el capit&aacute;n Sigsbee, vapor que, seg&uacute;n me dijo, deb&iacute;a llegar a este puerto hacia el domingo. El vapor que apareci&oacute; hoy tiene casco negro con franjas rojas en la parte superior del mismo, una sola chimenea pintada de color de plomo y tres m&aacute;stiles. En los momentos en que avistamos este buque, el castillo del Morro estaba de nosotros distante cinco millas y en direcci&oacute;n Este-Sudeste.
</p>
<p>
2. Tan pronto vi claramente el vapor a que me refiero, puse el indicador marcando 
<hi rend="italics">
toda velocidad,
</hi>
 orden a la que respondieron inmediatamente las m&aacute;quinas del 
<hi rend="italics">
Yosemite,
</hi>
 y haciendo rumbo hacia aqu&eacute;l (que acababa de salir de entre un fuerte aguacero, distando de nosotros tres millas y que maniobraba con la evidente intenci&oacute;n de colocarse bajo los ca&ntilde;ones del fuerte Ca&ntilde;uelo y siempre muy pegado a los arrecifes) tratamos de interceptarlo
<anchor id="n0191-01">
1
</anchor>
.
</p>
<note anchor.ids="n0191-01" place="bottom"><p><superscript>1</superscript> El Ca&ntilde;uelo no ten&iacute;a ca&ntilde;ones ni otro armamento alguno.&mdash;
<hi rend="italics">N. del A.
</hi></p></note>
<p>
Como yo conoc&iacute;a la hidrograf&iacute;a de aquellos sitios por haber detenido en ellos a un peque&ntilde;o buque el d&iacute;a anterior, no tuve reparo en avanzar todo lo posible; pero dicho vapor, conociendo nuestro intento, r&aacute;pidamente cambi&oacute; su rumbo, y poniendo proa a la costa encall&oacute; en ella, seis millas al Oeste del castillo del Morro.
</p>
<p>
3. El 
<hi rend="italics">
Yosemite,
</hi>
 en el cual se hab&iacute;a tocado zafarrancho de combate desde el primer momento, maniobr&oacute; tan cerca del buque espa&ntilde;ol como aconsejaba la prudencia, teniendo en cuenta que los arrecifes no permiten acercarse a menos de 4.000 yardas de ellos, y permaneci&oacute; en la vecindad de dicho paraje por alg&uacute;n tiempo ca&ntilde;oneando al buque encallado, al que le disparamos alrededor de 200 granadas y shrapnels de cinco pulgadas y algunos proyectiles m&aacute;s de seis libras. Cuando nos pareci&oacute; que el enemigo estaba suficientemente desmantelado, hicimos rumbo hacia dos buques de guerra espa&ntilde;oles, un crucero y un ca&ntilde;onero, que hab&iacute;an salido del puerto en socorro del buque encallado, y con ellos trabamos
<illus entity="i0191" map="no">
<caption>
<p>
Honorable Mortimer E. Cooley, de&aacute;n de la Facultad de Ingenier&iacute;a de la Universidad de Michigan, quien fu&eacute; ingeniero de m&aacute;quinas del crucero auxiliar 
<hi rend="italics">
Yosemite.
</hi>
</p>
</caption>
</illus>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0192">
0192
</controlpgno>
<printpgno>
166
</printpgno>
</pageinfo>
combate, durante el cual los grandes ca&ntilde;ones de dicho crucero pusieron en gran peligro las calderas del 
<hi rend="italics">
Yosemite,
</hi>
 que no tienen protecci&oacute;n alguna.
</p>
<p>
4. Durante el per&iacute;odo a que se refiere el par&aacute;grafo anterior tuve la sorpresa, para m&iacute; muy grande, de saber que los artilleros del Morro y bater&iacute;as cercanas conoc&iacute;an la exacta distancia a que estaba el 
<hi rend="italics">
Yosemite,
</hi>
 y que durante toda la acci&oacute;n estuvimos bajo el fuego efectivo de sus ca&ntilde;ones, y muchos proyectiles de gran calibre pasaron sobre este buque y otros cayeron en las inmediaciones, ninguno m&aacute;s lejos de 200 yardas; y uno cay&oacute; tan cerca y a pocos pies del tim&oacute;n que, la calumna de agua que alz&oacute;, salpic&oacute; el puente
<anchor id="n0192-01">
1
</anchor>
. El gran alcance de los ca&ntilde;ones del Morro pudo apreciarse por el hecho de que la duraci&oacute;n de la trayectoria en uno de sus disparos fu&eacute; de treinta y cinco segundos.
</p>
<note anchor.ids="n0192-01" place="bottom"><p><superscript>1</superscript> El castillo del Morro solamente hizo dos disparos al 
<hi rend="italics">Yosemite
</hi> con ca&ntilde;ones de 15 cent&iacute;metros. Ninguna otra bater&iacute;a de la costa ca&ntilde;one&oacute; a dicho crucero auxiliar, como tampoco &eacute;ste logr&oacute; incendiar del todo al 
<hi rend="italics">Antonio L&oacute;pez.&mdash;N. del A.
</hi></p></note>
<p>
5. El crucero y ca&ntilde;onero mencionados en el p&aacute;rrafo n&uacute;mero 3 navegaron hacia el Oeste, rumbo Punta Salinas, uniendo sus fuegos a los de la bater&iacute;a. El mayor de estos buques ten&iacute;a dos ca&ntilde;ones de 8 &oacute; 9.2 pulgadas, y sus proyectiles cruzaban sobre el 
<hi rend="italics">
Yosemite
</hi>
 sin que los de &eacute;ste pudiesen alcanzarlo a &eacute;l; viendo, por tanto, que no pod&iacute;amos hacer blanco en dicho buque con nuestra bater&iacute;a principal, por estar muy lejano, le pusimos la proa avanzando hasta llegar a 4.000 yardas, y entonces abrimos fuego sobre &eacute;l con toda nuestra bater&iacute;a de estribor, compuesta de ca&ntilde;ones de tiro r&aacute;pido. Nuestro fuego, al parecer, result&oacute; muy efectivo, toda vez que ambos buques espa&ntilde;oles apagaron los suyos, refugi&aacute;ndose bajo los ca&ntilde;ones del Morro.
</p>
<p>
6. En el preciso momento en que este buque romp&iacute;a el fuego contra los espa&ntilde;oles, vimos un torpedero que sal&iacute;a del puerto navegando a gran velocidad, muy cercano de la costa, y con direcci&oacute;n al buque encallado, por lo cual nos fuimos sobre &eacute;l siguiendo su rumbo tan cerca como nos era posible, y durante diez minutos lo ca&ntilde;oneamos con todas las piezas de la bater&iacute;a principal, a la que se sumaron las secundarias del lado de babor, fuego que oblig&oacute; a dicho torpedero a buscar refugio detr&aacute;s del vapor varado
<anchor id="n0192-02">
2
</anchor>
.
</p>
<note anchor.ids="n0192-02" place="bottom"><p><superscript>2</superscript> Fu&eacute; el peque&ntilde;o ca&ntilde;onero 
<hi rend="italics">Ponce de Le&oacute;n,
</hi> desprovisto de torpedos y armado, &uacute;nicamente, con dos peque&ntilde;os ca&ntilde;ones de tiro r&aacute;pido.&mdash;
<hi rend="italics">N. del A.
</hi></p></note>
<p>
Entonces el 
<hi rend="italics">
Yosemite
</hi>
 se detuvo en esta posici&oacute;n y continu&oacute; disparando granadas y shrapnels, hasta que el buque comenz&oacute; a arder; en estos momentos est&aacute;bamos bajo el fuego de los fuertes y tambi&eacute;n bajo los ca&ntilde;ones de gran calibre del crucero espa&ntilde;ol.
</p>
<p>
7. En resumen: creemos que todo fu&eacute; hecho, lo mejor que era posible, por un simple buque y con la intenci&oacute;n de impedir que el bloqueo fuese roto. Despu&eacute;s, como he dicho, el 
<hi rend="italics">
Yosemite
</hi>
 abandon&oacute; al buque encallado y puso proa a los enemigos que se refugiaron al amparo del Castillo.
</p>
<p>
8. Todo el resto del d&iacute;a permanecimos listos para el combate y enarbolada nuestra bandera de guerra, navegando frente a los castillos y esperando el ataque de los buques de guerra espa&ntilde;oles, incluso del torpedero; pero aconteci&oacute; que ellos no quisieron salir del puerto.
</p>
<p>
9. Desde el principio del combate hasta su terminaci&oacute;n, este buque sufri&oacute; el
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0193">
0193
</controlpgno>
<printpgno>
167
</printpgno>
</pageinfo>
fuego por un espacio de tres horas, y aunque el enemigo hizo tiros muy buenos y algunos cayeron muy cerca del 
<hi rend="italics">
Yosemite,
</hi>
 directamente &eacute;ste no fu&eacute; tocado una sola vez.
</p>
<p>
10. El esp&iacute;ritu y conducta de los oficiales y tripulaci&oacute;n fu&eacute; en todos conceptos altamente recomendable.
</p>
<p>
11. Se incluye el 
<hi rend="italics">
report
</hi>
 del oficial ejecutivo marcado con la letra A, en cumplimiento del par&aacute;grafo 525 de las Regulaciones Navales de los Estados Unidos.
</p>
<p>
Tengo el honor de ser, de usted, muy respetuosamente,
</p>
<p>
<hi rend="smallcaps">
W. H. Emory,
</hi>
<lb>
Comandante del 
<hi rend="italics">
Yosemite.
</hi>
</p>
<p>
Sr. Comandante en Jefe de las Fuerzas Navales de los E. U.&mdash;Estaci&oacute;n del Norte Atl&aacute;ntico.
</p>
<p>
U. S. S. 
<hi rend="italics">
Yosemite.
</hi>
</p>
<p>
Afueras de San Juan, 28 de junio de 1898.
</p>
<p>
Se&ntilde;or:
</p>
<p>
En cumplimiento del par&aacute;grafo 525 de los Reglamentos Navales de los Estados Unidos, tengo el honor de comunicarle, que durante las ocurrencias de esta ma&ntilde;ana hicimos encallar un vapor espa&ntilde;ol y sostuvimos fuego con dos ca&ntilde;oneros y un torpedero espa&ntilde;ol, y al mismo tiempo fuimos ca&ntilde;oneados por el castillo del Morro y su bater&iacute;a a flor de agua de San Juan. Los oficiales y tripulaci&oacute;n de este buque se comportaron con tales sangre fr&iacute;a y disciplina que merecen la m&aacute;s alta recomendaci&oacute;n, sirviendo las bater&iacute;as tan tranquila y ordenadamente como lo hubieran hecho en un ejercicio ordinario de escuela pr&aacute;ctica.
</p>
<p>
Durante las tres fases del combate, primero con el vapor, segundo con los ca&ntilde;oneros, y tercero con estos ca&ntilde;oneros y el torpedero combinados, gastamos, en conjunto, las siguientes municiones:
<list type="simple">
<item><p>251 granadas ordinarias de cinco pulgadas.
</p></item>
<item><p>25 shrapnels de cinco pulgadas.
</p></item>
<item><p>56 granadas ordinarias de seis libras.
</p></item>
</list>
</p>
<p>
Muy respetuosamente,
</p>
<p>
<hi rend="smallcaps">
N. Sargent,
</hi>
<lb>
<hi rend="italics">
Teniente de la Marina de los E. U.
</hi>
</p>
<p>
Al comandante del 
<hi rend="italics">
Yosemite.
</hi>
</p>
<p>
El 
<hi rend="italics">
Evening Journal,
</hi>
 diario de la tarde de Nueva York, public&oacute; la siguiente rese&ntilde;a acerca del suceso de junio, 28:
</p>
<p>
New York, agosto, 23.&mdash;El corresponsal del 
<hi rend="italics">
Evening Journal
</hi>
 en San Juan, con fecha agosto, 20, y v&iacute;a Ponce, dice que los ca&ntilde;ones de 12 y 9 cent&iacute;metros montados en los fuertes de San Juan, contra las fuerzas de los Estados Unidos, vinieron en el trasatl&aacute;ntico 
<hi rend="italics">
Antonio L&oacute;pez.
</hi>
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0194">
0194
</controlpgno>
<printpgno>
168
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
Parece que el rumor de que el crucero 
<hi rend="italics">
Yosemite
</hi>
 hab&iacute;a destru&iacute;do al 
<hi rend="italics">
Antonio L&oacute;pez
</hi>
 fu&eacute; un error. Los cruceros espa&ntilde;oles 
<hi rend="italics">
Concha
</hi>
 e 
<hi rend="italics">
Isabel II
</hi>
 est&aacute;n aqu&iacute;, y fueron los encargados de ir hasta donde estaba varado el 
<hi rend="italics">
Antonio L&oacute;pez,
</hi>
 descargando por varios d&iacute;as casi todo lo que m&aacute;s val&iacute;a del cargamento. Ha causado sorpresa aqu&iacute; que el 
<hi rend="italics">
Yosemite
</hi>
 cesara de disparar contra el buque varado, pues con toda probabilidad lo hubiera hundido, por contener &eacute;ste gran cantidad de materias explosivas. La p&oacute;lvora ha sido toda desembarcada. El 
<hi rend="italics">
Antonio L&oacute;pez
</hi>
 trajo 15 ca&ntilde;ones de 12 cent&iacute;metros, pero solamente 12 pudieron ser llevados a tierra por el 
<hi rend="italics">
Concha
</hi>
 e 
<hi rend="italics">
Isabel II.
</hi>
 Estos ca&ntilde;ones son alemanes y de muy buena calidad
<anchor id="n0194-01">
1
</anchor>
.
</p>
<note anchor.ids="n0194-01" place="bottom"><p><superscript>1</superscript> En el cable que antecede se consignan algunas inexactitudes; los buques de guerra 
<hi rend="italics">Concha
</hi> e 
<hi rend="italics">Isabel II
</hi> no tomaron parte directa en la descarga del 
<hi rend="italics">Antonio L&oacute;pez,
</hi> limit&aacute;ndose su acci&oacute;n, que fu&eacute; de mucha importancia, a proteger el alijo. Todas las piezas desembarcadas eran de construcci&oacute;n espa&ntilde;ola.&mdash;
<hi rend="italics">N. del A.
</hi></p></note>
<p>
El honorable Mortimer E. Cooley, de&aacute;n de la Facultad de Ingenier&iacute;a en la Universidad de M&iacute;chigan, ha tenido la cortes&iacute;a de proporcionarme mucha e interesante informaci&oacute;n referente al crucero auxiliar 
<hi rend="italics">
Yosemite,
</hi>
 de cuya oficialidad form&oacute; parte durante la guerra como ingeniero-jefe de m&aacute;quinas. A la bondad de este sabio ingeniero, profesor de tres generaciones de estudiantes, debo, adem&aacute;s, el valioso documento que se inserta a continuaci&oacute;n:
</p>
<p>
UNIVERSIDAD DE M&Iacute;CHIGAN
</p>
<p>
<hi rend="other">
ANN ARBOR
</hi>
</p>
<p>
COLEGIO DE INGENIERIA Y ARQUITECTURA
</p>
<p>
Junio, 22&ndash;1921.
</p>
<p>
<hi rend="italics">
Se&ntilde;or D. Angel Rivero.
<lb>
Ingeniero.
<lb>
San Juan, P. R.
</hi>
</p>
<p>
<hi rend="italics">
Mi querido capit&aacute;n Rivero:
</hi>
</p>
<p>
<hi rend="italics">
En los primeros d&iacute;as de la semana &uacute;ltima recib&iacute; su carta fecha 28 de mayo, y aunque mi intenci&oacute;n fu&eacute; contestarla inmediatamente, no pude hacerlo hasta hoy a causa del gran trabajo que sobre m&iacute; pesa en estos d&iacute;as, &uacute;ltimos del curso escolar.
</hi>
</p>
<p>
<hi rend="italics">
Su carta ha sido para m&iacute; en extremo interesante, y es un verdadero placer el que experimento al contribu&iacute;r de alg&uacute;n modo a su labor hist&oacute;rica, relat&aacute;ndole algo de lo que presenci&eacute;, frente a San Juan de Puerto Rico, en el mes de junio de 1898, cuando formaba parte del personal de la dotaci&oacute;n del crucero auxiliar de guerra
</hi>
 Yosemite 
<hi rend="italics">
como ingeniero-jefe de sus m&aacute;quinas.
</hi>
</p>
<p>
<hi rend="italics">
Cuando nuestra buque relev&oacute; al
</hi>
 St. Paul 
<hi rend="italics">
en su misi&oacute;n de bloquear el puerto de San Juan, el capit&aacute;n Sigsbee, su comandante, nos dijo
</hi>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0195">
0195
</controlpgno>
<printpgno>
169
</printpgno>
</pageinfo>
<hi rend="italics">
que se dirig&iacute;a a la Mola de San Nicol&aacute;s para reportar desde all&iacute; al almirante Sampson; pero en vez de hacerlo as&iacute;, sigui&oacute; directamente a Nueva York. La ma&ntilde;ana que el
</hi>
 St. Paul 
<hi rend="italics">
ech&oacute; anclas en este puerto, todos los diarios de la gran ciudad llenaban sus columnas con telegramas de Madrid, v&iacute;a Londres, dando cuenta de haberse librado un gran combate en las afueras de San Juan, en el que hab&iacute;a tomado parte principal el
</hi>
 St. Paul, 
<hi rend="italics">
recibiendo dicho buque todos los galardones que le correspond&iacute;an al
</hi>
 Yosemite, 
<hi rend="italics">
cuya participaci&oacute;n en aquel combate no fu&eacute; generalmente conocida hasta que, relevado por el
</hi>
 New Orleans, 
<hi rend="italics">
fu&eacute; a Santo Thomas a proveerse de carb&oacute;n y v&iacute;veres para tomar parte en la expedici&oacute;n que se preparaba contra los puertos de Espa&ntilde;a.
</hi>
<anchor id="n0195-01">
1
</anchor>
</p>
<note anchor.ids="n0195-01" place="bottom"><p><superscript>1</superscript> <hi rend="italics">En San Juan, hasta fin de junio, no supimos que el buque bloqueador era el
</hi> Yosemite; 
<hi rend="italics">fu&eacute; conundido con el
</hi> St. Paul, 
<hi rend="italics">y &eacute;ste con el
</hi> Yale. 
<hi rend="italics">De aqu&iacute; proviene el error en que incurri&oacute; la Prensa de Madrid al dar cuenta del combate naval del 28 de junio.
</hi>&mdash;N. del A.
</p></note>
<p>
<hi rend="italics">
Usted recordar&aacute; la flota que, al mando del contraalmirante C&aacute;mara, sali&oacute; con rumbo a Filipinas a trav&eacute;s del canal de Suez. El almirante Watson recibi&oacute; &oacute;rdenes de reunir una escuadra, de la cual formaba parte el
</hi>
 Yosemite, 
<hi rend="italics">
para que, amenazando las costas de Espa&ntilde;a, obligase al almirante espa&ntilde;ol a regresar de su viaje, como as&iacute;sucedi&oacute;. Los marinos espa&ntilde;oles fueron detenidos en Suez, y a este resultado contribuy&oacute;, en gran parte, la gesti&oacute;n del honorable James B. Angell, presidente de la Universidad y ministro americano en Constantinopla en aquella fecha. Y as&iacute; esta Universidad de M&iacute;chigan tom&oacute; tambi&eacute;n parte, de no escasa importancia, en las actuaciones diplom&aacute;ticas de la guerra.
</hi>
</p>
<p>
<hi rend="italics">
Cuando el
</hi>
 Yosemite 
<hi rend="italics">
fonde&oacute; en St. Thomas, su comandante, Emory, telegrafi&oacute; a W&aacute;shington, al secretario de la Marina, los detalles del combate frente a San Juan el 28 de junio; pero omiti&oacute; hacerlo al almirante Sampson, raz&oacute;n por la que &eacute;ste, en su informe oficial al Departamento de Marina, omiti&oacute; toda menci&oacute;n de aquel combate, y hasta muchos meses despu&eacute;s no fu&eacute; del dominio p&uacute;blico el verdadero conocimiento de dichos sucesos.
</hi>
</p>
<p>
<hi rend="italics">
Entretanto, el
</hi>
 Yosemite 
<hi rend="italics">
no obtuvo recompensa alguna por lo que fu&eacute; el mayor combate naval de toda la guerra; y lo llamo as&iacute; porque su tripulaci&oacute;n fu&eacute; la &uacute;nica que recibi&oacute; doble recompensa en met&aacute;lico por haber sostenido combate contra fuerzas enemigas superiores.
</hi>
</p>
<p>
<hi rend="italics">
Un episodio muy interesante fu&eacute; que el Comit&eacute; encargado de proponer recompensas por m&eacute;ritos navales declin&oacute; recomendar a los oficiales del
</hi>
 Yosemite 
<hi rend="italics">
para que les fuese otorgada la medalla del almirante Sampson, fundando su resoluci&oacute;n en que dichos oficiales no hab&iacute;an realizado acto alguno distinguido. Hago menci&oacute;n de este incidente para que usted vea la gran ignorancia oficial que existi&oacute; acerca
</hi>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0196">
0196
</controlpgno>
<printpgno>
170
</printpgno>
</pageinfo>
<hi rend="italics">
del combate mencionado. Fu&eacute; preciso un acta del Congreso para que la tripulaci&oacute;n de nuestro buque fuese recompensada con la medalla del almirante Sampson, y esto ocurri&oacute; un a&ntilde;o o dos despu&eacute;s de la guerra, cuando Truman H. Newberry, de Detroit, quien fu&eacute; un teniente a bordo del
</hi>
 Yosemite, 
<hi rend="italics">
fu&eacute; nombrado secretario de Marina, y es, actualmente, senador de la Naci&oacute;n.
</hi>
</p>
<p>
<hi rend="italics">
Seguramente usted sabr&aacute; que la mayor parte de la tripulaci&oacute;n del
</hi>
 Yosemite 
<hi rend="italics">
era de M&iacute;chigan y, un buen n&uacute;mero de ellos, estudiantes de su Universidad. S&oacute;lo hab&iacute;a a bordo cuatro oficiales regulares: el comandante Emory (capit&aacute;n), el comandante Sargent (oficial ejecutivo), el teniente Smith (oficial de derrota) y el teniente Newman (oficial de Marina); los cuatro han muerto.
</hi>
</p>
<p>
<hi rend="italics">
El teniente Gilbert Wilkes y yo &eacute;ramos graduados de la Academia Naval de los Estados Unidos; pero despu&eacute;s de uno o dos cruceros de pr&aacute;ctica hab&iacute;amos renunciado nuestros empleos. Los restantes eran voluntarios de M&iacute;chigan. Un n&uacute;mero bastante grande de ellos hab&iacute;a tenido alguna experiencia como miembros de la Reserva Naval aqu&iacute;, en M&iacute;chigan; pero el resto jam&aacute;s hab&iacute;a visto el mar. Es de inter&eacute;s consignar que una elevada proporci&oacute;n de los tripulantes era de graduados de universidades, y siento no recordar en estos momentos el n&uacute;mero exacto de ellos.
</hi>
</p>
<p>
<hi rend="italics">
Hombres prominentes en la vida social de M&iacute;chigan formaban parte de aquella tripulaci&oacute;n; y es bien sabido que el Detroit Club, uno de los m&aacute;s antiguos y aristocr&aacute;ticos clubs en Detroit, no pudo, en aquellos d&iacute;as, tener un quorum de directores, para tratar sus asuntos, a causa de que la mayor parte de ellos eran miembros de la tripulaci&oacute;n del
</hi>
 Yosemite.
</p>
<p>
<hi rend="italics">
Pasar&eacute; ahora a ocuparme del combate del 28 de junio. El
</hi>
 Yosemite, 
<hi rend="italics">
como usted recordar&aacute;, estaba obligado a navegar de un lado a otro, seis u ocho millas alejado de San Juan, a fin de mantenerse fuera del alcance de los ca&ntilde;ones de sus castillos. Durante los dos o tres primeros d&iacute;as del bloqueo, trazamos en nuestra marcha elipses muy cerradas; pero el capit&aacute;n Emory estaba muy disgustado a causa de que su gallardete insignia, que flameaba al tope del palo mayor, frecuentemente se enredaba, y era tarea muy penosa el que un hombre subiese para arreglarlo. Y por esto se le ocurri&oacute; la feliz idea de que el buque adoptase en su marcha un recorrido en forma de n&uacute;mero 8, y de este modo el gallardete se enredaba durante la primera mitad del 8 y &eacute;l mismo se desenredaba durante el recorrido de la otra mitad. Despu&eacute;s de esto, el capit&aacute;n Emory se sinti&oacute; feliz.
</hi>
</p>
<p>
<hi rend="italics">
Pero vamos al combate. En la ma&ntilde;ana del 28 de junio descarg&oacute; sobre nuestro buque un terrible aguacero que llegaba del Este, y, como acontece con todos estos fen&oacute;menos tropicales, di&oacute; comienzo
</hi>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0197">
0197
</controlpgno>
<printpgno>
171
</printpgno>
</pageinfo>
<hi rend="italics">
repentinamente y termin&oacute; de igual manera. Despu&eacute;s que el chaparr&oacute;n hubo descargado sobre el
</hi>
 Yosemite 
<hi rend="italics">
y sigui&oacute; su curso hacia el Oeste, lo primero que divisamos fu&eacute; el casco de un buque que emerg&iacute;a de la negra muralla formada por el aguacero, y poco despu&eacute;s apercibimos claramente un gran buque de vapor que hac&iacute;a rumbo al puerto.
</hi>
</p>
<p>
<hi rend="italics">
Parece que el
</hi>
 Antonio L&oacute;pez, 
<hi rend="italics">
durante la noche anterior, se fu&eacute; m&aacute;s all&aacute; del puerto, y al amanecer vir&oacute; con la intenci&oacute;n de enmendar su yerro. El
</hi>
 Yosemite 
<hi rend="italics">
en el acto le lanz&oacute; un proyectil a trav&eacute;s del puente para que parase, lo que desde luego no hizo, y entonces di&oacute; principio el combate, a una hora que, si no recuerdo mal, ser&iacute;a la de las cinco y treinta de la ma&ntilde;ana. Cuando el
</hi>
 Antonio L&oacute;pez 
<hi rend="italics">
comprendi&oacute; que no ten&iacute;a tiempo de ganar la entrada, torci&oacute; el rumbo, y a toda m&aacute;quina se fu&eacute; sobre la playa, encallando en ella, mientras nosotros le segu&iacute;amos lo m&aacute;s cerca posible, sin dejar de hacerle fuego con todas las bater&iacute;as de a bordo.
</hi>
</p>
<p>
<hi rend="italics">
En aquellos momentos notamos que algunos proyectiles, al parecer de gran calibre, ca&iacute;an en las inmediaciones del
</hi>
 Yosemite, 
<hi rend="italics">
lo cual nos hizo notar que el castillo del Morro nos estaba haciendo fuego. Una granada disparada desde este fuerte pas&oacute; a trav&eacute;s de nuestro puente, siguiendo una trayectoria muy rasante, y usted puede formarse idea exacta de lo cerca que pasar&iacute;a dicho proyectil cuando sepa que en el acto se orden&oacute; a todos los oficiales, que estaban en cubierta, que se tendiesen sobre el puente boca abajo, como si fuesen musulmanes haciendo sus plegarias en la Meca.
</hi>
</p>
<p>
<hi rend="italics">
A veces he pensado que muchos de los proyectiles que en aquellos momentos pasaron sobre el
</hi>
 Yosemite 
<hi rend="italics">
tal vez fueron disparados por algunos de los grandes ca&ntilde;ones del Morro emplazados en el puente de alg&uacute;n ca&ntilde;onero espa&ntilde;ol, porque esos disparos sal&iacute;an de detr&aacute;s de la altura en que dicho castillo est&aacute; edificado.
</hi>
<anchor id="n0197-01">
1
</anchor>
</p>
<note anchor.ids="n0197-01" place="bottom"><p><superscript>1</superscript> <hi rend="italics">El Morro s&oacute;lo dispar&oacute; dos veces. El
</hi> Isabel II 
<hi rend="italics">y el
</hi> Concha, 
<hi rend="italics">con sus ca&ntilde;ones de 12 centimetros, al iniciarse el combate, hicieron fuego desde la boca del Morro y al resguardo de este castillo. No es extra&ntilde;o que la dotaci&oacute;n de este buque creyese que tales disparos provenian del castillo del Morro.
</hi>&mdash;
<hi rend="smallcaps">N. del A.
</hi></p></note>
<p>
<hi rend="italics">
Todo esto era demasiado para nosotros, y el
</hi>
 Yosemite, 
<hi rend="italics">
que era un buque no protegido, naveg&oacute; r&aacute;pidamente hasta ponerse fuera de tiro; y como ser&iacute;an las ocho de la ma&ntilde;ana, se sirvi&oacute; el desayuno. Tal vez usted no sepa que el
</hi>
 Yosemite 
<hi rend="italics">
era un vapor de carga, convertido en crucero auxiliar y perteneciente a la l&iacute;nea Morgan; su nombre anterior era
</hi>
 El Sud, 
<hi rend="italics">
y su &uacute;nica protecci&oacute;n consist&iacute;a en una faja de tres pulgadas de espesor en la parte alta de la c&aacute;mara de m&aacute;quinas y ocho o diez pies de carb&oacute;n en las carboneras altas resguardando las calderas.
</hi>
</p>
<p>
<hi rend="italics">
Despu&eacute;s del desayuno, el capit&aacute;n Emory me llam&oacute; al puente, y juntos estudiamos las probabilidades de un segundo ataque contra el
</hi>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0198">
0198
</controlpgno>
<printpgno>
172
</printpgno>
</pageinfo>
<hi rend="italics">
vapor espa&ntilde;ol, ya varado. El me manifest&oacute; que, antes de salir de Santiago, el almirante Sampson le hab&iacute;a ordenado que no expusiese este buque a grandes riesgos ni peligros por raz&oacute;n alguna; sin embargo, el comandante Emory intent&oacute; dicho segundo ataque para destru&iacute;r el
</hi>
 Antonio L&oacute;pez, 
<hi rend="italics">
porque ya se ve&iacute;an algunas lanchas saliendo del puerto y con la intenci&oacute;n manifiesta de alijar la carga de municiones y pertrechos de guerra que aquel buque conduc&iacute;a. Estaba en progreso este ataque cuando fuimos ca&ntilde;oneados por tres buques de guerra que salieron del puerto. El
</hi>
 Yosemite 
<hi rend="italics">
s&oacute;lo montaba ca&ntilde;ones de cinco pulgadas de 40 calibres de longitud, que ten&iacute;an un alcance efectivo de cinco millas o menos; por esto fu&eacute; imposible para nosotros acercarnos al
</hi>
 Antonio L&oacute;pez 
<hi rend="italics">
a tiro eficaz, sin que sufri&eacute;semos el efecto de los gruesos ca&ntilde;ones del Morro. Este castillo hizo disparos excelentes. &iexcl;Yo saludo a sus artilleros!
<anchor id="n0198-01">
1
</anchor>
 Recuerdo, adem&aacute;s, haber visto distintamente los reflejos luminosos de un heli&oacute;grafo que estaba funcionando sobre el castillo de San Crist&oacute;bal,
<anchor id="n0198-02">
2
</anchor>
 y esto nos convenci&oacute; de que toda la costa estaba en comunicaci&oacute;n telem&eacute;trica y que ser&iacute;a tarea sencilla para los artilleros espa&ntilde;oles ca&ntilde;onearnos con probabilidades de &eacute;xito, toda vez que ten&iacute;an medios de apreciar las distancias; y como prueba de esto a&ntilde;adir&eacute; que alg&uacute;n disparo cay&oacute; tan cercano al
</hi>
 Yosemite, 
<hi rend="italics">
que la columna de agua levantada entr&oacute; por los huecos de las portas; la mayor&iacute;a de los proyectiles cayeron en el mar, hacia la popa, lo cual nos hizo pensar que ustedes no se hab&iacute;an dado cuenta de que nuestro buque no estaba parado, sino marchando muy lentamente, a cuatro o cinco millas por hora. Si esto hubiese sido notado, yo creo, indudablemente, que hubi&eacute;ramos sido hundidos aquella ma&ntilde;ana. Las trayectorias de los disparos enemigos eran tan elevadas, que los proyectiles ca&iacute;an en el mar verticalmente; y si uno solo de ellos hubiese tocado cubierta, seguramente atraviesa todo el buque, saliendo por la quilla. La tierra m&aacute;s cercana estaba tambi&eacute;n abajo, algunos millares de brazas hacia el fondo.
</hi>
</p>
<note anchor.ids="n0198-01" place="bottom"><p><superscript>1</superscript> <hi rend="italics">Traslado este saludo al coronel Iriarte Travieso, jefe de la artiller&iacute;a del Morro aquel dia.
</hi> N. del A.
</p></note>
<note anchor.ids="n0198-02" place="bottom"><p><superscript>2</superscript> <hi rend="italics">Este heli&oacute;grafo, montado en San Cristobal, estaba en comunicaci&oacute;n con otro situado en Punta Salinas, y ambos operados por el Cuerpo de Ingenieros militares.
</hi>&mdash;N. del A.
</p></note>
<p>
<hi rend="italics">
Recuerdo que desde que vi el humo de un disparo del Morro hasta que el proyectil cay&oacute; en el agua transcurrieron treinta y cinco segundos, lo que me di&oacute; una distancia aproximada de seis a siete millas, y tambi&eacute;n pude observar algunos proyectiles desde que sal&iacute;an de las bocas de los ca&ntilde;ones en todo su curso hasta que tocaban en el mar. Uno pas&oacute; muy cerca de la boca de la chimenea, roz&oacute; a su paso el bote-ballenera de a bordo y se hundi&oacute; en el mar; yo segu&iacute; con la vista la estela que iba dejando en el agua, bajo la superficie, por m&aacute;s de un centenar de pies.
</hi>
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0199">
0199
</controlpgno>
<printpgno>
173
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
<hi rend="italics">
Hubo varios incidentes en extremo graciosos; graciosos ahora que han pasado. Los fogoneros enviaron a cubierta a uno de ellos para que, observando el aspecto del combate, les comunicara todo lo queve&iacute;a, y &eacute;ste, a trav&eacute;s del tubo de un ventilador, enviaba noticias a los de abajo en la c&aacute;mara de hornos. Pero hubo un momento en que dicho hombre pareci&oacute; tan interesado observando los proyectiles, que ca&iacute;an cada vez m&aacute;s pr&oacute;ximos, que se olvid&oacute; de su misi&oacute;n, por lo cual sus compa&ntilde;eros le dieron &oacute;rdenes de bajar seguidamente, amenaz&aacute;ndole con una zurra y enviando, al mismo tiempo, otro fogonero para sustitu&iacute;rle. Me parece o&iacute;r a este &uacute;ltimo gritando por el ventilador:
</hi>
</p>
<p>
&mdash;&iexcl;
<hi rend="italics">
Un gran proyectil, precisamente delante del buque, y haciendo un ruido semejante al de un barril de clavos!
</hi>
</p>
<p>
<hi rend="italics">
Otro caso de risa. Estaba yo diciendo alguna cosa a mi mensajero, cuando el proyectil a que antes me refer&iacute; pas&oacute; rozando el bote-ballenera, y entonces se me ocurri&oacute; advertirle a dicho mensajero:
</hi>
</p>
<p>
&mdash;
<hi rend="italics">
Pas&oacute; demasiado cerca, y si siguen acerc&aacute;ndose, tendremos que irnos de aqu&iacute;, aunque yo ignoro ad&oacute;nde iremos.
</hi>
</p>
<p>
<hi rend="italics">
El mir&oacute; a todas partes y, se&ntilde;alando un ventilador que hab&iacute;a tres o cuatro pies m&aacute;s all&aacute;, me respondi&oacute;:
</hi>
</p>
<p>
<hi rend="italics">
&mdash;Podemos escondernos detr&aacute;s de aquello.
</hi>
</p>
<p>
<hi rend="italics">
Segundos m&aacute;s tarde otro proyectil pas&oacute; a&uacute;n m&aacute;s inmediato a nosotros, y aunque despu&eacute;s nos asombramos de ello, ambos saltamos, escondiendo las cabezas detr&aacute;s del ventilador.
</hi>
</p>
<p>
<hi rend="italics">
Estoy seguro que podr&iacute;a referirle una docena m&aacute;s de incidentes parecidos si mi memoria me prestase auxilio.
</hi>
</p>
<p>
<hi rend="italics">
Finalmente, y a eso de las diez y treinta, hicimos rumbo mar afuera; as&iacute; es que el combate dur&oacute; cuatro o cinco horas.
</hi>
</p>
<p>
<hi rend="italics">
El
</hi>
 New Orleans, 
<hi rend="italics">
que nos relev&oacute;, montaba ca&ntilde;ones de seis pulgadas, y era un buque de guerra reci&eacute;n constru&iacute;do en Inglaterra; sus piezas ten&iacute;an 50 calibres de longitud, y las nuestras solamente 40, y por esto las primeras ten&iacute;an alcance bastante para atacar y destru&iacute;r al
</hi>
 Antonio L&oacute;pez 
<hi rend="italics">
sin temor a los fuegos del castillo del Morro. Adem&aacute;s, las municiones del
</hi>
 Yosemite 
<hi rend="italics">
eran deficientes; muchos proyectiles explotaban en el momento de salir de la boca del ca&ntilde;&oacute;n, y dos lo hicieron dentro del &aacute;nima. En una pieza de la banda de estribor se dilat&oacute; tanto el metal cerca de la boca, que dicho ca&ntilde;&oacute;n parec&iacute;a una persona con
</hi>
 papera. 
<hi rend="italics">
&Eacute;l jefe de nuestros artilleros (quien al final de la guerra europea regres&oacute; convertido en todo un coronel) concibi&oacute; la idea de aserrar la ca&ntilde;a de dicha pieza, utilizando para ello una sierra de mano de 12 pulgadas de largo, la mayor que ten&iacute;amos a bordo, y que fu&eacute; manejada sin descanso durante veinticuatro horas, cortando un trozo de 18 pulgadas de longitud del extremo del ca&ntilde;&oacute;n, y quedando la parte sobrante convertida en una excelente boca de fuego.
</hi>
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0200">
0200
</controlpgno>
<printpgno>
174
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
<hi rend="italics">
El pedazo de ca&ntilde;&oacute;n que separamos se conserva actualmente en el Arsenal de W&aacute;shington.
</hi>
</p>
<p>
<hi rend="italics">
La concusi&oacute;n de nuestros propios ca&ntilde;ones hizo considerable da&ntilde;o en los camarotes altos del buque, que eran de madera muy ligera, y a causa de esto muchos tabiques saltaron en astillas, sucediendo lo mismo con la puerta de mi camarote, que vol&oacute; hecha pedazos. El refrigerador del agua, que estaba en el comedor, con la concusi&oacute;n de los disparos despidi&oacute; su tapa hacia afuera, y atraves&oacute;, como un proyectil, toda la habitaci&oacute;n, y un jarro lleno de agua, en un camarote cercano, tambi&eacute;n se hizo pedazos.
</hi>
</p>
<p>
<hi rend="italics">
Pocos d&iacute;as despu&eacute;s del combate se inici&oacute; un gran fuego en las carboneras altas que proteg&iacute;an las calderas; tratamos de apagarlo; pero los gases asfixiaban a los hombres, y tampoco fu&eacute; posible inundar el carb&oacute;n, porque el agua resbalaba sobre las pilas, sin penetrar m&aacute;s all&aacute; de dos pulgadas; solamente tuvimos &eacute;xito, y el incendio fu&eacute; dominado, sirvi&eacute;ndonos de un tubo de hierro que introdujimos en el carb&oacute;n y a cuyo extremo del tubo acoplamos una manguera conectada a la bomba. En total, y durante todo el tiempo de nuestro crucero, hubo m&aacute;s de veinte fuegos a bordo.
</hi>
</p>
<p>
<hi rend="italics">
El d&iacute;a 4 de julio celebramos la gran fiesta nacional con juegos atl&eacute;ticos y adem&aacute;s, como extra, con otro incendio que se declar&oacute; en las carboneras.
</hi>
</p>
<p>
<hi rend="italics">
Si puedo hacer a usted alg&uacute;n otro servicio, no vacile en orden&aacute;rmelo. Tendr&eacute; un verdadero placer en ayudarle, en alg&uacute;n modo, en la preparaci&oacute;n de su libro. En tanto, quedo su m&aacute;s cordial,
</hi>
</p>
<p>
<handwritten>
<omit reason="illegible" extent="1l">
</handwritten>
</p>
</div>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0201">
0201
</controlpgno>
<printpgno>
</printpgno>
</pageinfo>
<div>
<head>
CAPITULO XIV
<lb>
PLANES GENERALES DE GUERRA CONTRA PUERTO RICO
</head>
<p>
PLAN DEL GENERAL MILES.&mdash;CAMPA&Ntilde;A DE SANTIAGO DE CUBA
</p>
<illus entity="i0201" map="no">
<caption>
<p>
Notable fotograf&iacute;a tomada desde el interior del puerto de Santiago de Cuba. Representa la escuadra Cervera fondeada en dicho puerto.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
<hi rend="other">
PUERTO
</hi>
 Rico, la m&aacute;s oriental y la m&aacute;s bella de las Grandes Antillas, con su numerosa poblaci&oacute;n, era, adem&aacute;s, un punto dominante y estrat&eacute;gico, por lo cual desde el principio de la guerra ocup&oacute; el pensamiento de ambos: Ej&eacute;rcito y Marina 
<anchor id="n0201-01">
1
</anchor>
.
</p>
<note anchor.ids="n0201-01" place="bottom"><p><superscript>1</superscript> Henry Cabot Lodge: 
<hi rend="italics">The war with Spain.
</hi></p></note>
<p>
Miles, general&iacute;simo del Ej&eacute;rcito de los Estados Unidos, fu&eacute; siempre opuesto a una invasi&oacute;n formal de Cuba, sobre todo en la estaci&oacute;n de verano; tambi&eacute;n combati&oacute; la descabellada idea del almirante Sampson y de otros jefes de mar y tierra que preconizaban el ataque a la ciudad y puerto de la Habana. Sampson no pudo apreciar entonces, en su justo valor, la oposici&oacute;n juiciosa del general Miles; aquel ataque de su escuadra, con o sin la cooperaci&oacute;n del Ej&eacute;rcito, hubiera resultado un gran desastre para los cruceros y acorazados americanos. Las bater&iacute;as de la Habana, numerosas y bien artilladas, con modernas piezas de gran calibre y largo alcance, eran infinitamente superiores a las pobres defensas de Santiago 
<anchor id="n0201-02">
2
</anchor>
, las cuales, inspeccionadas pocos d&iacute;as despu&eacute;s de la rendici&oacute;n por el teniente Jacobsen, del crucero alem&aacute;n 
<hi rend="italics">
Geier,
</hi>
 inspiraron m&aacute;s tarde los siguientes comentarios al real almirante Puddeman, de la Marina alemana:
</p>
<note anchor.ids="n0201-02" place="bottom"><p><superscript>2</superscript> La Habana estaba defendida por m&aacute;s de 150 piezas modernas, y entre ellas bastantes de 28 y 30 cent&iacute;metros.&mdash;
<hi rend="italics">N. del A.
</hi></p></note>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0202">
0202
</controlpgno>
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176
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</pageinfo>
<p>
Los grandes da&ntilde;os, sin embargo, que aseguran los americanos hicieron a dichas bater&iacute;as en diferentes ocasiones, ahora est&aacute; probado que fueron exageraciones e ilusiones....., despu&eacute;s de todos los bombardeos de Santiago, s&oacute;lo un ca&ntilde;&oacute;n fu&eacute; desmontado en cada una de las bater&iacute;as del Morro y Socapa.
</p>
<p>
Desde mayo 26 hasta julio 2, aquellas bater&iacute;as, artilladas algunas de ellas con viejos ca&ntilde;ones de avancarga, y montando piezas de 15 y 16 cent&iacute;metros las m&aacute;s fuertes, sufrieron ocho terribles bombardeos. El citado teniente Jacobsen, ocup&aacute;ndose de dichos bombardeos, se expresa de esta manera:
</p>
<p>
El resultado final de los numerosos bombardeos fu&eacute; solamente un ca&ntilde;&oacute;n fuera de combate en el Morro y otro en la bater&iacute;a de Socapa. Las p&eacute;rdidas de vidas fueron &uacute;nicamente unos pocos muertos y heridos. La bater&iacute;a de Punta Gorda, la &uacute;nica posici&oacute;n importante en caso de que se tratase de forzar la entrada del puerto, no fu&eacute; inutilizada en absoluto. Como ya he dicho, me es imposible consignar el n&uacute;mero total de proyectiles disparados por los buques americanos para obtener tan modesto resultado. De todas maneras, ese n&uacute;mero no guarda proporci&oacute;n con el resultado, y ha probado, una vez m&aacute;s, el hecho, bien establecido por la historia de las guerras navales, de que las fortificaciones de costa son extremadamente dif&iacute;ciles de destru&iacute;r, aun con el gasto de grandes cantidades de municiones.
</p>
<p>
El plan de guerra del Gobierno espa&ntilde;ol ten&iacute;a como objetivo principal la defensa de Puerto Rico. Cuba, adem&aacute;s de bastarse a s&iacute; propia, de un modo o de otro ser&iacute;a independiente, y por esto la escuadra de Cervera recibi&oacute; &oacute;rdenes precisas para recalar a San Juan o a cualquier otro puerto de aquella isla. El general&iacute;simo Miles, que conoc&iacute;a estos planes, traz&oacute; los suyos desde comienzos de la guerra para una inmediata campa&ntilde;a contra Puerto Rico, iniciada por el ataque y captura de San Juan. Si este ataque ten&iacute;a &eacute;xito, todas las comunicaciones entre Espa&ntilde;a y Cuba quedaban amenazadas de flanco, y si los cruceros de Cervera o los buques 
<hi rend="italics">
auxiliares
</hi>
 que pudieran armarse en 
<hi rend="italics">
corso,
</hi>
 intentaban un 
<hi rend="italics">
raid
</hi>
 sobre las costas americanas, siempre tendr&iacute;an a retaguardia, y siguiendo su derrotero, un n&uacute;cleo de buques enemigos al amparo de la base naval de San Juan.
</p>
<p>
Puerto Rico era el punto-llave de la defensa, y, adem&aacute;s, 
<hi rend="italics">
hueso m&aacute;s f&aacute;cil de roer.
</hi>
 Imposible hubiera sido para sus defensores resistir el empuje del formidable ej&eacute;rcito concentrado en Tampa. Tomado San Juan y aun suponiendo que las tropas de toda la Isla se acogiesen a las monta&ntilde;as, &iquest;con qu&eacute; recursos de boca y guerra, con qu&eacute; recursos de municiones pod&iacute;an contar despu&eacute;s de bloqueados los dem&aacute;s puertos? No cabe dudarlo; este plan del general Miles ten&iacute;a un ochenta por ciento de probabilidades a su favor.
</p>
<p>
As&iacute; lo entend&iacute;an en W&aacute;shington, y a ello prestaron gran atenci&oacute;n los hombres del Gobierno. La cat&aacute;strofe del 
<hi rend="italics">
Maine,
</hi>
 bien explotada, hab&iacute;a conmovido al pa&iacute;s, y un soplo de guerra electriz&oacute; a todos sus habitantes. El d&iacute;a 22 de abril, el Presidente llam&oacute; a las armas a 125.000 voluntarios, y con fecha 25 del mismo mes hizo otrollamamiento
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0203">
0203
</controlpgno>
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177
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</pageinfo>
adicional de 75.000. A las exhortaciones de la Prensa, respond&iacute;an los hombres de ciencia, los millonarios, los de fortuna m&aacute;s modesta y hasta los vagos de profesi&oacute;n. Los 
<hi rend="italics">
banderines de enganche
</hi>
 estuvieron bloqueados noche y d&iacute;a; Roosevelt, subsecretario de Marina, renuncia su cargo y agrupa bajo su mando a los 
<hi rend="italics">
cowboys
</hi>
 del 
<hi rend="italics">
far west,
</hi>
 a los cazadores y tramperos de Kansas, a no pocos multimillonarios, a centenares de m&eacute;dicos, ingenieros, abogados y obreros, y forma con todos ellos sus famosos 
<hi rend="italics">
Rough-Riders.
</hi>
</p>
<p>
El Congreso vot&oacute; la suma de cincuenta millones de d&oacute;lares para gastos de guerra, y el ej&eacute;rcito permanente fu&eacute; elevado a 61.000 hombres; las costas, hasta entonces mal defendidas, recibieron el refuerzo de 185 ca&ntilde;ones, obuses y morteros de grandes calibres; 13 nuevas bater&iacute;as se construyeron y artillaron y 1.500 minas submarinas cerraron 28 puertos diferentes. Tal era la poderosa naci&oacute;n contra la cual &iacute;bamos a luchar con nuestras propias fuerzas y sin extra&ntilde;o auxilio los defensores de Puerto Rico.
</p>
<illus entity="i0203" map="no">
<caption>
<p>
Mr. William R. Shafter, jefe de las fuerzas que rindieron a Santiago de Cuba.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
La entrada en Santiago de la flota de Cervera apart&oacute; la tormenta que nos amenazaba; Puerto Rico ocup&oacute; desde entonces un lugar secundario, y toda la atenci&oacute;n del Alto Mando norteamericano fu&eacute; otorgada a la vecina isla de Cuba. Sin embargo, era tanta la influencia en W&aacute;shington, del general Miles y tan elevados sus prestigios, que el secretario de la Guerra, Alger, le escribi&oacute; con fecha 6 de junio: &ldquo;El Presidente desea saber el m&iacute;nimo tiempo que usted necesitar&iacute;a para organizar una expedici&oacute;n con objeto de invadir, capturar y mantener la isla de Puerto Rico, sin ser auxiliado por las tropas al mando del general Shafter&rdquo;. &ldquo;Diez d&iacute;as&rdquo;, fu&eacute; la respuesta del general&iacute;simo.
</p>
<p>
Pero las brigadas, que al mando del general Shafter deb&iacute;an operar contra Santiago de Cuba, ocupaban en los muelles de Tampa, Florida, todo el espacio disponible y todos los buques habilitados para transportes. Definitivamente, se nos dejaba para 
<hi rend="italics">
m&aacute;s tarde.
</hi>
</p>
<p>
El 14 de junio se hizo a la mar el convoy que conduc&iacute;a las tropas invasoras de Cuba; embarcaron 803 oficiales y 14.935 soldados, quedando en Tampa 10.000 m&aacute;s por falta de acomodo.
</p>
<p>
Por este tiempo ya estaba de regreso en W&aacute;shington el teniente H. H. Whitney, quien desde el d&iacute;a 15 de mayo al 1.&deg; de junio recorri&oacute;, disfrazado, toda la isla de
<lb>
12
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0204">
0204
</controlpgno>
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178
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</pageinfo>
Puerto Rico, tomando notas, levantando planos y celebrando entrevistas con los m&aacute;s significados simpatizadores de los Estados Unidos; conferenci&oacute; con el general Miles y, de all&iacute; en adelante, fueron buenos amigos. De nuevo, el suave clima de nuestros valles y la pobreza de nuestras defensas fueron recordadas por el general&iacute;simo, quien, tocando algunos resortes, y como resultado de sus gestiones, recibi&oacute; &oacute;rdenes el 26 del mismo mes para organizar una expedici&oacute;n, lo antes posible, al mando inmediato del general Brooke, y compuesta de dos partes: la primera, para reforzar al general Shafter, y, el resto, para caer sobre Puerto Rico, y ambas bajo su autoridad.
</p>
<p>
Como las operaciones contra Santiago, antes y despu&eacute;s de su captura, ejercieron gran influencia sobre la guerra en Puerto Rico, me creo obligado a traer a esta Cr&oacute;nica algo de lo que all&iacute; sucediera, y que nos presenta en plena luz al hombre que m&aacute;s tarde, al frente de sus tropas, pis&oacute; tierra portorrique&ntilde;a en el poblado de Gu&aacute;nica. Despu&eacute;s de los sangrientos combates del Caney y lomas de San Juan, vemos vacilar al general Shafter y a todos sus oficiales superiores. El 3 de julio, el mismo d&iacute;a en que fu&eacute; aniquilada la flota de Cervera, telegrafiaba al secretario de la Guerra lo que sigue:
</p>
<p>
Tengo la ciudad bien sitiada, pero con una l&iacute;nea muy d&eacute;bil. Al aproximarnos encontramos que son de tal car&aacute;cter y tan fuertes sus defensas, que es imposible tomarla por asalto con las fuerzas presentes, y estoy considerando, seriamente, retroceder cinco millas, ocupando nuevas posiciones en las alturas situadas entre situadas entre el R&iacute;o San Juan y el Siboney, apoyando nuestra izquierda en el Sardinero..... A nuestras anteriores p&eacute;rdidas debe agregarse un millar m&aacute;s, aunque la lista aun no est&aacute; terminada..... El general Wheeler est&aacute; seriamente enfermo, y, probablemente, tendr&aacute; que marchar hoy a retaguardia; el general Young, tambi&eacute;n muy enfermo, est&aacute; reclu&iacute;do en su lecho; el general Hawkins fu&eacute; ligeramente herido en un pie durante la salida que llev&oacute; a cabo el enemigo la noche &uacute;ltima..... El comportamiento de nuestras tropas fu&eacute; espl&eacute;ndido. Estoy instando al almirante Sampson para que fuerce la entrada del puerto..... Yo no he podido salir de mi tienda de campa&ntilde;a, durante cuatro d&iacute;as, a las horas de calor, aunque retengo el mando.
</p>
<p>
&ldquo;Esta noticia, la primera recibida en veinticuatro horas, caus&oacute; gran depresi&oacute;n en el &aacute;nimo de aquellos que ten&iacute;an la responsabilidad en W&aacute;shington&rdquo; 
<anchor id="n0204-01">
1
</anchor>
. El secretario de la Guerra, despu&eacute;s de consultar con Miles, contest&oacute; el mismo d&iacute;a, por la noche:
</p>
<note anchor.ids="n0204-01" place="bottom"><p><superscript>1</superscript> Henry Cabot Lodge: 
<hi rend="italics">The war with Spain.
</hi></p></note>
<p>
Si usted puede mantener su actual posici&oacute;n, especialmente en las Lomas de San Juan, el efecto sobre el pa&iacute;s ser&iacute;a mucho mejor que si retrocede.
</p>
<p>
Como Shafter no responde con rapidez, aumenta la ansiedad en Casa Blanca, que es bloqueada por los periodistas, y el mismo secretario env&iacute;a un segundo cable pregunt&aacute;ndole:
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0205">
0205
</controlpgno>
<printpgno>
179
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
&iquest;C&oacute;mo est&aacute; usted de salud?&mdash;&iquest;Cree usted que alguien deba ir a relevarlo?&mdash;&iquest;Se encuentra h&aacute;bil para seguir en su puesto?&mdash;&iquest;Qu&eacute; cree usted? Cu&iacute;dese mucho.
</p>
<p>
Zumb&oacute;n era el cable, y a todos, menos a Shafter, pareci&oacute; una invitaci&oacute;n a que renunciase su cargo de general en jefe.
</p>
<p>
Al siguiente d&iacute;a, 4 de julio, a la una y diez y seis de la ma&ntilde;ana, se recibi&oacute; en Casa Blanca este lac&oacute;nico despacho:
</p>
<p>
Playa del Este, v&iacute;a Hait&iacute;.&mdash;Julio 3, 1898.&mdash;Cuartel General del 5.&deg; Cuerpo. W&aacute;shington.&mdash;Mantendr&eacute; mi presente posici&oacute;n.&mdash;
<hi rend="smallcaps">
Shafter,
</hi>
 Mayor General.
</p>
<p>
La 
<hi rend="italics">
Prensa Asociada
</hi>
 se hab&iacute;a apoderado del 
<hi rend="italics">
c&eacute;lebre
</hi>
 cable del d&iacute;a 3, levantando una gran polvareda, que calm&oacute;, aunque s&oacute;lo parcialmente, la victoria de la escuadra de Sampson, mandada aquel d&iacute;a por Schley. Para sostener el esp&iacute;ritu del pa&iacute;s y del Ej&eacute;rcito de operaciones, ya que su comandante no renunciaba, porque, seg&uacute;n dec&iacute;a en cable el d&iacute;a 4&mdash;&ldquo;aunque estoy muy exhausto, he comido un poco esta tarde, despu&eacute;s de cuatro d&iacute;as de ayuno; las buenas noticias nos animan a todos&rdquo;&mdash;, se orden&oacute; al general Miles que, con toda la urgencia, y acompa&ntilde;ado de refuerzos, corriese a Santiago de Cuba para salvar el prestigio de las armas y el honor de la Naci&oacute;n, puestos en peligro por las vacilaciones de aquel comandante en jefe 
<anchor id="n0205-01">
1
</anchor>
.
</p>
<note anchor.ids="n0205-01" place="bottom"><p><superscript>1</superscript> Todos los generales del ej&eacute;rcito expedicionario, menos Shafter, todos los cirujanos mayores, y el mismo Teodoro Roosevelt, dirigieron al secretario de la Guerra, Mr. Alger, un 
<hi rend="italics">memor&aacute;ndum
</hi> en el cual se pedia la repatriaci&oacute;n de todo el ej&eacute;rcito, alegando lo caluroso de la estaci&oacute;n, las bajas sufridas y, principalmente, los brotes de 
<hi rend="italics">fiebre amarilla
</hi> acaecidos entre las tropas. Este documento, llamado despu&eacute;s 
<hi rend="italics">robin round,
</hi> y que fu&eacute; firmado en c&iacute;rculo para que nunca pudiese ser identificado el primer firmante, cay&oacute; en manos de la 
<hi rend="italics">Prensa Asociada,
</hi> y su publicaci&oacute;n conmovi&oacute; profundamente al pueblo americano, llegando la alarma hasta el Capitolio y cundiendo mayor desaliento por toda la Naci&oacute;n.
</p><p>En tales circunstancias, y cuando el general Shafter confesaba su fracaso por la entrada en Santiago de la columna de refuerzo al mando del general Escario, y cuando estaba pr&oacute;ximo el levantamiento del cerco, el general Toral, empujado por Linares, sale al campo, bajo bandera de parlamento, y..... propone la rendici&oacute;n, no s&oacute;lo de las fuerzas defensoras de Santiago, sino tambi&eacute;n de otras, muy numerosas, situadas algunas a m&aacute;s de cien millas de distancia.
</p><p>Al leer y releer en W&aacute;shington toda la documentaci&oacute;n referente a este suceso, experiment&eacute; asombro, primero; tristeza despu&eacute;s.&mdash;
<hi rend="italics">N. del A.
</hi></p></note>
<p>
Miles, que era un hombre de acci&oacute;n, sali&oacute; de W&aacute;shington a las diez y cuarenta de la noche, julio 7; llega a Charleston el 8, aborda al 
<hi rend="italics">
Yale,
</hi>
 que ya estaba en marcha abarrotado de tropas, y en este buque, y acompa&ntilde;ado del 
<hi rend="italics">
Columbia,
</hi>
 tambi&eacute;n con refuerzos, arriba frente a Santiago de Cuba el d&iacute;a II, a tiempo en que Sampson y su escuadra llevaban a cabo uno de sus m&aacute;s inefectivos bombardeos; conferencia con el almirante; vuela al Siboney; quema este campamento, invadido por la fiebre amarilla; y tan pronto saluda a Shafter, env&iacute;a al general Toral, en quien hab&iacute;a reca&iacute;do el mando de la plaza sitiada, una urgente demanda de rendici&oacute;n. El prestigio del general&iacute;simo y los refuerzos que trajo, que &eacute;l no olvid&oacute; consignar en su carta, pusieron fin a las vacilaciones del comandante espa&ntilde;ol, y despu&eacute;s de varias conferencias,
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0206">
0206
</controlpgno>
<printpgno>
180
</printpgno>
</pageinfo>
en que ray&oacute; a gran altura la nobleza de Miles, concediendo a las tropas rendidas los m&aacute;s altos honores de guerra que registra la Historia, se firm&oacute; la capitulaci&oacute;n el d&iacute;a 14 de julio.
</p>
<p>
La fiebre amarilla se hab&iacute;a declarado dentro y fuera de Santiago, raz&oacute;n por la cual no desembarcaron las tropas que hab&iacute;a a bordo del 
<hi rend="italics">
Yale
</hi>
 y del 
<hi rend="italics">
Columbia;
</hi>
 todas fueron dirigidas a Guant&aacute;namo, y con ellas se organiz&oacute;, definitivamente, la expedici&oacute;n contra Puerto Rico.
</p>
<p>
Nos hab&iacute;a tocado en suerte, a los defensores de esta isla, el alto honor de hacer frente a un ej&eacute;rcito mandado por el general&iacute;simo Nelson A. Miles.
</p>
<illus entity="i0206" map="no">
</illus>
</div>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0207">
0207
</controlpgno>
<printpgno>
</printpgno>
</pageinfo>
<div>
<head>
CAPITULO XV
<lb>
EXPEDICI&Oacute;N DEL GENERAL MILES
</head>
<p>
DESEMBARCO Y CAPTURA DE GU&Aacute;NICA Y YAUCO.&mdash;RETIRADA DE LAS TROPAS ESPA&Ntilde;OLAS Y SUICIDIO DE SU JEFE.
</p>
<illus entity="i0207" map="no">
<caption>
<p>
Entrada del puerto de Gu&aacute;nica.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
<hi rend="other">
YO
</hi>
 estaba ansioso de proceder, tan r&aacute;pidamente como fuera posible, contra la isla de Puerto Rico, y as&iacute; se lo telegrafi&eacute; a las autoridades de W&aacute;shington.&rdquo;
</p>
<p>
Frases del general Miles, estampadas en un documento que, con fecha 22 de julio de 1898, a bordo del transporte 
<hi rend="italics">
Yale,
</hi>
 en ruta para Puerto Rico, dirigi&oacute; al secretario de la Guerra Alger.
</p>
<p>
El 21 de julio por la tarde zarp&oacute; de Guant&aacute;namo la expedici&oacute;n convoyada por los buques de guerra 
<hi rend="italics">
Massachusetts, Columbia, Yale, Dixie
</hi>
 y 
<hi rend="italics">
Gloucester,
</hi>
 al mando del capit&aacute;n Francis J. Higginson, comandante del primero. Diez transportes conduc&iacute;an las fuerzas, que sumaban 
<hi rend="hunderscore">
3.415
</hi>
 hombres, distribu&iacute;dos como sigue: el 6.&deg; regimiento de Voluntarios de infanter&iacute;a de Illinois; el 6.&deg; regimiento de igual clase, de Massachusetts; un batall&oacute;n provisional de infanter&iacute;a, formado con reclutas; cuatro bater&iacute;as de campa&ntilde;a
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0208">
0208
</controlpgno>
<printpgno>
182
</printpgno>
</pageinfo>
y una de sitio (capit&aacute;n Lom&iacute;as); dos compa&ntilde;&iacute;as de ingenieros telegrafistas y una secci&oacute;n de sanidad. Estas fuerzas, al mando del general Garretson, formaban la primera brigada de una divisi&oacute;n provisional que mandaba el general Guy V. Henry.
</p>
<p>
Del n&uacute;mero total, 115 ven&iacute;an enfermos; as&iacute; los combatientes que realizaron la invasi&oacute;n por Gu&aacute;nica fueron solamente 3.300. La expedici&oacute;n embarc&oacute; en esta forma:
</p>
<p>
<hi rend="italics">
Yale:
</hi>
 Generales 
<hi rend="hunderscore">
Miles
</hi>
 y 
<hi rend="hunderscore">
Garretson
</hi>
 con su Estado Mayor, 1.300 hombres de infanter&iacute;a, 52.000 raciones de campa&ntilde;a, 25.000 de tomates y 4.000 para el viaje.
</p>
<p>
<hi rend="italics">
Columbia:
</hi>
 300 hombres y 1.330 raciones para el camino.
</p>
<p>
<hi rend="italics">
Lampasas:
</hi>
 10 oficiales de ingenieros, 139 soldados con raciones para 45 d&iacute;as, 22 carros de municiones, 136 mulas y caballos, forraje, municiones, Cruz Roja con m&eacute;dicos y 
<hi rend="italics">
nurses,
</hi>
 &uacute;tiles de ingenieros y un tren de pontones.
</p>
<p>
<hi rend="italics">
City of Macon:
</hi>
 275 reclutas y 1.000 raciones.
</p>
<p>
<hi rend="italics">
Comanche:
</hi>
 El general 
<hi rend="hunderscore">
Henry
</hi>
 y su Estado Mayor, 442 artilleros con sus ca&ntilde;ones y 1.100 raciones.
</p>
<p>
<hi rend="italics">
Nueces:
</hi>
 12 oficiales, 199 artilleros, 163 caballos y 22 carros de municiones.
</p>
<p>
<hi rend="italics">
Unionist:
</hi>
 Los caballos de las bater&iacute;as ligeras, ca&ntilde;ones de sitio, alguna p&oacute;lvora sin humo, 1.000 raciones de forraje y 22.000 galones de agua. Este buque ten&iacute;a capacidad para destilar y condensar 1.000 galones de agua por d&iacute;a.
</p>
<p>
<hi rend="italics">
Stillwater:
</hi>
 Seis oficiales y 60 de tropas, Cuerpo de Se&ntilde;ales, ocho carros, un globo cautivo y las tiendas para las estaciones telegr&aacute;ficas de campa&ntilde;a.
</p>
<p>
<hi rend="italics">
Rita
</hi>
 (buque espa&ntilde;ol apresado por el 
<hi rend="italics">
Yale
</hi>
 en 9 de mayo): 672 hombres con 2.700 raciones de viaje.
</p>
<p>
<hi rend="italics">
Specialist:
</hi>
 El resto de los caballos de la artiller&iacute;a ligera, forraje para 200 caballos durante cinco d&iacute;as, el completo de ca&ntilde;ones y 16 carros de municiones.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
Cambio de planes.&mdash;
</hi>
Navegaba la expedici&oacute;n y su escolta con tiempo bonancible y rumbo a las Cabezas de San Juan, cuando el 22 de julio el general Miles envi&oacute; a bordo del 
<hi rend="italics">
Massachusetts
</hi>
 la carta siguiente:
</p>
<p>
A bordo del 
<hi rend="italics">
Yale.
</hi>
</p>
<p>
Julio 22, 1898.
</p>
<p>
Se&ntilde;or: Nuestro objetivo ha sido el puerto de Fajardo o el cabo San Juan; pero ha transcurrido tanto tiempo desde que esto se acord&oacute; y tal publicidad se ha dado a la empresa que, indudablemente, debe haber llegado a conocimiento del enemigo. Aunque juzgo conveniente hacer una demostraci&oacute;n frente a los puertos de San Juan y Fajardo o Punta Figueroa, no estoy resuelto a desembarcar en ninguno de ellos, porque pudi&eacute;ramos encontrarlos ocupados por numerosas fuerzas espa&ntilde;olas.
</p>
<p>
Si por medio de un desembarco simulado las atraemos hacia estos puertos, entonces, movi&eacute;ndonos r&aacute;pidamente hasta el de Gu&aacute;nica (donde el mar, cerca de la costa, tiene cuatro y media brazas de profundidad, habiendo, adem&aacute;s, facilidades para el desembarco), llegar&iacute;amos all&iacute; desde San Juan en doce horas (una noche) y ser&iacute;a imposible para los espa&ntilde;oles concentrar sus fuerzas en el Sur antes de nuestra llegada.
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0209">
0209
</controlpgno>
<printpgno>
183
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
Tambi&eacute;n tengo informes de que hay muchas lanchas de gran tama&ntilde;o en Ponce y Gu&aacute;nica y algunos buques de vela que podr&iacute;an sernos &uacute;tiles. Siempre es juicioso no hacer lo que el enemigo espera que uno haga; por tanto, creo prudente, despu&eacute;s de doblar el extremo Noroeste de Puerto Rico, seguir inmediatamente a Gu&aacute;nica; desembarcar all&iacute; y continuar a Ponce, la poblaci&oacute;n m&aacute;s importante de la Isla. Despu&eacute;s o antes de que esto se realice, recibiremos grandes refuerzos que nos permitir&aacute;n operar en cualquier direcci&oacute;n y ocupar una parte de la isla de Puerto Rico.
</p>
<p>
Sus buques de mayor porte pueden cubrir el desembarco en los puertos citados y capturar, adem&aacute;s, las embarcaciones que se encuentren en ellos y en otros parajes de la costa Sur; un buque ligero debe situarse en las Cabezas de San Juan para notificar el nuevo rumbo a los transportes que han de llegar, practicando, al mismo tiempo, servicio de vigilancia, 
<hi rend="italics">
escucha;
</hi>
 otro buque debe enviarse al extremo Noroeste de la Isla para interceptar a los otros transportes y dirigirlos a Gu&aacute;nica.
</p>
<p>
Muy respetuosamente,
<lb>
<hi rend="smallcaps">
Nelson A. Miles,
</hi>
<lb>
<hi rend="italics">
Mayor General, Comandante del Ej&eacute;rcito de los Estados Unidos.
</hi>
</p>
<p>
Capit&aacute;n Francis J. Higginson, comandante de las fuerzas navales del convoy.
</p>
<p>
Esta carta no obtuvo respuesta, y al d&iacute;a siguiente, por la tarde, el general Miles comunic&oacute; por se&ntilde;ales al 
<hi rend="italics">
Massachusetts
</hi>
 que deseaba pasar a bordo, como lo efectu&oacute;, acompa&ntilde;ado de su jefe de Estado Mayor, y expuso al capit&aacute;n Higginson que definitivamente hab&iacute;a desistido de abordar la Isla por Fajardo, punto de desembarco (seg&uacute;n plan de campa&ntilde;a de Sampson y Miles aprobado por el secretario Alger), y que optaba por tomar tierra en Gu&aacute;nica, puerto que, una vez capturado, le permitir&iacute;a dominar a Ponce. Dijo que apoyaba su opini&oacute;n en noticias adquiridas en Puerto Rico por el capit&aacute;n Whitney, quien le hab&iacute;a asegurado que el plan de desembarco era conocido por el general Mac&iacute;as y que &eacute;ste, bien prevenido, hab&iacute;a concentrado todas sus fuerzas cerca de San Juan, y a&ntilde;adi&oacute; que en el Este no hab&iacute;a lanchas para el desembarco, de las cuales carec&iacute;a, la expedici&oacute;n, y s&iacute; en Gu&aacute;nica y Ponce.
</p>
<p>
Arguy&oacute; Higginson, neg&aacute;ndose a variar el rumbo, toda vez que un desembarco cerca de Fajardo pod&iacute;a ser apoyado por los buques que, arrim&aacute;ndose a la costa, la barrer&iacute;an con sus ca&ntilde;ones, lo cual no era posible en Gu&aacute;nica, por ser &eacute;ste un puerto cerrado, no visible de alta mar, y cuyo sondaje no conoc&iacute;a, por carecer de cartas hidrogr&aacute;ficas de la costa Sur. Replic&oacute; Miles que &eacute;l ten&iacute;a excelentes informes respecto a Gu&aacute;nica, que no hab&iacute;a bater&iacute;as ni minas y que sus noticias eran recientes, y volvi&oacute; a repetir que despu&eacute;s de Gu&aacute;nica tomar&iacute;a a Ponce, puerto que servir&iacute;a a la escuadra como una excelente base, y adem&aacute;s apoyar&iacute;a un avance sobre San Juan, siguiendo el Camino Militar que atraviesa la Isla de Sur a Norte; manifestando, por &uacute;ltimo, que en aquella costa Sur los habitantes eran muy desafectos a Espa&ntilde;a y que seguramente ayudar&iacute;an a las operaciones.
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0210">
0210
</controlpgno>
<printpgno>
184
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
Nuevamente el comandante del 
<hi rend="italics">
Massachusetts
</hi>
 se neg&oacute; a contravenir las &oacute;rdenes del secretario de Marina. Termin&oacute; la conferencia, y el general&iacute;simo, sin pronunciar una palabra m&aacute;s, retorn&oacute; al 
<hi rend="italics">
Yale
</hi>
 mientras el acorazado lo desped&iacute;a con una salva de 15 ca&ntilde;onazos.
</p>
<p>
Al otro d&iacute;a, 24 de julio, a las nueve y media de la ma&ntilde;ana, el general Miles telegrafi&oacute; por se&ntilde;ales a Higginson el siguiente mensaje:
</p>
<illus entity="i0210" map="no">
<caption>
<p>
El 
<hi rend="italics">
Gloucester
</hi>
 disparando a la entrada del puerto de Gu&aacute;nica. (Fotograf&iacute;a tomada del Diario (
<hi rend="italics">
Log
</hi>
) de a bordo, por cortesia del almirante Wainwright.)
</p>
</caption>
</illus>
<p>
<hi rend="smallcaps">
Al capit&aacute;n Higginson.
</hi>
&mdash;General Miles desea, si es posible, env&iacute;e como avanzada cualquier buque pueda separar, al puerto de Gu&aacute;nica y que reporte r&aacute;pidamente; se supone no haya fortificaciones ni torpedos. Si lo encuentra defendido, que reporte a Cabezas de San Juan. Es m&aacute;s importante desembarcar en Gu&aacute;nica que en las Cabezas. Si podemos desembarcar en Gu&aacute;nica, yo tengo bastantes tropas para tomar el puerto de Ponce y resguardar sus buques all&iacute;. Todo esto puede realizarse por el desembarco en el Sur. Puedo enviarle, si usted lo desea, al capit&aacute;n Whitney, quien estuvo en Ponce en el mes de junio.
</p>
<p>
El comandante de la flota, al recibir orden tan precisa, contest&oacute; en la siguiente forma:
</p>
<p>
&ldquo;Muy bien. Iremos a Gu&aacute;nica.&rdquo;
</p>
<p>
<hi rend="bold">
Cambio de rumbo.&mdash;
</hi>
Despu&eacute;s del mensaje anterior el capit&aacute;n Higginson telegrafi&oacute; al crucero 
<hi rend="italics">
Dixie
</hi>
 la orden siguiente:
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0211">
0211
</controlpgno>
<printpgno>
185
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
Usted marchar&aacute; con su buque frente a San Juan; en caso de que el 
<hi rend="italics">
New Orleans, Montgomery
</hi>
 o 
<hi rend="italics">
Prairie
</hi>
 est&eacute;n all&iacute;, enviar&aacute; el 
<hi rend="italics">
New Orleans
</hi>
 a Gu&aacute;nica; seguir&aacute; despu&eacute;s a Cabezas de San Juan, recogiendo toda la fuerza que encuentre y dirigi&eacute;ndola r&aacute;pidamente a Gu&aacute;nica, que atacaremos ma&ntilde;ana.
</p>
<p>
El capit&aacute;n Whitney transbord&oacute; al 
<hi rend="italics">
Massachusetts,
</hi>
 llevando consigo todos sus planos y notas; entonces la flota, obedeciendo las se&ntilde;ales del buque insignia, vari&oacute; de rumbo, penetr&oacute; por el Canal de la Mona, y navegando con todas las luces apagadas, lleg&oacute; frente a Gu&aacute;nica a las 5.20 de la ma&ntilde;ana, el 25 de julio, d&iacute;a en que toda la naci&oacute;n espa&ntilde;ola celebraba la festividad de su patrono, el ap&oacute;stol Santiago.
</p>
<illus entity="i0211" map="no">
<caption>
<p>
Primera fuerza de marinos del 
<hi rend="italics">
Gloucester
</hi>
 que desembarc&oacute; en Gu&aacute;nica. (Fotografia tomada del Diario (
<hi rend="italics">
Log
</hi>
) del buque. Cortes&iacute;a del almirante Wainwright.)
</p>
</caption>
</illus>
<p>
<hi rend="bold">
Desembarco.&mdash;
</hi>
Como no se observasen bater&iacute;as en la costa, el 
<hi rend="italics">
Gloucester
</hi>
 
<anchor id="n0211-01">
1
</anchor>
 se aproxim&oacute; a la entrada del puerto, y despu&eacute;s de un ligero reconocimiento del canal, sali&oacute;, se&ntilde;alando: &ldquo;Solicito permiso para entrar.&rdquo;
</p>
<note anchor.ids="n0211-01" place="bottom"><p><superscript>1</superscript> Este buque era el yate 
<hi rend="italics">Corsario,
</hi> anteriormente de P. Morgan.&mdash;
<hi rend="italics">N. del A.
</hi></p></note>
<p>
Este permiso le fu&eacute; concedido, y el peque&ntilde;o buque entr&oacute; por los canales y volvi&oacute; a salir avisando por se&ntilde;ales: &ldquo;Fondo de cinco brazas.&rdquo; Vir&oacute; en redondo y se perdi&oacute; de vista por los zigzags de la entrada, navegando hasta llegar a 600 yardas de la costa donde fonde&oacute;, y arriando una lancha, embarcaron en ella 28 marineros al mando del teniente Huse, quienes llevaban adem&aacute;s un ca&ntilde;&oacute;n autom&aacute;tico Colt de seis mil&iacute;metros.
</p>
<p>
Refiri&eacute;ndose a este hecho de guerra, dice el comandante del 
<hi rend="italics">
Massachusetts:
</hi>
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0212">
0212
</controlpgno>
<printpgno>
186
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
Este fu&eacute; un momento de gran excitaci&oacute;n, porque no sab&iacute;amos si el canal estaba minado o qu&eacute; bater&iacute;as pudieran ocultarse entre las malezas de la costa y fuera de nuestra vista; comprend&iacute;amos que, una vez dentro el 
<hi rend="italics">
Gloucester,
</hi>
 ning&uacute;n poder ten&iacute;amos para auxiliarlo.
</p>
<p>
Como el desembarco y toma de Gu&aacute;nica representa el primer acto de soberan&iacute;a de los Estados Unidos en Puerto Rico, he de ser muy prolijo en detalles. He aqu&iacute; lo que acerca de aquel suceso escribi&oacute; el teniente H. P. Huse, del 
<hi rend="italics">
Gloucester:
</hi>
</p>
<p>
La fuerza a mi mando se compon&iacute;a del teniente Wood y 28 hombres que desembarcamos en la ballenera; remamos sin oposici&oacute;n hasta un peque&ntilde;o muelle donde tomamos tierra y desplegamos las fuerzas para cubrir la playa; entonces la bandera espa&ntilde;ola fu&eacute; arriada y la nuestra izada en su lugar.
</p>
<p>
Esto atrajo el fuego del enemigo, que estaba emboscado hacia el flanco derecho y a unas 300 yardas del camino. Nuestra l&iacute;nea de tiradores contest&oacute; con fuego lento, y la ballenera se situ&oacute; dominando el camino que conduce al interior, disparando algunos tiros con su Colt; pero esta pieza se ator&oacute;, quedando fuera de uso durante toda la acci&oacute;n.
</p>
<p>
Envi&eacute; al teniente Wood con ocho hombres para que atendiese al flanco derecho, mientras que el cabo Lacy, con otros cuatro, cubri&oacute; el izquierdo parapetado en las ruinas de una casa de piedras, que estaba bien situada para este prop&oacute;sito 
<anchor id="n0212-01">
1
</anchor>
.
</p>
<note anchor.ids="n0212-01" place="bottom"><p><superscript>1</superscript> Era un solar rodeado de muros medio derru&iacute;dos, donde hab&iacute;a un taller de toneleros.&mdash;
<hi rend="italics">N. del A.
</hi></p></note>
<p>
Supimos por un nativo, &uacute;nico habitante que hab&iacute;a quedado en la poblaci&oacute;n, que la fuerza que nos hac&iacute;a frente estaba compuesta de 30 hombres de tropa regular, y que otra se esperaba de un momento a otro, desde Yauco, distante cuatro millas. Entonces ped&iacute; refuerzos, por se&ntilde;ales, y empuj&eacute; mi centro a lo largo del camino. El fuego del enemigo, aunque bien dirigido, era demasiado alto, por lo cual no hubo bajas.
</p>
<p>
En el l&iacute;mite Nordeste del poblado levantamos una barricada a trav&eacute;s del camino, y coloqu&eacute; all&iacute; un nuevo Colt que se me hab&iacute;a enviado; tambi&eacute;n levantamos dos cercas de alambre a 50 y a 100 yardas al frente. Entretanto, un bote al mando del ingeniero ayudante Proctor, estaba ocupado en poner a flote una gran lancha, que seguidamente se us&oacute; en el desembarco de tropa.
</p>
<p>
En este momento el 
<hi rend="italics">
Gloucester
</hi>
 rompi&oacute; fuego con sus ca&ntilde;ones de tres y seis libras y el enemigo se retir&oacute;. Pocos minutos despu&eacute;s desembarc&oacute; el primer contingente del ej&eacute;rcito, compuesto de tropas regulares del cuerpo de ingenieros, pertenecientes al regimiento del coronel Black, las cuales r&aacute;pidamente avanzaron hasta m&aacute;s all&aacute; de nuestra l&iacute;nea. Entonces, obedeciendo las &oacute;rdenes recibidas nos reembarcamos; aunque a petici&oacute;n del general Gilmore dej&eacute; en tierra al teniente Wood y alguna gente con el ca&ntilde;&oacute;n Colt, quienes volvieron al buque una hora m&aacute;s tarde.
</p>
<p>
Los rifles de Marina resultaron abominables; la mayor&iacute;a se atoraba en los momentos m&aacute;s inoportunos, y muchos quedaron fuera de uso, precisamente cuando cre&iacute;amos estar en grave peligro de ser derrotados.
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0213">
0213
</controlpgno>
<printpgno>
187
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
En la misma playa hab&iacute;a una peque&ntilde;a casa de madera techada de cinc, en la cual ten&iacute;a su oficina y residencia Vicente Ferrer, cabo de Mar. Gu&aacute;nica no era pueblo y, por lo tanto, carec&iacute;a de capit&aacute;n de puerto. Dicho cabo de Mar, tan pronto divis&oacute; el convoy enemigo corri&oacute; a Yauco, dejando izada la bandera, pues era d&iacute;a de fiesta nacional y no regres&oacute; hasta por la tarde, siendo entonces confirmado en su puesto.
</p>
<illus entity="i0213" map="no">
<caption>
<p>
Casa-oficina del cabo de Mar del puerto de Gu&aacute;nica, donde fu&eacute; izada la primera bandera norteamericana, en Puerto Rico.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
El 
<hi rend="italics">
Gloucester
</hi>
 fu&eacute; pilotado a su entrada por el piloto de buques mercantes Capifali, el cual hab&iacute;a sido inspector de una compa&ntilde;&iacute;a mar&iacute;tima en San Juan.
</p>
<p>
El teniente Huse y el 
<hi rend="italics">
quartermaster
</hi>
 Beck que le acompa&ntilde;aba fueron los que despu&eacute;s de arriar la bandera espa&ntilde;ola izaron los colores de la Uni&oacute;n, que a las nueve
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0214">
0214
</controlpgno>
<printpgno>
188
</printpgno>
</pageinfo>
de la ma&ntilde;ana del 25 de julio de 1898 flotaron por vez primera sobre los campos de Puerto Rico. Ciento y un a&ntilde;os y ochenta y cuatro d&iacute;as hab&iacute;an transcurrido desde que fuerzas invasoras posaron sus plantas, por &uacute;ltima vez, en las playas de nuestra Isla.
</p>
<illus entity="i0214" map="no">
<caption>
<p>
Juan Mar&iacute;a Morciglio.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
Era primer 
<hi rend="italics">
pr&aacute;ctico
</hi>
 oficial de Gu&aacute;nica, hac&iacute;a quince a&ntilde;os, Juan Mar&iacute;a Morciglio, quien voluntariamente fu&eacute; a bordo del 
<hi rend="italics">
Wasp
</hi>
 y convino en pilotar m&aacute;s tarde el 
<hi rend="italics">
Massachusetts,
</hi>
 como lo hizo hasta fondearlo en Ponce. Viv&iacute;a en dicho poblado un negro alto y fuerte llamado Sim&oacute;n Mejil, tonelero de oficio y conocido con el nombre de 
<hi rend="italics">
maestro Sim&oacute;n.
</hi>
 Como fuera el &uacute;nico habitante del poblado que no huyese, se le design&oacute; por los invasores para jefe de Polic&iacute;a, teniendo a sus &oacute;rdenes tres hombres m&aacute;s: Pascual Elena, Salvador Mu&ntilde;oz y Cornelio Serrano. Tal fu&eacute; la primer fuerza de Polic&iacute;a que hubo en Puerto Rico despu&eacute;s de la invasi&oacute;n.
</p>
<p>
El alcalde 
<hi rend="italics">
de barrio
</hi>
 (comisario) de Gu&aacute;nica, un vizca&iacute;no de nombre Agust&iacute;n Barrenechea, fu&eacute; llamado a presencia del general Garretson y convino en seguir en sus funciones; y entonces, y para que su autoridad fuera reconocida, pidi&oacute; una bandera, y como fuerzas del Ej&eacute;rcito hab&iacute;an relevado ya a los marinos, entregaron a Barrenechea una peque&ntilde;a insignia igual a la que el teniente Huse hab&iacute;a izado en la casa del cabo de Mar, Ferrer.
</p>
<p>
Esta bandera, que ha sido conservada cuidadosamente, hoy est&aacute; en poder de la se&ntilde;ora Monserrate D&iacute;az, viuda de aquel alcalde, primero de su clase en Puerto Rico bajo el nuevo r&eacute;gimen; y como despu&eacute;s de una cuidadosa investigaci&oacute;n que hice en Gu&aacute;nica, he comprobado la absoluta autenticidad del hecho relatado, ser&iacute;a de desear que dicho trofeo pasase a formar parte del Museo Insular de Puerto Rico.
</p>
<p>
Robustiano Rivera era el torrero encargado del faro, y tambi&eacute;n fu&eacute; confirmado en su cargo. Como datos para la Historia debo consignar que, el primer d&iacute;a de la invasi&oacute;n, cinco ciudadanos espa&ntilde;oles se acogieron a la nueva bandera, renunciando la de Espa&ntilde;a y aceptando cargos retribu&iacute;dos;
<illus entity="i0214" map="no">
<caption>
<p>
Agust&iacute;n Barrenechea, primer alcalde de Gu&aacute;nica despu&eacute;s de la invasi&oacute;n.
</p>
</caption>
</illus>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0215">
0215
</controlpgno>
<printpgno>
189
</printpgno>
</pageinfo>
fueron estos: Vicente Ferrer, cabo de Mar, nacido en Valencia; Agust&iacute;n Barrenechea, alcalde del poblado, vizca&iacute;no; Juan Mar&iacute;a Morciglio, pr&aacute;ctico del Puerto y actualmente capit&aacute;n del mismo; Robustiano Rivera, torrero, y Sim&oacute;n Mejil, tonelero, eran portorrique&ntilde;os.
</p>
<p>
<hi rend="bold">
La defensa.&mdash;
</hi>
Gu&aacute;nica, uno de los mejores puertos de la Isla y por donde siempre se temi&oacute; un desembarco, estaba a la saz&oacute;n custodiado por once guerrilleros de caballer&iacute;a al mando del teniente Enrique M&eacute;ndez L&oacute;pez. Como no hab&iacute;a tercerolas en el Parque para armar a todos los guerrilleros montados, estos hombres llevaban fusiles Remington, los cuales hab&iacute;an sido convertidos en tercerolas por un simple recorte del ca&ntilde;&oacute;n.
</p>
<illus entity="i0215" map="no">
<caption>
<p>
El maestro Sim&oacute;n.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
Ya dijo el teniente Huse que al arriar la bandera espa&ntilde;ola en la casa del cabo de Mar, algunas balas silbaron sobre su cabeza; eran el teniente M&eacute;ndez y sus once guerrilleros quienes, ocultos detr&aacute;s de las &uacute;ltimas casas del poblado, cerca de la calle nombrada despu&eacute;s &ldquo;25 de Julio&rdquo;, disparaban sus armas sin detenerse a contar las fuerzas del enemigo; eran doce hombres haciendo frente a toda la brigada Garretson y a los buques de guerra del capit&aacute;n Higginson.
</p>
<p>
Al sonar los primeros disparos, los ca&ntilde;ones del 
<hi rend="italics">
Gloucester
</hi>
 y los rifles de los marinos desembarcados contestaron el fuego. Muy pronto el teniente M&eacute;ndez y dos guerrilleros ca&iacute;an heridos; los nueve restantes, picando espuelas, se corrieron camino de Yauco y all&iacute; esperaron refuerzos.
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0216">
0216
</controlpgno>
<printpgno>
190
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
<hi rend="bold">
La primera noticia.&mdash;
</hi>
Al amanecer de dicho d&iacute;a el torrero del faro tan pronto como avist&oacute; el convoy envi&oacute; al alcalde de Yauco, doctor Atilio Gaztambide, el siguiente parte: &ldquo;Comunique gobernador que trece barcos de guerra americanos est&aacute;n frente al faro.&rdquo; Al recibir la noticia, Gaztambide corri&oacute; al tel&eacute;grafo y la transmiti&oacute; al general Mac&iacute;as. La respuesta fu&eacute; la siguiente: &ldquo;Llame usted al aparato al capit&aacute;n Meca.&rdquo;
</p>
<p>
Acudi&oacute; este capit&aacute;n, que lo era de la tercera compa&ntilde;&iacute;a del batall&oacute;n Patria, destacada en Yauco, y se puso al habla con el gobernador, a quien le di&oacute; noticias de todo, recibiendo la siguiente orden: &ldquo;Haga usted lo que pueda, que pronto recibir&aacute; refuerzos.&rdquo; Sali&oacute; Meca del tel&eacute;grafo, y llamando a un corneta le orden&oacute; tocase 
<hi rend="italics">
generala.
</hi>
 Acudieron a la carrera, soldados, voluntarios, algunos Guardias civiles que all&iacute; hab&iacute;a y el resto de la guerrilla montada, formando todos en la plaza del pueblo. El capit&aacute;n Jos&eacute; Fern&aacute;ndez mandaba los voluntarios; m&aacute;s tarde llegaron los de Pe&ntilde;uelas y Guayanilla con los comandantes Solivellas y el doctor Zabala; la Cruz Roja y muchos particulares ocuparon sus puestos de alarma.
</p>
<illus entity="i0216" map="no">
<caption>
<p>
Primera bandera americana izada en Gu&aacute;nica, en la Casa-Alcaldia del poblado.
</p>
</caption>
</illus>
<p>
El capit&aacute;n Salvador Meca, sin esperar refuerzos, tom&oacute; con su compa&ntilde;&iacute;a el camino hacia Gu&aacute;nica, y llegando a un cerro inmediato a la hacienda &ldquo;Desideria&rdquo; se detuvo, y al abrigo de la maleza permaneci&oacute; en observaci&oacute;n del enemigo.
</p>
<pageinfo>
<controlpgno entity="p0217">
0217
</controlpgno>
<printpgno>
191
</printpgno>
</pageinfo>
<p>
<hi rend="bold">
Llegan refuerzos.&mdash;
</hi>
Poco m&aacute;s de las once de aquella ma&ntilde;ana ser&iacute;an cuando lleg&oacute; a Yauco, procedente de Ponce, un tren especial conduciendo dos compa&ntilde;&iacute;as del batall&oacute;n Cazadores de la Patria y alguna fuerza montada de guerrilla, todas al mando del teniente coronel Francisco Puig. Tan pronto como este jefe dej&oacute; el tren se puso al habla con el general Mac&iacute;as, pidi&eacute;ndole instrucciones concretas; la contestaci&oacute;n fu&eacute; inmediata: &ldquo;Proceda usted con su fuerza, auxiliado por voluntarios de esa localidad, a reconocer al enemigo; deje cubierta su retirada que, en caso necesario, si encontrare fuerzas supe